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OBITUARIO

Martínez Guerricabeitia, un hombre decidido

J. R. SEGUÍ. 09/09/2015 "En los últimos meses hemos perdido a dos de los filántropos que más han hecho por la sociedad valenciana en estos recientes años de desatino político: Pere Maria Orts y Jesús Martínez Guerricabeitia, fallecido la noche del lunes..."

VALENCIA. En los últimos y escurridizos meses hemos perdido a dos de los filántropos que más han hecho por la sociedad valenciana en estos recientes años de desatino político: Pere Maria Orts y Jesús Martínez Guerricabeitia, fallecido la noche del lunes. La sociedad valenciana está de luto. La cultura los echará en falta. Ambos creían que la formación, el arte y la cultura debían ser motor de la sociedad, que se debían a ella por compromiso personal y que su patrimonio debía formar parte algún día de nosotros mismos. Nunca pidieron nada a cambio. Un gran gesto de generosidad al que nos estamos acostumbrados a reconocer por aquí en su justa medida. El lunes por la mañana, casualmente, preguntaba a José Pedro, hijo de Jesús Martínez Guerricabeitia, cómo estaba su padre. Hace apenas unos días les había dado un susto. Horas después daba la triste noticia. Cruel destino.

Jesús Martínez Guerricabeitia fue fiel a sus convicciones. Siempre creyó que el arte debía ser más que un simple objeto decorativo, esto es, un libro abierto que entender con sólo mirar; un vehículo de comunicación social y político con el que remover conciencias y que podría servirnos para abrir los ojos y entender mucho mejor el mundo pasado y, cómo no, nuestra realidad actual.  Un ejercicio de autocrítica y crítica del momento. Y menudos momentos cuando el arte social daba la cara frente al poder establecido y las desigualdades en una sociedad entonces amordazada y después acomodada.

A base de esfuerzo y dolor, hecho a sí mismo con coraje y dedicación incansable al mundo actual —sufrió la persecución política y el exilio exterior e interior— logró reunir la que se considera mejor colección de arte social que existe en España, y añadiría que en Europa. Compraba arte y libros por placer y devoción —hay anécdotas inverosímiles— pero sobre todo por convicción y pensando en un futuro destino final. Siempre lo hizo de forma discreta, pero con el fin de poder donarlas un día a la sociedad. Así lo hizo. Como cuando se enroló en proyectos literarios casi altruistas y quiméricos —Ruedo Ibérico donde el pensamiento campaba libre aunque amenazado— que sólo buscaban alcanzar una sociedad más justa y mucho mejor; entonces y hasta que la enfermedad le afectó. Sin olvidar nunca a las nuevas generaciones que él iba descubriendo y hoy forman parte de nuestro catálogo visual más destacado.

Hoy su fondo pictórico está en la Universitat de València, a quien lo cedió hace ya veinticinco años. La Fundación que lleva su nombre y dirige su hijo José Pedro Martínez, por suerte, mantiene y mantendrá viva su memoria y espíritu gracias a su fondo y su proyecto expositivo, que no hace sino que prolongar su espíritu ideológico. Como se espera que lo haga también la Biblioteca Valenciana, en la que fue depositada otra parte importante de su legado, el inmenso catálogo bibliográfico que inundaba sus armarios.

Hoy sólo podemos agradecerle su esfuerzo, dedicación y constancia; su ciega solidaridad. Lástima que la memoria social sea tan fugaz, desagradecida y sobre todo olvidadiza, la misma que no siempre sabe estar a la altura de los grandes hombres que en silencio construyeron aquello en lo que creían, lo que hoy llamamos país. Y también, lástima que la enfermedad le impidiera en los últimos años poder comprobar cómo muchos le dábamos las gracias por sus esfuerzos.

Vamos quedándonos huérfanos de prohombres comprometidos con esta sociedad que, en algunos aspectos, se ha vuelto tremendamente insolidaria, algo que a él le preocuparía. Pero nos queda su legado y su recuerdo: su mensaje personal. Aquel que está recogido en sus memorias, sus cuadros, sus libros, su personalidad, su carácter y el recuerdo de quienes lo conocimos. Estamos en deuda. Espero que algún día podamos estar a su altura. Aunque será difícil.

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