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EL CABECÍCUBO

Toni Catany, un fotógrafo obsesionado con el Mediterráneo anterior al turismo

ÁLVARO GONZÁLEZ/ FOTOS: TONI CATANY. 06/06/2015 'Imprescindibles' de TVE emite un documental sobre el gran fotógrafo mallorquín fallecido en 2013

MADRID. A estas alturas del año que no hay ni Eurocopa, ni Mundial ni Juegos Olímpicos, que las elecciones todavía quedan lejos y la matraca política comenzará en serio en septiembre, además de que los realities más duros ya han pasado, es un buen momento para darse cuenta de un pequeño detalle: en la televisión, también cabe la cultura. Y puede ser muy amena, tanto como una de esas series introspectivas que reflexionan sobre la condición humana que antes se denominaban culebrones o telenovelas y ahora "época dorada de la televisión".

La primera sugerencia que les podemos hacer sobre ese mundo misterioso y extraño que no va de culos y tetas de silicona, ni de goles ni penaltis ni de pitadas al himno, es el programa Imprescindibles de La2. Un espacio que trata en cada entrega la vida de los personajes más destacados de la cultura española. ¿Y esos quiénes son? ¿Están buenos? ¿Melosfo? ¿O en qué equipo juegan? ¿Acaso votan a Podemos? Pues hete aquí la sorpresa, las respuestas a todas estas preguntas serían irrelevantes. Son personajes que dejaron huella por su trabajo, por su legado artístico.

La última entrega de Imprescindibles hace una semana no pudo ser más emotiva. Contaba la vida del fotógrafo Toni Catany, fallecido en 2013. Mallorquín afincado en Barcelona, Toni era un fotógrafo de los que ya no nacen o mucho más que eso, un artista de su tierra, circunscrito al Mediterráneo, quizá el lugar más rico culturalmente del mundo que cada vez más está más orientado a que los turistas vengan a vomitar, follar y drogarse.

Como tantos genios ibéricos, Toni fue un auténtico autodidacta. Le regalaron una cámara de fotos de pequeño y aprendió a manejarla por su cuenta y riesgo comprando unos fascículos coleccionables. Pasó del equivalente de un curso CEAC por correspondencia a ser premiado por el Ministerio de Cultura y la Generalitat, como en los mejores sueños.

El documental El tiempo y las cosas está rodado por TV3. Alain d´Hooge, historiador de la Fotografía, explica al principio del reportaje que no se puede fechar una foto de Toni Catany, que son intemporales. "Podría haberse hecho en el siglo XIX o ayer, no pertenece a ninguna escuela o tendencia".

La primera parte de su obra que se aborda es la relativa al Mediterráneo. Catany entendía que Mallorca, su lugar de nacimiento, era el centro del este mar. La pasión por este entorno se le despertó cuando en 1966 viajó a Israel y Palestina como fororreportero y se dio cuenta de que, si bien muchas manifestaciones culturales y religiosas eran completamente distintas, existía un nexo común. Aspectos reconocibles también en Baleares.

Esa sensación se fue acrecentando conforme fue recorriendo Italia, Franca, Libia, Egipto o Grecia. Lugares tan distintos y que él llegó a ver tan iguales. En trabajos como La meva mediterránea, que fue un gran éxito de ventas den Francia donde reunió un nutrido grupo de seguidores, o Oscura memoria captó toda la complejidad cultural del mundo mediterráneo y también inició una búsqueda al entorno de su niñez. Aquel que conoció y que tan poco tenía que ver con lo que ha dejado la llegada del turismo de masas a partir de los 60. "Los turistas vienen a bañarse, pero pocos se acoplan al estado de ánimo para comprender a la gente local, a la cultura", dijo el fotógrafo.

El documental no repara en una de sus fotos más famosas, la del ‘nin', un chico con la cabeza rapada al cero que juega bajo la mirada de su abuela y su bisabuela vestidas de negro de arriba abajo. Le fotografió como hizo con todos sus modelos, en un instante, sin tiempo para pensar y pidiéndole que mirara a la cámara. En el documental luego cuenta que cuando viajaba por el Caribe o el Magreb, le pedía a algún amigo que le pidiera que posase a algún viandante que le hubiera gustado, porque a él le daba vergüenza decírselo, y que, lo más rápido que podía, rogándoles que miraran fijamente al objetivo y sin sonreír, les retrataba. Explica que no podía estar más tiempo preparando la composición, sino el modelo eventual se ponía nervioso.

El resultado de todas estas fotos de viajes es que en ellas siempre pasaba algo. Parecía que tenía un don para conseguirlo. Si había una puerta alguien entraba o salía casualmente de ella. Si era una calle, había un perro. 

Otra parte de su obra fue también bastante famosa y reconocida, las naturalezas muertas o bodegones, en los que intentaba reproducir la pintura en la fotografía. Las composiciones las hacía con objetos que tenía por casa, todos con alta carga emotiva por los recuerdos que le traían o lo que significaban en la cultura local. Fue tremendamente intimista y la crítica reconoció que era un maestro al convertir piezas ordinarias en valiosas.

Dice el fotógrafo en el reportaje que cuando empezó a hacerlas solo se podían ver fotografías de este tipo en los calendarios que se vendían en las tiendas de ultramarinos. Pero que él estaba completamente seducido por la idea de reproducir el concepto y no podía resistirse. Tanto que al principio le daba hasta vergüenza presentar esos trabajos.

También añade que "bodegones" solo se les denomina en España. En otros sitios se refieren a naturalezas muertas u objetos que "ya han sido", es decir, flores cortadas, piedras recogidas, etc... Eso sí, el autor reconoce en este documental que cuando intentaba que sus fotos parecieran pinturas barrocas le salían "unos buñuelos considerables".

Por lo que mostró verdadera devoción en este tipo de obras fue por los membrillos. Los lectores cuyas madres procuraban siempre traer membrillos en temporada para que oliera bien toda la cocina algo de cariño les tendrán. Para fotografiarlos utilizó el calotipo, con exposiciones muy prolongadas. Esencialmente, porque empleaba una máquina tan vieja que no tenía ni obturador, confiesa.

Finalmente, hablan de su faceta como retratista. Intentó fotografiar desnudos sin que parecieran artificiales. Su intención era divinizar el cuerpo humano. De nuevo recurría a técnicas fotográficas pictóricas en las que, comentan los expertos entrevistados, evocaba más que mostraba. 

En definitiva, un excelente documental, pero que se deja un detalle en el tintero. Mientras que en varios países europeos, sobre todo en Francia, se han peleado para comprar sus archivos, las instituciones españolas no fueron capaces de reunir su obra en una fundación en su pueblo antes de que muriera, como era su deseo.

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1 comentario

carles escribió
11/06/2015 16:03

para los que somos aficionados a la fotografia, una imagen sacada de la nada como la del nin nos apabulla; claro, como no, usar la ropa de la abuela como fondo sobre el que proyectar la figura del niño. No me acuerdo de quien lo decía, lo fotografía sirve para aprender a mirar el mundo cuando no se está haciendo fotografía...

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