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LA PANTALLA GLOBAL

Edward Bunker: de la cárcel a la gran pantalla

EDUARDO GUILLOT. 01/07/2014 Participó en varias películas, pero su vida real supera el mejor guión de cine. Su obra póstuma, 'Huida del corredor de la muerte', acaba de editarse en España

VALENCIA. Pese al impacto que produce en su primera visión, pocos espectadores recuerdan tras ver Reservoir dogs (1992), la opera prima de Quentin Tarantino, al "Señor Azul", uno de los integrantes de la banda de gángsters que comete el atraco en torno al que gira la trama. Sólo aparece, y siempre en un plano secundario, en la discusión inicial sobre el Like a virgin de Madonna y las propinas y, más tarde, en la reunión de todo el grupo para el reparto de nombres. Es un hombre mayor, de unos sesenta años, con bigote y pelo canosos. En la película aparece acreditado como Eddie Bunker, y detrás del humo de su puro y de su mirada cansada se esconde una personalidad fascinante, un auténtico superviviente que encontró la redención a años de vida criminal en la literatura y el cine.

Nadie ha tenido que explicarle a Edward Bunker (1933-2005) cómo es la vida en prisión. Ingresó en la cárcel con solo dieciseis años, y pasó dieciocho entre rejas. Lo contó en La educación de un ladrón (Education of a Felon, 2000), un apasionante relato autobiográfico en el que narraba su experiencia como presidiario, desde que fue internado en instituciones para menores hasta los años que pasó en San Quintín, una de las instituciones penitenciarias más duras de Estados Unidos. El libro termina cuando, tras varios intentos fallidos, Bunker consigue que una de sus novelas, No hay bestia tan feroz (No beast so fierce, 1972), sea aceptada por un editor. Posteriormente, se convertiría en la magnífica película Libertad condicional (Straight Time, Ulu Grosbard, 1978), protagonizada por Dustin Hoffman, y a partir de entonces su vida cambiaría radicalmente.

Poco a poco, se convertiría en un autor apreciado (William Styron y James Ellroy se cuentan entre sus admiradores) y terminaría trabajando con cierta regularidad para el cine, siendo uno de sus trabajos más reseñables su participación en el guión de El tren del infierno (Runaway Train, Andrei Konchalovski, 1985), que le valió una nominación al Oscar. La historia, basada en una idea original de Akira Kurosawa, se acoge al género de aventuras, pero posee un tono crepuscular que la distingue del habitual espectáculo pirotécnico hollywoodiense. Como en todos los films con participación de Bunker, la caracterización de los personajes es una de sus principales bazas: En sus historias no hay lugar para sentimentalismos ni maniqueas fronteras entre buenos y malos, solo seres humanos que luchan por sobrevivir en un entorno social adverso.

AÑOS DE PRESIDIO

Sus experiencias en prisión fueron la materia prima principal de la perturbadora novela La fábrica de animales (Animal Factory, 1977). El joven protagonista, Ron Decker, es un delincuente de poca monta que entra en la cárcel para cumplir una condena por tráfico de drogas, pero en el corto periodo de un año se transforma en una persona distinta, embrutecida, capaz de llegar a extremos que nunca hubiera imaginado. La amistad con el resabiado Earl Coppen, un duro recluso que se convierte en su mentor, es el único asidero de que dispone para mantener algo de humanidad en un entorno brutal y violento, donde la vida no vale nada, conservar la inocencia es misión imposible y el racismo es una herramienta de supervivencia. 

Historia de amistad masculina, relato carcelario de primera magnitud (lo sabe bien el guionista Thomas Bidegain, responsable de Un profeta), La fábrica de animales es un retrato demoledor de un sistema penal incapaz de cumplir sus funciones de rehabilitación, en el que siempre se impone la ley del más fuerte. El alegato de Decker ante el juez, cuando se presenta para tratar de modificar su sentencia, resume de manera ejemplar el proceso de degradación moral a que se ha visto sometido en apenas doce meses. Un viaje sin retorno, que le ha convertido, ahora sí, en un auténtico criminal. Steve Buscemi (otro de los atracadores pulcramente trajeados de Reservoir Dogs) la llevó al cine en el año 2000.

La relación de Bunker con el séptimo arte resultaba lógica, teniendo en cuenta el carácter cinematográfico de su escritura y la precisión de sus diálogos, aunque su filmografía es relativamente breve, e incluye también algunos papeles menores (en títulos como Tango y Cash o El clan de los rompehuesos) y su participación como asesor de Michael Mann en Heat (1995). No obstante, su vida resulta más interesante que su trabajo en la ficción. En La educación de un ladrón, traza un retrato del sistema penitenciario norteamericano desde los años cuarenta hasta finales de los sesenta, de sus códigos de honor y normas de funcionamiento, de las relaciones entre los reclusos, de los enfrentamientos raciales entre blancos, negros y chicanos y de las opciones de supervivencia en un sistema con sus propias reglas, válidas únicamente dentro de los fríos muros de la prisión. Al mismo tiempo, relata la historia de un niño lleno de ira que se ve obligado a hacerse hombre entre maleantes, asesinos, timadores y agentes de la ley carentes de moral.

CRIMEN Y REDENCIÓN

Nunca dejó de acudir al cine cuando gozó de periodos de libertad, pero su verdadera tabla de salvación fueron los libros, que devoraba durante las muchas horas muertas de que disponía en su celda. Louise Wallis, esposa del famoso productor de Hollywood Hal B. Wallis (Casablanca, El sargento York), fue su protectora durante algunos años, le proporcionó empleo cuando disfrutó de periodos de libertad condicional y confió en su talento como novelista, enviándole una máquina de escribir a prisión, en la que Bunker se dedicó a teclear sin descanso hasta que consiguió que uno de sus textos fuera aceptado por una editorial. 

La educación de un ladrón, ganadora en el año 2000 del premio McCallan Golden Dagger a la mejor obra de no ficción de género negro, es un paseo por el lado salvaje, una historia sin falsos arrepentimientos escrita cuando Bunker contaba 75 años. Su última reflexión: "Habría podido jugar mejor las cartas que me dio el destino, sin duda, y hay cosas de las que me avergüenzo, pero cuando me miro en el espejo me siento orgulloso de lo que soy. De los rasgos que me hicieron pelearme con el mundo y también de los que me hicieron salir adelante". Todo un testimonio de supervivencia.

La editorial Sajalín acaba de traducir al castellano Huida del corredor de la muerte, una serie de relatos breves recuperados tras la muerte de Bunker. Solo por el primero de los que incluye el volumen, La justicia de Los Ángeles, 1927, ya vale la pena hacerse con el libro. Si lo prefieren en formato largo, la misma editorial ha publicado en los últimos años sus cinco novelas: Perro come perro, La fábrica de animales, Stark, No hay bestia tan feroz y Little Boy Blue. En tiempos en los que se coloca la etiqueta de "serie negra" a cualquier bestseller plagado de asesinatos rituales, erotismo de sexshop y psicópatas nórdicos, resulta muy recomendable darse de bruces con la auténtica realidad del género

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