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ENTREVISTA A NACHO VIGALONDO

Vigalondo: "No hay nada más excitante y divertido que romper las expectativas"

EDUARDO GUILLOT. 04/07/2014 El director cántabro estrena 'Open Windows', tercera película de su atípica filmografía, rodada en inglés y protagonizada por Elijah Wood y Sasha Grey

VALENCIA. Desde que logró una nominación al Oscar por su corto 7:35 de la mañana (2003), Nacho Vigalondo no ha parado. En 2007 lograba estrenar su primer largometraje, Los cronocrímenes, una fascinante historia de viajes en el tiempo a la que seguiría la curiosa pieza de ciencia-ficción de cámara que es Extraterrestre (2011). Cineasta de singular personalidad y al margen de las convenciones que impone la industria, ahora se embarca en su primera producción internacional, Open Windows, una trepidante cinta de suspense que transcurre por completo en una pantalla de ordenador y que protagonizan Elijah Wood y la exactriz porno Sasha Grey.

¿Es cierto que Open Windows es un proyecto anterior a Extraterrestre?
Sí, exactamente. De hecho, hice Extraterrestre en una pausa de la preparación de Open Windows. Me di cuenta de que iba a tener un año un poco más oxigenado de lo que pensaba y me dije: Voy a hacer una película. Con lo cual, Extraterrestre ya es una reacción a Open Windows, como si, cansado de tanto giro argumental, me hubiera planteado una película caracterizada por la ausencia de trama. Así de rara está siendo mi trayectoria (risas).

¿Ese tiempo extra fue consecuencia de las dificultades de sacar adelante Open Windows?
Hubo dificultades particulares, pero hoy en día tampoco es extraño que una película, sea del tipo que sea, se demore más de la cuenta, aunque no sea una superproducción. De hecho, es el pan nuestro de cada día. En ningún momento quiero que parezca que estoy  llorando por haber tardado en hacerla. Sería bastante deshonesto de cara a mis compañeros, que las están pasando canutas.

¿Has notado los problemas que atraviesa la profesión en este momento?
Open Windows
es un caso raro, porque está financiada antes de la gran hecatombe. Durante el rodaje, bromeábamos con que fuera la última película española del antiguo régimen, la última que se podía permitir tener un tamaño y una cuantía grande. El mundo al que me enfrento ahora es muy diferente al que me planteé cuando Open Windows comenzó a ponerse en marcha. Cuando rodé Extraterrestre, en 2011, el resupuesto, de 600.000 euros, era una provocación. Tenía discusiones con gente de la industria que me lo decía. Y la hicimos sin bajar sueldos, buscamos economizar elementos de pantalla porque no queríamos explotar a la gente que estaba trabajando con nosotros. A día de hoy, ha quedado como una película de presupuesto inalcanzable. Me da un poco de pena el triste precedente que acabó siendo. Pero bueno, los tiempos son así. De hecho, una película de aspecto impecable como la nueva de Carlos Vermut, Magical Girl, tiene un presupuesto escalofriante. Por un lado, hay que celebrar la habilidad de los nuevos directores, que son capaces de adaptarse a esta realidad económica, pero siempre habrá que lamentar el hecho de que cuando una película es muy barata, lo es porque los sueldos son más pequeños. Eso es así.

Imagino que en tu caso es complicado trabajar con presupuestos pequeños, porque haces un cine de género que normalmente implica el uso de efectos especiales.
Pues sí. Open Windows, y lo digo con la cabeza alta, es una película con explosiones. Eso ya hace que las proporciones sean otras. Es una especie de mini blockbuster. Tiene elementos muy ampulosos por un lado, pero muy económicos por otro. Por ejemplo, hay una persecución automovilística muy larga, lo cual siempre complica una producción: Hay varios coches de policía, el vehículo del malo, el del bueno... Pero por contra, resulta que en esa persecución solo hay dos tiros de cámara: el frontal y el lateral izquierdo. Con lo cual, todo es más sencilo. En la fase de guión me vi obligado a escribir una persecución donde todo transcurría delante y a la izquierda, así que lo que por un lado son facilidades, por el otro se convierte en problemas. Escribir una secuencia así no es nada sencillo.

Tú mismo te has complicado la vida al escoger el punto de vista de la historia. ¿Cuál era el punto de partida?
El punto de partida es formal. Es la primera vez que hago una película a partir de una propuesta formal. Entre las ideas que surgieron en su momento, me planteaba qué película explicar a través de la pantalla de un ordenador: Una invasión zombi, una invasión extraterrestre... Pensé en contar algo estrechamente vinculado con lo que podemos entender como la cultura de internet, con cómo nos comportamos cada vez que encedemos el ordenador.

Open Windows parece concebida pensando en los nuevos formatos de visionado. ¿Lo tuviste en cuenta al hacerla?
No es algo premeditado, pero en los primeros pases me di cuenta de que la película empieza en una sala de cine y, de alguna manera, acaba en un ordenador. Esa transición está ahí. Me parece que hay que ser muy conscientes de ella y que es muy estimulante, porque en países donde el consumo de cine de pago por internet está muy establecido, se ha producido un reencuentro con el público del cine independiente que me da mucha envidia, y que deseo para España. Yo lo que quiero es que el consumo de pago se estabilice y que películas como Ilusión (Daniel Castro, 2013) o Stockholm (Rodrigo Sorogoyen, 2013) tenga un beneficio económico a través del visionado en internet. 

También hay conexiones muy claras de la película con el universo de los videojuegos, con la salvedad de que aquí el espectador es sujeto pasivo.
Juego tanto a videojuegos que creo que es algo que fluye por sí mismo. Si las grandes películas de tres horas de Scorsese o Satantango (1994), de Béla Tarr, que dura ocho horas, son una influencia, un buen videojuego, en el que inviertes entre diez y cuarenta horas de tu vida, te tiene que afectar obligatoriamente por algún lado. Una película en tiempo real, que simula una cierta subjetividad y tiene un sentido muy forzado de la continuidad, porque no hay cortes de plano, ¿qué es, sino un videojuego? Los videojuegos en primera persona no son más que una secuencia sin cortes. Es muy interesante cómo los videojuegos acaban por transpirar en las películas. Es fascinante ver cómo un cine tan respetado como el de Alfonso Cuarón está abiertamente influido por los videojuegos.

Es que Hijos de los hombres (Children Of Men, Alfonso Cuarón, 2006) es un videojuego.
Exacto. Y Gravity (Alfonso Cuarón, 2013). Uno de los fenómenos más importantes del cine de género español reciente, como [REC] (Jaume Balagueró y Paco Plaza, 2007), es también un videojuego.

Lo curioso es que hace años se hablaba de las películas como videojuegos en tono despectivo. Ahora la cosa ha cambiado.
Hubo una época en la que para minusvalorar una película se decía que era como un cómic. Luego se utilizó el videoclip, y ahora los videojuegos. Las adaptaciones de videojuegos al cine son pura estrategia comercial multinacional, pero cuando se convierten en una influencia inconsciente es muy valiosa, servirá en el futuro para estudiar quiénes éramos y qué clase de mecanismos había en nuestras cabezas en nuestra época. A veces, en estos diálogos entre periodistas y autores, nos equivocamos y pensamos que las influencias son como una especie de lista de la compra, cuando yo creo que las influencias reales, en la mayoría de casos decisivos, son inconscientes.

¿Tenías claro desde el principio que sería un proyecto internacional y en inglés?
A todos nos pareció normal. En realidad no transcurre en ningún país, sino en internet, que es una especie de no-sitio. Bueno, es Estados Unidos, pero Estados Unidos es el no-sitio por antonomasia en el cine. Que una película transcurra en Los Ángeles es casi como decir que transcurre en el mundo del cine. Desde su formulación, pedía ese aliento internacional.

Hasta ahora te habíamos visto en videos que circulaban por internet divirtiéndote con Elijah Wood en algún festival americano. ¿Cuándo se convirtió en una opción real como protagonista?
Es como un cuento de hadas. Es un mensaje que transmito a los jóvenes: Es posible que conozcas a una estrella de Hollywood, esa misma noche acabes borracho cantando una canción miserable con él en un karaoke y que, al paso de los años, termine protagonizando una película para ti. Tanto Elijah como Sasha, e incluso Neil Maskell, son estrellas de maneras muy distintas, totalmente heterodoxas. Cada uno sigue un rumbo que está diseñando por él mismo. Elijah utiliza su estatus como figura del cine mainstream para montar una productora (The Woodshed) con la que hace con total libertad las películas que le gustan. Es un tipo libre que deja de escuchar los consejos del agente de turno y se dedica a hacer lo que quiere. Y Sasha es alguien que debuta en un terreno como el del porno, lo transforma y luego cambia de industria. Se dice muy rápido.

¿Escribiste el guión pensando en Elijah Wood?
La verdad es que sí. No quise exponerme a la desagradable situación de utilizar su amistad para financiar la película, y esperé a que la financiación estuviera completada para proponérselo, pero sí, pensé en él. En el caso de Sasha, me resultó muy sorprendente verla en la lista de actrices propuestas y darme cuenta de que se adaptaba, como actriz y como personaje, al rol que interpreta.

Pensaba que la habías buscado a propósito.
Llegó según el cauce tradicional. Cuando las películas tienen una escala internacional, se barajan listas de actores. Al leer la que me mandaron, me quedé hechizado por la propuesta.

Es perfecta para un papel así.
¡Claro! Parece que está escrito para ella. Por todas las resonancias que tiene su trayectoria y el personaje. Y admito que es un tipo de persona que me gusta conocer. A un nivel puramente egoísta, heterodoxos como Sasha o Elijah son gente que me siento muy feliz de poder conocer y escuchar.

¿Crees que se puede decir que la película tiene una estructura de muñeca rusa?
Sí, es una descripción que me resulta muy cómoda. Tiene un formato que puede cansar fácilmente y por eso conlleva la obligación de renovarse y convertirse en otra cosa cada quince o veinte minutos. Eso nos obligaba no solo a desvelar capas de guión, sino a transformar la situación de los personajes, y a nivel formal, a añadir algo nuevo cada cierto tiempo, porque si la película fuese igual en todo momento resultaría muy fatigosa. Ha sido muy difícil de sostener durante todo el metraje, pero a la vez me ha enfrentado a algo muy divertido, que es hacer una película que avanza hacia adelante de manera constante. En las anteriores me he permitido que la historia se pliegue sobre sí misma y aquí va rumbo hacia el infinito.

Siendo muy diferente a las dos películas anteriores, sí que hay un nexo común entre las tres, que se mantienen dentro de coordenadas de cine de género, aunque intentando darle una vuelta de tuerca. Lo cual no es fácil.
Una vez que el público y tú conoceis las mismas claves y trucos, y se sabe hacia dónde va encaminado todo, no hay nada más excitante y divertido que romper las expectativas. Es un juego. No quiero parecer el Ferran Adrià del cine de género, sino alguien que se sobreexcita con facilidad ante la posibilidad de dar algo diferente a lo que la gente pide. A veces, por añadidura, dando más de lo que la gente espera, y otras, quitando lo que el público cree que va a suceder, como en Extraterrestre. En este caso, una vez sentamos las bases de lo que es el psycho-thriller, con una víctima, un villano y un héroe, pues lo que hay que hacer cuanto antes es desmontar todo eso.

Ya se ha proyectado en diversos festivales internacionales. ¿Cómo han sido las primeras reacciones ante una película tan atípica?
Las reacciones están siendo tan atipicas como la película. He encontrado adhesiones donde jamás esperé encontrarlas, como en la revista Variety, con la que nunca había tenido encuentros afortunados. También hay amigos cercanos que se han sentido retados. Inevitablemente, hay una parte de ti que siempre quiere la aprobación constante de todo el mundo, eso es propio de la inseguridad del artista, del niño dentro de ti que desea el aplauso y el éxito, pero en última instancia es mucho más valioso desafiar al público y a ti mismo. Una carrera como la mía es una aventura, no un paseo. Ya no hay tierras vírgenes que descubrir. ¿Qué tierra virgen queda? El rodaje de una película que no sabemos a ciencia cierta cómo va a funcionar.

 ¿Y ahora, qué?
Ya tengo otra película escrita y entregada. He intentado escribir un guión ambivalente, que se adapte a la circunstancia más favorable. De todos los oficios del cine, el que más me duele es esperar, así que es una película que se puede rodar a pequeña escala, pero también puede ser más grande. Mi intención es mantenerme entretenido hasta que acabe el año. Lo que no quiero es quedarme sentado esperando a que las cosas pasen.

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