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AGITACIÓN CULTURAL

¿Será el Cabanyal un nuevo refugio para artistas internacionales?

MARISOL SALANOVA. 08/08/2015 Los nuevos vecinos del barrio, atraídos por el Cabanyal de toda la vida, son una de las claves del resurgimiento de una zona hasta ahora tan castigada
FOTO: EVA MÁÑEZ

VALENCIA. Si nos quedamos en Valencia durante el verano parece que todo estará cerrado por vacaciones o, al menos, los sitios que no son para guiris, especialmente en la zona playera, pero no. El barrio del Cabañal, marítimo, genuino y más vivo que nunca, mantiene abiertos la mayoría de sus comercios este mes de agosto pero además suma atractivas propuestas como la promovida por Turiart Secretos del Cabañal, una ruta cultural nocturna todos los jueves a partir del día 6 iniciando con una visita guiada desde la estación de trenes hasta las entrañas del barrio, narrando anécdotas o curiosidades, por ejemplo que artistas valencianos como Joaquín Sorolla o Josep Renau escogieron este escenario para inspirar sus obras.

En la actualidad, si pateamos sus calles y nos adentramos en su cotidianidad podemos descubrir que ciertos agentes culturales de la ciudad están desplazando su lugar de residencia al Cabañal, adoptándolo como barrio propio o, en realidad, siendo adoptados por él de buena gana. Profesionales del ámbito del arte contemporáneo, música, cine y televisión, como Pau Martínez González, realizador de las conocidas series Unió Musical Da Capo y La Alquería Blanca, habitan desde hace poco. Pero lo llamativo es que no son valencianos por definición quienes deciden dejar el centro para vivir cerca de la playa en una zona hasta hace nada tan castigada, son sobre todo foráneos los que están llegando, cada vez más para quedarse, algunos con una segunda residencia aquí, ideal junto al mar, otros para todo el año en una casa ajardinada de varias plantas que en su país de origen andaría fuera de sus posibilidades.

El económico puente aéreo París-Valencia lleva mucho tiempo facilitando las relaciones entre estas dos ciudades, resulta entonces comprensible el creciente fenómeno de los visitantes parisinos que vienen a veranear y terminan adquiriendo una propiedad donde quedarse, invitar a sus amigos a venir, pasar fines de semana o temporadas. Así, es notable el incremento del número de vecinos franceses que encontramos en el Cabañal, casualmente gran parte con profesiones vinculadas al mundo de la cultura. ¿Será cierto el tópico de que desde fuera siempre se aprecian mejor las cosas? ¿Es el Cabañal un nuevo nido para artistas internacionales como el barrio turco de Berlín, el Soho londinenese o nuestra Ruzafa?

De momento no estamos ante un proceso de gentrificación, no se equivoquen, la particularidad y el gran valor de estos nuevos vecinos es su proximidad, auténtico interés por la historia del barrio y la sinergia con sus gentes, sus locales, sus parques, sus calles, integrándose sin desplazar a nadie. Bares como La Peseta, La Paca o Ca La Mar, que ofrecen una experiencia distinta, atraen a un público joven y variado de dentro y de fuera de la zona, revitalizan un área casi olvidada, convirtiéndose, a la sazón, en puntos de encuentro para los vecinos, lejos del bullicio del turismo.

 

Michael Roy, reconocido artista internacional que acaba de exponer en la galería Espai Tactel de Ruzafa, y Anastasio Costoso, productor de televisión que realiza anuncios publicitarios por todo el mundo, son dos franceses que dejaron su casa de París para venirse a vivir al Cabañal. Buscaban una casa de varias plantas próxima al mar y conocían la costa levantina porque los padres de Anastasio nacieron en España, él extremeño, ella asturiana, emigraron pronto a la capital francesa y mantuvieron un chalé en Jávea para vacaciones. Anastasio y Michael, mirando agencias por internet, localizaron una casita valenciana que frente a las demás tenía un precio particularmente bajo. Consultaron y les explicaron que era vieja, se encontraba en un barrio "conflictivo" y contaba con una escalera original muy aparatosa de la que el siguiente dueño tendría que librarse, así que la necesidad de una reforma integral mermaba su valor.

Tuvieron que reprimir su alegría ante el agente inmobiliario cuando, al ver en persona la dichosa escalera, les enamoró. La adquirieron, considerando que fuese un refugio de fines de semana pero al conocer mejor el barrio, adecentar a su gusto las estancias y dar una mano de pintura, decidieron mudarse e invertir el proceso; ahora París es su segunda residencia, a la que acuden cada vez menos, mientras que su casa del Cabañal es el hogar que, con cariño, habitan junto a su hermoso gato pardo Rocco.

Al pasar más tiempo en Valencia Michael estableció relación con una galería joven y puntera, Espai Tactel, que el año pasado participó en una feria parisina. Se conocieron aquí no obstante, paseando por la ciudad, frecuentando amigos comunes entabló amistad con los dueños y, aunque el artista continúa trabajando simultáneamente con su galería de París, la prestigiosa Alain Gutharc, está trasladando su estudio porque aquí el anonimato le permite "conectar con un público nuevo, con curiosidad. Además el ambiente es más tranquilo para crear, me gusta el Cabañal, es como un pueblecito en la ciudad, hasta el bar más sencillo de tapas es agradable y los vecinos respetan tu intimidad, la comunicación con la gente es más fluída que en París", explica. 

Por su parte, Anastasio, que creció en el barrio de Belleville, donde predominan los inmigrantes y los que visitan París por primera vez lo temen por suponer que es zona de cierta delincuencia, dice que cuando escuchó hablar sobre el Cabañal al principio no se echó para atrás porque le sonaba a Belleville. "Pensé, los problemas de este barrio son parecidos al del barrio en el que crecí y éste, con su multiculturalidad y diversidad es un lugar interesante, supe que me iba a gustar vivir en el Cabañal. Aquí estamos al lado de la playa pero en una ciudad muy activa, con aeropuerto, metro fácil, aunque no tan turística como Barcelona...", cuenta. A lo que Michael añade: "Barcelona nunca nos gustó para vivir, siempre que vamos nos topamos con más franceses que españoles y nos gusta conocer a los lugareños, queremos una vida tranquila, no ser siempre turistas, por un cúmulo de circunstancias llegamos hasta aquí". "Una cosa llevaba a la otra, Valencia y, en concreto, el Cabañal, cumplía todo lo que buscábamos", apostilla Anastasio con una sonrisa dirigida a la extraordinaria escalera que atraviesa su casa desde el hall hasta la terraza.

Michael y Anastasio suelen tomar su aperitivo en un bar cercano llamado Ca La Mar. Su terracita alegre en la peatonal calle Justo Vilar les seduce hasta en pleno agosto a mediodía. No es un sitio típico abarrotado, es un bar que en un par de años se ha hecho popular por el trato simpático y un económico plato del día que va variando, cocina fresca, tapeo y postres caseros. Es pequeño y, sí, ya va siendo necesario reservar si se acude en fin de semana, pero vale la pena. Además cuelgan obras de pequeño formato de artistas noveles en un informal pero loable tiento expositivo para aportar un aire cultural a sus paredes, donde se halla escrito en letras azules el verso del poeta barcelonés Joan Salvat-Papasseit Dóna'm la mà que anirem per la riba ben a la vora del mar.

A pocos metros, en la acera de enfrente, se encuentra la peluquería unisex "Andrés y Ana" que los vecinos franceses conocen bien. Ana Belén Cozar, dueña y peluquera desde la mayoría de edad es hoy una joven emprendedora que compartió negocio con su padre durante muchos años en José Benlliure pero, con vistas a renovar la peluquería una vez jubilado él, pudo irse del barrio a un local nuevo listo para entrar sin embargo decidió abrir en Justo Vilar 34. Para ella el Cabañal es un lugar próspero en el que invertir sus esfuerzos y esperanzas. Le gusta la clientela, el trato con los vecinos, ve el rumbo que está tomando la zona con mucho optimismo y no para de trabajar. Es una persona valiente y tenaz, alquiló el ruinoso bajo de una antigua joyería y le lavó la cara, lo reformó, instaló su peluquería y ahora están rehabilitando la fachada entera.

Ana apostó por lo que otros querían destruir, arrasar, expropiar o derribar, ella se quedó y trabajó por levantar el barrio. Ahora el suyo es uno de los negocios más prósperos, en su modesta medida, que genera un fluir constante de gente, clientes que vienen a la peluquería y a menudo esperan tomando un café a unos pasos en el bar Ca La Mar, donde Anastasio y Michael almuerzan. Le preguntan a Ana si también arregla barbas, ella ríe "por supuesto que sí, volved cuando queráis". Los dos franceses lucen unas buenas barbas y están encantados de tenerlo todo a mano, el mercado, los bares, la playa, la peluquería...

En su lance Ana no estuvo sola, la ayudó a dar el salto, además de su familia, el arquitecto valenciano y profesor de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Valencia Carlos Salazar, que estudió las posibilidades del bajo y del edificio desde el comienzo y la apoyó para llevar a cabo su plan. El arquitecto, que también escribe regularmente para el diario Levante, ha manifestado su opinión sobre el asunto del Cabañal en numerosas ocasiones. Defensor del barrio y del pequeño comercio, argumenta que hay que fomentar iniciativas como la de Ana, que los vecinos emprendedores generen sinergias con el barrio.

Él adecuó el diseño a las reducidas posibilidades económicas de la dueña pero sin limitar la creatividad, consiguiendo crear un entorno cómodo y atractivo, muy diáfano, lleno de luz, que es lo que caracteriza su estilo. "Contemporáneo low-cost, sencillo, funcional y sin pretensiones, utilizando materiales asequibles, una arquitectura para el comercio, o sea, acogedora para los clientes y práctica en el día a día", define de este modo Salazar su intervención.

Vidas cruzadas, personajes que transitan un antiguo barrio marinero de la ciudad de Valencia objeto de discusiones y tensiones pero sin duda de un valor histórico incuestionable. Como un ente vivo, inteligente, que sabe lo que ha sufrido, el barrio siente y traza sus propias vías de regeneración a partir del establecimiento de lazos afectivos entre sus vecinos, que crecen en número y hacen piña. El hecho de que pille de camino a la playa es la excusa perfecta para visitarlo estos días, descubrir fachadas en las que no habíamos reparado, recorrerlo, zambullirse en él bien acompañado.

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7 comentarios

María escribió
10/08/2015 14:42

Patricia: 200% de acuerdo. Ya vale de pasarse. de paletos.los barrios son para sus habitantes, no para los que están de paso en busca de lo más. Solo nos falta otra oleada de coentor subvencionada con dinero público. Y para Juanjo Aliño, ¿ qué tiene que ver el cariño que se le puede tener a algo, Ciutat Vella en mi caso, con reconocer que hay al menos un centenar de ciudades solo en Europa, empezando por las italianas, que tiene barrios tan entrañables, para sus habitantes, como los nuestros. Y no van de descubridores del Mediterráneo como la autora del texto.

Patricia escribió
10/08/2015 10:24

Espero que este tipo de artículo no tenga mucha difusión. Si hay un motivo claro por el que algunos hemos decidido movernos hasta aquí, es precisamente por esa privacidad y ambiente tranquilo que aquí se respira. No soportaría que los nuevos inquilinos fueran la nueva clase de artistas de pasta caprichosos que van de lado a lado del mundo destruyendo el alma de los barrios. Yo personalmente viví en Berlín durante unos 12 años de idas y venidas y pude ver como se cargaban el alma de cada barrio hasta aborrecer la cuidad. Soy valenciana, y que se hagan artículos propagandísticos sobre estos barrios, no creo que le de el valor que merece. Que los ricos vengan a ocupar casas antes que los propios me molesta. Porque solo los que valoran la historia, antecedentes y que no se empeñan en cambiar la esencia de algo que ya es suficientemente importante y con personalidad propia, son los que deberían vivir aquí. La humildad esta reñida con las nuevas modas. Que den ayudas a la gente del barrio que va a ser expulsada por la nueva oleada de artistillas caprichosos.

Francesc escribió
09/08/2015 13:40

Costa Levantina? Ens hem tornat bojos, ValenciaPlaza? Som Valencians, no Levantinos!!!

Amparo Llagúes escribió
09/08/2015 11:13

Te recuerdo que el compositor y director de orquesta Bernardo Adam ferrero, aunque nació en Algemesi, vive desde hace 44 años en el maritimo y esta superintegrado en todos los eventos y actos culturales que se realizan en nuestro distrito.

Juanjo Aliño escribió
09/08/2015 00:27

Todos esos barrios que cuentas, María; yo no los he conocido; el Cabanyal sí. Viví al lado (al final de Blasco IBáñez) durante 25 años, los mejores de mi infancia que transcurrían, principalmente, en este barrio. Pero todos esos barrios no están en Valencia, el Cabanyal sí. Entranyable, maravilloso y digno de embobsarse con él. Claro que, a veces, las cosas hay que palparlas para valorarlas.

María escribió
08/08/2015 15:16

¿Solo de artistas? ¡¡El Cabanyal será el nuevo centro del mundo que como aquí no se vive en ningún sitio!! En cua to se meten en el mundo mundial, e islas adyacentes, será el nuevo París dl siglo XXI. ¡Dios cuanta petulancia para un barrio, como hay un centenar en Europa, que se cae a pedazos y es una extensión de una ciudad de provincias que si hoy es conocida por algo es por la reiteración de casos de corrupción.

JOSE ALEDON escribió
08/08/2015 14:27

Muy bueno el artículo, al que, para mí, solo cabe una importante puntualización: todos los lugares que se mencionan no están en el Cabanyal, sino en el Canyamelar o el Grau, como la taberna "La peseta" (el Grau), "La Paca" (Canyamerlar), "Ca la Mar" (Canyamelar), la peluquería "Andrés y Ana" (Canyamelar), el lugar donde vivió la familia Renau (Canyamelar). El Canyamelar también existe, está muy vivo y no quiere ser preterido.

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