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AMORES DE VERANO

Cuchita Lluch y MacDiego, una unión explosiva ante el problema valenciano

VICENT MOLINS (FOTOS: EVA MÁÑEZ). 02/08/2015

VALENCIA. Ambos dinamitaron las costuras que, por sus procedencias, debían dejarles emplazados entre unas coordenadas; se ciscaron en las previsiones. Y ya pueden verter comentarios sobre ellos. Hoy, en Amores de Verano, la unión temporal entre Cuchita Lluch, lideresa mediática, presidenta (hasta ahora) de la Academia Valenciana de Gastronomía, y MacDiego, diseñador, comisario, búfalo colándose entre rendijas de la cultura de aquí. Muchas Valencias encarnadas y haciendo barreja en sus dos cuerpos tendentes a aglutinar.

Los bordes de una piscina en el Carrer Major de Godella, desde la que se ve algo así como la campiña, alumbran el encuentro.

Se conocieron justo al derrumbárseles la adolescencia. "Ella tenía 18 años. Fue en un local detrás de Distrito 10. Iba con una amiga y me las presentaron: Josita y Cuchita. Cómo resistirse, claro...", ironiza MacDiego, cuyo nombre en el DNI encadena el apellido Ruiz de la Torre con el de Gómez de Barreda. Un juego en el parque de su juventud en el que abundaban los linajes. Llámale burguesía o... "Eran círculos muy clásicos, muy de derechas. A veces por no tener un apellido tradicional me sentía fuera de los círculos más cerrados", define Cuchita Lluch.

Burguesía valenciana como nuestro animal mitológico favorito.

Cuchita Lluch: Aquí realmente nunca ha habido una verdadera burguesía. Quienes lo podían ser eran cuatro familias y siempre estaban mirando hacia Madrid.

MacDiego: Hicieron su historia en Madrid y a Valencia le tenían como una segunda ciudad. Quizá es un problema muy abundante. Acabar siendo cola de león. Tenemos nuestra propia identidad y deberíamos reivindicarla de forma natural.

Cuchita Lluch: Los valencianos mirando a Madrid... un clásico. Siempre parece que el valenciano haya tenido que pedir permiso a Madrid. Nunca hemos tenido sentido de identidad propia, de ir a exigir y no a pedir. "Ofrendar nuevas glorias a España". Siempre ofrendando y dando a los demás, ¿pero y para nosotros?

¿Suprimimos esa parte del himno?

Cuchita Lluch: Vamos, lo tengo clarísimo.

MacDiego: Pero ya. Además no sé por qué ese interés por demostrar que somos nosotros los que tenemos que ofrendar.

Cuchita Lluch: Nosotros siempre somos buenos, siempre somos educados, amables, el Levante feliz, nunca somos un problema...

¿Hay que crear el problema valenciano?

Cuchita Lluch: Hay que crearlo, sí o sí, reivindicarnos de una vez.

MacDiego: Igual no hace falta crearlo, solo ordenarlo, crear unas bases, el problema está por ahí.

Ordenémonos. Son los años ochenta. Lluch y MacDiego están en los cuarteles de la nave creativa Collectiu Voramar.

MacDiego: Trabajar allí me cambió. Era un grupo, una manada. Que el jefe de la empresa se sentara en la mesa con los pies cruzados liándose un porro para preparar el siguiente proyecto era algo que nunca había vivido. Entonces siempre buscaba excusas cuando algún trabajo me salía mal. Pero ellos me decían: siempre estás buscando culpables, supéralo. Ahora les digo a mis hijos que hay que jugársela. A mí me da miedo subirme a un escenario, me da miedo hacer esta entrevista, pero hay que hacerlo, todo se trata de ir superando miedos.

Cuchita Lluch: Yo era la novia de MacDiego e iba a Voramar a absorber conocimiento.

MacDiego: Lo de novia suena a supositorio usado, era mi pareja, lo de novia es como muy antiguo, muy antiguo.

Cuchita Lluch: ¡Era tu novia!

MacDiego: Novia es una cosa seria, de casarse.

Hace menos de un año murió Vicente Lluch, padre de Cuchita Lluch. "El único constructor valenciano que ha leído y traducido a Jean Paul Sartre", escribió sobre él Miquel Alberola. La conversación alcanza su memoria de forma inevitable cuando MacDiego, vigía del cómic, recuerda su biblioteca con colecciones de Flash Gordon, Alix, Iznogoud...

MacDiego: Él cada vez que iba me daba conversación y a mí me entraba miedo porque no sabía qué decir. Me jorobaba no tener suficientes conocimientos.

 Cuchita Lluch: Mi padre es quien más me ha marcado, ahora que ha muerto me he dado cuenta de que soy quien soy de arriba a abajo por él. Cuando se iba a morir, en Houston, teníamos conversaciones muy fuertes y una noche en especial me cogió las manos y me dijo: cómo se puede querer tanto, no se puede querer más. Esa frase me recorre el cuerpo. Su última gran enseñanza fue: envialos a todos a tomar por culo. Y es la enseñanza que estoy practicando.

¿Por qué?

Cuchita Lluch: Porque estoy cansada de muchas falsedades, de mucha esclavitud, de muchos estereotipos, de mucho tener que agachar la cabeza, soy quien soy y soy como soy, me gano mi dinero sola, no le debo nada a nadie y solo le debo respeto a mis hijos y a mi marido.

MacDiego: Nos educaron en eso...

Cuchita Lluch: Hay mucha hipocresía, mucho catolicismo reprimido, mucho castigador, mucha mala gente en esta ciudad que te quiere ver con la cabeza agachada. Mi abuelo era un teniente alcalde del Movimiento y mi padre era un hombre de izquierdas que se hizo promotor porque necesitaba comer, con lo cual parecía que tenía ser de derechas. Siempre he hecho lo que he querido. Parece que porque sonríes y te gusta ser divertida tengas que ser de una forma. O porque Diego vaya con una zapatilla de cada manera no pueda ser  el señor de los pies a la cabeza que es.

MacDiego: A mí me sorprende. Hace poco un amigo viene y me comenta: tienes que pensar que en igualdad de condiciones hay clientes que se han quedado con otro diseñador porque como tú eres de buena familia. ¿Cómo? Mi familia es cojonuda, pero en toda la historia de mi familia nadie ha vivido del cuento. ¿Qué quieren que haga si tengo un estudio como el que tengo?, ¿quedar en el hueco del ascensor de una cafetería para que parezca más modesto?

¿Vuestras ideas políticas descolocan?

Cuchita Lluch: La gente cree que los de Compromís son demonios que llevan cuernos. Cuánta ignorancia...

MacDiego: Es de una comicidad viejuna.

Cuchita Lluch: Me gusta cómo lo están haciendo. La gestión parece distinta, más cercana. Sólo le pido a Compromís que no concurra junto con Podemos en las generales.

MacDiego: En mi familia con todos los que somos hay de todos los colores. Cuando dices: hay 114 imputados en el partido al que vais a votar algunos en esta mesa, ¿cómo nos lo contáis? Y se hace un silencio. Son conscientes de que tiene que haber un cambio. El problema es ése, que puedes tener las ideas que quieras, pero no a cien imputados de alto nivel en tu partido.

Cuchita Lluch: Esta efervescencia porque cambien cosas no la he vivido nunca, ojalá fructifique. Está la falla para prender.

MacDiego: Está pasando, hay mil movimientos. Quizá ocurrió ya antes, pero nunca se ha sido consciente del potencial que había. Y eso ha sido el problema. Es la diferencia respecto ahora. Mira la gastronomía... El movimiento de música club en Valencia en lugar de saber sacarle partido, de valorarlo, se lo cargaron.

Y un epílogo. Lluch, que se está yendo a Madrid, habla del futuro de la Academia de Gastronomía valenciana: "Hay que darle una vuelta importantísima que pasa por enseñar. Yo la he posicionado a nivel comunicación, poniendo en valor a la gastronomía valenciana. Ahora falta que sea una academia de verdad, que enseñe, porque con ello se hace cultura y país".

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