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RESURRECCIÓN

Tortugas Ninja: Mis padres se quieren separar

JAVIER CAVANILLES. 03/05/2014 El productor de 'Transformers' estrenará este verano un 'reboot' de unas tortugas que hicieron las delicias de los niños de los 90

VALENCIA. Todo comenzó como una broma. Dos aficionados a los cómics decidieron autopublicar 3.000 ejemplares, en blanco y negro y fotocopiados, con las andanzas sobre unos quelonios expertos en artes marciales que luchaban contra el crimen en Nueva York. La portada era una parodia del Ronin de Frank Miller, y en ella no faltan guiños a los tebeos de superhéroes de la época. De hecho, el mismo incidente que convierte a Matt Murdock en Daredevil (Dan Defensor para los lectores de la Tercera Edad) es el que le dio los poderes a estos simpáticos reptiles. Así fue cómo nacieron los personajes más rentables de la historia del cómic.

El próximo mes de agosto, de la mano del productor Michael Bay (Transformers, Armaggedon, Pearl Harbor), Raphael, Leonardo, Donatello, Michelangelo vuelven a la gran pantalla por quinta vez. La cosa va en serio: el presupuesto es de 125 millones de dólares, once veces más que la primera adaptación (1990) y 30 millones más que la suma de los cuatro títulos anteriores (94,5 millones).

El reto es ver si esta vez también volverá a ingresar sólo en EEUU diez veces lo que costó producirla. Tras la cámara estará un especialista en películas de acción como es Jonathan Liebesman, cuyo currículo tampoco es para lanzar cohetes (Ira de Titanes-Furia de Titanes 2, Invasión a la Tierra) pero garantiza el espectáculo. Megan Fox (apartada de Transformers y rehabilitada para la ocasión) encarnará a la periodista April O'Neil.

EL HAMBRE CON LAS GANAS DE COMER

Principios de los 80, Northampton (Masschusetts). Peter Laird es un dibujante de a 10 dólares la ilustración en un periódico local. Tiene 30 años. Kevin Eastman es algo más joven (22 primaveras) y un futuro igualmente prometedor: vive de lo que gana su novia, camarera, mientras busca un fanzine que le publique algún guión.

La casualidad juntó al hambre con las ganas de comer. Un día de noviembre de 1983, Eastman pintó una tortuga con una máscara y unos luchacos. A Laird la cosa le hizo gracia, y mejoró el boceto original. El guionista contraatacó y se curró tres más, cada una con un arma distinta, y las llamó "Tortugas Ninja". El dibujante añadió lo de "Teenager Mutant". Luego, entre los dos y tras descartar nombres japoneses, decidieron tomar prestados los nombres de varios artistas del Renacimiento (un homenaje a su época de estudiantes de Bellas Artes). El fenómeno había nacido.

Con los mil dólares prestados por el tío de Laird crearon Mirage Studios, un pomposo nombre para describir la habitación en la que trabajan (el salón de Laird). La historia, de apenas cuarenta páginas, es un festival de violencia pensado para un público que se ha criado con tebeos de superhéroes, pero que busca contenidos más adultos. Al principio, ni eran para niños ni gritaban ¡Cowabunga!

LAS TORTUGAS EN CIFRAS

Curiosamente, lo que catapultó al Olimpo de los cómics a las famosas tortugas no fue ni el guión ni el dibujo: fue una inteligente campaña de marketing. Para la promoción crearon un dossier de prensa de sólo cuatro páginas que mandaron a casi 200 medios (agencias de prensa incluidas) y publicaron un anuncio en el Comic Buyer's Guide Magazine. Daba la sensación de que tras los recién creados Mirage Studios había mucho más que un par de sillas y dos tipos sin un duro. Los medios picaron.

El primer número se agotó en seguida y devolvieron al tío de Laird el préstamo más 200 dólares de beneficios. Para el segundo vendieron 15.000 ejemplares vía catálogo cuando aún no estaba ni acabado (la tirada del número 8 alcanzó las 135.000 copias). Tras el segundo número, con más de 2.000 dólares de beneficio por cabeza, Laird y Eastman pasaron de aficionados con aspiraciones a dibujantes a tiempo completo en apenas unos meses.

Un año más tarde (en el número cinco) dieron el salto al color, rebajaron el tono de las historias y se convirtieron en el ejemplo de lo que todo aficionado quería ser: máquinas de hacer dinero con capacidad de controlar todo el proceso creativo.

UNA JOYA PARA COLECCIONISTAS

Aquel primer número está considerado el cómic más caro de los últimos 50 años. Hace tiempo que no sale ninguno a la venta pero por los últimos en excelente estado se ha pagado entre 17.000 y 23.000 dólares No está mal teniendo en cuenta que el precio de portada era de 1,5 dólares.

The Overstreet Price Guide ni siquiera incluye una valoración aproximada dado lo que puede oscilar el mercado, pero sólo hay 475 ejemplares catalogados (desde pésimas condiciones a perfecto estado). En mayo de 2012, la portada original alcanzó los 71.000 dólares en una subasta; el primer boceto, 40.000. Los inversores en cómics (pirados hay en todos lados) creen que con la película de Bay el precio se disparará a lo estratosférico.

HASTA EL INFINITO Y MÁS ALLÁ

Lo siguiente fue un éxito desconocido en el mundo de los cómics. En 1986, una firma especializada en productos para recién nacidos (Playmate Toys Inc.) quiere dar el salto. Ofrece un contrato para crear los primeros muñecos basados en los personajes (acabará haciendo más de 400). Laird y Eastman aceptan. Luego llega Archie Comics, quieren su propia serie. También dan el sí quiero. En 1987, hay una oferta para la primera serie de dibujos animados ¿cómo decir que no?

Y luego están las series (cinco oficiales, algún spin off, y varios capítulos sueltos de larga duración), los juegos de ordenador (unos 70), las películas (cuatro y una que se quedó en camino)...

Cada contrato supone sacos de dinero, pero Laird y Eastman van perdiendo poder sobre sus personajes. Todo lo que les ofrecen es para niños así que hay que ir rebajando el tono cada vez más. La serie original duró en Mirage hasta 1995 aunque pocos aficionados se la tomaban en serio. La que vende es la de Archie. De hecho, cuando Laird (en solitario) decide reemprender en 2001 la franquicia, reniega de la versión original. Sirva de consuelo que nunca se han arrepentido de vender su alma a la industria. Era eso o desaparecer.

Con el éxito llega el distanciamiento. Eastman quiere más, Laird le dice que no. El guionista decide embarcarse en otras aventuras como la editorial Tundra (1990), en la que quiere ofrecer a los autores las mismas condiciones de libertad que él tenía. De allí salen el Madman de Mike Allred o el From Hell de Alan Moore. Mucha calidad y pocos ingresos.

SE ACABÓ

Tampoco triunfa su intento de revivir Heavy Metal (para lo que vendió los bocetos originales) e incluso produce una segunda parte de la adaptación para el cine. También lo intenta, sin éxito, con un museo dedicado a los cómics. Al final, sus aventuras en solitario le cuestan más de diez millones de dólares.

En 2001 Laird le compra a su compañero lo que queda de Mirage Studios. Durante años, no se dirigieron la palabra. Artísticamente hablando, sus biografías se resumen en las TMNT. Laird durante años no hizo nada más, Eastman lo intentó como miniseries como Melting Pot con Simon Bisley.

La historia de la Tortugas Ninja, sin embargo, deja una curiosa ristra de anécdotas. Está el juicio que perdieron por utilizar la expresión Cowabunga (50.000 euros les costó), inventada por Buffalo Bob Smith para su Howdy Doody Show, o los problemas con la censura en Gran Bretaña que obligó a sustituir la palabra "Ninja" (con connotaciones violentas según la censura) por "Héroes" y modificar los capítulos para que Michelangelo no apareciera con luchacos.

Luego están los problemas con la American Farm Bureau. En 1991, la entidad se le echa encima por la publicación de TMNT ABC para un planeta mejor que incluía tal cantidad de paranoias pseudoecologistas (como que los pesticidas causan cáncer) que hubo que retirarlo del mercado. O la patética obra musical financiada por Pizza Domino's, la quinta tortuga que nunca vio la luz (Kirby), el ridículo cosechado con la única tortuga chica (Venus de Milo) para una serie de la Disney, un cameo en los Power Rangers americanos, la fallida película para mayores con monjas patinadoras armadas con Uzis...

Con el tiempo, Laird y Eastman recompusieron su relación. Su creación ha conseguido sólo lo que los grandes cómics pueden lograr: que pase de una generación a otra. Quizás se perdió el contenido adulto de las primeras entregas a favor de hacerlas más comerciales, pero toda una generación (no la que ellos esperaban) creció con ellas. Habrá que ver si Michael Bay es capaz de parir un homenaje a la altura.

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