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EN OCTUBRE, EN LAS NAVES

El dramaturgo del momento en España trae a Las Naves un Lorca desconocido

CULTURPLAZA.COM. 20/08/2015 La obra de Alberto Conejero dirigida por Pablo Messiez enfrenta a Lorca al amor y 'al otro'

VALENCIA. Rafael Rodríguez Rapún era un estudiante de Ingeniería de Minas cuya fascinación por el teatro le llevó hasta Federico García Lorca y La barraca, compañía de la que fue el secretario. No solo eso; fue el último amor del poeta granadino, y su compañero en sus tres últimos años de vida. De Rodríguez Rapún, sin embargo, no ocupa más que tres o cuatro páginas en la biografía de Lorca, y quedó fuera del «retrato de la historia», según expresión de Alberto Conejero, Premio Ceres 2015 al Mejor Autor Teatral por su obra 'La piedra oscura', 2015.

Con «La piedra oscura», que llega el 24 y 25 de octubre a LN3 de Las Naves, el dramaturgo ha querido «iluminar aquellos rincones que se han quedado fuera» de ese retrato. Pablo Messiez dirige el espectáculo, interpretado por Daniel Grao y Nacho Sánchez, y coproducido por La Zona y el Centro Dramático Nacional.

La obra transcurre en una habitación de un hospital militar cerca de Santander. Allí se produce el encuentro entre Rafael, que vive sus últimas horas antes de ser fusilado, y un joven soldado llamado Sebastián, que le custodia. Es, cuenta el autor, un encuentro ficticio, que le ha servido para recuperar la memoria de Rodríguez Rapún. «Yo creo en la memoria colectiva. Creo que tenemos que llegar a un mínimo acuerdo sobre nuestro pasado, y que con la memoria histórica se desmoronan los egos y compartimos culpas. Esta obra habla del encuentro. Transcurre durante la guerra civil, y claro que está presente, pero no es una obra "sobre" la guerra civil. Trata del encuentro con el otro, de la comunión con otra persona, y de que somos en cuanto somos en los otros».

 

 

Federico García Lorca es, de algún modo, el origen de «La piedra oscura». «Tengo un gran amor por Lorca y soy en muchas maneras deudor suyo. Pero no he pretendido hablar de él, ni siquiera rendirle un homenaje. El texto habla de las ausencias, y la primera es la de Lorca. No hablo de él pero esta obra no podría existir sin él». «La piedra oscura» es, precisamente, el título de un proyecto de Lorca del que apenas existe el «Dramatis personae».

 

A Pablo Messiez, un dramaturgo argentino afincado en Madrid desde hace varios años, y que ha firmado obras como «Los ojos» o «Muda», lo que más le sedujo de «La piedra oscura» fue la «importancia de la palabra. Siempre he creído que la palabra tiene un poder radical, revolucionario. «La palabra -apunta Conejero- tiene una capacidad sanadora».

 

Aunque «La piedra oscura» es una pieza de ficción, Alberto Conejero ha realizado una labor de investigación que le ha llevado a contactar con los familiares de Rodríguez Rapún, incluido su hermano Tomás.. Ha tenido acceso a recuerdos y documentos -entre ellos el libro de cuentas de La Barraca-, y actualmente trabaja en un ensayo sobre Rafael Rodríguez Rapún. «Les prometí hacerlo, porque yo me he permitido muchas licencias dramáticas y, aunque faltan algunas teselas, lo que queda del mosaico de la vida de Rafael es muy interesante».

 

Una habitación de un hospital militar cerca de Santander; dos hombres que no se conocen y que están obligados a compartir las horas terribles de una cuenta atrás que quizá termine con la muerte de uno de ellos al amanecer. Un secreto envuelto en remordimientos y un nombre que resuena en las paredes de la habitación: Federico. Queda tan sólo la custodia de unos documentos y manuscritos como último gesto de amor.

 

 

 

"El desarrollo del diálogo entre los dos únicos personajes de la obra está orquestado con maestría, con una inmensa ternura contenida, y muy pocos podrán mantener los ojos secos hasta el final. [...] Espero que La piedra oscura encuentre cuanto antes su lugar en los escenarios teatrales porque su mensaje es necesario en una España donde, vergonzosamente, todavía yacen en cunetas más de 100.000 víctimas del fascismo, entre ellos el desaparecido más célebre de todos, por la recuperación de cuyos restos hace votos el personaje de Rapún pocos minutos antes de desaparecer para siempre él mismo. A Alberto Conejero le ofrezco mi más cordial enhorabuena por esta obra que a mí me ha conmovido" (Ian Gibson)

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