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LITERATURA

'El paraíso perdido': Satanás no es tan malo

JAVIER CAVANILLES. 11/04/2015 La adaptación al cómic del poema de John Milton por Pablo Auladell es una buena ocasión para repasar las obras que han ido forjando otra imagen del pobre Satanás

VALENCIA. Quizás no fue el primer intento, pero sí el más conocido por reescribir el papel de Satán en la historia. El autor del esfuerzo fue el poeta, político y escritor británico John Milton (1608-1674) quien, con su poema El Paraíso Perdido (1687), escribió (sin saberlo) una de las obras que, siglos después, sentó la base del satanismo. La historia que narra es bien conocida: condenado al aburrimiento del infierno, Lucifer decide vengarse de Dios utilizando dos de sus creaciones: Adán y Eva. Esta obra sobre la libertad, resumida en la frase "mejor reinar en el infierno que servir en el Cielo", vuelve a las librerías de la mano del ilustrador Pablo Auladell (Alicante, 1972), que ya demostró su capacidad como ilustrador en La Leyenda del Santo Bebedor (Libros El Zorro Rojo) o La Puerta de los Pájaros (Impedimenta). El resultado es una auténtica delicatessen a la que el autor le ha dedicado casi cinco años (y tres editoriales).

El Paraíso Perdido de Auladell no es un intento de reescribir la obra, renovarla o apostar por una nueva relectura. Es un auténtico ejercicio de estilo que pretende algo tan difícil como ilustrar el texto original y convertir en imágenes (no creo que se enfade si digo que comparo su estilo con el de la gran Ana Juan) lo que en ese poema sin rima de más de 10.000 versos era descripción. Algunos perderán el tiempo discutiendo si merece ser llamado cómic o es un libro ilustrado, si es una novela gráfica o no. Lo que no se puede negar es que es una gozada para los sentidos.

Satanás como personaje literario ya existía (ahí está La Divina Comedia de Dante), pero fue Milton el que más contribuyó a su reivindicación. Como apunta Gabriel Andrade en su recién editada y muy recomendable Breve Historia de Satanás (Ed. Nowtilus) "Milton dio un giro revolucionario al retrato artístico del diablo. (...) Optó por retratar un héroe rebelde que se alza contra la tiranía del orden establecido, y que si bien falla en el intento, al menos tiene la osadía de hacerlo". Así, no es de extrañar que el texto se convirtiera siglos más tarde en la obra más influyente del satanismo moderno. Con esta obra nace Satanás como antihéroe.

El Paraíso Perdido es solo una de las grandes obras de la literatura que ha influido en tan peculiar creencia. La lista es muy amplia, pero aquí van cinco sugerencias para los que quieran perder el tiempo adentrándose en la devoción hacia el Señor de la Oscuridad.

Juliette o las prosperidades del vicio (1801): aunque la conocida novela del Marqués de Sade no habla propiamente del maligno, esta es una de las obras que recomiendan algunas organizaciones satánicas. Juliette y Justine son dos hermanas que quedan huérfanas con 14 y 12 años y tienen que dejar el convento. La primera se hace prostituta y triunfa; la segunda, opta por la virtud y va de Guatemala a Guatepeor. La conclusión está clara: eso le pasa por tonta y por renunciar a los placeres de la vida. Pese a todo, muchos satanistas son más conservadores de lo que parece y son tan enemigos de los excesos como de la abstinencia, no rechazan el disfrute, pero siempre desde la moderación. Eso sí, no renuncian a los vicios, ya que son parte de la condición humana.

Might is Right (1890): ni el Tato se acordaría hoy de este opúsculo subtitulado La supervivencia del más fuerte. De hecho, los expertos se dividen entre los que creen que Ragnar Redbeard (el autor) fue un apóstol del darwinismo social más extremo o que tras el nombre se escondía el neozelandés Arthur Demond, un reformista que quiso satirizar esta forma de pensar. Por opinar, hay quien se lo atribuye a Jack London o a Nietzsche. Políticamente incorrecto, racista y machista, su fama actual se debe a que Anton Lavey, el fundador de la Iglesia de Satán, lo plagió a la hora de escribir su Biblia Satánica e inspiró algunos de sus puntos de vista sobre lo absurdo de poner la otra mejilla o su defensa de la existencia de las élites intelectuales (y se incluía en este grupo, con toda modestia) frente a los que prefieren ir por la vida mirando al suelo.

La Rebelión de los Ángeles (1914): una de las obras más famosas del premio nobel francés Anatole France (1844-1924) que, curiosamente, no formaba parte del canon satánico hasta que el recién creado Satanic Temple la reivindicó como una de sus obras de cabecera. Si se puede hablar de un nuevo satanismo -tras la aparición de la recién citada organización fundada por Lucien Graves- es la referencia fundamental y la evolución de la creencia hacia una religión totalmente atea, sin referencias a lo paranormal, defensora de la Ciencia como fuente de conocimiento y con un marcado acento humanístico. La diferencia de este libro y el de Milton es la conclusión: no tiene sentido luchar contra Dios (símbolo del poder), ya que si se le vence, Satanás ocupará su puesto.

The Devil Rides Out (1934): desgraciadamente, esta obra nunca ha sido traducida al español, y si es conocida en nuestro país es gracias a la película de Terence Fisher (La Novia del Diablo, 1968) con guion de Richard Matheson (Soy Leyenda). Fue la primera de las nueve novelas que el británico Dennis Wheatley le dedicó al mundo de las sectas satánicas y la que marcó el camino que siguieron todos los demás autores. Aunque presumía de documentarse muy bien (llegó a conocer a Aleister Crowley), lo cierto es que se las inventaba al vuelo. En los años 90, cuando el gobierno británico encargó a la investigadora Jean Lafontaine un estudio sobre la existencia de estas extrañas organizaciones, aseguró que no había ninguna prueba y que la mayoría de presuntos estudiosos se encargaban de dar pábulo a las fantasías de Wheatley. No cabe duda que LaVey aprendió mucho de sus descripciones de las misas negras a la hora de diseñar los ritos de la Iglesia de Satán, aunque no se puede decir que fuera su única o principal influencia.

La Virtud del Egoismo (1964): puede que no sea la obra más conocida de la sociópata Ayn Rand, pero el título ya se las trae. Anton LaVey era un gran admiradora de la escritora rusa afincada en Estados Unidos –famosa por llamar parásitos a todos los que reclamaban ayudas públicas mientras ella utilizaba su apellido de soltera para cobrar de la seguridad social siendo millonaria– así que plagió trozos de su obra y, en otros casos, se limitó a recomendarla. No cabe duda de que varias de las Nueve Reglas de la Iglesia de Satán están influidas por ella. Resulta curioso que la Iglesia de Satán y la mayoría de Escuelas de Negocios del planeta compartan su admiración por un personaje así.

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