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ENTREVISTA

Benicio del Toro:
"Cuando me inicié en la interpretación, empecé a hacer terapia"

BEGOÑA DONAT. 21/03/2014 Ha leído a Freud, a Hume y a Joseph Campbell, y escucha a Bruce Springsteen. Con estos antecedentes, interpreta a Jimmy P.

VALENCIA. En 1951, el psicoanalista Georges Devereux asentaba las bases de la etnopsiquiatría con la publicación de Reality and Dream. Este libro seminal recogía con minuciosidad sus sesiones con Jimmy Picard, un veterano de la II Guerra Mundial, a la sazón indio pies negros, diagnosticado como esquizofrénico tras su regreso del conflicto bélico. La película de Arnaud Desplechin Jimmy P. recoge este episodio real en la piel de Benicio del Toro. Su terapeuta en la ficción, Mathieu Amalric, bromeaba en la rueda de prensa de presentación en el passado Festival de Cannes con el tamaño del actor puertorriqueño en comparación con la del nativo americano original. "Físicamente, Benicio es mucho más alto y grande, lo que implica cierto riesgo físico. Resultaba estimulante trabajar con un paciente que podía golpearme, fue muy divertido trabajar con ese temor". En la distancia corta, el intérprete, que regresaba a la sección oficial del certamen tras alzarse con la Palma de Oro por su trabajo en Che (Steven Soderbergh, 2008), no despierta esa sensación intimidante, y más cuando la conversación deriva hacia su reciente paternidad.

-¿Qué motivaciones personales te llevaron a involucrarte en este proyecto?
-No quiero resultar pretencioso, pero estamos hablando de una película importante, porque trata sobre un problema pendiente de resolver en EE.UU., existe una gra gran historia inconclusa con respecto a los nativos americanos. Además de esa gran motivación, hace cuatro años conocí en Cannes a Mathieu Amalric. Fui jurado en 2010, edición en que ganó el premio a mejor guión su película Tournée. Conocerle un poco me ayudó a tomar la decisión de participar en Jimmy P. y el respeto hacia su trabajo me llevó a tomarme en serio el que íbamos a compartir.

-¿Qué ayuda extra supuso la existencia de un libro exhaustivo sobre las sesiones de psicoanálisis de tu personaje?
-Resultó muy práctico para poder explorar el contexto del relato y me aportó una cantidad enorme de información sobre la biografía de Jimmy Picard. También me ayudó mucho la oportunidad de trabajar con un nativo americano pie negro de la misma reserva que el protagonista de la película. Pero el elemento clave fue ser honesto con el rol y responsable con quién era como persona.

-Al estar en el punto de mira de la opinión pública, tus acciones siempre se someten a análisis. ¿Cómo afecta esta situación a tu vida?
-Trato de estar fuera de alcance del radar mediático. Ahora soy padre y eso lo cambia todo. Cada día resulta más real. Mi niña está creciendo, tiene dos años y medio. Cada día se produce un nuevo cambio en esa personita y es un recordatorio de que eres padre y, por tanto, responsable. Siempre proyecto en el futuro con ideas tipo, ¿y si la apuntamos a judo?

-¿Ser padre te ha despertado temor?
-Da miedo, pero es un enamoramiento constante.

-¿Te gustaría que tu hija viera un día tus películas?
-Claro, y explicarle por qué hay películas que funcionan y por qué algunas son fallidas.

-Nicolas Cage no deja a su hijo menor ver sus filmes para evitar confundirle. ¿Compartes su opinión?
-No creo que mañana le ponga Savages (Oliver Stone, 2012) (carcajadas). Ya le he puesto películas de Chaplin. Muchas de mis películas no va a verlas hasta transcurrido un tiempo. Le haré entender que es trabajo. Le quiero enseñar que hay muchos elementos implicados, que hay mucho tiempo y esfuerzo invertido en cada proyecto. Cuando trabajas en un filme implica mucha dedicación, leer el guión, tratar de comprender los mecanismos mentales de tu personaje, y resulta motivador ver cómo crece la interpretación, apreciar la progresión.

-¿Cómo te mantienes motivado?
-Siendo padre, escuchando música, ¿me estás analizando?

-¿Crees en el psicoanálisis?
-Sí, de hecho, empecé a hacer terapia cuando me inicié en la interpretación. Supongo que como actor te comportas como un psicólogo, analizas al personaje para descubrir qué le lleva a hacer lo que hace. He leído a Hume, a Freud, a Joseph Cambpell. Y escucho a Bruce Springsteen. En concreto, me encanta Darkness on the Edge of Town.

-¿Sabes hacia dónde quieres dirigir tus pasos o estás en un proceso de experimentación?
-Ambos. No creo que nadie llegue nunca a saber quién es. No tenemos el control. Nos hacemos mayores y cambiamos. Desde luego, soy diferente de la persona que era cuando tenía 22 años. Me conozco mejor de lo que te conozco a ti y al menos he aprendido a motivarme.

- ¿Resulta refrescante alternar las superproducciones con proyectos independientes?
- Es curioso, pero no considero Jimmy P. una película europea, ni siquiera independiente, sino un proyecto original, la visión de un director. Muchos de los proyectos comerciales están diseñados para llegar al mayor número de público posible, de modo que incorporan estudios demográficos. La consecuencia es que el resultado deja de reflejar la visión de un realizador para ser un producto en el que mucha gente toma decisiones. A diferencia de esa dinámica, Jimmy P. no es una película de entretenimiento, sino cine en sí.

-¿Cuándo piensas en el futuro ves un horizonte de cine de autor o de producciones comerciales?
-Mi horizonte ideal sería poder trabajar en ambos bandos, por una cuestión de solvencia económica. Creo que me he ganado poder navegar entre ambas aguas. Y trabajar en películas de estudio ayuda financieramente, porque hay filmes independientes que no disfrutan de los fondos suficientes para salir adelante. Hay proyectos de Hollywood que son divertidos y que te suponen un reto. Por ejemplo, independientemente del resultado, rodar El hombre lobo consistió en meterme en la piel de un personaje con el que había vivido de niño. No podría haber hecho esa película si no hubiera habido un estudio detrás, sosteniéndola. Amaba ese personaje, porque adoraba a los actores y directores que lo recrearon en el pasado, y me encantó poder ofrecer mi propio retrato del mito. Por favor, no me psicoanalices (risas).

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