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EL CABECÍCUBO

El secreto de José Sacristán: "Ni guapo ni feo ni listo ni tonto"

ÁLVARO GONZÁLEZ. 18/10/2014 Un documental sobre la vida del protagonista del film de moda, 'Magical girl', recorre los profundos cambios experimentados por la sociedad española desde los años 50

MADRID. No es fácil repetir un documental como La silla de Fernando, la entrevista con Fernando Fernán Gómez que ha llegado a convertirse en película de culto y hay yoyas para hacerse con el DVD con dos horas extras, pero la iniciativa de repetir con José Sacristán, por sí misma, era buena. Da la impresión de que actores como los que hemos tenido en este país, curtidos en mil batallas, ya no nacen. Sólo con la dicción que tenían, a la vista de cómo está la profesión hoy, parecen seres de otro planeta español.

La entrevista con Sacristán se titula Delantera de gallinero y es una coproducción de Canal TCM y el Festival de Málaga dirigida por Pedro González Bermúdez, ganador del Goya por el corto Regreso a Viridiana en 2012. Hay que irse a la plataforma digital para verla, pero merece la pena. Al menos por algo que el propio Sacristán recuerda citando a Fernán Gómez: "ser actor en España es como ser torero en Islandia".

El relato de la vida de Sacristán está marcado por su origen. Natural de Chinchón, al sur de la Comunidad de Madrid, muy cerca de la provincia de Toledo. El actor lo dice de forma lacónica y cierto es que no hay otra manera de expresarlo: "vengo de la Castilla campesina de los años 40 de este país". Podría haber añadido más silencio al final de la frase, pero digamos que hiela la sangre claramente, sin ambages ni rodeos.

Como segunda circunstancia que marcó su vida, cita a su familia. "Mi padre fue comunista". El espectador puede ir encajando las piezas con una suma. Castilla profunda más comunistas y ver qué le da como resultado. Efectivamente, su padre terminó en un campo de concentración. Es el primer recuerdo de su vida, explica, que su madre le llevara a un campo de concentración donde "un señor con barba" le abrazaba.

Al salir de la cárcel, su padre no pudo volver a su pueblo, estaba desterrado, y terminó en Madrid. Una bendición para un niño que, desde que empezó a caminar solo por la calle, cuenta Sacristán, se iba directo a las carteleras de los cines. El fenómeno fan actual no le era ajeno. Coleccionaba todos los cromos relacionados con el cine. Ahora conserva auténticos tesoros. Esos álbumes eran para él en su infancia como una Play Station para un niño actual.

Su padre, no obstante, no entendía nada de estos gustos. Le metió a trabajar en un taller mecánico antes de los 14 años. Aquí los recuerdos son realmente cinematográficos, Sacristán dice que se iba a ver la cartelera de los cines y al verse reflejada la nariz en el cristal se decía: "¿Cómo vas a ser actor con esta cara?"

También son interesantes los años de la mili. Y no por las anécdotas típicas que cuentan todos los que besaron la bandera. En Melilla, donde le tocó, y dice que fue una "gran suerte", se puso a leer todo lo que pilló de la biblioteca por orden alfabético. Cuando iba por la "B" terminó en el calabozo. Allí, los que estaban presos, le ayudaron con su ambición cultural. Le hicieron una selección de libros de entre los que ahora destaca Las palmeras salvajes de William Faulkner.

En el mundo de la actuación empezó sin pasar por la recomendación de nadie. Se metió en un teatro y dijo "quiero formar parte de esto". En algo le tuvo que influir su experiencia en el Ejército, dio ese paso al día siguiente de licenciarse. Graciosamente, le aceptaron. En su primer papel, sólo tenía que decir "Doctor Jenkins". Lo ensayó durante días horas y horas. Y en aquellos inicios, en el inevitable pluriempleo, él fue "orgulloso" vendedor del círculo de lectores.

Uno de los primeros colegas con los que coincidió fue Alfredo Landa. La reivindicación que hace de su talento está marcada por todas las críticas que recibieron quienes trabajaron en las llamadas españoladas: "Alfredo [Landa] era un superdotado, un fuera de serie, elegido por la madre naturaleza sin haberse preocupado ni de estudiar ni de prepararse ni métodos. Hay mucho lerdo que se mete con él. Hay que ser negado para no ver que en la menor de las películas hay un actor de catorce pinos".

Tras la muerte de Franco, dice, ya nada volvió a ser igual. Al menos para él sí fue así. Cambio 16 le dio la portada de un número y tituló: Vino con la democracia; él llena cines. Fue de la mano de José Luis Garci, que se le presentó, según revela, diciéndole: "Me llamo Garci y voy a sacar un Oscar". El director, que finalmente sí fue "oscarizado" apostó todo por él, dijo que sin Sacristán no se hacía la película. Se refería a Asignatura pendiente. Al actor no le vino mal. Empezó a brillar en el papel de españolito de a pie, rol por el que ha sido más recordado. Como él mismo explica, el secreto de su éxito era parecer "ni muy guapo ni muy feo ni muy listo ni muy tonto".

Los españoles de aquel tiempo que se iba descongelando buscaban reconocerse en el cine. En sentimientos. En maneras de pensar "que hasta entonces habían estado escondidas o amenazadas". Sacristán admite que para mucha gente esas películas podrán ser "una sandez", pero afirma que "les salva la inocencia". No tenían grandes mensajes, ni doctrina, ni querían ser trascendentes. La esencia de ese cine era expresar un: "Mire usted, no damos más de sí". El mayor ejemplo, cita, es Solos en la madrugada, también de Garci. Con su famoso monólogo radiofónico final:

Es interesante cómo explica Sacristán que este monólogo fue recibido en países como Argentina como una declaración de principios, sobre la libertad, y algo muy solemne. Cuando aquí en España esas palabras lo que tenían detrás era "el reconocimiento de una forma de fracaso del que hay que tener conciencia para ver la manera de salir", que no es exactamente lo mismo. Hoy en día, da una mezcla de dentera e incredulidad. Ese, el que se abría así al mundo, era nuestro pueblo, nuestro país.

Y a la hora de comparar, de recordar los valores de aquella Transición tan denostada actualmente, el actor también habla de fracaso. Cree que sus valores y propósitos han sido "dilapidados". Hasta se queja de que "han vuelto a crecer los Pirineos". Al margen de esto, en aquella época tuvo la ocasión de protagonizar películas sobre homosexualidad. Lo que demuestra que en los setenta la sociedad se movía, sentía inquietudes, se podían abordar este tipo de temas y si estaban bien hechos la gente respondía.

Al final cuenta otra anécdota real que también sería muy cinematográfica de haberse rodado. Se fue con su padre a una cena con el Rey en El Pardo. Cuando se lo presentó, le dijo al Monarca: "Éste es mi padre. El anterior dueño de esta pensión [Franco] le metió en la cárcel porque es muy rojo. No sabemos qué hacer con él. No hacemos carrera con este chico". Juan Carlos pidió permiso para darle un abrazo. Su padre asintió pero porque realmente no sabía qué decir ante la oferta. El rey se agachó y le abrazó y Venancio, que así se llamaba su padre, miró a su hijo como diciendo: "¿Pero esto está pasando?".

Una entrevista en la que es de agradecer que Sacristán no trate de seguir la estela de Fernán Gómez y se muestre tal cual es. Hasta reconoce su filiación política, "siempre a la izquierda del PSOE". Pero no hay ínfulas, ni pretensiones ni ejercicios de autoafirmación. De modo que sólo queda decir una cosa de este formato: queremos más.

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3 comentarios

JoJo escribió
19/10/2014 20:05

Lo que me parece increíble es que Garci hay hecho peliculones como Solos en la madrugada, Volver a empezar, Asignatura pendiente, El abuelo, Crack y otras y, en cambio, haya hecho bodrios como Sangre de mayo o la última en la que salía Gallardón disfrazado de su antepasado Isaac Albéniz

Trompeta escribió
18/10/2014 22:02

Estoy muy satisfecho xoon el articulo, muchas gracias. También estoy de acuerdo con el comentario de emigrante.Este señor ,Landa ,Lopez Vazquez , etc... sufrieron y trabajaron por esmerarse en su profesión, hoy con las saludables excepciones de siempre hay mucho aspirante a genio/a que se lo tiene muy creido... y eso junto a una nefasta política audiovisual nos ha llevado a lo que tenemos hoy.

emigrante escribió
18/10/2014 14:58

El último de la generación del landismo. Yo creo que la diferencia fundamental entre aquellos artistas y los de ahora es que los primeros se formaron en el teatro. Aprendieron el oficio entre aplausos y tomatazos y desarrollaron una dicción para ser oídos con claridad hasta en la última fila. A los que no han conocido mas que el objetivo de una cámara y un micrófono cerquita se les nota. También aprendieron a querer y respetar al público, recuerdo el magnífico discurso de J.L. López Vázquez al recibir el Goya de honor alabando al público en medio de una gala que fue un montón de acusaciones de piratería digital.

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