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Calatrava da la cara

CARLOS AIMEUR. 26/07/2015 El arquitecto habla con Plaza negando sus fiascos

VALENCIA. Los gestos tienen su importancia. Y eso lo ha aprendido Santiago Calatrava. Dentro de una política encaminada a limpiar su dañada imagen pública, a finales de febrero se supo que iba a donar al colegio público de Benimàmet que lleva su nombre el dinero por la indemnización que le tiene que abonar Esquerra Unida por la creación de la web ‘calatravatelaclava' en la que se ponían en solfa, principalmente, sus proyectos en la Comunitat Valenciana.

Fue el Juzgado de Instrucción número 12 de Valencia el que condenó a la formación política que lidera Ignacio Blanco por intromisión en el honor por el nombre de la web y ordenó la supresión de la página y el pago de una compensación económica que Calatrava donará a un colegio al que, curiosamente, nunca ha ido en la última década. Así lo confirma su actual directora, Cristina Sánchez: «Al menos desde que estoy aquí, y eso es desde 2008», dice. Calatrava es así.

No es tampoco la primera vez que el valenciano dona una indemnización. Ya sucedió con su anterior juicio ganado, el que interpuso contra el Ayuntamiento de Bilbao por haber alterado su puente sobre la ría. En este caso también fueron 30.000 euros que se donaron a la Casa de la Misericordia. Dos ejemplos que, dicen desde su entorno, demuestran que nunca ha buscado el dinero.

La Justicia está poniéndose de su lado y así ha sucedido con la demanda que presentó EU, su particular némesis valenciana, por los sobrecostes en el proyecto del Palacio de Congresos de Castellón, que nunca se llegó a realizar. «Éste es un claro ejemplo de deformación de unos hechos por parte de políticos con fines electoralistas», se defiende el arquitecto en declaraciones exclusivas a la revista Plaza. «Se lanzaron falsas acusaciones sin fundamento. Esto ha provocado un enorme daño tanto a mi equipo como a mí. No se debe olvidar que en mi estudio trabaja un centenar de personas que han visto cómo su trabajo era injustamente puesto en entredicho».

«En este caso concreto», prosigue Calatrava, «recibimos el encargo de realizar el proyecto de un Centro de Convenciones que debería convertirse en un elemento icónico de la ciudad de Castellón. Hicimos nuestro trabajo con toda profesionalidad y corrección, pero las circunstancias económicas que surgieron en 2008 no permitieron acometer la ejecución de la obra. Pero mi equipo y yo estamos a disposición de la ciudad para realizarla en el futuro».

«Yo no soy un político», afirma. «Soy un arquitecto e ingeniero que vive desde hace más de cuarenta años fuera de España y que ha desarrollado obras públicas en numerosos países, entre ellos España, todas ellas con gobiernos de distinto signo político. Siempre he tratado de cumplir con mis obligaciones profesionales, independientemente de las circunstancias políticas. Mi profesionalidad me ha llevado a construir, por ejemplo, siete grandes estaciones en todo el mundo y trabajar con mis clientes en una armonía durante su ejecución que en ocasiones, dada la complejidad y el tamaño de las mismas, ha durado más de diez años».

Conocido por su compleja y difícil personalidad que hace que tenga detractores furibundos y fans irredentos, la operación de limpieza de imagen ha incluido la contratación de una de las empresas de relaciones públicas más importantes de España, Estudio de Comunicación, que preside el periodista Lalo Azcona. Calatrava ha confiado su voz y sus palabras a uno de los gabinetes más influyentes del país.

Necesita aliados porque la campaña contra Calatrava no es una cuestión únicamente valenciana. Tiene también pleitos pendientes en otras ciudades como Oviedo y en países como Italia, en Venecia, por su polémico puente. Por si fuera poco, en Estados Unidos, donde tiene en marcha varios proyectos, se han redoblado las críticas por su intercambiador en la Zona Cero, que ha sido calificado de fiasco por parte de la prensa neoyorquina antes siquiera de inaugurarse. Los motivos, su aspecto, que algunos han equiparado al de un fósil de dinosaurio, y, sobre todo, los sobrecostes, el talón de Aquiles del arquitecto, que han hecho duplicar el presupuesto de la obra.

Si bien en este incremento han influido problemas burocráticos dignos de un país latino o de una novela de Kafka, los críticos también señalan al valenciano por un diseño que ha pasado de la admiración a la burla y que ahora sus fans defienden con denuedo. «Cualquier arquitecto tiene que estar preparado para asumir críticas honestas y verazmente fundadas por su trabajo», dice Calatrava. «Especialmente si tenemos en cuenta que los proyectos que se nos encargan, por su propia naturaleza, están expuestos al público y son vanguardistas e innovadores, cambiando frecuentemente esquemas aceptados a priori. Lo que buscamos siempre es que nuestras obras respondan a las expectativas que el cliente tenía cuando decidió acudir a nosotros», se justifica.

Es más, el de Benimàmet señala a los otros clientes, los que no se han quejado o los que no han presentado pleitos contra él. «Tengo la fortuna de que hay clientes que han vuelto a confiar en nosotros. La Politécnica de Florida es un claro ejemplo de ello y ha sido premiada como el mejor edificio dedicado a la educación. Se trata de un proyecto en el que se han cumplido estrictamente plazos y presupuesto. Ello ha sido gracias al enorme esfuerzo de todo el equipo que ha participado, en el que hemos colaborado hombro con hombro. En un proyecto de esta magnitud hay muchas partes involucradas y conseguir los objetivos sólo es posible con una buena colaboración».

Pero no es el único, como se encarga de recordar. El Puente de la Paz de Calgary (Canadá), inaugurado en 2012, también ha recibido prestigiosos premios tras duras críticas. Y a este ejemplo se aferra el arquitecto valenciano. «La opinión pública cambió su visión una vez finalizado el proyecto y hoy es uno de los iconos de la ciudad. Y así está ocurriendo con el centro de transporte urbano de la Zona Cero, que junto con la iglesia de San Nicolás, en la misma zona, nos distingue como el único arquitecto involucrado simultáneamente en dos proyectos emblemáticos y significativos en un sitio tan importante y simbólico a nivel nacional e internacional».

Una premisa que también aplica a su proyecto más relevante, la Ciudad de las Artes y las Ciencias, y a su obra más polémica, el Palau de les Arts: «En el caso de la Ciudad de las Artes y las Ciencias el término sobrecosto, creo, es inadecuado. Hay que tener en cuenta que el proyecto original, que era la denominada Ciudad de las Artes y las Comunicaciones, era un proyecto más limitado que tenía poco que ver con el proyecto final. A lo largo de los años se eliminó la Torre de Comunicaciones y se sustituyó por el Palau de les Arts. Dada la buena acogida que el complejo iba recibiendo, las autoridades decidieron aumentar la inversión e incorporar nuevas instalaciones como el Umbracle, los aparcamientos, el Ágora, los dos puentes, la escuela de perfeccionamiento musical, la central de energía, la urbanización y otras instalaciones que no estaban previstas. Además hay que contar con que la duración de los trabajos se extiende a casi veinte años, con el consiguiente encarecimiento de los materiales», se justifica.

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El caso del Palau de les Arts es para él un buen ejemplo de todo esto. «Se hizo un proyecto inicial que fue transformándose durante la construcción como consecuencia de los cambios en los programas de necesidades. La Generalitat quiso dotar al conjunto de todas las opciones posibles para convertirlo en un referente de la música a escala mundial. Lo que ha sido hasta la fecha. Por él han pasado los mejores directores del mundo y los valencianos han podido gozar de interpretaciones de altísimo nivel. Esto supuso incrementar el número de salas y su capacidad, incluir aulas y otras instalaciones que, lógicamente, conllevaron un incremento en la inversión de esta obra».

La cuestión de fondo es si está justificado este gasto, un debate que el propio Calatrava elude: «Evidentemente, yo no soy quién para juzgar si el nivel de inversión en el complejo ha sido adecuado o no, pero hay estadísticas que indican que la Ciudad de las Artes y las Ciencias se ha convertido en el complejo cultural más visitado de España, lo cual ha tenido un efecto económico positivo en la ciudad, además de ser el catalizador del cambio de imagen de toda la zona, que anteriormente era una de las más degradadas de Valencia. Hoy se ha convertido en una de las más deseables para vivir. Sin duda el proyecto ha aportado un valor añadido a la ciudad que supera y multiplica con creces la inversión realizada».

En su obra más emblemática ha afrontado también su problema más emblemático. La caída del trencadís de la fachada del Palau de les Arts a finales de 2013 provocó las airadas críticas de la oposición y su primer enfrentamiento serio con la Generalitat durante el mandato del PP. Así, el conceller Máximo Buch llegó a amenazar con ir a los tribunales si el arquitecto y las contratistas, Dragados y Acciona, no abonaban la reposición del trencadís y las pérdidas económicas que supuso la cancelación de la ópera Manon Lescaut que iba a dirigir Plácido Domingo.

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Para el desarrollo de los trabajos de reposición del trencadís se ha previsto un plazo de doce meses: «Se ha establecido esta duración porque las tareas a llevar a cabo para la reposición no pueden interrumpir las actividades previstas en el Palau. Los trabajos se están realizando a buen ritmo y pronto el exterior del edificio recuperará todo su esplendor», asevera el arquitecto. «Se ha mantenido la solución constructiva original. Todas las partes que participamos en el proyecto, Cacsa, las constructoras Dragados -que forma parte de ACS-, Acciona y nosotros, hemos puesto todo el empeño en encontrar el origen del problema y poner todos los medios para que no vuelva a suceder», añade.

¿Y cuál es el origen de ese problema? «Los análisis técnicos realizados por diversos institutos independientes nos han ayudado a identificar los factores que han podido influir en el bajo rendimiento de los materiales adhesivos y, así, eliminarlos en la reposición. Entre todas las partes hemos adoptado las medidas adecuadas para recuperar la belleza del revestimiento original, sin coste alguno para los valencianos. El trencadís es un material típicamente mediterráneo que se usa desde hace más de cien años. Otro edificio nuestro, el Auditorio de Tenerife, también emplea la misma solución constructiva y sigue dando brillo a esta singular obra desde hace más de doce años».

CARA A CARA CON FLORENTINO PÉREZ

Curiosamente, el arquitecto explica que la primera noticia del desprendimiento le llegó a través de los medios, algo que pone en cuestión la tesis oficial de que la Generalitat informó de inmediato al arquitecto.

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«Posteriormente fuimos informados por Cacsa de que la probable causa fue la extrema intensidad del viento en aquellos días. Dicho esto, antes de que sucediera, un instituto independiente ya estaba realizando un análisis de las anomalías descubiertas en la fachada en 2013. Desafortunadamente no estaba listo cuando el problema empezó a mostrarse en toda su amplitud», dice.

La aparición en escena de Plácido Domingo reclamando una solución, impulsó las reuniones entre la Generalitat y el estudio del arquitecto a las cuales acudió, sorprendentemente, el propio Calatrava. Así lo confesaba la directora general de Cacsa, Henar Molinero, quien admitió que no esperaba verle en dicho encuentro. Una cita que tuvo lugar después de una reunión anterior en Madrid entre el propio Calatrava y el presidente de ACS, Florentino Pérez, según indican fuentes de la Generalitat.

ESPERANDO L'ÀGORA

«Comenzamos a estudiar las posibles soluciones. Se barajaron varias opciones, algunas más baratas, como el pintado de la fachada. Finalmente, después de realizar tests por laboratorios de reconocido prestigio internacional y tras contactar con los fabricantes adecuados, acordamos restaurar el trencadís, no sólo porque suponía respetar el diseño original, sino porque aporta una mayor calidad al edificio. Además se ha garantizado que el mantenimiento sea el adecuado a lo largo del tiempo».

La Politécnica de Florida, premiada como el mejor edificio dedicado a la educación

Aún así, cuando concluya la restauración del trencadís quedará por afrontar la conclusión de L'Àgora. Dice no poder dar una fecha para el final de la obra: «No puedo responder porque no está en nuestra mano. Las circunstancias económicas llevaron a los responsables de la Administración a paralizar unas obras en estado muy avanzado. Depende del cliente que el edificio pueda concluirse. Esperamos que así sea, ya que en su estado actual, aún estando en uso, no está terminado».

Se da la paradoja de que igual tiene que sentarse a negociarlo con Ignacio Blanco. En estos momentos, uno de los escenarios más factibles tras los comicios autonómicos de mayo es la llegada de un pacto de gobierno entre varias formaciones de izquierda, entre las cuales se encontraría Esquerra Unida. Si eso se produjera, se verían las caras en un despacho el artista y su mayor crítico, en un duelo de concepciones de la obra pública de connotaciones metafóricas.

(Este artículo se publicó en el número de marzo de la revista Plaza)

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1 comentario

Rosana escribió
27/07/2015 07:26

¡¡¡¡Él se considera un visionario!!!!! Así lo aseguró en un documental que pude ver sobre la construcción de la Tourning Torso en Malmo, obra suya; por cierto, me gustó mucho. También se excedió en el presupuesto.¡ QUÉ CASUALIDAD! A los suecos no les hizo ninguna gracia.

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