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LEÓN DE ARANOA Y DEL TORO AL HABLA

La cara C de la guerra

BEGOÑA DONAT. 27/08/2015 León de Aranoa relata la batalla cotidiana de los cooperantes humanitarios en 'Un día perfecto'

VALENCIA. Durante su proceso de documentación de la película Un día perfecto, una cooperante internacional le detalló a Fernando León de Aranoa las tres emes bajo las que se engloban los trabajadores humanitarios: mercenarios, misioneros y marcianos. Los primeros son los veteranos que trabajan, cobran y se marchan; los segundos son idealistas y tienen la esperanza de cambiar el mundo; y los terceros, inadaptados que ya no saben vivir de otra manera. Los tres perfiles están recogidos en el debut en inglés del director madrileño.

"O son profesionales de la ayuda o no tienen solución. Pero todos se enganchan al final, porque es complicado volver a casa después de haber pasado largo tiempo en una zona donde la vida es tan intensa", detalla León de Aranoa en una solapada primera persona, pues él mismo ha documentado los conflictos de Bosnia -en 1995, a petición de trabajadores humanitarios-, Uganda -donde acometió su fragmento de la película colectiva Invisibles, en homenaje al 20 aniversario de Médicos Sin Fronteras- y Etiopía -a la que viajó de la mano de ACNUR para rodar Welcome to my Country-.

En este nuevo filme, entre la road movie, la comedia y el drama bélico, el puertorriqueño Benicio del Toro interpreta al responsable de la seguridad de un equipo de cooperantes en Bosnia, la francesa Mélanie Thierry, a una novata respondona experta en potabilización, y el estadounidense Tim Robbins "es ese espíritu libertario, punk rock que se salta los protocolos. Completan el reparto el bosnio Fedia Stukan, que da vida al intérprete, "un personaje que representa la dignidad, el orgullo y la entereza de la gente de los Balcanes durante los trágicos años de la guerra", la ucrania Olga Kurylenko, en la piel de una inspectora escéptica, el catalán Sergi López, en un cameo como jefe de unidad, y Eldar Residovic, un niño avispado de la guerra.

"La única dificultad en el rodaje era la pluralidad y los espacios, que eran de difícil acceso. Es una película físicamente agotadora, pero resulta positivo, porque también se transmite a la pantalla. Las horas de cansancio y el polvo están en los actores, ya que la vida de voluntariado es cualquier cosas menos cómoda", agradece el realizador.

La paradoja es que la torre de Babel que conforma el grupo no lo es tanto por las diferencias culturales e idiomáticas, resueltas en la estrecha convivencia y la lengua de Shakespeare, sino por la burocracia y los resquemores entre vecinos.

QUÉ DOLOR, QUÉ DOLOR, QUÉ PENA

La letra de la canción popular infantil francesa Marlbrough s'en va-t-en guerre traducida al español, ha servido de metáfora al director español Fernando León de Aranoa para nombrar al protagonista de su película, Mambrú. "Pensé que el trabajo de estos cooperantes se debía traer a la luz -defiende  el actor que lo interpreta, Benicio del Toro-. Veo su trabajo como el de los santos: ayudan a la gente con muy poca paga, lo hacen por el ser humano, como lo hacen las enfermeras y los bomberos. Tienen una cosa muy noble y chapó".

En opinión del actor, ganador de un Oscar a mejor secundario por su papel en Traffic (Steven Soderbergh, 2000), películas como estás además de ser entretenidas y artísticamente valiosas, resultan necesarias. "A lo mejor hay un niño o una niña que ve Un día perfecto y decide que quiere dedicarse a la cooperación internacional. Con que le pase a uno, ya es útil. O igual sucede que un cooperante la ve y no se siente solo".  

La película arranca con un contrapicado que predispone al espectador ante un thriller. Una visión de túnel presenta a Mambrú observando el cadáver de un hombre arrojado a uno de los pocos pozos de agua potable en un terreno sembrado de minas.

 "Es el comienzo de la novela, me gustó la fuerza de la imagen y su absurdo: es un ascenso a los cielos de lo más precario y triste -señala León de Aranoa-. Para el grupo de cooperantes, esa persona no es un muerto, sino un problema que resolver. Daría igual si fuera un perro o un cerdo, la gente tiene que beber agua. Es la prioridad".

Sólo la resistencia de una cuerda separa el cuerpo a remojo de la contaminación y cuando se rompe, algo tan sencillo como hacerse con una nueva soga se vuelve un mundo.

"No es una película que hable de la primera línea de combate. Nos parecía más interesante relatar la guerra silenciosa, cómo los conflictos se prolongan una vez se firma la paz porque las minas continúan ahí, los cadáveres en los pozos siguen ahí y las casas se vuelan para que no vuelvan los vecinos. Eso nos permitía describir la naturaleza humana. Es supervivencia, es odio. Es la periferia de la guerra", compartía el realizador en el pasado Festival de Cannes, donde la película fue la única participante española en la Quincena de Realizadores.

THERE IS NO TIME

 

Cuando las guerras se acaban, los medios de comunicación desaparecen del terreno y dirigen su foco de atención hacia otras esquinas del mundo en conflicto. Pero allí perduran los trabajadores humanitarios para garantizar el equilibrio y la asistencia a comunidades laceradas. Paradójicamente, estos trabajadores no aparecen con frecuencia en el cine. Su relevancia social no se corresponde con su presencia en la ficción. León de Aranoa ha intentado enmendar esta relación desproporcionada con su sexta película de ficción, escrita al alimón con Diego Farias.

"Durante la elaboración del guión sentí que esta película entroncaba con Los lunes al sol por la coralidad, el equilibrio entre el humor y el drama y el hecho de que sea muy dialogada", comparte el director, quien añade que aspiraba a "perder el control": "Ha sido interesante hacer algo muy distinto. Mi última película, Amador, era una historia muy despojada, muy desnuda. Todo mi cine es juicioso y quería luchar contra mi propia tendencia al control y pensar menos. También porque consideré que me podía ayudar a explicar mejor el trabajo de los cooperantes, menos reflexivo y más intuitivo".

Un día perfecto adapta el libro Dejarse llover (Espasa Calpe, 2005), de Paula Farias, presidenta de Médicos sin Fronteras entre 2006 y 2011. La novela narra en primera persona la experiencia de una cooperante en un valle sin ubicar, que en realidad es Kosovo.

"De su novela me cautivó la sencillez de su pretexto argumental y su profundidad, que van juntas. Porque habla de la crueldad de la guerra, pero lo hace con sentido del humor y del absurdo. Entre sus páginas, también entre mis propios recuerdos de aquel laberinto montañoso, balcánico e impenetrable que recorrí hace ya 20 años, he encontrado esta película", relata el director.

Fernando León de Aranoa ambienta la acción en 1995, durante el declive de la guerra en los Balcanes. Localizaciones en Granada, Cuenca y Málaga hacen las veces de las regiones de la antigua Yugoslavia. Los acuerdos de paz se han firmado, pero las cicatrices de la contienda están tiernas y las heridas, todavía abiertas

En ese contexto de posguerra, la película relata la batalla cotidiana de los profesionales de la cooperación y cómo sobrellevan la crueldad en mayúsculas del hombre y el absurdo de la burocracia, que no le va a la zaga en dimensiones, acechando cada día.

En las transiciones suena una banda sonora enérgica con temas de Buzzcocks, Ramones y Lou Reed, cuyo A Perfect Day da título a la película y su There is no time, incorporado en los créditos finales, refiere a la urgencia de la acción en el terreno de combate.

"Si fuera música, Un día perfecto sería punk- rock. Rápida, directa, sin delicadeza, en permanente cuenta atrás, esta película no encuentra tiempo para circunloquios, para detenerse y pensar. Juega siempre arriba, en la red, y quiere ser como son ellos: duros, resistentes, intuitivos, rápidos, directos. No hay tiempo aquí para reflexionar, para sentir culpa o lástima. No hay tiempo para conmiserarse o llorar. Sólo hay tiempo para actuar".

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