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Activos Especiales

Las caras detrás de las nuevas propuestas culturales: así ven ellos Valencia

VICENT MOLINS. 31/05/2014 Son los nombres que levantan a peso algunas de las iniciativas culturales más recientes. Pau Montagud (Rambleta Docs), Carlos Madrid (La Cabina) y Jordi Llobregat (Valencia Negra) le dan vueltas a cómo está culturalmente su ciudad... y a cómo podría estarlo

VALENCIA. La cultura, ay la cultura. Desde arriba, con plano aéreo, se podría concluir que Valencia, frente a una atiborrada potencia lumínica -las farolas-, tiende en cambio al erial cuando lo que se examina es la cosa cultural. Al bajar a tierra, del análisis se deduce una proliferación de iniciativas meritoriamente hechas a mano, casi siempre privadas, levantadas a peso por personajes decididos, unos llaneros desenfundando contenidos. Pongamos que hablo de Pau Montagud (Rambleta Docs), Carlos Madrid (La Cabina) y Jordi Llobregat (Valencia Negra). Son algunos de los nuevos fogonazos. Audiovisuales y literatura en vena. ¿Qué podría salir de plantearle a este trío de rebelión que esbocen el estado actual -y el futuro- de la cultura en su ciudad?

Pau Montagud está en la polaca Cracovia ejerciendo de jurado en un festival de cine local. Lo llevan "como canica en lavadora" y encima pasa frío. Él, que casi todo el año vive en México DF, y entre los paréntesis en Valencia. Allá dirige DocsDF, prestigioso festival de documentales. "La cotidianidad en la ciudad de México es muy normal, con la diferencia de tener que lidiar con una urbe de 26 millones de habitantes. Sales por la mañana a trabajar y no regresas hasta la noche. Es una ciudad que por momentos te ahoga, pero cuando te acostumbras aprendes a manejarla. La adoro". Aquí es el creador de Rambleta Docs, muestra de documentalismo internacional. "Un germen de lo que podría ser un gran proyecto", define él.

Pau Montagud, en el centro, en primera fila, durante una proyección.

–Pau, ¿qué diferencias percibes entre la respuesta en México DF y la respuesta en Valencia?
–En la ciudad de México la gente está expectante por la oferta cultural y la consulta todo el tiempo. Esto es porque es constante y accesible. En Valencia lo fue, pero creo que se perdió paulatinamente. Tienes que llamar más a la gente, cacarear más lo que estás proponiendo, para que acuda.

–Entre aquí y allí, ¿qué te parece el momento cultural valenciano?
–Muy cuantioso y variado desde las iniciativas privadas; desde las públicas, en general, no tanto.

Precisamente uno de los documentales más exitosos programados en Rambleta Docs fue una cinta mexicana, El alcalde, testimonio asombroso sobre el narcotráfico y la política en la frontera con EEUU.

–¿Por qué el documental?
–Mi pasión por el documental no vino por el camino del cine, sino del periodismo. Sin embargo, la televisión por ejemplo, es algo que no me llena ni como realizador, ni como productor ni como espectador. En el documental encontré un instrumento para expresar la realidad, comprenderla y expresar libremente un punto de vista. Creo que es el género más completo.

Montagud me explica que es importante que Valencia tenga, vaya teniendo, certámenes de cine en progresión.  "El público valenciano lo merece porque, pese a la honrosa excepción de la Filmoteca, la oferta cinematográfica es extremadamente pobre. Me apeteció aportar mi humilde granito de arena".

–¿Cómo brota la idea fundacional de Rambleta Docs?
–¿En serio? Pues tomando una cerveza con Carlos Aimeur, cinéfilo como pocos. Quizá demasiado, pero no se lo digas.

–¿Rambleta Docs nació por la carencia de muestras cinéfilas?
–La carencia es más que evidente. Desde hace muchos años la política cultural en Valencia se basa en el aquí te pillo aquí te mato, sin proyectos a medio plazo y ni mucho menos a largo plazo. Lo importante es crear una base cultural, una dinámica. Creo firmemente en la creación de nuevas audiencias, y eso no se puede hacer en un año, ni en dos, ni en una legislatura. La muerte de la Mostra fue catastrófica para la ciudad, pero me da la sensación de que ya nadie confiaba en ese proyecto cuando llegó a ser un gran festival.

–Después volveremos a ti, pero, ¿cómo ves el futuro de Rambleta Docs?
–Me gustaría que creciera, que Valencia tenga un festival serio y de repercusión dedicado a este género. Creo que es posible y es una ciudad perfecta para albergar un festival internacional de cine. Estamos rodeados de gente curiosa, con ansias de nuevas propuestas. Siempre ha sido así, y nosotros mismo debemos cumplir nuestras expectativas. Soy un ferviente defensor de las iniciativas que nacen en la sociedad civil. Suelen dar buenos resultados.

Pau Montagud, Carlos Madrid o Jordi Llobregat no se corresponden con los hombres de cultura permanentemente enfurruñados en plena ensoñación de entornos mejores. Son más bien caballeros de pico y pala, activos para que sus calles noten un hormigueo de propuestas.

La de Carlos Madrid -criado a las faldas del Observatori- se llama La Cabina. Sí, la de los carteles: "es algo que me dio rabia en su día, pero que ahora recordamos con cariño: tras la pegada de carteles de la 6ª edición, hubo un saqueo sin precedentes en esta ciudad. Mucha gente arrancó los carteles para ponérselos en su casa porque el dibujo de Paula Bonet les había encantado. Espero que se fijaran que anunciaba un festival de mediometrajes".

No un festival de mediometrajes cualquiera: "El único festival internacional de mediometrajes que existe en el mundo", resume Madrid. "Un amigo me envió un corto que había dirigido para que lo moviese por festivales de la ciudad, ya que él no vivía en Valencia. Duraba 28 minutos, así que lo tenía difícil para inscribirse en unos cuantos certámenes. La pregunta que me vino a la cabeza fue: ‘Si durara 35 minutos, ¿dónde podría presentarlo?', seguida de ‘¿Se producen habitualmente mediometrajes? ¿Hay algún lugar donde concurran para que el público los vea?". Y lo creó.

Algunas de las proyecciones "más mágicas" han sido el mediometraje dirigido por Neil Young ("proyectado en versión muda, haciéndose cargo de la música Miguel Ángel Landete, voz de Senior i el Cor Brutal)", junto al estreno en España de los dos mediometrajes de Spike Jonze.

–¿Los mediometrajes nacen por ser demasiado cortos para un largo y demasiado largos para un corto?
–Son películas que, como decían los carteles que diseñó Menta en la cuarta edición, duran el tiempo justo; emplean el tiempo justo para contar lo que quieren contar.

–¿Valencia ha demostrado que quiere a La Cabina?
–Si te refieres al público, sí. Hemos aumentado sustancialmente edición tras edición, y eso nos hace querer seguir y mejorar. Si te refieres a las instituciones, a muchas hay que convencerles todavía del valor añadido que representa La Cabina.

Siguiente protagonista. A los malos augurios –qué negro lo tenemos– Jordi Llobregat y sus socios devoradores de novela le dieron la vuelta creando VLC Negra. "Valencia tiene un reverso oculto que la hace especialmente atractiva, quizás sea esa mezcolanza de urbanidad y ruralidad. A pesar de que el cemento ha ganado mucho espacio bajo nuestros pies, sigue corriendo la sangre por nuestras acequias".

Un certamen de género negro con capítulos de gran coherencia: "a pocos minutos de empezar su charla se produjo la desaparición misteriosa de un participante". Y otros de gratitud entrañable: "en esta última edición –enuncia Llobregat– se me acercó una anciana y cogiéndome del brazo, como haría mi abuela, me dio las gracias con una sincera expresión de cariño en los ojos y un beso en la mejilla".

De niño Jordi Llobregat acudía con su padre a la biblioteca de la calle Hospital cada sábado ("cuando abrían los sábados") para recoger en préstamo tres libros con los que viajar a países lejanos. "Entonces en mi casa no había televisión y esperaba ansioso cada fin de semana". A su casa fueron llegando Flanagan, Sherlock Holmes, Dupin, Poirot, Gunther, Kenzie y Gennaro, Fabel, Wallander, Montalbano, Jaritos, Romano, Petra Delicado, Bevilacqua, Torpedo, Blacksad...

Jordi Llobregat, en el centro, durante un acto de VLC Negra.

Hace poco tiempo, enfrascado en tertulias de café, se les coló una pregunta: "era imposible no hablar de los festivales de novela negra que se celebraban fuera de Valencia, y lo hacíamos con envidia, preguntándonos por qué no disfrutábamos de uno en nuestra propia ciudad".  Ya lo disfrutan, recién acabada la segunda edición en la que involucraron a Petros Markaris o Lorenzo Silva. VLC Negra es ya una de las grandes esperanzas blancas.

Pau Montagud, Carlos Madrid y Jordi Llobregat enriquecen Valencia embastando novedades con brillo. Quizá por eso, porque se ensucian de tierra para faenar la ciudad, tienen más o menos claro cuál debiera ser el porvenir cultural del reino. Sus visiones, más que autopsias, apuntan a catarsis.

–¿Cómo definís el momento?

Pau Montagud: La cultura en Valencia vive gracias a las iniciativas independientes, como Photón por ejemplo, que me parece una maravilla de evento.

Carlos Madrid: Hay mucho talento e ideas entre nuestros ciudadanos que se están yendo al traste por no ser escuchado, o porque las ideas que se ponen en marcha no cuentan con un mínimo apoyo institucional que, a medio plazo, podría ser bueno para el conjunto de la ciudad.

Jordi Llobregat: Valencia necesita eventos culturales. Los valencianos estamos ávidos de cultura. Es un momento inmenso en calidad e iniciativas individuales, decrépito en apoyo y reconocimiento. Podría ser una ciudad culturalmente mucho mejor, y mucho mejor es decir poco.

Carlos Madrid: El Observatorio de la Cultura publicó que Valencia es la sexta ciudad con mejor oferta cultural del país. ¡Y somos la tercera en población! Talento no falta, así que algo debe fallar.

–¿Y qué hacer?

Pau Montagud: Todas las dificultades no son más que razones para motivarse. Se necesita la voluntad política de convertirse en un referente cultural. Somos mucho más que paella, falla, horchata y playa. Nosotros lo sabemos, pero esa es la imagen que tenemos al exterior. Las oportunidades que se deben aprovechar residen básicamente en la creatividad de sus propios ciudadanos, que en Valencia creo que está muy desaprovechada.

Carlos Madrid: Creo que las concejalías y consellerias de cultura deberían hacer reuniones conjuntas con gestores culturales (y que la iniciativa venga de aquellas); escucharles, preguntarles, saber qué pueden aportar al conjunto de la cultura en la ciudad, facilitándoles contactos con posibles patrocinadores, impulsando el acceso de institutos y colegios a festivales (no solamente a museos), algo que crea públicos para el futuro; dejándose de avasallar por la iglesia; abriendo las Fallas a otras posibilidades de diseño e ilustración aprovechando la gran cantidad y calidad de ilustradores que hay en Valencia; usando el espacio del río y los tinglados del puerto para más actividades; encargando los carteles municipales a diseñadores profesionales; abriendo la Feria de julio a otras sensibilidades musicales.

Jordi Llobregat: Valencia necesita convencerse que la cultura es fundamental en el desarrollo de la ciudad y que puede ser un medio substancial incluso para combatir la crisis. Y tanto que podría ser culturalmente mejor...

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3 comentarios

03/06/2014 10:05

El Museo L'Iber es un Museo muy rico en actividades culturales, en particular literarias e históricas aunque también artísticas. Lleva más de siete años en funcionamiento y es uno de los polos de atracción cultural más activo de la ciudad. Es curioso que determinados medios de comunicación lo olviden sistemáticamente. Afortunadamente no les pasa a todos y en especial no le ocurre al público. Valencia es una ciudad muy rica en cultura, lo malo es que no existe una agenda completa en la que se refleje todo aquello que se realiza. Alejandro Noguera Director

Srgantana escribió
31/05/2014 20:21

També teniu a l'Octubre CCC i ni puto caso

AlemaPelMon escribió
31/05/2014 14:02

Gran artícul!

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