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LA PANTALLA GLOBAL

Viaje al gran momento del cine uruguayo

EDUARDO GUILLOT. 26/12/2014 El estreno de ‘Kaplan' en nuestro país supone una buena oportunidad para echar un vistazo a una cinematografía latinoamericana en pleno auge

VALENCIA. Ganadora de siete premios de la crítica en su país, Kaplan (Álvaro Brechner, 2014) ha llegado a las pantallas españolas para recordar al espectador que la industria uruguaya goza de buena salud, aunque cada vez sea menos habitual que sus producciones accedan con normalidad a nuestro circuito comercial de estrenos. El reconocimiento internacional propiciado por películas como 25 Watts (Juan Pablo Rebella y Pablo Stoll, 2001) y, sobre todo, Whisky (Juan Pablo Rebella y Pablo Stoll, 2004), dio a conocer al mundo una cinematografía emergente que, más de una década después, continúa obteniendo galardones en los certámenes internacionales, como demuestra el triunfo del film Zanahoria (Enrique Buchichio, 2014) en la última edición del Festival de Cine Iberoamericano de Huelva.

En palabras de su director, Álvaro Brechner, Kaplan "es la historia de un hombre de 75 años que, enojado por su vejez y aburrido de su monótona vida, es invadido por la angustia del olvido. Comienza a preguntarse: ‘¿Qué hice de memorable? ¿Mi vida hizo alguna diferencia?' Se pone a mirar hacia atrás; hace cuentas y las cuentas no le salen. De forma inesperada, se le ocurre una idea para transformar su vida: lanzarse a una aventura secreta, épica y extraordinaria: la captura de un posible fugitivo nazi, dueño de un restaurante playero en la costa uruguaya. Así, recluta la ayuda de un expolicía, quien será su compañero en esta delirante investigación, que le ofrece la oportunidad de realizar algo extraordinario que dejará huella en generaciones futuras". Es la segunda película de Brechner, que debutó con Mal día para pescar (2009), donde adaptaba al escritor Juan Carlos Onetti.

La cinta esta coproducida con España, probablemente una de las razones que han facilitado su llegada a nuestros cines. "Creo que estrenar hoy en día en cualquier país del mundo es difícil para cualquier película", admite Brechner. "Las ventanas se han reducido y los estrenos de películas no masivas son, cada vez más, una excepción. Yo me siento un privilegiado de haber podido estrenar Mal día para pescar y ahora Kaplan. Ambas fueron coproducidas con España, y eso ayuda, pero no siempre es suficiente para convencer a un distribuidor español". Sin ir más lejos, las películas de Pablo Stoll posteriores a la premiada Whisky nunca llegaron a las pantallas españolas. Hiroshima (2009) fue directamente a la plataforma online Filmin, mientras que 3 (2013) sigue a la espera de encontrar su hueco.

PRODUCCIÓN REGULAR

No es el único caso. En la sección a competición del pasado Festival Internacional de cine de Gijón se proyectó El 5, segundo largometraje de Adrián Biniez, que con su debut, Gigante (2009), había cosechado varios premios en la Berlinale. "Es una comedia sobre un jugador de fútbol de un equipo de cuarta división que decide retirarse del deporte", resume el director. "Y también un drama sobre una pareja de clase trabajadora que trata de buscar un futuro económico. Y una comedia dramática sobre una pareja -y sus altos y bajos- en el día a día. Y un documental muy personal -en cuanto a que creo que solo funciona para mí y un reducido grupo de personas- de mi ciudad y mis amigos".

En circunstancias similares se encuentra Los enemigos del dolor, debut de Arauco Hernández, director de fotografía de algunos de los títulos significativos del cine uruguayo de la última década, como Gigante, Hiroshima o La vida útil. Un film que narra, según sus propias palabras, "la aventura nocturna de un extranjero despechado perdiéndose por una Montevideo post-apocalíptica de finales de los años ochenta, narrada con la cadencia hipnótica de un film de ciencia ficción. Una película que juega con la idea de ser una obra perdida de una cinematografía uruguaya inexistente, como si el primer Scorsese hubiera influenciado la cinematografía nacional décadas atrás y se hubiera producido este ovni del cine, que explora el despecho y las tormentas emocionales que nos conducen a los desenlaces más delirantes y peligrosos".

Y como no hay dos sin tres, el espectador español tampoco ha podido disfrutar todavía de El lugar del hijo (2013), segundo trabajo de Manolo Nieto, colaborador habitual de Lisandro Alonso que con La perrera (2006), su opera prima, había ganado uno de los Tiger Awards del Festival de Rotterdam. "El lugar del hijo es un viaje hacia el Uruguay profundo o hacia las profundidades del alma de Ariel Cruz. Tanto el país como el protagonista están en crisis y llenos de contradicciones en el momento en que la película los retrata. Es como un viaje sin retorno y nunca se sabe bien hacia donde estamos yendo", explica Nieto. "Es una película donde quedan atrás los ideales románticos de la militancia estudiantil, arrollados por el peso de las responsabilidades adultas, donde el protagonista lucha a cada palabra y a cada movimiento para seguir adelante. Él representa la juventud que recibirá un país arruinado, donde solo se ven vestigios de su riqueza, donde todo el mundo está tratando de pegar el zarpazo para sobrevivir, donde vivir es ‘rock'. El padre ha muerto".

Y aún se podría añadir un cuarto título de producción uruguaya que se ha paseado por diversos festivales internacionales logrando numerosos reconocimientos, insuficientes para que un distribuidor español se fijara en él. Se trata de la estupenda Tanta agua, debut a cuatro manos de las directoras Leticia Jorge y Ana Guevara.

¿UN CINE NACIONAL?

En total, casi una decena de películas recientes que subsisten a nivel internacional circulando por festivales y que dan una cierta idea del momento del cine uruguayo, aunque cada uno de sus directores tiene un concepto diferente de los rasgos que lo definen. "Creo que el cine es un acto muy personal", comenta Brechner. Por supuesto, es testimonio, de alguna forma, del lugar en donde vive, de la época en la que vive, y de sus orígenes e influencias. Por eso se me hace muy difícil generalizar el cine por países o regiones. Hay algunas características en el cine que se ha hecho en Uruguay que sí son posibles de remarcar. Muchas de las películas tienen un interés profundamente humanista, de análisis sobre relaciones del individuo con la sociedad en la que vive. También muchas tienen un marcado tono en el que el drama y la comedia absurda se funden".

Por su parte, Arauco Hernández afirma que "hace años, los críticos uruguayos empezaron a hablar del cine uruguayo como algo que compartía ciertas características particulares. Se asociaba con un cine lento, minimalista y depresivo. El público absorbió el concepto y dejaron de apostar por él. Se escuchaba a la gente decir genéricamente que el cine uruguayo era aburrido y la asistencia a las salas -que en un comienzo fue auspiciosa-, se derrumbó pese a que las películas gustaban. Hace muy poco, los críticos se dieron cuenta de su tremendo error y ahora empiezan a hablar de la diversidad del cine uruguayo. Tarde, porque el concepto sigue arraigado en la cabeza de la gente que descarta la idea de ver cine uruguayo, aun habiendo visto un número ínfimo de películas".

Manolo Nieto asegura que "si por ‘cine uruguayo' entendemos un estilo, te digo que no se puede hablar de manera genérica. Eso ya fue. Las películas uruguayas se han multiplicado y hay de muchos tipos. Pero siento que cada vez se toman menos riesgos y se recurre cada vez más a las fórmulas de género. A veces veo cada ensalada de esto que no lo puedo creer". Una opinión cercana a la de Adrián Biniez: "Ni hoy ni nunca se pudo hablar de manera genérica. Se hacen mas películas que hace diez años, y el panorama es variado: las hay buenas, mediocres y malas. Algunos dicen que el cine uruguayo tiene que ser así, otros que tiene que ser asá y a otros la discusión les chupa un huevo. ¡Un panorama muy divertido!", concluye.

Y, no obstante, la producción no se detiene. Federico Veiroj, autor de Acné (2008) y La vida útil (2010) acaba de rodar en España El apóstata, "una comedia dramática sobre un personaje en crisis de madurez, que lucha contra lo que no le parece aceptable de su entorno y que intenta escapar de algo que no es fácil". Actualmente en fase de montaje (tarea que lleva a cabo Fernando Franco, director de La herida), El apóstata buscará su espacio en las salas españolas tras efectuar el consabido recorrido festivalero, porque según Veiroj, "al igual que sucede con las películas hechas en el resto del mundo, lo que interesa no es la nacionalidad, sino la calidad, la narración, el uso expresivo del lenguaje cinematográfico, la dirección y muchas otras cosas que son obvias a la hora de evaluar una película. En definitiva, lo que el público va a buscar son aquellas particularidades propias de la expresión artística".

Y si el ansiado acceso a las salas comerciales no se produce, Biniez tiene alternativas: "Si no se estrena, que se edite el DVD. Y si no es así, que la adquiera la televisión pública extremeña o mallorquina o de Teruel, para pasarla en el ciclo de películas latinoamericanas de la una de la madrugada. O si no, que a la larga circule por allí, gracias a los formatos de compresión que existen ahora o se inventen en el futuro", ironiza. Porque de lo que se trata es de acceder al público, de llegar a ese espectador para el que, de un modo u otro, trabaja todo cineasta. Una aspiración obvia que, en el caso del cine latinoamericano se encuentra con todo tipo de dificultades incluso en España, país con el que comparte idioma y a menudo régimen de producción. Manolo Nieto resume el que, probablemente, es también el sentir de sus compañeros: "Siempre veo viable el estreno de la película en España, solo falta que alguien se interese. Incluso solo ha ido a un par de festivales menores en ese país al que quiero mucho, donde supe vivir durante un tiempo y con el que coproduje mi anterior película, La perrera. Si alguien lee esto, sepan que se la dejo por nada".

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