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LOS LIBROS DE @CORAZONRURAL

‘Señoras y señores': Juan Marsé publica su particular bestiario de notables

ÁLVARO GONZÁLEZ. 03/03/2014 Una obra recopila los retratos de famosos españoles que escribió Juan Marsé en los años 80, con el añadido de dos nuevos daguerrotipos: María Dolores de Cospedal y Artur Mas. Aunque son los protagonistas catalanes, del catalanismo, los peor parados

MADRID. Dice Carmen Romero en el prólogo de este libro que España en los años 80 se sintió rica por primera vez en muchos años. Que se habían acabado los estériles debates sobre nuestra identidad y que por fin sabíamos quiénes éramos, qué queríamos y dónde estábamos. De repente, asegura, "la historia dejaba de pesar". Y mírennos ahora, que el 23F se ha zambullido de cabeza en la más rabiosa actualidad en el año 2014 de Nuestro Señor. Por no hablar de los posibles errores de la Transición de finales de los 70 que, poco más o menos, nos han arruinado el presente y el futuro del siglo XXI, se dice.

No obstante, la ex esposa del ex presidente Felipe González a lo que se refiere es a que España quería quitarse la caspa, en sus palabras, pero no faltaron profusión de "personajes banales que sumieron al país en el aburrimiento". Muchos de ellos, unos más banales que otros, aparecen en este recopilatorio de retratos de Juan Marsé, donde llama la atención la cera que se llevan los catalanistas.

Cuando el escritor concluyo esta serie de artículos lo hizo con un autorretrato, que no aparece en la recopilación por cierto, pero que explica su personalidad y obsesiones. Dijo: "al nacer se equivocó de país, de continente, de época". Más adelante, en una entrevista en El Mundo precisó que sus ideas de izquierda tampoco encontraban quien las representase, pero que ni siquiera le interesaba ya la política: "soy simplemente un narrador. Y sí, tengo una mirada atenta a la realidad, pero no pretendo demostrar teorías". Y en el ABC hace dos años: "la patria no es más que una carroña sentimental, y yo no como de eso".

Incluso, recientemente, en una entrevista en El País sobre el lanzamiento de Señores  señoras, insistió precisando un poco más: "A mí no me embarga ninguna emoción o sentimiento identitario, no me enorgullece ni me conmociona el hecho de haber nacido español o catalán en vez de chino o portugués o esquimal. Me da igual. No creo que sea una buena idea que Cataluña se independice de España, entre otras cosas porque la patria que me están preparando tanto los nacionalistas de CiU como de ERC no me gusta nada. Esta gente no es de fiar. Me siento robado y engañado tanto por los poderes de Madrid como por los poderes de Barcelona, de modo que el famoso derecho a decidir para mí no significa más que esto: derecho a decidir que me jodan unos u otros. Qué más da". 

Dicho lo cual, hay que precisar que en esta línea han seguido los dos nuevos daguerrotipos que ha incluido de propina en el libro, los de María Dolores de Cospedal y Artur Mas. Sin sorpresas ni bandazos. A la secretaria general del PP la pone de faro y guía de la "imparable decadencia política del país". Su tono y sus formas los compara, y ya es mucho comparar, con el espíritu del presidente provisional de la primera República, Estanislao Figueras, cuando gritó, en catalán por cierto, en un consejo de ministros aquello de "Señores, ya no aguanto más. Voy a serles franco: ¡estoy hasta los cojones de todos nosotros!". Y sobre la famosa indemnización en diferido y simulada, Marsé dice que le recuerda a Groucho Marx pero sin gafas y sin puro. Un "embuste en diferido y aliñado con un mohín displicente".

Juan Marsé

En cuanto a Mas, la sentencia es mucho más grave. Le da en el físico, "maxilar cuadrado popeyesco", "mirada estreñida" y alude a su "vista corta" que le parece "un problema para un conductor de multitudes, sobre todo si el timón es más decorativo que funcional". Luego lo compara con una bicicleta de piñón fijo y señala metafóricamente que el traje le queda grande mientras lo que él cree es que le está estrecho, etcétera, etcétera. Aunque lo reseñable llega cuando, parafraseando a Chesterton, dice que es "el hombre que necesita la patria, pero visto de espaldas". Es decir, cuando se marcha. Esto es reseñable sólo por un motivo, es la misma referencia que había empleado para despachar otro personaje político, Augusto Pinochet.

Jordi Pujol también aparece y evidentemente también acaba defenestrado. "Confunde a Cataluña con su persona y no hay nada en esa fisonomía que recuerde a una nación", para recordar unas líneas más abajo las ocho mil pesetas que costó a cada contribuyente tapar entonces el agujero de Banca Catalana. Porque, en definitiva, de lo que le trata es de pesetero: "En fin, una cara que expresa sentiments y centiments, esa distinguida dualidad que resume la problemática de la gobernabilidad de Cataluña".

Por si quedasen dudas, su mujer, Marta Ferrusola, es descrita como el prototipo perfecto de persona infectada por lo que llama "el virus CIU", que "ataca al cerebro confundiendo barretinas y talonarios, sexos y banderas, morenetas y pesetas". De remate, a Lluis Llach le dice que tiene cara de seminarista y voz de confesionario. Y al entonces presidente de ese gran símbolo de Cataluña que es el Barça, a José Luis Núñez, le tira las palabras a la testa: "Si es cierto que el Barça es algo más que un club, habrá que convenir que esta cara es algo más que una triste patata hervida".

No todo es caricaturizar y vilipendiar, a Fernando Fernán Gómez le hace un retrato muy sugerente, así como a muchos otros, como Vestrynge, pero lo que llama la atención irremediablemente son los palos, que no van sólo para los catalanistas y peperos. Como los que se lleva Arrabal: "La más estúpida de todas las vanidades del intelectual, la de cultivar su imagen pública a costa de lo que sea, alcanza en este señor insuperables cotas de sutil eficiencia". También critica que huyera "heroicamente" de España durante el franquismo y una vanidad desorbitada: "pide a gritos el laurel de la gloria literaria, el mármol o el granito y las cagadas de paloma".

De esta edición, por lo visto, se han eliminado muchos personajes que ya no tienen celebridad como en los años ochenta como Assumpta Serna, Cybill Shepherd o José María Calviño. Otros casos, como el de Isabel Pantoja, que mantiene la fama gracias a los programas de cotilleo y la Fiscalía Anticorrupción, desgraciadamente no cuando la Comunidad de Madrid le contrata conciertos casualmente cuando necesita liquidez por sus problemas legales, sí que aparecen pero no aportan grandes novedades a lo que todos pensamos desde hace tiempo: "optó por convertir su dolor en espectáculo y ya va por las mil y una representaciones". En todo caso, una obra amena y bien escrita. No es poco en nuestro apocalíptico catálogo de novedades editoriales.

SEÑORAS Y SEÑORES

Juan Marsé

Editorial Alfabia

Páginas: 110

17.50 euros

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