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¡Rescatad el IVAM!

C. AIMEUR/FOTOS: E. MÁÑEZ. 19/01/2015

VALENCIA. Cuando era pequeño y se sentaba en la cocina de su casa, José Miguel G. Cortés podía ver en una de las paredes una reproducción «barata», dice, de una obra de Picasso, Los tres músicos. El domicilio familiar se encontraba cerca del Paseo de la Pechina, en uno de los primeros complejos de viviendas de Valencia, con piscina y patio interior. Ahora él, como nuevo director del IVAM, está ubicado a menos de un kilómetro y decenas de años de sí mismo de cuando era niño. En el fondo, el suyo ha sido un trayecto en círculo para acabar cerca de sus orígenes.

Cortés ha sido considerado siempre como uno de los favoritos a ocupar el puesto de director del que fuera el primer centro de arte contemporáneo de España pero nunca se le nombró. No a dedo. Trabajó en el Consorcio de Museos, dirigió el Espai d'Art Contemporani de Castellón entre 1998 y 2003, pero ha sabido desvincularse de los políticos sin ser hostil a ellos.

Conocedor del mundo artístico y al mismo tiempo abierto a las nuevas tendencias, su nombramiento por concurso ha sido el resultado lógico de muchas cosas. El día de su presentación en público, la sensación generalizada al verle era optimista, positiva. Sin embargo, él tuvo sus dudas y ahora, reconoce que no tuvo claro si presentarse o no. «Pero la composición del jurado me convenció», explica.

Un jurado que incluía a un ex director del MET, Philippe de Montebello, al director del Reina Sofía, Manuel Borja Villel, al ex director del Prado, Felipe Garín, al ex director del IVAM, Reina Sofía y Thyssen, Tomás Llorens, a la directora del Museu Nacional d'Art de Catalunya, María Teresa Ocaña... Todos tuvieron claro que el candidato ideal era él, según desveló el presidente del jurado, el subdirector de Museos Estatales del Ministerio, Enrique Varela. Desde el primer minuto. Casi antes de que se hicieran las entrevistas a los cinco candidatos que superaron el corte.

Sobre los hombros de Cortés recae ahora el reto de sacar adelante al instituto y volver a situarlo en los términos de prestigio y relevancia que llegó a alcanzar en su momento. Un desafío para el que se está encontrando con más dificultades burocráticas de las previstas. Dos de los miembros de su equipo, Álvaro de los Ángeles y Ana Moure, no se habían podido incorporar aún al centro un mes después de su nombramiento por una cuestión administrativa. Fueron al centro. Acudieron a la presentación. A los pocos días recibieron la notificación de que no podían estar allí. Problemas de procedimiento. La burocracia lastra al instituto en el arranque de esta nueva etapa. Es casi un palo en la rueda.

EL RETO DE CUADRAR LAS CUENTAS

Sí que han podido incorporarse desde el primer día los otros dos, Raquel Gutiérrez y Joan Llinares. La primera porque ya estaba. Ha sido una persona de confianza de la anterior directora, Consuelo Císcar, y su nombramiento como responsable del área de Exposiciones ha causado malestar entre algunos trabajadores, que esperaban que Cortés hiciera una tabla rasa. El segundo es un viejo conocido de la casa. Fue administrador del instituto valenciano desde 1989 hasta 2000, año en el que fue contratado por el Mnac.

 

Llinares, en los últimos años, ha adquirido cierta relevancia, muy a su pesar, por su papel determinante en la limpieza del Palau de la Música Catalana de Barcelona. «A mí no me gusta salir en los papeles», bromea. Serio, riguroso y metódico, él fue el encargado de destapar, desmontar y denunciar la gestión corrupta de Fèlix Millet. Sobre él recae el reto de cuadrar las cuentas y aprovechar el magro presupuesto que se prevé para el IVAM en 2015. «Es perfecto para tener la contabilidad en orden», dice de él un antiguo directivo del instituto.

Las cuentas del IVAM son de hecho uno de los caballos de batalla más importante. El museo sólo reconoce un déficit de 42.000 euros. El importe pendiente de pago a acreedores y proveedores a 31 de diciembre de 2013 y que había superado el plazo legal de pago totalizaba 2.405.000 euros. ¿Déficit encubierto? «No lo sabemos», admite Llinares. «Tenemos que ver si es dinero que no se ha pagado porque no se ha recibido de la Generalitat», explica Cortés. Esa es una de las incógnitas que trata de resolver la auditoría que han encargado.

El ambiente en las instalaciones del IVAM es, ahora, de serenidad. El cambio ha sido sosegado. Todo rezuma normalidad. El primer día como director, Cortés comió en el bar del instituto el menú del día con su equipo. Como uno más.

Hay matices que evidencian que dentro tiene lugar una pequeña y discreta revolución. El despacho de dirección es un buen símil. Al fondo, sobre las estanterías del despacho, Cortés ha hecho una selección de todos los catálogos que atesoraba la anterior directora. No quedan prácticamente ni la mitad. No ha cambiado ni cambiará el mobiliario. Durante las primeras semanas, mantenía la decoración que dejó Císcar, grandes reproducciones de la ampliación proyectada por Kazuyo Sejima y Ryue Nishizawa que no se hará; en la Conselleria de Cultura han dicho que no hay dinero y Cortés tiene claro que hay otras prioridades. Esas ilustraciones se descolgarán y serán sustituidas. Como la ampliación, irán a un cajón.

La primera meta es reconquistar al público, real, no sólo los que pasan por el centro. El IVAM presume de que en 2013 tuvo 1.156.280 visitantes. El dinero recaudado por la venta de entradas en el mismo año ascendió a 34.613 euros. Teniendo en cuenta que las entradas al museo cuestan 2 euros, 1,5 euros para grupos, 1 euro para estudiantes y poseedores del carné jove y gratis los domingos, en el mejor de los casos sólo pagaron por entrar 34.613 personas. Faltarían más de un millón de visitantes.

Su intención es abrir el museo a la sociedad sin que deje de ser lo que es, un centro de arte moderno. La apertura se iniciará en el mundo virtual. Entre sus proyectos inmediatos se encuentra lanzar una nueva web, así como intensificar la presencia del instituto en las redes sociales, no sólo para publicitar el centro sino sobre todo para ofrecer una imagen propia.

«No quiero copiar a los demás museos», explica en su despacho. Sobre la mesa tres catálogos de antiguas exposiciones del IVAM: Uno de Josep Renau, otro de James Turrell y un tercero de Pierre Moliner. La primera exposición se realizó durante la dirección del tándem formado por Carmen Alborch y Vicent Todolí. La segunda, Kosme de Barañano. La tercera, Juan Manuel Bonet. Son toda una declaración de intenciones.

EL PRESUPUESTO MÁS BAJO: MENOS ES MÁS

La permanente va a tener un considerable peso en el futuro de un museo que tiene el peor presupuesto de su historia, un instituto que se puede decir en la práctica que comienza de cero. En 2014 ha dispuesto de 5,5 millones de euros, por los 6,13 millones de 2013, que ya eran de por sí el presupuesto más bajo de su historia. En 1989, año de su inauguración, el IVAM contó con un presupuesto de 7,018 millones de euros.

Pero a Cortés no parece importarle. No quiere un IVAM que funcione a base de talonario. «Con dinero puedes hacer lo que quieras. Dime cualquier artista que te apetezca, el que quieras; con dinero lo puedes traer», apunta. «El problema es cómo puedes hacer un proyecto que sea interesante y que llame la atención a otros museos más grandes que quieran colaborar contigo con unos fondos más limitados. Nosotros lo haremos, llamaremos la atención», vaticina. Para ello aboga por una mejor selección de las exposiciones. Menos es más. Serán pocas, buenas, profundas y lúdicas. «El IVAM está para hacernos más inteligentes y felices. No entiendo el conocimiento como algo austero, protestante...», explica.

A diferencia de su antecesora, Cortés no colecciona arte. «Creo que las obras están para ser expuestas», explica mientras pasea por la galería siete, donde se exhibe la selección que realizó el catedrático Francisco Jarauta de la colección permanente para conmemorar los 25 años del centro. Cortés señala cuáles son sus obras favoritas. Le gusta que le retraten delante de la pieza de Christian Boltanski La Réserve des Suisses Morts (1991) que para él aúna modernidad con profundidad, belleza estética con reflexión. «Me gusta mucho», sonríe mientras posa. Boltanski es uno de sus artistas favoritos. Expuso en el Almudín en 1998, de la mano del Consorcio de Museos, por mediación precisamente de Cortés. Diez años después participó en un taller en el IVAM. Será posiblemente una de sus primeras apuestas internacionales.

Ahora, una vez elegido nuevo director, mientras pasea por el recibidor, espera al futuro. «En septiembre del año que viene tendremos una marcha más consolidada», profetiza. «Iremos cogiendo ritmo. Seremos un cercanías, después un Alvia, luego un Talgo y finalmente un AVE». Y lo dice consciente de que está en el kilómetro cero de un nuevo trayecto.

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TOMÁS LLORENS
De 1986 a 1988
El padre de la criatura
Durante una exposición de Andreu Alfaro a principios de los ochenta en el Mercat de les Flors en Barcelona, Ciprià Ciscar y Joan Lerma le preguntaron cómo podían llevar el arte contemporáneo a Valencia, organizar muestras así. Se habló de la posibilidad de crear un museo. Llorens diseñó el centro a partir de la colección Julio González, a la que se añadió el legado de Ignacio Pinazo. Llorens se fue al Reina Sofía como primer director sin poder inaugurar su criatura.

CARMEN ALBORCH
De 1988 a 1993
Ella, Todolí y sus circunstancias
La abogada socialista era la cara. En la sombra tejía y destejía un joven y brillante conservador, Vicent Todolí, que con el tiempo sería director de la Tate Modern Gallery. Fue un tándem imparable. Juntos iban de la mano a todos los despachos. Consiguieron el equilibrio perfecto entre modernidad y público. El IVAM superaba la prueba del taxi: podías subir a uno y decir que te llevaran allí. Carmen Alborch fue nombrada ministra de Cultura por el último Gobierno de Felipe González.

JOSÉ FRANCISCO YVARS
De 1993 a 1995
Una transición didáctica
El suyo fue un paso efímero, de transición, hasta la llegada del PP. Los primeros intentos de Consuelo Císcar por ser directora hicieron que muchos pidieran que se le mantuviera en el cargo. Finalmente Eduardo Zaplana lo relevó. Durante su año y medio como director actuó con sentido común e imprimió su carácter serio y riguroso. Historiador del arte vinculado al museo desde sus inicios, apostó por el carácter didáctico del instituto.

JUAN MANUEL BONET
De 1995 a 2000
El perseguido
Escritor, erudito, próximo al PP de Madrid y protegido por José Mª Aznar y Fernando Villalonga, se encontró con la enemistad del entonces todopoderoso secretario de Estado de Cultura, Miguel Ángel Cortés. Su paso por el IVAM fue intenso, con numerosos aciertos expositivos y errores como el abandono de la colección Pinazo. La pelea por el cierre del Centre del Carme y la imposición de la escultura El esclavo que promovió Consuelo Císcar le enfrentó al PP local. Encontró acomodo en el Reina Sofía.

KOSME DE BARAÑANO
De 2000 a 2004
El hombre que vino del frío
Su forma de ser, seria y dura, le hizo chocar con muchos trabajadores. Por si fuera poco, tuvo que tragar con el cierre del Centre del Carme, un acuerdo con el que estaba en desacuerdo, pero del que se le culpó. Mantuvo la calidad internacional con exposiciones memorables (James Turrell, Hannsjörg Voth, Francis Bacon...) pero se le echó en cara que no hiciera caso a las galerías valencianas. Propuso una ampliación premiada internacionalmente que ahora se ha abandonado.

CONSUELO CÍSCAR
De 2004 a 2014
Y con ella llegó el escándalo
La directora que más tiempo ha ocupado el puesto. Sus maneras han sido muy criticadas. Con ella al frente del instituto, éste ha ido perdiendo presupuesto a marchas forzadas y el consejo rector se ha politizado. Asimismo ha caído en descrédito por hechos tan controvertidos como la compra de unas esculturas de Gonzalo Rueda por 2,3 millones o una colección de fotografías al presunto delincuente Gao Ping. En su haber, logró la donación de Miquel Navarro.

(Artículo publicado en el primer número de la revista Plaza de noviembre de 2014)

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