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Rafael Olcina Jr.
"La próxima generación será más fuerte, creativa y menos marcada por la comodidad que la actual"

MARÍA COSTA / PLAZA PRIVADA. 11/02/2012

VALENCIA. Rafael Olcina (Valencia, 1977) se subió a una moto con tan solo cinco años. Le gustó tanto que se convirtió en piloto profesional hasta que un día la vida le puso en la tesitura de decidir entre seguir con las motos en su disciplina de enduro o formarse. Eligió licenciarse en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte y enseñar cómo llegar a ser los primeros tanto del mundo del motociclismo como el automovilismo. Entrena a riders de la talla de Xavi Forés, Nico Terol, Álvaro Lozano, Jorge Castellanos o Israel Escalera. Escala montañas para enseñar a niños con cáncer que querer es poder, le gusta la música, el cine y disfruta mucho con su pequeña Vega, un bebé de 14 meses, a la que le pusieron el nombre de la estrella más brillante del sistema solar.

-¿De un padre exdecano del Colegio de Economistas de Valencia, exdirector general de la Feria de Muestras, exdirector de master en el CEU y actualmente consultor, cómo surge un hijo piloto de carreras profesional?
-Gracias a él. Cuando tenía cinco años, mi padre vio en un parque a otro disfrutando con su hijo mientras conducía una moto. Me compró una. Aprendí a conducirla y me convertí en un piloto profesional.

-¿Por qué decide un buen día bajarse de la moto y enseñar a otros a conducirla?
-Fue hace diez años. Me especialicé en carreras de moto de montaña y fue un momento en el que sopesé qué futuro económico me podía esperar dedicándome a ello. Elegí formar a otros profesionales exclusivamente en una especialidad única actualmente en España.

-¿A su padre no le asustó nunca que cogiera tanta velocidad?
-No. Al principio todo fue un juego. Incluso mi madre, que ellas suelen sufrir más, no lo hizo porque sabía y confiaba que nunca iba a superar el límite que pusiera en riesgo mi salud. Este control es el que me ha permitido estar 17 años en la élite profesional sin haberme lesionado nunca. Incluso por ese instinto he perdido carreras, pero he ganado otras cosas.

-Y entre todo ese trasiego aparece el coaching en su vida, ¿Cómo le dio por introducirlo en el deporte?
-Cuando empecé a desenvolverme más en el ámbito de la preparación física, táctica y mental me encontré con un tope. Los pilotos, a diferencia de los tenistas o cualquier otro deporte, no pueden coger su herramienta de competición diariamente. Esto implica entrenarlos sin su herramienta y desarrollarlos al máximo nivel. Durante diez años desarrollé protocolos que les permitieran transferir lo que se hace sin moto a cuando se suben a ella. Mi limitación la superé con el coaching.

-¿Cómo?
-La central que mueve y posibilita que física y tácticamente uno funcione es la mente. No es psicología deportiva porque, a través de mi madre que es psicóloga y los libros, conocía todas estas posibilidades. Un día en un aeropuerto tropecé con un CD de coaching y vi que esa herramienta era la que iba a permitirme desarrollar todo el potencial de los pilotos, aunque al final la utilizo también en mi vida. Durante cinco años hice cursos y leí todo lo que cayó en mis manos. Finalmente aprendí con el mejor.

-¿Con quién?
-Con Anthony Robbins, un gurú en esta materia que pasó de fregar platos en un tugurio neoyorkino a ser el asesor personal de Nelson Mandela, Bill Clinton, Madonna, etc. Me fui a Londres, me formé y enseñé, porque creo que la mejor manera de aprender es enseñar.

-¿Y qué aprendió?
-Principalmente descubrí mis miedos, esos que nos limitan a nivel personal y profesional sin darnos cuenta, y me permitió dar un giro a mi vida cambiándola radicalmente. En todas las personas hay sombras y como tales no las vemos. Nos limitan, pero nos hemos acostumbrado a vivir con ellas y no les hacemos caso. Sólo nos preguntamos qué son cuando nos va mal o no conseguimos lo que esperamos.

-¿El miedo fue el que le indujo a dejar las competiciones deportivas?
-Fue un hándicap. Desde los 5 hasta los 23 años estuve compitiendo cada fin de semana. El primero que dejé de hacerlo se me hizo eterno. Fue un gran shock, tanto que me mantuve alejado del mundo del motor durante cuatro años. Me dedique a la formación de fitnnes acuático y salud mientras acababa la carrera.

-¿Por qué volvió?
-Me buscaron como entrenador y empecé de nuevo, pero desde la barrera.

-¿Qué sensación le produce entrenar a gente joven y de la talla de Nico Terol, entre otros, cuando usted es todavía joven?
-Bueno no tanto. Para según qué soy viejo, para otras cosas no. A veces debido a la juventud hay quien no te tiene en cuenta, cuando más que la edad importan las experiencias. Pero para mi es una satisfacción poder hacer lo que me hubiera gustado que hicieran conmigo. Yo entrenaba solo. Sin embargo los resultados este año han sido espectaculares. Cuando empecé a trabajar con Nico Terol era el 23º en el campeonato del mundo y cuatro años después hemos ganado el Mundial.

-¿Es lo mismo entrenar a un piloto de coches que de moto?
-No, pero son parecidas las técnicas por pertenecer al mundo del motor. Entrenamos a gente que está en el Dakar, en Moto GP, en Fórmula 1, karting, etc.

-¿Se ha apuntado al Dakar 2012?
-De momento va a participar uno de mis pilotos. Quiere que lo acompañe como mochilero, pero me lo estoy pensando porque tengo una niña de 14 meses, Vega, y el Dakar es una aventura y un riesgo muy grande. Ya perdí a un piloto en el 2004.

-Con tanto riesgo, ¿cómo tiene tanta fama una competición en la que desde que se creó en 1979 han muerto ya sesenta personas?
-Por eso mismo. El riesgo es el que atrae a la gente, ya sea como participante o espectador. Son carreras donde por la velocidad, el cansancio acumulado durante 16 días seguidos compitiendo...cualquier caída puede ser definitiva. Hay que tener muy claro porqué se va y con qué objetivos.

-¿Cuánto nivel de adrenalina necesita usted cada día?
-Cada vez más. En estos deportes generamos niveles de endorfinas muy grandes y te das cuenta que cada vez las cosas te parecen más pequeñas. Lo último fue una carrera por la montaña de 100 kilómetros. Estuve 18 horas corriendo. Para mi participar en un maratón y por asfalto es pecata minuta.

-¿De ahí el reto que se ha marcado de superar cinco pruebas de montaña corriendo? ¿No es un poco raro?
-Esperamos que sirva para algo. Desde luego correr por correr no me gusta y además es dañino porque puedes gastar tus articulaciones de forma gratuita. Este reto tiene sentido porque con él pensamos ayudar a niños que padecen cáncer. Son carreras duras, pero queremos desmitificar que no hay imposibles y que cualquiera puede conseguir lo que se proponga si se lo plantea. En el cáncer hay un componente emocional que facilita la recuperación y es donde nosotros queremos llegar. Estas carreras se difunden por redes sociales y colgamos experiencias, emociones, imágenes... y recibimos el ánimo de los chavales, así sabemos que se están motivando. En este momento en el que pones la televisión y da pena pongas lo que pongas decidimos salir de la queja y poner positivismo. Si cada uno se pusiera a dar el máximo de si mismo e hiciera lo que sabe hacer las cosas cambiarían.

-¿Dónde es más feliz, arriba en la montaña o sobre dos ruedas?
-No sabría qué decir. La montaña la puedo vivir, las motos las tengo que ver. En un 70% me inclinaría más por la montaña.

-¿La gente joven es tan independiente como lo fue usted?
-No sé, tengo compañeros de mi promoción que todavía siguen en casa de sus padres. Yo me independicé a los 19 años. Es fácil poner la excusa de la crisis o la de los estudios, pero las llevo escuchando toda la vida. Es básico empezar a hacer las cosas por uno mismo. Seguramente será un reto, pero seguramente lo pasarán y les hará más fuertes. Con tanta comodidad y un colchón detrás es difícil que la sociedad avance. Estoy convencido que la próxima generación será más fuerte, creativa y menos marcada por la comodidad como la actual.

-¿En la Comunidad Valenciana hay buenos pilotos?
-Sí, aunque este deporte es muy caro.

-¿Cuánto puede gastarse en un año un padre con su hijo?
-Mucho. A un niño de 15 años, con una moto normal, le piden 150.000 euros para poder participar en un campeonato nacional. A esto hay que añadir entrenamientos, preparación... Esto en motos. En coches se duplica. Es una barbaridad. Las familias dedican el 90% de sus fondos y se llegan a hipotecar para que su hijo corra. Todos los pilotos pagan por correr, pero solo ganan dinero los seis primeros de cada categoría.

-¡Vaya negocio el nuestro con la Fórmula 1!
-Pues sí. Es un negocio para el equipo y para el organizador, no para la ciudad que lo acoge. Quien tiene los derechos se queda con el dinero. ¿Que por organizarse aquí viene gente de fuera, consume hoteles y restaurantes? para eso mejor repartir los 15 millones de euros entre los hosteleros.

-¿Si decae la Fórmula 1 también puede hacerlo la cantera de chavales?
-No porque es un deporte muy universalizado. La mayoría de los pilotos somos conscientes de que es un deporte donde no hay un equilibrio y no gana el mejor ni el mejor preparado. Es triste porque no ocurre lo mismo en un carrera a pié.

-¡Qué horror!
-Ocurre lo mismo en el fútbol. Un equipo trae a cinco brasileños ¿porque le interesa? pues no. A lo mejor el jefe ha invertido en Brasil y a cambio de obtener terrenos trae jugadores. ¿Que no nos enteramos? ¿que sí? ¿qué pasa? también. Por eso nosotros intentamos inculcar otros valores a los jóvenes.

-¿El esfuerzo económico de su padre también fue mayúsculo?
-Claro, pero ha servido para que tuviera unos hábitos de vida que no tienen nada que ver con los de mi generación; aprendiera el sentido de la responsabilidad; decidiera estudiar y hoy pueda vivir del esfuerzo que hizo mi padre. Correr no es solo para ganar dinero y ser famoso, el deporte tiene una serie de valores que difundimos y esperamos que ellos hagan lo mismo.

-Alberto Fabra habla estos días de rescindir el contrato de Fórmula 1 y suena Baleares como segunda residencia...
-Es volver a hacer el negocio en otro sitio. Baleares no está mejor preparada que Valencia, pero hay intereses para hacerlo allí. En las circunstancias en las que estamos no se puede estar recortando millones en sanidad y gastarlos en eventos deportivos o culturales o religiosos o musicales. Si hubiera superávit nadie diría nada.

-¿Se ve algún día en una mesa de despacho?
-Pues no, me volvería loco en dos días. Para mi el deporte es una manera diferente de entender la vida y me saca de la burbuja diaria. Cuando corres por la montaña, pasas frío, hambre, da igual quién seas, cuánto dinero lleves... ahí somos todos iguales.

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