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3 días para matar
Sexo, mentiras y Kevin Costner

MANUEL DE LA FUENTE. 09/05/2014

VALENCIA. Hubo un tiempo en el que Kevin Costner lo era todo. De haber fallecido en 1994, habría pasado a la historia como uno de los más grandes galanes y directores del cine comercial contemporáneo. Su carrera era modélica al respecto: al participar en películas de los años 80 como Los intocables de Eliot Ness, No hay salida o Los búfalos de Durham, se convirtió en el nuevo héroe tranquilo, en la renovada encarnación del ciudadano medio estadounidense, en ese guapetón simpático y un pelín descarado que está cuando se le necesita para cumplir el cometido al que le ha destinado la vida. En esa década, Costner era el republicano amable que fue escalando de manera imparable en el sistema hollywoodiense.

Con la llegada de los años 90, el actor dio un paso más: se hizo director y productor. Decidió que iba a demostrarle a todo el mundo que era un tío con mucho mundo interior, que podía fascinar por igual a los ejecutivos yanquis que le financian los proyectos y a los cinéfilos gafapastas que compiten en sabiduría en las conversaciones cerveceras de media tarde de cualquier barrio megaculto de las grandes capitales europeas, léase el Soho, Montmartre, , Lavapiés o Ruzafa. Vamos, los nuevos Greenwich Village, la avanzadilla cultural internacional.

Así, Costner empezó a regalarle al mundo las muestras de su genio con películas incontestables. En Bailando con lobos, nos descubría que los indios americanos también son personas, décadas después de que esta reflexión ya la hubieran hecho gran parte de los directores clásicos de westerns, como Delmer Daves, Anthony Mann o John Ford. En Robin Hood y El guardaespaldas, el Kevin Costner productor mostró las claves de su éxito: daba igual la época en que se ambientara la película o la condición de los personajes porque lo importante es crear una conexión sentimental con el espectador. Esta conexión consiste en la presentación de valores positivos y una moralina cursi con un estilo ampuloso formado por un extraño cóctel de diálogos interminables, planos de atardeceres y canciones pop.

Con esta fórmula, todos se rindieron a sus pies, regándole de dólares, premios Oscar y parabienes. Animado al saberse el niño mimado de la industria, la estrella se metió de lleno en su proyecto más ambicioso, la que iba a ser la superproducción más cara de la historia, Waterworld, un relato de ciencia ficción ambientado en un mundo del futuro en el que todo el planeta está inundado por el derretimiento de los casquetes polares. Iba a ser la gran obra que rompería todas las taquillas.

Kevin Costner en 'Waterworld'.

Al principio, todo iba a bien. Era un proyecto complicado, sí, pero Costner era incontestable y lo controlaba todo, hasta la elección del director de la película (Kevin Reynolds). No obstante, este prototipo del hombre medio estadounidense en los retrógrados años 80 cometió un error: en mitad del rodaje, se anunció el divorcio de su mujer, a quien había conocido en la universidad. Para más inri, la separación se producía tras salir a la luz que Costner, además de megaestrella, era también un megafucker, proliferando los rumores de sus numerosas relaciones sexuales, algunas de ellas con mujeres de hombres poderosos de la industria. El escándalo saltó por el affaire del actor con una bailarina casada durante el rodaje de Waterworld. "Esto del matrimonio es algo muy difícil", dijo Costner entonces, "porque las tentaciones son muy grandes"

Esto sucedió a finales de 1994 y, de repente, todas las noticias que empezó a lanzar Hollywood sobre la marcha del proyecto de Waterworld hablaban de un estrepitoso fracaso por anticipado, ya que ni siquiera había terminado de rodarse. No resulta inaudito que el rodaje de película de alto presupuesto sea accidentado (también lo fue el de Bailando con lobos), pero todo se vendió en este caso como el gran pufo de una estrella que pasaba de la adoración a ser el hazmerreír, papel que ocuparía en adelante.

En esos aciagos meses finales de 1994, Costner se soltó el pelo también en lo político: al tiempo que se desvelaban sus correrías sexuales, anunció que dejaba de apoyar a los republicanos para abrazar la causa demócrata. Costner no sólo respaldó a Bill Clinton sino que también le sirvió de inspiración, dado que los encuentros sexuales del presidente con su becaria Monica Lewinsky empezaron en 1995, pocos meses después del estreno de Waterworld. De todos modos, ese influjo para marcar los nuevos tiempos no fue suficiente para evitarle el oprobio.

Desde Waterworld, la presencia de Kevin Costner en una película suponía el pitorreo garantizado. Es cierto que sus films son ridículos, salvo muy pocas excepciones (vale la pena ver, por ejemplo, Mr. Brooks, en la que encarna a un asesino en serie). En cada film, parecía que se superaba a sí mismo: con Mensajero del futuro y Open Range demostró que, como director, podía hacer películas más discursivas y aburridas que Bailando con lobos. Por su parte, recitar su filmografía reciente como actor da más grima que leer una lista electoral del PP: Tin Cup, Los reyes del crimen o Dragonfly son algunos de los hitos.

La guinda llegó con El último voto, un panfleto que trata la historia de un paleto sureño que tiene que elegir él solito, debido a un fallo en el sistema de votación, al próximo presidente de los Estados Unidos. Al final de un relato llorón y bobalicón, el espectador se quedaba sin saber a quién votaba el paleto. Pero por lo menos quedaba muy clara la idea del film: todos los políticos son iguales y la mejor democracia es la norteamericana, que le permite a cualquiera elegir al corrupto mediocre más simpático. Es lo que hay, y hay que asumirlo como buenos y obedientes ciudadanos.

Con todo, la misma industria productora de basuras fílmicas que condenó a Costner ha decidido ahora restituirle. El éxito de la miniserie Hatfields & McCoys está siendo acompañada de unas cuantas películas promocionadas para triunfar. En este contexto llega Tres días para matar, una porquería ideada por Luc Besson que narra la historia de Ethan Renner, un agente de la CIA enfermo de cáncer terminal que decide irse a París para vivir sus últimos meses con su hija y su exmujer. Al llegar a la ciudad, recibe un último encargo a cambio de una vacuna experimental contra el cáncer: matar a un terrorista alemán que se dedica a venderles bombas nucleares en Belgrado a los sirios. Ahí tenemos la empanada mental de Hollywood sobre el nuevo Eje del Mal del siglo XXI: esperamos que la segunda parte de la película tenga algún malo ruso-ucraniano.

El argumento pinta la típica película de espías, pero entre Besson y Costner se convierte en una comedia familiar de un pobre hombre norteamericano que quiere recomponer su vida. Ya se sabe, los asesinos estadounidenses de la CIA también sufren. Como Besson ya consiguió con su película Venganza devolverle el estrellato a Liam Neeson, ahora se esfuerza por Costner repitiendo el modelo: de nuevo, París aparece como una ciudad peligrosísima, donde los asesinos van por ahí matando sin parar y sin que suene nunca la sirena de la policía. En un momento de la película, un gorila de discoteca le dice Renner que no puede entrar pese a estar en la cola, situación que el agente de la CIA resuelve disparándole en el pie.

Los giros absurdos del guión se salpican con un toque de comedia que pretende enfatizar el lado humano de Renner. De hecho, su redención es total: mata a los malos, se cura del cáncer, vuelve con su exmujer y se reconcilia con su hija. Es la idea central de los personajes de Kevin Costner, que se redimen cuando demuestran que no son parásitos sociales y que están al servicio de la gran democracia occidental. Al final, la sociedad te recompensa por ello: es lo que tiene esta democracia, que es capaz de curarte el cáncer con un pinchacito en el culo y unos vahos de eucalipto.

El objetivo, en definitiva, es volver a poner en el mercado a Costner, que tantos servicios le ha prestado a la causa propagandística de la tierra de los hombres libres. Él ya ha aprendido a no hablar de tentaciones extramaritales y ahora, para promocionar esta última película, hace declaraciones más edificantes: "Intento compaginar la familia con el trabajo, para mí es importante trabajar y estar con mi familia". Ya ha pagado su penitencia, que Hollywood le conceda la venia para que disfrute de nuevo de la gloria del pasado.

Tres días para matar
(3 Days to Kill)
EE.UU. / Francia, 2014, 115’

Director
: McG
Intérpretes: Kevin Costner, Hailee Steinfeld, Amber Heard, Connie Nielsen, Richard Sammel, Eriq Ebouaney

Sinopsis: Después de años de servicio a su país defendiendo la democracia, el asesino de la CIA Ethan Renner decide irse a París para retomar el contacto con su hija y su exmujer. Renner padece un cáncer terminal pero la CIA le promete que si mata a un terrorista más, le curará el cáncer como si fuera un resfriado. El agente accede a cambio de que le dejen disfrutar del placer de ir en bicicleta por las calles parisinas con su hija adolescente. Película escrita y producida por Luc Besson

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8 comentarios

ramon escribió
03/05/2015 07:06

pelicula de el en la que sale con un niño que tiene cancer en la pelicula roban un banco pero es todo lo que se de esa pelicula me podrian decir el nombre

Caryna V escribió
17/05/2014 10:46

Me encanto como mejoro este actor, lastima que el que escribió la nota haya desmerecido tanto a la persona, realmente hay que teber mala leche y ser una persona cin demasisda envidia y muy poco profesional para tirarctanta basura al actor y productor, acerca de política que paus esta con politicis sinceros? España? Argentina? Por favor! Ser un buen critico es saber ver y aceptar q soli es su opinion subjetiva y que todos tenemis gystos diferentes y ante todo respetar al otro, dedicate a criticar otras cosas mas significativas o se mas equilibrado ya que te la oasaste criticando 30 años y oarece q ninguna te vino bien amargado!

de ventre escribió
12/05/2014 17:57

y no sólo lo digo yo . . . http://www.rogerebert.com/reviews/open-range-2003 j

E. Martín escribió
12/05/2014 11:42

La secuela se titulará, obviamente, "3 Días Más" y la siguiente ya será un apasionante crossover titulado "3 Días para Venganza".

Mouguias escribió
11/05/2014 12:58

"Trece Días" me parece magnífica y también "JFK". En cuanto a "Bailando Con Lobos" es un canto a la naturaleza y a la libertad como pocos se han visto en el cine. Ni John Ford, ni "Pequeño Gran Hombre" tienen la belleza y la espectacularidad de "Bailando...". Mil veces mejor, por cierto, que esa chufa inmoral, repleta de topicazos de genero, titulada "Uno de los Nuestros". Tres grandes peliculas: mas de lo que usted o yo haremos en toda nuestra vida. Mas que suficiente para respetar a un autor.

Rincewind escribió
09/05/2014 15:56

Al parecer en los 90, a algunos niños americanos les ponían Kevin Costner de nombre. Ya sabéis, como tienen un sólo apellido usan dos nombre, uno normal y otro más raruno. Así que los chavales se llamaban Kevin Costner Smith y cosas así. Devolverle algo de la gloria perdida a Kevin Costner, es devolverle la dignidad a esos pobres niños que han crecido con el estigma de llevar el nombre de un adúltero. De todas formas, Manuel, los de la Hora Chanante no le dedicaron un "Celebrities", lo que me hace dudar de que hubiese pasado a la historia. A Travolta y Tarantino sí se lo dedicaron.

ieau escribió
09/05/2014 15:27

"Los intocables de Eliot Ness, No hay salida o Los búfalos de Durham" Y "Campo de sueños", se ha olvidado usted de esa rareza lacrimógena...

de ventre escribió
09/05/2014 11:09

open range es magnífica! j

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