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emprendedoras valencianas

Somniarte, a la caza del talento de los estudiantes

RUBÉN SERRANO. 06/05/2015 Más de 400 jóvenes han pasado por las manos de Irene Rodrigo, Nuria Agulló y Sumaya Barber

VALENCIA (EFE). Cuando tres jóvenes emprendedoras se percataron de que los estudiantes no recibían de la educación todo lo que le pedían, decidieron recorrer institutos de Valencia, Alicante, Castellón y Albacete y salir a la caza del talento de los estudiantes a través de su proyecto Somniarte.Foto: Somniarte

Esta iniciativa nació de la mano de tres jóvenes de entre 23 y 24 años, Irene Rodrigo, Nuria Agulló y Sumaya Barber, que se dieron cuenta de que el estrés en el se sume el sistema educativo no potencia del todo las capacidades y habilidades de cada alumno y lo enfoca a "trabajar en alguna profesión que le dé dinero".

"Somniarte nace para dar a los jóvenes herramientas para que empiecen a pensar por sí solos y puedan coger las riendas y el control de su vida, ya que están en una etapa en la que tienen que tomar decisiones cuando nadie les ha enseñado a hacerlo", explica a EFE Agulló.

Por la manos de estas tres jóvenes, todas licenciadas en Periodismo y dos de ellas con un máster en Programación Neurolingüística, han pasado 400 chicos de entre 14 y 24 años. Han realizado talleres y jornadas en institutos, ayuntamientos y asociaciones juveniles de municipios de Albacete, Alicante, Castellón y Valencia.

Los talleres de Somniarte se alejan de las conferencias pasivas en las que los ponentes se sientan enfrente del público y empiezan a hablar, para centrarse en juegos y debates dinámicos que piden la implicación de los jóvenes y su capacidad para decidir en situaciones con las que nunca antes se han encontrado.

Según Agulló, los jóvenes yerran al pensar que el talento no existe o que se concentra en las artes: "El talento también se encuentra en la pasión de un chico por la jardinería, pero el problema es que la sociedad no reconoce la jardinería como una profesión respetable y vocacional".

El taller común dura tres horas y "muchos jóvenes se quedan con ganas de más, pero gracias a Twitter nos hemos dado cuenta que siguen aprendiendo valores como las ventajas de trabajar en equipo y la necesidad de liderar su propia vida", señala.

La piedra angular de los cimientos de Somniarte radica en las experiencias vitales en institutos y colegios de cada una de las integrantes del proyecto.

Todas ellas coinciden en que una parte del problema del desapego juvenil con la educación está en la desmotivación de parte del profesorado debido a la actual recesión económica ya que, en consecuencia, "los alumnos repiten en los talleres las mismas frases derrotistas que escuchan en casa y en el instituto".

"Cuando charlamos con ellos dejan entrever que su preocupación es estudiar una carrera que les dé dinero en lugar de apostar por su talento; y ahí es donde entra en acción Somniarte", apunta la joven.

Estas tres periodistas se quejan de que la educación no tenga tiempo para hablar de inteligencia emocional ni de los sentimientos de los alumnos y se refieren en concreto a la etapa de bachillerato que está enfocada "exclusivamente" a selectividad.

Bajo sus observaciones, el sistema educativo ha convertido las pasiones de los estudiantes en "un tabú" que hace que los alumnos escondan sus emociones "por vergüenza".

Mientras formaba parte del Servicio de Voluntariado Europeo (SVE), la joven alcoyana pudo comprobar la misma desafección con la educación en Bolonia (Italia) donde "los jóvenes apenas tenían ilusión por su futuro laboral y educativo".

Con estas premisas nació Somniarte hace poco más de un año, cuando Irene Rodrigo presentó la iniciativa a "Think Big", un proyecto de emprendimiento social que lidera la Fundación Telefónica.

Somniarte, que por aquel entonces era una pequeña idea, gustó y fue seleccionada, lo que permitió que estas tres jóvenes valencianas desarrollaran su proyecto con la ayuda económica de la Fundación, que expiró el diciembre pasado.

Los planes de futuro de estas cazadoras de talento pasan por expandirse y llegar a otras comunidades autónomas, convertirse en una actividad extraescolar para prestar atención a casos concretos y abrir una escuela digital, en la que los jóvenes sepan cómo aprovechar su talento a través de vídeos.

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