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Josep Maria Pou: "La globalización nos ha dejado escépticos y adormilados"

BEGOÑA DONAT/ FOTOS: JERO MORALES . 04/08/2015 El actor catalán afronta el juicio y la muerte del filósofo griego Sócrates en el Teatro Romano de Sagunto en una obra de Mario Gas

VALENCIA. Josep Maria Pou es un (auto) reconocido estajanovista. En abril del pasado año, sin ir más lejos, en una entrevista publicada en este mismo medio, el catalán tenía en gira los montajes Los hijos de Kennedy y A cielo abierto, interpretada por él mismo, ultimaba el estreno de El zoo de cristal, oteaba la representación de Prendre partit, y ejercía la dirección artística del Teatre Goya de Barcelona.

Cumplidos los 70 años en la vida y los 48 sobre los escenarios, ha decidido bajar el ritmo. O eso asegura, escudándose en que ha paralizado cualquier otro proyecto que lo distraiga de su último alter ego, Sócrates, al que interpreta en Sócrates, juicio y muerte de un ciudadano. Y no es tanto la complejidad de las palabras del filósofo clásico ateniense cuanto el peso moral que las sobrecarga. El montaje, dirigido por otro prohombre de la escena, Mario Gas, arriba al Teatro Romano de Sagunto el miércoles, 5 de agosto.

—En un artículo de opinión firmado recientemente por ti en El Periódico relatabas como la cantante Patti LuPone había bajado al patio de butacas de una representación en Broadway para confiscarle el móvil a una espectadora. ¿Te has sentido tentado a emularla en alguna ocasión?
—Cada día. En muchas funciones me resisto a no saltar del escenario, arrebatarle el teléfono a alguien, echarle una bronca y ponerle en evidencia. Antes de este gesto tan radical, ya ha habido actores, yo entre ellos, que hemos cortado la función pidiendo que los espectadores apagaran sus móviles. En Valladolid corté una función porque así no se podía continuar. Era un concierto de móviles. Ahora el fenómeno ha cambiado y ya no suenan tantos rings, sino que desde el escenario ves un campo de luciérnagas. Los espectadores están más pendientes de la pantalla de su móvil que de lo que pasa en escena. Y es algo que ofende. No entiendo porqué se han gastado el dinero para consultar su teléfono. La gente está enferma.

—¿Qué diría Sócrates si abriera los ojos en 2015?
—Lo mismo que entonces. Saldría de casa por la mañana dispuesto a encontrar a alguien que quisiera hablar sobre lo que nos está pasando, y plantarle cara a la mentira. Lo que sucede es que le resultaría más complicado. La verdad de todo está tan oculta que vete a saber dónde coño está. No sé quién manda en el mundo, si la señora Merkel o una financiera oculta en los EEUU que maneja un señor desde un ordenador y está cambiando la economía mundial. Antes sabías de quién dependías, del alcalde de tu pueblo, del presidente del país o del dictador de turno, sabías a quién enfrentarte. Ahora no sabes nada de nada.

A cielo abierto era una reflexión sobre los ideales y los afectos en tiempos de crisis; Prendre partit, una denuncia de la manipulación del arte por la política. ¿Sócrates sigue esta línea de teatro de urgencia?
—Totalmente, pero no es una disposición de los últimos tiempos. Debuté con una obra revolucionaria, Marat Sade, de Adolfo Marsillach, una muestra de teatro político que marcó el camino que quería seguir. El 99% de mi teatro ha sido propicio a la reflexión. Estoy a favor de un teatro de debate, que facilite que la gente haga acopio de materiales para seguir hablando, que se lo lleve a casa.

—En Prendre partit afirmabas: "Los seres humanos son libres en todos los sitios donde se interpreta a Wagner y Beethoven. La música nos lleva a regiones donde los torturadores, ignorantes y asesinos no pueden hacer daño". ¿Qué hay del teatro, dónde nos lleva?
—Puedes sustituir los nombres por los de Shakespeare y Calderón, y el valor es el mismo, porque habla del espíritu del enriquecimiento, de huir de este mundo hacia otro superior, que es el que nos proporciona el placer del arte y de la belleza. Me pasaría la vida metido dentro de las obras de Shakespeare. Para mí es lo más grande. Podríamos eliminar todos los manuales de autoayuda que se han publicado en los últimos 50 años y acudir a cualquiera de sus obras cada vez que necesitásemos consejos. Ahí está toda la humanidad entera, como dijo Harold Bloom.

—Eso y aún conociendo el final de la historia, como en este caso, en el que el subtítulo es 'Juicio y muerte de un ciudadano'.
—Ficcionar la realidad es un artificio que se ha utilizado en todas las artes. Lo mismo nos pasa cada vez que vemos Edipo, Macbeth, La traviata, Hamlet... Por muy de memoria que te las sepas, verlas representadas desde fuera, objetivadas, te ayuda a descubrir nuevos puntos de vista. La semana pasada, unos espectadores que vinieron a Barcelona a ver el espectáculo me dijeron que se habían sentido envueltas por Sócrates. Habla de una manera tan llana y cercana, que su figura ha sorprendido, estudiantes de filosofía incluidos.

—¿De qué manera resulta sorprendente?
—Gran parte del público tiene la idea que de va a encontrar algo inasible, inalcanzable, un pensador aburridísimo que va a hablar mucho de filosofía. Y se encuentra con que Sócrates era un hombre afable, casi una especie de Sancho Panza, que iba descalzo por las calles, salía de su mañana a las ocho de la mañana, se sentaba en el poyete de una calle e incitaba a la gente a preguntarse cosas hasta llegar a la verdad oculta en el fondo. Y cabe aclarar que este hombre sencillo, que no cobraba un solo duro, que vivía de lo que le pagaban los amigos y los que le querían, no se sentaba a predicar, sino a hablar y discutir. No hablamos de un santón, ni de la perfección absoluta, él mismo lo dice antes de morir, su gran pecado era la arrogancia y el desafío, era un hombre muy vehemente y apasionado.

¿Qué te ha sorprendido durante la preparación del personaje?
—Cómo continuamente se están publicando libros sobre Sócrates. A lo largo de este año han aparecido uno o dos por mes. Quizás es porque el pensamiento socrático es más actual que nunca, pero parecía que estuvieran haciéndolo por mí (risas).

¿Has hecho tuya la frase: 'Sólo sé que no sé nada'?

—Es una frase a la que todos nos apuntamos, porque es la mejor manera de ir por el mundo. El que se cree que lo sabe todo mal va porque debe aburrirse muchísimo. Lo mejor es levantarse con ventanas y puertas abiertas para dejar que entre todo lo bueno. Yo voy por el mundo como si tuviera 17 años. La curiosidad es una de las mejores cosas que le pueden pasar al ser humano.

—¿Qué sabes que no sabes?
—Después de casi 50 años sobre el escenario, de vivir el teatro desde dentro, uno conoce muy bien y sabe mucho de lo que es su parcela. Ahora bien, del mundo en general nos sorprendemos todos descubriendo cada día que no somos libres como pensábamos. Una de las peores cosas es no saber qué está pasando en el mundo. Esta globalización nos ha dejado a todos un tanto aturdidos, escépticos y adormilados. 

—¡Qué decepción! En la obra se revela que la frase no era suya.
—Es lo que Mario Gas dice en el espectáculo. Ni Platón ni el resto de historiadores dicen que esa frase se construyera en su boca, pero sí que la gran sabiduría de Sócrates recaía en saberse un ignorante. A partir de ahí se hacía preguntas para ir adquiriendo poco a poco el conocimiento. "Sólo sé que no sé nada" resume muy bien su pensamiento.

—¿Con qué frase te quedas de este montaje?
—Me pone la piel de gallina decirle a los atenienses: "Avergonzaos de no haber pensado más que en amontonar riquezas, en adquirir créditos y honores y en despreciar los tesoros de la verdad y la sabiduría". Esta afirmación habla de la pérdida de valores, del maltrato a la cultura, el conocimiento y la inteligencia, que tristemente se ha producido en este país en los últimos años.

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1 comentario

Huxley escribió
12/08/2015 10:29

A mí estos mantras contra la globalización, fabricados generalmente por la Izqda., y que quedan muy guay para tener carnet de progre, no dejan de sorprenderme. Primero porque la primera idea sobre la necesidad de la globalización como objetivo solidario entre los `pueblos no surge de ideologías conservadoras sino muy al contrario de socialistas y comunistas. Segundo porque gracias a los pasos, que por ejemplo se han dado en España hacia la globalización que empieza en la U.E., aquí no estamos otra vez a tortas como en el 36. Y paradojicamente la UNIDAD de España no la garantiza el Rey, como tontamente se dice, sino nuestra integracion en Europa. ¿Alguien se imagina la actual situación con los Nacionalismos locales sin el respaldo de la U.E.?Tercero, porque el mundo estará globalizado,.....o no estará. Los grandes problemas para la supervivencia del planeta requieren soluciones globales que solo se pueden tomar desde un gobierno global. La lucha por tanto contra la globalizacion es retrograda, la exigencia logica que se debería instaurar es como hacer que ese gobierno global no sea una dictadura , de personas, empresas o grupos..

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