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Contra la esclavitud del 'hit': Grandes bandas que renegaron de su éxito

CARLOS PÉREZ DE ZIRIZA. 14/03/2015 El rock está repleto de episodios en los que músicos reconocidos abjuran de su tema emblemático

VALENCIA. La marabunta ruge. Un mar de móviles centellea al unísono. Los canales de videos domésticos en internet se hacen eco del momento. Y echan humo. Porque al final, ese es uno de los momentos más previsibles en cada concierto. Especialmente en los de aquellos que arrastran masas en el gran circo de la música pop y rock. La interpretación del éxito de rigor es la madre de todos sus lugares comunes. Pero no todos los músicos están dispuestos a exponer de forma continua sus argumentos más populares, que muchas veces no suelen coincidir con los de más calidad. Aunque al público se le suponga (no sin razón) ese carácter soberano para decidirlo.

Son muchos los que escapan de ello, aunque constituyan (sin duda) una excepción. Músicos que se resisten a reproducir una y otra vez sobre los escenarios aquella pieza que el grueso de sus seguidores está esperando con ansia. Bandas que se niegan a repetir hasta la náusea ese momento siempre irrepetible (por su propia naturaleza, cambiante sobre un estrado) pero cada vez más distante del espíritu que lo alumbró en un primer momento. Y que fue el que, para bien o para mal, lo convirtió en un éxito. No siempre debe ser fácil interpretar el mismo papel noche tras noche. Especialmente cuando es el público el que hace suyos determinados mensajes, privándolos muchas veces de su sentido original.

Unos escapan a su gran hit por ser parte de un pasado ya superado, que prefieren no volver a airear. Otros hacen lo mismo por no considerar el éxito de marras lo suficientemente representativo de su idiosincrasia. Y otros, simplemente, los desfiguran hasta hacerlos casi irreconocibles, certificando con ello que hasta los temas más emblemáticos pueden ser entes en permanente evolución, descolocando las expectativas del público.

En esta pieza abordamos algunos de los casos más sonados.

SÍ, UNA VEZ FUIMOS RECHAZADOS

No hay canción más arquetípicamente renegada por sus propios autores que ‘Creep', de Radiohead. Hace años que se cierran en banda ante cualquier oportunidad de tocarla en directo. Expresión aguda del miserabilismo pseudo grunge que se gastaban allá por 1993 (extraída de Pablo Honey, su debut largo de aquel año, editado por EMI/Parlophone), este desesperado lamento de amor no correspondido se situó pronto en las antípodas de la reconversión electrónica con la que mostraron su mejor cara, a partir de Kid A (EMI/Parlophone, 2007). Sigue siendo, con todo, uno de sus éxitos más reconocibles. Cuando alguien ha osado pedírsela en más de un concierto, lo mínimo que han hecho ha sido invitar al demandante a irse, educadamente, a paseo. 

MENDIETA NO VOLVERÁ A MARCAR UN GOL REALMENTE INCREÍBLE

Pocas bandas hay en este país más capaces de derribar expectativas que Los Planetas. Sus conciertos no solo han sido ceremonias frecuentemente oscilantes, tan aptas para obnubilar como para exasperar al fan más experimentado: han sido también el terreno en el que poner a prueba la paciencia del seguidor de más largo recorrido, muchas veces a la espera de ese fogonazo emocional que nunca llega. La escasa ventilación sobre el escenario de ‘Un buen día', una de sus más certeras dianas pop (incluida en Unidad de Desplazamiento; RCA/BMG, 2000), es la prueba más fehaciente.

LA GENTE FELIZ Y BRILLANTE NO COTIZA AL ALZA

Si hay un gran éxito del que R.E.M. siempre han abominado, ese es ‘Shiny Happy People'. Editado como uno de los singles de Out Of Time (Warner, 1991), el disco que supuso su explosión comercial definitiva, destila la faceta más deliciosamente intrascendente, liviana y luminosa del grupo. Con los coros de su paisana de Athens Kate Pierson, quien llegaba aupada en el momento dulce de otro dueto memorable (‘Candy', junto a Iggy Pop, un año antes) y de la estupenda resurrección comercial y creativa de The B-52's (Cosmic Thing; Reprise, 1989).

No la tocaban prácticamente nunca en directo. No la incluyeron en sus recopilatorios. En el momento de la disolución de la banda, Michael Stipe matizó que el problema no era que les disgustase su resultado final, sino que no estaban preparados para su enorme repercusión.

LOS CHICOS CRECEN

‘Kids' fue el tema que puso a MGMT en el mapa en 2008. Un éxito de eco internacional. Difícilmente pueda haber una verbena indie al uso que se haya resistido a sus encantos en los últimos años. Sin embargo, en 2013 y con motivo de la edición de su tercer y homónimo álbum, (MGMT; Columbia), los norteamericanos decidieron que, ya que se habían puesto a las órdenes de Dave Fridmann para complejizar su sonido, había llegado también el momento de no dar a su público en directo un material que fuera asimilable a la primera escucha. Y ‘Kids' fue la principal damnificada, desapareciendo durante un buen tiempo de sus conciertos. No hace falta recalcar el disgusto que le supuso a buena parte de su parroquia.

CUMBRES TAN BORRASCOSAS QUE YA APENAS SE VEN

En su triunfal gira de hace poco más de un año, Kate Bush se dedicó a ofrecer más de dos horas y media de espectáculo sin una sola mención a ‘Wuthering Heights', el mayor éxito de su carrera, en 1978. 35 años de ausencia de los escenarios no fueron suficientes para hacerle reconsiderar la recuperación del tema que la hizo célebre en todo el mundo. Y lo cierto es que la decisión cuadra perfectamente con el talante de una artista que, si de algo se puede preciar, es de su rechazo a las convenciones. La honda riqueza de su discografía se lo permite.

EL DERECHO A LA FIESTA PASÓ A MEJOR VIDA

‘(You Gotta) Fight for Your Right (to Party!)' fue uno de los primeros grandes éxitos de los Beastie Boys. Extraída del álbum Licensed To Ill (Def Jam/Columbia, 1986), era en esencia una gruesa parodia de la actitud pendenciera, chusca y machista de cierto sector joven de la clase media americana. Como suele ocurrir en muchos de estos casos, la ironía se perdió en algún lugar del camino. Y no llegó a permear en la mente de muchos de sus destinatarios. Años después, la banda renegó del tema por creer que gran parte de su propósito se había licuado hasta conseguir, precisamente, lo opuesto a lo que pretendían: legitimar comportamientos tan manifiestamente cazurros. Mike D lo admitió en las notas del libreto interior de The Sounds of Science (Grand Royal, 1999). No la eliminaron de sus recopilatorios, pero sí de su repertorio en directo.

EL RANCIO OLOR A ESPÍRITU ADOLESCENTE

No es un secreto que a Kurt Cobain el peso de la fama le venía grande. Los dilemas morales fueron frecuentes en el seno de la banda de Aberdeen, y no hay nada que les fastidiase más a Nirvana que la perversión a la que su mensaje, directo como pocos, podía verse sometido en manos de la masa informe. Y las servidumbres y peajes a las que se veían constreñidos una y otra vez por la industria, y que ponían en peligro su concepto de integridad.

‘Smells Like Teen Spirit' fue, no hace falta decirlo, su gran himno. El que rompió las barreras del mainstream. Cuando visitaron Valencia, en julio de 1992, aún la interpretaron íntegramente y sin guiños exóticos. Pero solo un mes más tarde, en citas como la del Festival de Reading (Reino Unido) de ese mismo año, se cachondeaban en público de las apuntadas similitudes entre su estribillo y el de ‘More Than a Feeling' de Boston, la banda de AOR.

CUANDO JANE ES MÁS DOMESTICADA QUE DULCE

Otros músicos relegan uno de sus grandes temas a un rol meramente introductorio. Una especie de preliminar con el que ir calentando el ambiente en espera de momentos más refulgentes, fraguados al calor progresivo de cualquier buen concierto. La gloria servida tan en frío que no sabe a gloria. Bob Dylan es un especialista en la materia, en malear su propio repertorio hasta desfigurarlo casi por completo. Pero Lou Reed tampoco se quedó corto cuando despachó ‘Sweet Jane', el clásico de The Velvet Uderground, a modo de bienvenida a sus conciertos de la gira de The Raven (RCA, 2003). Eso fue lo que ocurrió en citas como la de Valencia, con la canción quitándose las legañas mientras la gente aún tomaba asiento sobre las sillas de plástico de los Jardines de Viveros.

No es el caso de esta estupenda versión, por cierto.

LA ESCALERA QUE YA NO LLEVA HASTA EL CIELO

Finalizamos este recuento tal y como lo abríamos: con otro de esos grandes clásicos del auto odio rockero. El legendario ‘Stairway To Heaven' es otro de esos temas que sus propios autores han llegado a aborrecer hasta el hartazgo. Fue incluida en Led Zepplin IV (Atlantic, 1971), convirtiéndose en la canción más conocida de la banda que comandaban Jimmy Page y Robert Plant. Fue este último el que más veces arremetió en público contra ella, lo que no ha sido obstáculo para que más de una vez la haya recuperado, con cierto desdén. El vocalista de Led Zeppelin ha dicho más de una vez en público que es un tema que no tiene sentido fuera de su contexto, en 1971. Pero no siempre ha seguido su propia máxima al pie de la letra.

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