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AMORES DE VERANO

Doménech y Gavaldà: convertir el Cabanyal y l'Horta en las Galias

VICENT MOLINS (FOTOS: EVA MÁÑEZ). 16/08/2015 Dos históricos en la defensa de patrimonios acosados se sientan a la fresca de la calle Progrés, 279, en una tarde de poniente

VALENCIA. A los activistas sociales, escudos humano de causas que consideran justas, hace tan solo un instante se les solía ver como actores molestos en los laterales del sistema. Hoy han alcanzado categoría de popes y su voz toma -o al menos eso se aparenta- categoría incontestable.

L'Horta y el Cabanyal, su defensa, han sido nuestras Galias más correosas en la última década y media. Con ellas sucede algo parecido: de tener consideración residual han pasado a parecer templos del entorno. Pero qué sucederá a partir de ahora. Del Salvem al Fem.

Maribel Domènech es rostro de Salvem el Cabanyal, cruzada de la que han salido victoriosos. Josep Gavaldà está en las mismas con Per l'Horta, con un mar de campos desperdigados por decenas de municipios y una doble amenaza: los bocados urbanizadores y la fallida económica.

Es por la tarde en la calle Progrés 279. A la fresca una y otro hablan silla frente a silla.

Maribel Domènech: Esta lucha no se elige. Debes tener unos principios morales, llegó un momento en el que consideré que ante la amenaza de un tsunami que quería cargarse este patrimonio histórico y cargarse las casas de 1.651 familias no podía quedarme en la mía sin hacer nada.

Josep Gavaldà: Tengo un lema: ‘luchar o llorar'. Y elegí luchar, aunque muchas veces hayamos llorado. Una lucha ciudadana que viene desde el Pla Sud, la historia nunca contada de esta ciudad.

Maribel Domènech: Recuerdo los primeros encuentros que tuvimos en 1998 para plantear cómo hacer frente a ese tsunami que se nos venía encima en el Cabanyal. Nos repetíamos entre nosotros: "esto es hasta el final, que nadie se canse por el camino.

Josep Gavaldà: Es cansado pero no te puedes cansar. Superamos momentos horribles, asquerosos, como lo vivido en La Punta. Yo no era vecino de allí, pero ver cómo a la gente la sacaban de sus casas, cómo la acosaban por las noches, les hacían la vida imposible... les daba igual que hubiera abuelas de 80 años. El presidente del Puerto diciendo que o hacemos el ZAL en La Punta o volvemos al neolítico. Mira dónde está ahora La Punta, no se ha hecho la ZAL. Es frustrante. La causa por la defensa de La Punta ha ganado, pero todos hemos perdido. ¿De qué sirvió cargarse todo aquello?

Maribel Doménech: En 2008 creíamos que perdíamos, con la derrota ante el Tribunal Supremo. En ese momento hicimos una asamblea y las palabras fueran claras: ¡hemos perdido! ¡Quienes quieren destruir el Cabanyal han ganado! No lo olvidaré nunca. Estábamos destrozado. Creíamos que era definitivo. Hubo una crisis grande entre nosotros. Había dos caminos: organizarnos para valorar las casas y mejorar el justiprecio, o continuar en la lucha. Y ganó continuar en la lucha. "Aquí no nos rendimos". Y un año después llegó la orden ministerial que nos daba la victoria. Sobre todo le tengo que agradecer a Rita que me haya permitido descubrir a mis vecinos.

Josep Gavaldà: Con recursos tendentes a cero, movimientos como los nuestros, que nacieron a partir de Salvem el Botànic, hemos conseguido cosas increíbles. Porque las causas justas atraen a enormes talentos.

Maribel Domènech: Un día cualquiera estábamos en una asamblea y vino de repente un arquitecto norteamericano diciéndonos que había tenido una idea, que sólo se podía quedar una semana en Valencia pero estaría día y noche trabajando para presentar documentación, sin nada a cambio. Fue emocionante. O cuando un año llegó Dario Fo a Valencia para un encuentro de artes que organizaba el Ayuntamiento. Fuimos a hablar con él al aeropuerto. Luego en el acto quisimos tomar la palabra pero no nos dejaban, entonces Dario Fo pidió que nos dejaran hablar y acabó gritando ¡Viva el Cabanyal!

Josep Gavaldà: La clave está en pasar de un periodo donde solo se buscaba la adulación a contar con la participación. Esto tiene que ser tarea de todos, no solo de los listillos que quieran comprar el Cabanyal barato para hacer negocio.

Maribel Domènech: Ha sido la ciudadanía la que ha cambiado las cosas en la política. La gente se ha dado cuenta de...

Josep Gavaldà: ...que tiene poder.

Maribel Domènech: Pero no nos podemos acomodar por un cambio de gobierno. Necesitamos implicarnos ante las decisiones políticas.

(La charla se interrumpe cuando una vecina se acerca para preguntar dónde está la máquina de rayos UVA. "Con la playa tan estupenda que tienes aquí al lado y te vas a los rayos UVA", dirá la fotógrafa).

¿Y a partir de ahora...?

Maribel Domènech: Hemos pasado de ser chusma para el anterior Gobierno a que se nos tome en consideración y se nos reciba. Pero no se trata de ya hemos ganado y se acabó. Hemos cumplido, pero no es hora de retirarnos, sino de reinventarnos. Debemos transformarnos en una voz, pero no queremos arrogarnos el barrio, solo participar del proceso.

Josep Gavaldà: Nosotros opinamos que si fuéramos sensatos deberíamos intentar que creciera la huerta valenciana. La agricultura, por la explosión demográfica, la pérdida de suelo fértil, y la puesto en peligro de la energía barata, va a cobrar un valor estratégico. Y tenemos la suerte de contar con una tierra de primerísima calidad. De hecho para la ZAL de La Punta lo primero que hizo Cotino fue llevarse toda la flor de tierra, que es lo mejor que puede haber. No sabemos dónde está esa tierra, la vendería o se la llevaría él para sus caquis...  Ante ese escenario, tener una huerta al lado de Valencia no es una anécdota, es estratégico. La importancia de la huerta no es que sea bonita, sino que es un valor económico, por la seguridad alimentaria que ofrece, por su resistencia a las incertezas climáticas, por los servicios ambientales que te ofrece la huerta, que no se monetizan, pero están ahí. Y no lo decimos unos flipaos, lo dice gente de primer nivel como el paisajista de la Universidad de Harvard Carl Steinitz. Y desde luego, también, por la identidad. No se entiende cómo se puede ser tan sucursalista, tan paleto, de no poner en valor lo que es tuyo.

¿Por dónde debe pasar el futuro del Cabanyal y por dónde no?

Maribel Domènech: No queremos que sea Ruzafa. Solo un barrio normal, histórico, interesante. Simplemente rehabilitado con sensibilidad. Pero no un barrio de diseño donde un propietario compre toda una manzana para hacer un Sheraton. Porque este es un barrio abigarrado, de pequeñitos propietarios, con un skyline diverso, singular casa por casa.

¿Cómo se sortea ese peligro?

Maribel Domènech: No hemos luchado contra un proyecto especulador para dejar que venga otro. Hay que dar recursos para que los vecinos puedan rehabilitar sus casas, pero pensando muy bien el modelo de barrio que queremos. Sobre todo hay que respetar el parcelario, siempre se mantuvo el parcelario de las antiguas barracas. Mantener eso servirá para defenderse de especulaciones. Pero no tenemos un problema, tenemos varios...

¿Cuáles?

Maribel Doménech: El Cabanyal está hecho polvo. Hay una fractura social producto de todos estos años. Se ha hecho una inversión millonaria de todos los valencianos para dejarlo en un estado muy malo. Permitiendo una ocupación ilegal, haciendo un acoso inmobiliario, utilizando la pobreza y la marginalidad para acosar a quienes vivían, permitiendo que el cartel de la droga se instale y diciéndoles "benvinguts al Cabanyal". Fue un acoso para que los hijos terminaran pidiendo a sus madres: "mare, tu ací no pots viure". Rita aplicó el manual: degradar para después especular. Mucha gente respaldaba la prolongación de la avenida porque pensaba que la marginalidad se resolvería. Es ridículo pensar eso.

Josep Gavaldà: Hubiera pasado como con la Avenida del Oeste. Abres una gran avenida y al lado, mira Velluters...

Maribel Domènech: Necesitamos equipamientos sociales, no puede ser que un barrio de 22.000 habitantes apenas tenga equipamientos y que estén al otro lado.

¿Qué necesita la huerta?

Josep Gavaldà: Si las cosas se hacen bien podemos tener un futuro brillante. Nuestra hoja de ruta está clara. Partiendo de que la huerta es algo más que algo folclórico, no la convirtamos en museo. Pero en un mundo global lo que te hace diferente es tu identidad, porque no hay ninguna ciudad en el mundo del tamaño de Valencia que tenga una huerta así.

Maribel Domènech: Nos hace diferentes, como el Cabanyal.

Josep Gavaldà: ¡Y sobre todo porque la huerta es una fuente de trabajo como ha sido toda la vida! La realidad está mal, ¿pero eso significa que no tenga un potencial brutal? Los agricultores están muy envejecidos, con lo cual se necesita recortar la brecha con la población joven. Se necesita formar a las nuevas generaciones, en las técnicas agrícolas, pero también en comercio internacional. Y promover cambios legislativos, como la revitalización de los consejos agrarios y de la tira de contar, donde la gente pueda directamente ir a vender productos a mayoristas. Revitalizar los mercados municipales, dejar espacio para los agricultores de la huerta, para que vendan directamente. ¡Si es que en Francia lo ves claramente, donde en cualquier pueblecito hay un mercado para los agricultores! Se trata de adaptar la legislación a la realidad. Estimularía muchísimo la economía. En Francia señalan que los agricultores son los guardianes del paisaje. No hay que olvidarlo.

Una tarde a las puertas del número 279 de la calle Progrés.

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4. Maribel Doménech y Josep Gavaldà: convertir el Cabanyal y l'Horta en las Galias de nuestro tiempo

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3 comentarios

Angel escribió
16/08/2015 20:38

El barrio de el Cabanyal: Es para derribar el 95% de las casas y hacer un nuevo baarrio, con nuevos equipamientos y servicios............. Todos los vecinos deben estar al dia en tributos de la ciudad y si provienen de otras proviencias u estados ,tambien.

Patrimonio de todos escribió
16/08/2015 13:22

El Cabañal y la Huerta son patrimonio de todos y especialmente de sus habitantes que le dan sentido, contenido y vida. Es tan valioso que no podemos dejar que las malas practicas politicas y administrativas le roben su esencia de proyecto comun y colectivo. Por desgracia el concurso que ha sacado el Ayuntamiento de Valencia para el proyecto del Cabañal, por la puerta trasera usando una fundación interpuesta para poder aplicar la ley de contratos con menor exigencia que si sacara el concurso el ayuntamiento, hace que perdamos la fe y la esperanza de que hay un nuevo tiempo y una forma nueva de hacer las cosas. El fin no justifica los medios, nunca. Ni cuando lo hacía el PP ni ahora que lo hace el tripartito.

Demócrito escribió
16/08/2015 08:31

La gente normal se queja en voz baja. Sólo algunos como Maribel y Josep pasan a la acción. Los demás les debemos tanto... Gracias a los dos y a los que son como ellos.

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