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Contra la ‘coentor'

JESÚS TERRÉS . 18/02/2015 "Me da la sensación de que algo -algo nuevo, algo bueno- está creciendo bajo la moqueta podrida del Congreso"

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VALENCIA. "Un maestro, un libro, un bolígrafo, un aula, pueden cambiar el mundo". En Valencia nunca hubo lugar para esta inmensa máxima de Antonio Muñoz Molina. Molina, que es de Úbeda ("la ciudad de los cerros") y probablemente nos mire con ese desdén con el que nos observa gran parte de la España seca: esa panda de piratas distraídos y sinvergüenzas, simpáticos truhanes y vendedores a puerta fría. Hablan mucho. Hablan demasiado.

Quizá sea verdad. Quizá el ADN de "la terreta" sea el decir y no hacer, el vender la moto, inflar presupuestos y alicatar castillos de arena sobre el humo de contratos sellados con un apretón de manos. La putrefacción de esa (aquella) Valencia que habla demasiado ha colapsado hasta las cañerías de nuestros rincones más sagrados; pero me da la sensación de que algo se mueve bajo esta montaña de lodo. Me da la sensación de que algo -algo nuevo, algo bueno- está creciendo bajo la moqueta podrida del Congreso. Lirios en el estercolero.

Desde aquella ciudad portuaria a esta nueva urbe de aluminio y cristal, algo de aluminio y cristal, algo vibra bajo todas las Valencias: la canalla del Canyameral, Marqués de Cánovas y tras el ruido y la furia de la Ciudad de las Ciencias.

Frente a unas instituciones corruptas (141 imputados en octubre) unos medios de comunicación anclados en el pasado (Levante o Las Provincias), un sector publicitario (tradicionalmente encabezado por Engloba, Publips o AGR) con síntomas de agotamiento -en parte- por culpa de su cercanía con la administración y el de la moda y el espectáculo (Montesinos, Cirsa, Las Ánimas) quizá demasiado ligado al aroma de la noche. Pero Valencia vibra. Han surgido, desde diferentes frentes, varios núcleos de profesionales y dinamizadores con demasiados puntos en común como para no plantearse si aquí hay trazos de una Generación, un movimiento que es inevitable llamar València Vibrant; nombre del evento organizado por Vicent Molins, Eugenio Viñas y compañía aquel 13 de junio en La Rambleta.

La gastronomía es la más popular de sus patas, la punta de lanza televisada de una generación de nuevos cachorros a la vera del enorme Ricard Camarena: Begoña Rodrigo en La Salita, Germán Carrizo y Carito Loenço, Alejandro Platero en Macellum, Diego Laso en Momiji o Núria y José Miguel en el futuro Nozomi.

Pero hay más, mucho más. Los fotógrafos Vicente Bosch, Eva Máñez o Txema Rodríguez, periodistas como Daniel Borrás, Marta Moreira, Guillermo Arazo o Carlos Aimeur, diseñadores como Borja García, Odos Design o Víctor Carrasco. Paco Roca reinando en el panorama del cómic o ilustradores como Lawerta o Malota. Un sector de la publicidad renovado gracias al esfuerzo de agencias como Menta, VG Agencia Digital (permítanme), Maslow, Kids o Guillermo Navarro. La moda la forman Juan Vidal y Siempre Vivas. Todos vibran. Nuestros iconos (porque ni tenemos ni queremos banderas) son las Gárgolas de Salvador Monleón y nuestro megáfono se llama twitter.

Los eventos se multiplican en locales de coworking o espacios culturales como Las Naves o Ruzafa Gallery (nunca en Las Ánimas). Ruzafa y Patacona son los epicentros de esta Generación y CulturPlaza su magazine natural. Sus claves: trabajo, esfuerzo, cultura, cierta tendencia estética hacia lo escandinavo y hacia lo oriental en la mesa. El AVE es nuestro pasillo. Se caracterizan por su independencia económica de la administración pública; iniciativas privadas pero no liberales, sino más bien apolíticas. No ganamos concursos, no buscamos subvenciones, no necesitamos al poder -es más, no lo queremos cerca-. Estamos hasta las narices, pero nuestro inmenso encabronamiento lo enfocamos a levantar cada mañana la persiana a las 8 a. m. Todos. Los. Días.

Un libro, una hoja -ésta- en blanco, un bolígrafo. Es todo lo que tengo. Ojalá sea suficiente.

FOTO: ESTITXU CARTON 

(Artículo publicado en el primer número de la revista Plaza de noviembre de 2014)   

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