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"EL CABECICUBO"

Documentales de guerra vs. ficción bélica

ALVARO GONZÁLEZ. 11/07/2015 Las grandes series de guerra nos dan una visión épica de los conflictos, pero cuando vemos un buen documental sólo queremos que no vuelva a ocurrir
Un fotograma de la serie documental "Apocalipsis: La II Guerra Mundial en color"

VALENCIA. Estar de Rodríguez y en casa ajena durante la oleada de calor más dura que recuerdan los ancianos del lugar es un marco incomparable para ver la tele como un pez, con mirada bobalicona y sin cambiar de canal por falta de fuerzas. Así nos hemos tragado casi cada día este mes de julio Al Rojo Vivo, ese espacio de actualidad política entendida como el Carrusel Deportivo al que solo le falta Pepe Domingo Castaño gritando "¡un purito!" cada vez que se publica una encuesta de intención de voto en una provincia española. Ante nuestros ojos han desfilado todo tipo de opiniones sobre el problema griego. Y tristemente hemos comprobado que la visión predominante -no necesariamente en este programa- es que los españoles, siempre caracterizados por su valor y pundonor para situarse por principio del lado del débil, apoyan a Merkel. Una pobre víctima.

Y en estas estábamos cuando dios me envió una señal. En la casa que generosamente me han dejado habitar, en el mueble de los DVD, en una esquina oscura, estaban unos cedés copiados del año catapún con justo lo que necesitaba ver sin yo saberlo: la serie de HBO Hermanos de sangre.

Esta ficción bélica fue una de las primeras noticias que tuvimos de esa forma distinta de hacer televisión que llegaba de Estados Unidos. También un producto que confirmó el desinterés del público general por ofertas de tal calidad. La serie pasó por las televisiones generalistas sin despertar un gran interés. Llegó a estar programada de madrugada de mala manera, lejos del prime time que merecía. Lo cierto es que ni a Los Soprano en Cuatro o a Mad Men en Divinity les fue mucho mejor. Al gran público la calidad suprema no le conquista. Es lógico, por otra parte, si no suprema no sería.

El caso es que Hermanos de sangre no es que no haya envejecido mal, es que sigue siendo mucho mejor que su secuela El Pacífico y más intensa que la otra apuesta bélica de HBO, Generation kill; aunque esta serie, sobre la última guerra de Iraq, buscaba más el sobreentendido con la indecente situación política que llevó a esa intervención y sus consecuencias.

 

En cualquier caso, Hermanos de sangre está de actualidad en este momento. Cuenta cómo los sufridos trabajadores estadounidenses, emprendedores todos en el sistema liberal más próspero del mundo, tuvieron que recorrer 7.800 kilómetros para que les sacasen las tripas a buena parte de ellos por el bien de la democracia. Y luego, una vez ganada la guerra, impuesto el bien sobre el mal absoluto, con una legión de mutilados de vuelta a casa, perdonarles la deuda a los alemanes.

Pero dejémonos de politiqueo antes de liarla y analicemos la televisión, que es lo importante. Hermanos de sangre tomaba por una parte todos los ingredientes de la más brillante ficción bélica. La que mostraba lo fácil y ridículo que es morir en la guerra. Por la otra parte, desgraciadamente, caía en el heroísmo. El teniente Winters era un superhéroe. Ni siquiera bebía alcohol, a fuerza de ser el hijo deseado de América. No obstante, cuando uno se sumerge en una serie tan sumamente buena, termina perdiendo la valoración ética de lo que ve y surge un deseo, el que hemos tenido siempre cuando hemos visto películas de guerra desde niños, o de vaqueros: el estar allí.

En sentido contrario podemos hablar de las novelas de Sven Hassel, escritor danés de turbio pasado que inundó el mercado en su día con sus novelas baratas de soldados de la Wehrmacht, donde todos menos uno, Julius, no eran nazis, solo sufridos soldados de leva que se la jugaban heroicamente. Conclusión, en las trepidantes lecturas a uno le pasaba lo mismo: en el fondo, quería estar ahí. 

Si bien es cierto que Hermanos de sangre dejó capítulos, como el de Bastoña, memorables más allá del heroísmo de tres al cuarto. El capítulo contado desde el punto de vista del sanitario que se las ve y se las desea para conseguir morfina para sus futuros pacientes destripados en mitad del campo a menos veinte grados. Y todo ello para, no lo olviden, insistimos malévolamente, terminar rescatando a Alemania y perdonándole la deuda. 

Fotograma de

Con todo, las conclusiones al volver a ver la serie son igual de claras. Es épica, emocionante. El compañerismo de los soldados cautiva. Su sacrificio conmueve. Uno quiere estar ahí, repetimos. Y lo volvemos a decir porque justo hace una semana, La Noche Temática de La2 fue sobre lo mismo, sobre la guerra. Esta vez sobre a la que a Alemania no se le perdonó después la deuda: la primera. La Gran Guerra. 

Era un documental atípico. Lejos de los de Canal Historia, centrados en la trinchera y las armas. En la emoción. El documental 1914-1918, el ruido y la furia iba mucho más allá de la épica. Se atrevía a insistir en la figura de Jean Jaurès, el político socialista francés que hizo lo imposible para que los trabajadores de Europa no se asesinaran entre sí. Un propósito que fue aplastado por el nacionalismo, una ideología que se ha vuelto a revelar incluso cien años después, en pleno siglo XXI, como mucho más poderosa, podríamos decir que hasta hegemónica, que la izquierda.

Esta vez las imágenes de los soldados afectados por el gas no llevan ninguna épica asociada. Les vemos llorar, sin parar, porque no pueden parar por culpa del gas, y estremece. Así como las hazañas de Nivelle, general al que le dio por intentar ganar la guerra por medio del ataque frontal. Bien es cierto que los aliados tomaron nota y las operaciones de la II Guerra Mundial se caracterizaron por el respeto de la vida de los propios soldados en la medida de lo posible.

Fotograma del documental

Sin embargo, tras un documental como éste uno se queda con pocas ganas de guerra. Especialmente si seguías pegado  la tele y te tragabas el siguiente que programó La noche temática el pasado sábado —a ver quién se iba a la cama con 43 grados— Las huellas de la guerra sobre las consecuencias en la salud pública y medioambientales de los conflictos. La parte más sangrante que trataban era la de Vietnam. Miles de vietnamitas sufren malformaciones por el agente naranja con el que los estadounidenses desfoliaron la jungla para poder derrotar a la guerrilla enemiga. Y su parte porno, este país admite que sus veteranos fueron envenenados y los indemniza, pero no a los naturales del país que, vaya ¡vivían allí!

En conclusión. La II Guerra Mundial se puede mostrar de forma muy emocionante, como en Hermanos de sangre, pero cualquier buen documental sobre un conflicto bélico es siempre un jarro de agua fría sobre cualquier paja mental que uno pueda hacerse con la guerra. Incluso solo basta con leer las consecuencias que la guerra del 39-45 tuvo en el tercer mundo, donde murió en el tajo más gente que en Europa para llevar materias primas con las que alimentar al monstruo de la guerra.

Dicho lo cual, obtenemos una gran lección televisiva y que deja en buen lugar al periodismo: la realidad supera a la ficción porque no tiene por qué esforzarse en parecer real. Y la realidad de la guerra no la queremos. Por mucho Call of Duty en la consola o Paintball en las despedidas de soltero., y aunque después de desencadenar una masacre nos perdonen la deuda si estamos lo suficientemente bien posicionados en el mercado.

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2 comentarios

Alejandro escribió
16/07/2015 20:20

Una peli que trata bastante bien el tema de la no guerra es la de Jar-Heads...no es una obra maestra, pero te mata bastante el ansia de pegar tiros. Y de documentales, aparte del impresionante "Apocalisis", hay uno de los años 70 (creo que de la BBC) que se llama "El Mundo en Guerra", que es demoledor. Lo dicho, pocas ganas de pegar tiros.

Pucelano escribió
13/07/2015 22:26

BOB es de 2001 así que cabe suponer que muchos de los idio... jovenes idealistas que se alistaron para combatir en Iraq y Afganistán fueron influenciados por ella. El caso es que en la serie hay patriotismo, pero también hay bocados de realidad: un soldado que se mata con su propia granada, otro que hace lo propio con una Luger recogida como trofeo, uno más que casi se queda sin pilila por la metralla, un para de tipos que pierden una pierna, el asesinato de prisioneros... vamos que el que quiera pensar después de ver la serie que la guerra mola, lo hace bajo su estricta responsabilidad. Es un poco como lo que le pasa a la gente con las drogas, que lo de engancharse sólo les puede pasar a otros.

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