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¿Quién salvará a la clase media?

MANUEL ILLUECA. 02/12/2012

LAS DOS CARAS DE LA MONEDA

Manuel Illueca

Profesor en la Universitat Jaume I de Castellón e investigador del IVIE
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Los excluidos ya no viven únicamente en países del tercer mundo. Ahora son algo más que una imagen ofrecida fugazmente en el Telediario. Viven en nuestras ciudades, comparten nuestros barrios y, sobre todo, votan 

VALENCIA. Desde la caída de Lehman Brothers, hemos asistido a un continuo rosario de rescates, que ha afectado a gobiernos, bancos, empresas, familias, y ahora incluso a instituciones como el CSIC, buque insignia de la investigación española. Como si de un destino inevitable se tratara, algunos se preguntan ya cuál será la próxima víctima del Gran Rescate. ¿La Universidad quizá?

Más allá de las conductas delictivas, que sin duda podría haberlas y tendrán que ser juzgadas con todas las garantías procesales, la prevalencia del rescate obliga a plantearnos qué hay de sistémico en todo este proceso, hasta qué punto lo que estamos viviendo es fruto de incentivos individuales inadecuados, o más bien la lógica consecuencia de nuestro nuestro modelo de desarrollo.

Algunos economistas, como Raghuram Rajan de la Universidad de Chicago, sitúan el origen del problema en la respuesta de las autoridades económicas a la crisis del petróleo. Tras más de 20 años de crecimiento sostenido superior al 4.5%, Europa entra en una fase de bajo crecimiento que pone en peligro las conquistas sociales alcanzadas en décadas anteriores.

Las políticas keynesianas de demanda aprobadas por el primer gobierno Mitterrand generan inflación y apenas reducen el desempleo, de modo que se extiende por todo el continente la necesidad de desarrollar políticas de oferta, basadas en la desregulación, la apertura al comercio internacional y el incremento de la competencia. Europa apuesta por un gran mercado único, con plena movilidad de mercancías y capitales.

España accede al tren en marcha de la construcción Europea, convencida de las ventajas económicas de la integración, pero con una motivación fundamentalmente política. Formar parte de Europa era una vieja aspiración de la sociedad española, que veía reflejados en las instituciones comunitarias los ideales de libertad y solidaridad, sobre los cuales se había asentado la Transición política en nuestro país.

Ilusionados con formar parte de la construcción europea y anestesiados por los beneficios iniciales de nuestra incorporación al mercado común (fondos de cohesión, desaparición de barreras arancelarias, y financiación barata procedente del corazón de Europa), el debate acerca de la escasa productividad de nuestra economía no adquiere el vigor y profundidad de otros países.

Sin embargo, fuera de nuestras fronteras, la liberalización y desregulación se extienden a todos los sectores de actividad, incluidos los principales programas de gasto público. El incremento subsiguiente de la competencia obliga a las empresas a atraer al mejor capital humano disponible en el mercado, elevando de forma sustancial los sueldos de los empleados estratégicos. El sueldo de los ejecutivos aumenta de forma exponencial, mientras el personal no estratégico pierde paulatinamente poder adquisitivo. El primer decil de renta se distancia del resto y la clase media tiende a desaparecer.

Paralelamente a este proceso, la globalización de la actividad productiva y la introducción de las nuevas tecnologías refuerzan las desigualdades. Los trabajos reiterativos y poco especializados simplemente se deslocalizan a países emergentes. Y un buen número de trabajos reiterativos, pero con cierto grado de especialización (contables o delineantes, por ejemplo) o bien desaparecen, o bien pierden el carácter estratégico que antes tenían. Eran puestos de trabajo de clase media que ya no volverán, eliminados para siempre por las nuevas tecnologías de la información. En suma, las desigualdades crecen en los países desarrollados y emerge su lado más amargo, la exclusión social.

La diferencia fundamental con las décadas anteriores es que ahora los excluidos ya no viven únicamente en países del tercer mundo. Ahora son algo más que una imagen ofrecida fugazmente en el Telediario. Viven en nuestras ciudades, comparten nuestros barrios y, sobre todo, votan. Y al votar en contra de un sistema que los excluye tienen la capacidad de alterar el equilibrio competitivo. Al fin y al cabo, el capitalismo necesita el respaldado de la democracia para garantizar la igualdad de oportunidades y el respeto a la propiedad privada.

Conscientes del problema de fondo, los gobiernos reaccionan al incremento de la desigualdad facilitando el acceso al crédito de los más desfavorecidos. En algunos países, como Estados Unidos, dos agencias gubernamentales proporcionan créditos a deudores de bajo poder adquisitivo. En el Reino Unido se promueve la "sociedad de propietarios". Y la política monetaria mantiene los tipos de interés reales en niveles próximos a cero. De este modo, y durante un par de décadas, se logra que las desigualdades en renta no se trasladen al consumo. La clase media va desapareciendo, pero los individuos siguen consumiendo como si todavía vivieran en el escenario anterior a los noventa.

Básicamente, éste es el equilibrio que se derrumba ante los ojos atónitos de la ciudadanía: la ilusión de que podemos mantener a través del endeudamiento el status propio de la clase media. Las instituciones que han dirigido el proceso, los bancos y buena parte de los gobiernos, están siendo rescatados. La realidad, oculta detrás de una montaña de deuda, ha impuesto finalmente su lógica.

Por ello, convendría no perder ni un minuto en debates estériles acerca de quiénes son los responsables de lo sucedido, como si una vez identificados pudiéramos volver a un mundo que ya no existe. La auténtica cuestión de fondo es cómo conseguir que la clase media sobreviva a esta crisis, cómo hacerla viable en un entorno global y cada día más competitivo. No solo está en juego la economía, sino las bases sobre las que se asienta nuestra propia convivencia.

LAS DOS CARAS DE LA MONEDA

Manuel Illueca

Profesor en la Universitat Jaume I de Castellón e investigador del IVIE
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5 comentarios

churriti escribió
03/12/2012 22:12

¿Se puede encauzar? Dificil, mientras las personas que administran los bienes -dinero- no lo consideren como propio. Cuando el dinero es propio, se gasta generalmente con prudencia, pero, si es de todos, solo los muy honestos lo administran bien.Salud.

02/12/2012 14:25

Para mis compañeros del Foro D. Luis Martinez: acaba Ud de hacer lamentablemente una radiografia de los "males" que tenemos,agregar algo mas sería un exceso.Pero, tratemos que no manipulen nuestras conciencia y nuestros votos. Ya nadie esta Sociedad que vivimos puede prometer la "vida perfecta" la "solución total" porque eso es una Utopia. Gracias por mi parte a su comentario.- Para el Sr Saroet: gracias por sus palabras.le aclaro que, cuando yo hablo de "quemar naves" me refiero a tomar resoluciones individuales en nuestra conducta diaria que nos lleven a poder defender lo que aún nos han dejado o sea la Conciencia,la Dignidad y el ....voto.- Yo Sr Saroet,he tenido que buscar nuevos horizontes y le aseguro que por mas que se piense que en Sur todo en juergas y bulerias resulta difícil también ¿la diferencia? al menos en mi caso es que hay trabajo profesional.- Un saludo y buenas tardes Alejandro Pillado 2012

Luis Martínez escribió
02/12/2012 12:23

Lo peor de la clase media es, que no tiene en si misma conciencia de clase, ni está organizada, ni piensa en términos de interés común. Es un "conglomerado" que se mueve por el interés propio y que interpreta el nivel de bienestar general en función del suyo. Las llamadas clases medias, son vulnerables a los señuelos que postulan y/o facilitan el acceso a los bienes o el modo de vida de las clases "más altas". Aquí reside el verdadero problema, por satisfacer estos deseos en el presente, comprometen el bienestar futuro, adquiriendo compromisos que están por encima de sus posibilidades reales. Reconocer un problema, es el primer paso para obtener una solución..

Saoret escribió
02/12/2012 10:28

Buen artículo de Manuel Illueca y buen Buen Buen artículo de Manuel Illueca y comentario de Alejandro Pillado. Creo que el autor de la noticia explica los motivos pero se resiste a insinuar soluciones. El señor Pillado propone la resistencia como solución. Yo voy más allá, las grandes revoluciones siempre han comenzado desde la gran masa, que hasta hace poco aquí en España ha sido la clase media. Los poderes fácticos NO PUEDEN dejar caer a esa clase media si quieren mantener el estatus quo a medio plazo. Algo, y no precisamente accesorio, deben cambiar en la reglas económicas si no quieren que una revolución las cambie de raiz. Todos los gobernantes anteriores a la primavera árabe pensaban que su poder era para siempre... Nadie quiere una revolución, pero evitarla SÓLO está en las manos de los poderosos. Y es una auténtica estupidez pensar que la clase media va a aceptar su próxima exclavitud con resignación...

02/12/2012 08:28

Buenos días: los periodistas deben escribir sobre la realidad de cada día nadie lo duda es la..noticia es el momento. Lo que pasa es que, cuando uno se está tomando el primer café del día leer su artículo lo que menos que piensa uno que está viviendo la realidad no, de la miseria absoluta o de no tener para comer pero,con otras necesidades básicas por cubrir. No DEBEMOS NI PODEMOS plantearnos el DERROTISMO como manera de afrontar lo que está ocurriendo. En cualquier país civilizado del primer mundo se están viviendo situaciones como la que describen las fotografías de este artículo. Sin embargo, hay algunos que habiendo realizado sus gobernantes los "deberes" han amortiguado esta situación. Espero que, esta clase media a la cual pertenezco (si es que aún existe) la próxima vez que vote recuerde la película española "El disputado voto del Sr Cayo" y valore a quien y como vota.Y tambíen espero que muchos como yo quemen sus naves siguiendo el ejemplo de Cortes antes de entregarse al "no hay salida" siempre hay una es cosa de......... buscarla.- Como dijo en otro comentario un lector "este tema ya no tiene comentario por realizar" ahora solo nos queda individualmente VOTAR y BUSCARNOS LA VIDA.- Atte Alejandro Pillado 2012

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