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La desaparición del sistema financiero valenciano: causas y consecuencias /3

Hay vida después del desastre

Mª ÁNGELES PONS (*). 01/12/2011 El siglo XXI comenzó con un sistema financiero valenciano de cierto peso. De las 48 entidades existentes había un banco valenciano, cuatro cajas y un buen número de cooperativas de crédito. Once años más tarde la situación ha cambiado radicalmente

VALENCIA. El siglo XXI comenzó con un sistema financiero valenciano de cierto peso. En el año 2000, de las 48 entidades existentes en la Comunidad Valenciana había un banco valenciano (el Banco de Valencia), cuatro cajas de ahorro (Bancaja, CAM, Caja Carlet y Caja Ontinent) y un número importante de cooperativas de crédito. Once años más tarde la situación ha cambiado radicalmente. Bancaja se fusionó con Caja Madrid dando lugar a Bankia y los recientes acontecimientos muestran una pérdida de peso relativo considerable del capital valenciano, y la CAM y el Banco de Valencia se encuentran intervenidas por el Banco de España y pendientes de resolver su futuro.

El sistema financiero valenciano, por tanto, es ahora prácticamente inexistente. Ante este hecho, hay dos aspectos que debemos analizar. En primer lugar, hasta qué punto lo que ha acontecido en el sistema financiero valenciano es algo excepcional o responde a una tendencia general de desaparición de la banca regional (incluyendo a las cajas) en un mundo crecientemente globalizado. Y, en segundo lugar, qué consecuencias tiene la desaparición de estas entidades.

¿Una situación excepcional?

La respuesta a la primera cuestión es sencilla. El debilitamiento o paulatina desaparición de la banca regional es un fenómeno muy extendido a nivel mundial. Pero ¿es este el resultado de la libre competencia? ¿pueden los bancos regionales y las cajas de tamaño medio competir con los grandes bancos o conglomerados financieros? La respuesta no es en absoluto obvia. En un trabajo publicado por Llewellyn en el año 2002 y que lleva por título: "The future for small & regional banks in Europe", este autor explica cómo la oleada de fusiones que se ha producido en todo el mundo, favorecida en muchos casos por la regulación, se ha justificado en la existencia de economías de escala ligadas al tamaño, es decir, en la idea de que las entidades más grandes son más eficientes. Sin embargo, este argumento tan extendido en el sistema financiero de que "bigger is better" (cuanto más grande mejor) no siempre es cierto.

No hay una evidencia empírica incontestable sobre la existencia de economías de escala. Los estudios realizados obtienen resultados ambiguos. No está claro que los costes medios de los grandes bancos sean menores que los de los bancos pequeños e incluso algunos trabajos sostienen que los costes no están necesariamente ligados al tamaño sino al nivel de eficiencia interna que depende de otros factores. Por tanto, como señala Llewellyn, el tamaño de un banco no garantiza su éxito. Además, pueden aparecer ineficiencias o deseconomías de escala. Las dificultades de control que surgen cuando una empresa es demasiado grande, el aumento de la burocratización de los procesos o los problemas de tratamiento de la información son algunas de las dificultades a las que se puede enfrentar una entidad bancaria cuando aumenta su tamaño.

Por otro lado, la actual crisis financiera ha mostrado que la dimensión de algunas entidades les confiere un poder excesivo que no es deseable: el denominado "too big too fail". Aunque en EE UU la crisis ha afectado a bancos de todos los tamaños, la peor factura la han pagado las pequeñas entidades que se han convertido en las verdades víctimas de la crisis. En el año 2008 quebraron en EE UU unos 25 bancos; la cifra en 2009 se situó en torno a los 140, en el 2010 superó los 150 y en lo que llevamos de año ya han quebrado 88 entidades, y la mayor parte son bancos regionales y locales. La razón fundamental es que los grandes han sido rescatados y los pequeños han quedado a su suerte, a pesar de que muchos de ellos estaban menos expuestos a la burbuja inmobiliaria que las grandes entidades.

En ese sentido, la configuración de la futura estructura del sistema financiero no sólo en Estados Unidos sino en Europa no va a ser la consecuencia lógica de las fuerzas del mercado, sino el resultado de un proceso de intervención por parte de los reguladores que, con el objetivo de evitar una crisis financiera, han favorecido una estructura bancaria muy concentrada que, sin duda, tendrá implicaciones en el crecimiento económico.

Las ventajas de la banca regional

Sin embargo, la banca regional posee ventajas que deberían ser tenidas en cuenta. Uno de los principales problemas del sistema financiero es la información asimétrica, es decir, los depositantes no conocen la calidad de los activos que le ofrece el banco y, por tanto, su solvencia. Pero, tampoco el banco tiene información completa sobre sus clientes y no sabe con exactitud si éstos le van a devolver sus créditos.

La ventaja de la banca regional es la mayor información (lo que Bernanke ha denominado "informational capital"). La proximidad entre la entidad y sus clientes permite conocer mejor la zona, los negocios que se llevan a cabo en la misma y, obviamente, a sus clientes. En ese sentido, existe todavía un nicho de negocio importante para la banca regional. El problema aparece cuando estas entidades se embarcan en negocios de otro tipo en los que su posible "ventaja comparativa" es más que dudosa.

Un reciente estudio sobre el sistema financiero estadounidense muestra que los bancos pequeños que han quebrado son los que dejaron de lado la actividad a la que tradicionalmente se habían dedicado de préstamo a las pequeñas y medianas empresas y se involucraron en el sector inmobiliario. También las cajas regionales alemanas estas sufriendo con especial gravedad la crisis por haberse expuesto a los llamados "productos tóxicos", es decir, los productos estructurados que estaban ligados a las hipotecas subprime.

Por tanto, los problemas aparecen cuando las entidades regionales (bancos y cajas) dejan de especializarse en el crédito a la industria o los servicios locales y se meten en otros negocios. Ese ha sido, como sabemos, el principal problema de las entidades valencianas: su alta exposición al ladrillo.

Las responsabilidades son compartidas. Los beneficios obtenidos en el sector de la construcción en España en la última década fueron exorbitantes, y los gestores de las entidades bancarias decidieron aprovecharse de esta situación ignorando los más mínimos criterios de prudencia. Los políticos aplaudían y animaban dicha participación que de forma directa e indirecta les ayudaba a aumentar sus arcas. Y las agencias reguladoras, o bien no hablaron o lo hicieron con la boca pequeña. Ni el Instituto Valenciano de Finanzas, en nuestro caso, ni el Banco de España actuaron con la necesaria contundencia. Cuando estalló la crisis financiera en 2007 uno de los argumentos más repetidos era la favorable posición del sistema bancario español y cómo la intervención del Banco de España había evitado la exposición de entidades españolas a la crisis internacional.

Dicha entidad no autorizó en su día la compra de "productos tóxicos" y, además, se habían configurado unas fuertes provisiones que permitirían afrontar la crisis de forma más favorable que otros países. Pero, aunque el Banco de España actuó correctamente en ése área, en donde no se tomaron las mismas precauciones fue en la excesiva exposición al riesgo inmobiliario. Y no sólo no se evitó esa excesiva asunción de riesgos sino que cuando aparecieron las primeras entidades con síntomas de gravedad la toma de medidas se dilató en el tiempo y, de hecho, todavía no conocemos cuál es la verdadera exposición de cada entidad bancaria al sector inmobiliario.

Las consecuencias de la crisis

El problema más grave de la desaparición de la banca regional son sus implicaciones sobre el crecimiento económico. Me concentraré en dos cuestiones: el crédito y la influencia en la especialización. Como he señalado antes, el rasgo característico de la banca regional es su vinculación con las oportunidades de negocio locales. Tras la crisis que estalla en 2007, las dificultades de las empresas para conseguir crédito han sido crecientes. Y no sólo es más difícil obtener crédito sino que cada vez se exigen mayores garantías y tipos de interés. Además, las perspectivas a corto plazo no van a mejorar dadas las exigencias de capitalización a las que se van a ver sometidas las entidades bancarias españolas.

En ese contexto, ¿qué puede suponer para Comunidad Valenciana la práctica desaparición de las entidades locales? Si las cajas y la banca regional y local, dadas sus ventajas en términos de información, tienen una mayor predisposición a otorgar préstamos a las pequeñas y medianas empresas, las fusiones bancarias podrían dificultar el acceso de las pymes valencianas a la financiación, y no hay que olvidar que éstas son la mayoría de las empresas valencianas (el porcentaje de compañías con más de 50 trabajadores no alcanza el 1 por ciento).

Es cierto que todo depende de cuáles sean los bancos implicados en la fusión, del área geográfica de actuación de cada una de las entidades fusionadas, del equilibrio de fuerzas tras la fusión de las entidades, etc. Pero las perspectivas -y la historia reciente- no son muy halagüeñas. Con respecto a la segunda cuestión, la estructura productiva valenciana es muy similar a la del conjunto del territorio español. El sector servicios es el mayoritario y representa el 71,07 por ciento del PIB. Pero la participación de los servicios de alta cualificación sobre el total es modesta.

A pesar de eso, el hecho de contar con entidades regionales y que estas mantuviesen su sede en la comunidad tenía efectos de arrastre importantes, especialmente en lo que respecta a la demanda de trabajadores de alta cualificación (directores generales, dirección de áreas y departamentos financieros especializados, informática, etc). La desaparición de entidades locales y el traslado tras las fusiones de sus sedes a otras zonas implica una pérdida de capital humano y de expectativas de empleo de alta calidad para la Comunidad Valenciana.

Bajo mi punto de vista, la banca regional no puede ni debe desaparecer. Probablemente estas entidades deberán transformase para adaptarse a los rápidos cambios acontecidos en los mercados financieros, necesitarán mejorar su profesionalidad, incorporar nuevas tecnologías, etc, y no será tarea fácil ya se tratará de una lucha desigual en la que tendrán que competir con entidades que disponen de más medios. Sin embargo, si consiguen delimitar con claridad su función y explotar sus ventajas (mayor información, proximidad con el cliente, etc) aquellos bancos regionales que hayan tenido una actitud prudente y están adecuadamente capitalizados pueden estar en mejores condiciones para afrontar el futuro que muchos de los grandes bancos. Desafortunadamente, es tarde para la banca valenciana y, las autoridades económicas deberían velar por que este hecho no tenga consecuencias negativas para el sector empresarial de la comunidad.
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(*) Mª Ángeles Pons Brías es doctor en Economía por la Universidad de Valencia (1995) y D. Phil en Historia por la Universidad de Oxford (2000). Actualmente es profesora titular de Historia e Instituciones Económicas en la Universidad de Valencia.

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La desaparición del sistema financiero valenciano: causas y consecuencias

1.- CAM: más vale lo bueno por conocer que lo malo conocido (por Remedios Ramón)

2.- Cajas de ahorro, un desastre no anunciado (por Ernest Reig)

 

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2 comentarios

02/12/2011 08:54

Buenos dias Maria Angeles Pons: un buen artículo y además muy didactico lo recomendaré a otras personas. La banca regional cumple una función de acercamiento o de adpatarse a las costumbre de cada comunidad o pueblo. Podríamos poner por ejemplo las Cajas Rurales o los Sparkasse alemanes que hay en cada pueblo.el tamaño no hace por lo general mas efectiva a una entidad. Y la desaparición de las dos grandes cajas de ahorro y su banco filial no se debe a la "GLOBALIZACIÓN" sino a la desatrosa politica que han llevado ambas. Atte Alejandro Pillado Valencia 2011

Claudia escribió
01/12/2011 15:32

Todo eso está muy bien. Pero a fecha de hoy todavía no hay ningún responsable del desastre. NI entre ejecutivos, dejando de lado la ambiciosa Amorós, ni entre los presidentes ni entre los políticos que alentaron la especulación. Sólo lo hemos pagado los pequeños accionistas del Banco de valencia, no los del consejo que percibieron 400 millones de préstamos, que sin quererlo ni comerlo lo hemos perdido todo. Por imbñeciles la verdad, por no salir huyendo de un banco controlado por la política.

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