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250.000 ASISTENTES

El Arenal Sound apunta a mejoras en la calidad con el público en el bolsillo

EUGENIO VIÑAS. 04/08/2014 El festival de música más grande la Comunitat Valenciana alcanza su límite de capacidad y visualiza el reto de mejorar su producción

VALENCIA. Desde la aparición del Festival Independiente de Benicàssim (posteriormente, con la entrada de Heineken como patrocinador principal, Festival Internacional de Benicàssim), los macrofestivales de música vinculada al rock han ido reproduciéndose a lo largo de la Comunidad Valenciana. Durante los últimos 20 años, los que ha cumplido este 2014 el FIB, las condiciones climatológicas y las infraestructuras turísticas han propiciado que no pocas iniciativas privadas y ayuntamientos se hayan animado a destronar al pionero local. Un modelo de negocio, por cierto, que ya vino replicado de otros eventos como los festivales de Reading o Leeds.

Han tenido que pasar dos décadas, una burbuja económica y su posterior estallido, para que otra ciudad castellonense, a 29 kilómetros de Benicàssim, haya ganado la batalla de la asistencia, aunque no por primera vez. Este ha sido, seguramente, el año de la consolidación para el Arenal Sound que hace apenas unas horas cerraba su quinta edición con 250.000 asistentes repartidos durante casi una semana. Por tercer año consecutivo vendían todas las entradas, confirmando que su asistencia ha alcanzado la plenitud de lo que -a veces, a duras penas- asume la playa del Arenal en Burriana.

David Sánchez, director del festival, ya apuntaba ayer en las conclusiones del mismo que la intención de la organización es la de mejorar la calidad. La producción es maleable a partir de ahora con la batalla del público ganada frente a otros festivales. Y es que las cifras con las que se opera en cuanto a la logística y los servicios en un festival por el que circulan 50.000 personas durante casi una semana pegada a la playa es difícil de abarcar, pero en este caso el Arenal Sound ha demostrado que, en esta década, la posterior a la crisis -un mayor poder adquisitivo por parte del público joven, muy mayoritario en estas citas- el éxito pasaba por captar primero al público masivo y más tarde muscular las ramas de la excelencia. Que duda cabe que el camino de la mayor parte de sus predecesores fue el contrario, pero era otro momento sobre todo económico.

Por su parte, el Ayuntamiento de Burriana, con José Ramón Calpe al frente, volvió a mostrar su confianza en el festival. Una confianza que, especialmente en su segunda edición, ha tenido sus altibajos por la siempre difícil convivencia del entorno turístico de la ciudad y la masiva asistencia de los sounders al festival. En cualquier caso, el propio consistorio apostó en su día con la organización por la consoldación de la fecha como motor generador de turismo y marca para Burriana, y ahora el acuerdo muestra que en un tiempo récord -cinco años- aquella apuesta también del gobierno municipal es la de mayor éxito por asistencia de público de la región.

LA BIPOLARIDAD ARTÍSTICA DEL CARTEL

Sin duda, ninguno de los agentes que intervienen en el Arenal Sound como festival discrepan sobre la búsqueda de una oferta de ocio que va más allá de lo extrictamente musical. Así sucede en la mayoría de festivales de la Comunitat, aunque en este caso quizá va un paso más allá. Si durante años en el citado FIB se optó por una notable inversión en el fomento del teatro y el cine, entre otras, el festival de Burriana ha tratado de completar su cartel con el ocio que se liga a la playa y el sol. No hay más que analizar la viralidad del barco del Arenal Sound, su piscina atestada de personas durante las horas centrales del día y cómo todo ello se pone en valor a través de las redes sociales del festival.

Hasta cierto punto, todo ese entorno de playa y ocio unido a la muy joven edad de los asistentes hace dudar sobre si el núcleo del negocio se encuentra tanto en los conciertos o en esta serie de elementos. Sin embargo, el cartel del festival reúne a bandas como Pony Bravo, Mishima, Templeton, Grises o Polock, posiblemente entre lo más interesante de la escena del rock nacional. Una apuesta que no es nueva, de hecho existen símiles con las ediciones anteriores, y que la organización mantienene pese a que la realidad nuevamente fue la de contemplar como un centenar de personas -en algunos casos algo más, en otros menos- disfrutaban de estos conciertos.

A este espacio de realidad se suma lo que el festival ha crecido en cuanto a nombres internacionales, una vez abandonado el modelo de negocio que trajo a golpe de talonario de The Cranberries y Simple Minds en la lejana primera edición. Este año el Arenal Sound sumó nombres de altura para la mayor parte de festivales en España y Europa: Azealia Banks, Die Antwoord, Bastille o Biffy Clyro. Sin excepción, todos ellos demostraron jugar otra liga dentro de los grandes escenarios, donde seguramente Miles Kane ganó la partida del público junto a Placebo, ambos entre lo más celebrado por los asistentes.

Iván Ferreiro con Ricky Falkner de fondo, actuaron en la tarde del domingo

El tercer ámbito es el de los grupos de zona media, en un mix de bandas con el pulso ganado a las masas pero de muy dispar aportación en lo musical. En este saco se encuentran Crystal Fighters, Matt and Kim, The Royal Concept o Buraka Som Sistema, todos ellos conciertos tan festivos como multitudinarios. En el mismo escalón pero por el carril nacional se asemejan Love of Lesbian, Izal, Miss Cafeina o La Pegatina, grupo que por cierto repite año tras año y que formó parte de un domingo de ese cajón de sastre que es el mestizaje y que ha acabado por prácticamente desaparecer del Arenal Sound.

El cuarto ámbito del festival, poco comentado en los medios pero que genera una cuota interesante de promoción y actividad para las bandas, es el de los músicos locales. Trufados a lo largo del cartel, a horas no siempre fáciles y en escenarios no siempre lúcidos, Kostrok, Fast Forward, Ley Dj o Gatomidi arrastraron no solo al público de proximidad. El Arenal Sound ha sabido jugar estas cartas con respecto a los artistas de la Comunitat, anulados por festivales predecesores y que en el de Burriana saben encontrar su espacio para coger horas de vuelo ante grandes aforos.

Aun así, el Arenal Sound 2014 fue el de todos los nombres citados y el de otros artistas difíciles de clasificar por liga pero que ofrecieron conciertos desiguales ante el desigual público del festival. Más allá de lo festivo, conciertos como el de Russian Red o The Royal Concept se descafeinaron por esa falta de conexión o confusión de ambientes.

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