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el lenguaje del cine

Hitchcock y la psicosis femenina

MANUEL DE LA FUENTE. 01/02/2013 "Los problemas llegan cuando hay que retratar a artistas triunfadores en el desempeño de su profesión. Porque ese triunfo se explica por un plan de trabajo tan meticuloso como monótono, donde nada queda al azar..."

VALENCIA. Cuando se hace una película sobre la industria del cine, hay que partir de un punto conflictivo: conjugar la visión que se tiene del oficio desde dentro con la fascinación que ejerce sobre el espectador. Porque uno se imagina que el rodaje de una película es algo trepidante, lleno de anécdotas y peripecias, cuando los propios realizadores no se cansan de repetir que se trata de un trabajo con múltiples rutinas. Una profesión que, en el día a día, está muy alejada de ese halo de romanticismo que proyecta el star system.

Por eso, las películas más interesantes sobre el oficio son aquéllas que muestran las miserias de la profesión. Cintas como El crepúsculo de los dioses, Cautivos del mal o Dos semanas en otra ciudad, que ofrecen un retrato terrenal y desmitificado del mundillo del cine, con sus peleas, envidias y puñaladas traperas. O las películas que nos hablan del fracaso, de las dificultades de algunas obras para salir adelante superando presiones de todo tipo (como se ve en films como RKO 281 o Punto de mira). O incluso las películas que recrean, a modo de reivindicación, los principios del cine, cuando se trataba de una industria artesanal que, poco a poco se va viendo arrasada por la modernización de un sector tan profesionalizado como deshumanizado (cintas como Buenos días, Babilonia o La invención de Hugo).

Pero los problemas llegan cuando hay que retratar a artistas triunfadores en el desempeño de su profesión. Porque a menudo ese triunfo se explica por un plan de trabajo tan meticuloso como monótono, donde nada queda al azar. Y para hacer una película interesante sobre algo aburrido, sobre un señor que estaba todo el día leyendo, rodando y montando, hay que meter puntos de interés que hagan más llevadera la historia. Esto es lo que sucede con Hitchcock, la película dirigida por Sacha Gervasi que recrea el proceso de creación y rodaje de Psicosis.

La pirueta resulta muy difícil. Porque Alfred Hitchcock no sólo es el cineasta por antonomasia del cine estadounidense contemporáneo, el creador más innovador y exitoso de Hollywood, sino que encima Psicosis fue su película más taquillera. Realizada en 1960, Psicosis se basaba en una novela de Robert Bloch sobre un asesino en serie que, a su vez, estaba inspirada en la historia de Ed Gein, un pirado que se dedicaba a matar mujeres en Estados Unidos en los años 40 y 50.

El desmembramiento de sus víctimas, el hecho de que usaba sus pieles para fabricar adornos y el trastorno mental causado por una madre posesiva hicieron que Gein pasase a formar parte, con los años, de la cultura popular gracias a películas como Psicosis o La matanza de Texas.

En cualquier caso, lo que menos le interesaba a Hitchcock era la historia en sí. Su interés radicaba en cómo usar esta narración para atrapar al espectador, para meterle de lleno en una historia de terror y manejarle a su antojo. De este modo, Psicosis queda como una de las películas más radicales de los años 60, ya que se dedica a destrozar las convenciones narrativas del cine norteamericano. La transgresión más popular es bien conocida: la protagonista de la película es asesinada a los treinta minutos de metraje, un hecho totalmente insólito que pulverizaba las expectativas del espectador.

Lo que empezaba siendo la historia de un robo (una administrativa robaba el dinero de un cliente y se daba a la fuga) pasaba a ser, de repente, una historia incomprensible con un protagonista retorcido y siniestro. Es el mismo principio que aplicaría décadas después Robert Rodriguez en Abierto hasta el amanecer, con una historia de ladrones convertida en una película de vampiros asesinos.

Todo esto resulta muy atractivo pero el film de Gervasi no se centra en esto, sino en la típica peripecia vital donde lo importante no es el carácter de una obra revolucionaria sino los entresijos personales, el marujeo de saber si a Alfred Hitchcock le gustaban las mujeres rubias o si se llevaba bien o no con su mujer. Vamos, las típicas tonterías de siempre. Y para darle salsa, el director se inventa un conato de triángulo amoroso: la mujer de Hitchcock, Alma Reville, no estaría del todo convencida del proyecto de Psicosis y se interesa por la novela de un amigo suyo, Whitfield Cook, un tío que no para de cortejarla.

Así, esta película se centra en dos historias: en la creación de Psicosis y en la relación entre Hitchcock y su mujer que, además, era su máxima colaboradora profesional desde sus primeras películas mudas inglesas. Parece que el interés de esta cinta sea contribuir a ese debate que ha ocupado tantas páginas en la bibliografía sobre el personaje: su relación con las mujeres.

Tanto se ha insistido en ello que se ha convertido ya en un cliché, en el elemento que explicaría el sentido de películas como rtigo o La ventana indiscreta. Aquí, Alma no es la esposa sumisa y eclipsada por la belleza de Grace Kelly o Vera Miles, sino una mujer activa, capaz de decidir sobre su relación, sobre la obra de su marido y capaz también de ser infiel.

Tal es el protagonismo que se le da a la esposa que, en un intento de darle espectáculo al proceso de creación cinematográfica, se muestra que ella es la responsable del montaje final de Psicosis, de ese ritmo que le imprimía Hitchcock a sus películas.

Así es como, en la sala de montaje, ella es la que se encarga de decidir los elementos que deben aparecer en la película, negando un aspecto fundamental en el cine de Hitchcock, como es la importancia de todo su equipo profesional. Es la típica historia de superación personal: el genio sólo funcionaba a golpes de inspiración, y no gracias al trabajo metódico y diario. Es el problema de intentar que un trabajo rutinario sea atractivo para la gran pantalla.

Con todo, pese a todas estas trampas, resulta interesante ver una película que se mete en la trastienda del cine, aunque sólo sea para imaginar levemente cómo pudo ser todo lo que envolvió la elaboración de una película como Psicosis. Y presenta algunos momentos llamativos, como las gestiones de Hitchcock con los productores y los censores para conseguir que su cinta tenga distribución. O el hecho de que decidiera producir con su dinero una cinta por la nadie daba un duro ante la violencia del material original.

Son aspectos que demuestran que en el cine, como en la cultura, nada se da por supuesto, y que lo que hoy parecen obras incuestionables, también tuvieron sus problemas por culpa de quienes tienen el dinero, que suelen ser ceporros que no saben hacer la o con un canuto. Por eso tiene valor una película como Psicosis, porque supone un puñetazo en el estómago de esa sociedad bienpensante. Y por eso una película que la recuerda merece un cierto reconocimiento.


Ficha técnica

Hitchcock (E.UU., 2012, 98')
Director: Sacha Gervasi
Intérpretes: Anthony Hopkins, Helen Mirren, Scarlett Johansson, Danny Huston

Sinopsis: El realizador Alfred Hitchcock decide comprar los derechos de una novela basada en el asesino en serie Ed Gein. Su idea es abrir una nueva etapa en su obra haciendo una película de terror, mientras su mujer le reprocha que no adapte la novela de un amigo de ambos.

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1 comentario

Pedrin escribió
02/02/2013 14:22

Cuan cierto es eso de que sale mejor retratar las miserias que el éxito. El propio Gervasi lo hizo con esa maravilla de documental que es "Anvil: the story of Anvil".

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