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El (re)regreso de Ramón Rodríguez, The New Raemon

JORGE SALAS. 25/09/2014 El cantante vuelve a Valencia este sábado, un año después de retirarse de lo público indefinidamente

VALENCIA. "Voy a ir a un estreno, he reservado un asiento: la pieza la llaman ‘El regreso'". Hace sólo seis años que Ramón Rodríguez publicaba ‘A propósito de Garfunkel', un disco irrepetible en la historia moderna del pop en español, y todo ha pasado tan rápido que el efecto premonitorio de esta frase, contenida en "¡Hoy estreno!", queda absolutamente diluido en el tiempo. El primer disco de The New Raemon aparecía en la primavera de 2008 y, desde entonces y sin descanso, el músico catalán se dedicó a estrenar referencias de forma casi compulsiva; discográficamente, Ramón Rodríguez dio a luz nueve veces entre LPs y EPs de The New Raemon y discos con proyectos paralelos. Y todo comprimido en un lustro, hasta el ocaso estival del año pasado en el que puso a su alter ego en animación suspendida. Ahora, un año después, han regresado ambos.

The New Raemon había sido el salvavidas emocional de Ramón Rodríguez. O eso mismo reconocía el propio cantante en ‘A propósito de Rodríguez', el documental de 2010 dirigido por Sergi A. Minguell. "Hice muchas tonterías porque me olvidé de mí; cuando me levanté de ese momento, pensé: esto no me va a pasar más", confiesa el cantante justo al comienzo de la cinta, donde explica cómo The New Raemon nació tras un concierto con Madee en el que no logró sentirse bien. El músico de Cabrils, un pequeño pueblo del Maresme catalán, no está demasiado contento con el resultado del documental. "Encuentro más honesto y veraz el capítulo de 33 Revolucions (Canal 33) dedicado a The New Raemon, ahí sí se explican cosas y me reconozco, lo otro no es más que la visión de un director que en el montaje hizo y deshizo, tal como acordamos, pero no soy yo y puede que la gente se hiciera un lío con tanto laberinto intencionado", afirma, y es verdad que en el especial del canal público aparece una versión más luminosa y natural tanto del Ramón infantil con sus episodios de epilepsia como del adulto tocando con sus dos hijas.

Al documental de Minguell se le podría acusar de regodearse en una oscuridad anacrónica y muy lejana ya en la biografía de Ramón Rodríguez, aunque alimentada en aquel entonces por su propia evolución discográfica, sin ir más lejos. Desde luego, la figura actual de The New Raemon desprende más luz de la que, en realidad, absorbía el personaje de la gran pantalla. Y más aún después de su salida del foco de forma indefinida (tal y como anunciaba públicamente hace un año). "He podido recuperar la ilusión por escribir canciones, algo que perdí tras publicar ‘Tinieblas, por fin', un título muy premonitorio, ya puestos", asegura Rodríguez, que ha vuelto a Bcore, su discográfica durante los últimos 14 años, tras publicar su anterior disco con Cydonia, su sello, y Marxophone. Una especie de regreso a los orígenes, al lugar en el que encontró la paz. Al hogar. "Todo es muy familiar, algo que valoro enormemente".

LA HIPERACTIVIDAD Y EL SOLO ANTE EL PELIGRO

"Necesitaba dejar de tocar todas estas canciones y distanciarme un poco, pasé casi seis años sin dejar de dar conciertos y me pasó factura", reconoce el músico, que curiosamente ahora se ha embarcado en una exigente gira de 20 conciertos en un mes (y que le ha hecho cancelar alguna fecha por una afonía antes de tocar el sábado en la sala Wah-Wah de Valencia). La vorágine creadora de Ramón Rodríguez durante estos últimos años ha sido auténticamente demencial: para completar el puzzle de la creación hiperactiva, a las nueve referencias discográficas habría que añadir una banda sonora para teatro (‘La pols', de Llàtzer García), un cómic (‘Ausencias', a medias con la ilustradora Cristina Bueno) y sus labores como productor de Manos de Topo. "Es un poco locura extrema", reconoce el catalán, aunque confiesa que, de todo esto, lo que más le preocupaba era "tener que seguir tocando sin parar".

La desconexión se impuso como solución artística y casi vital cuando el peligro de morir de éxito se hizo más que evidente. "El descanso era necesario para replantear la historia, dedicarme de pleno a mi vida privada y relativizar lo que hago, todo esto me pilló después de cambios importantes y desencuentros varios", concluye Rodríguez. Los discos no paraban de llegar, y su descarado viraje hacia terrenos más oscuros y ácidos ("cualquier día de estos me voy a alzar y voy a reventar", cantaba en "Lo bello y lo bestia", del ‘Libre asociación' de 2011), hacían inevitable relativizar y cambiar los pesos en la balanza de la música y la vida de paredes hacia dentro.

Se (auto)imponía un descanso, un corte de luz para detener por completo la maquinaria y viajar en el tiempo para recordar lo que era la vida antes de la explosión de The New Raemon. Tal vez no hasta aquellos tiempos en los que aprendía el oficio del doblaje y no quería ser cantante, pero sí hasta esos cinco minutos en los que, en un descanso de las sesiones de grabación con Madee, componía el hit de "La cafetera". "Puede que cosas que nada tienen que ver con escribir, grabar y cantar canciones, pero sí con la industria que rodea a esas canciones, me hicieran rechazar el hecho de tener que estar tocando. Por eso acabé exhausto, pasaron cosas feas por el camino y tuve que solucionarlas completamente solo, algo que me dejó sin aliento una vez pude solventarlas", termina.

REINICIAR EL SISTEMA COMO ÚNICA SALIDA

"Es tan sencillo como entender que yo me dedico a escribir canciones, y que es algo que en realidad me hace bien". Parte de la solución a todos los problemas y refulgente fruto de su cambio de perspectiva será su próximo disco, que se publicará a comienzos de 2015; ‘Oh, rompehielos' lo produce él mismo y se graba en Nautilus, un estudio a 20 minutos de su casa, aún más cerca que el habitual Ultramarinos Costa Brava de su amigo Santi García, para poder dedicarle el tiempo y el lugar necesario. "Lo hemos ido grabando poco a poco, sin prisa alguna, arreglando todo con cariño para lograr algo auténtico. Va a ser un disco muy bonito", asegura.

Ramón Rodríguez salió de la rueda para recordar por dónde había entrado la primera vez. Paró la maquinaria para "recuperar la esencia y poder volver a abrazarla rodeado de personas" que le ayudan a seguir adelante. Puso en punto muerto su propia Enterprise y reinició el sistema. Y ahora ha vuelto, aunque no lo reconozca y los únicos regresos que le interesen sean ‘Regreso al futuro' y el de los Replacements. Su fecha valenciana del sábado coincidirá casi con la de su último concierto antes de desaparecer durante un año; será un encuentro acústico que le servirá de toma de tierra en su regreso, y en el que se empeñará en contradecir aquello de "es una canción, ya está. No tiene más".

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