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MITO GÓTICO

Drácula, historia de un desconocido

JAVIER CAVANILLES. 25/07/2015 David J. Skal repasa el accidentado ascenso a la fama de uno de los personajes más veces adaptado de la historia del cine

VALENCIA. En 1897 el irlandés Bram Stoker, gerente del Lyceum Theatre de Londres, publicó su quinta novela. Hasta la fecha, ninguno de sus libros anteriores había pasado de un discreto éxito y lo mismo podría decirse de los que escribiría después. Sin embargo Drácula sí lo fue. Más de un siglo después, el vampiro puede presumir de ser el segundo personaje de ficción (el primer es Sherlock Holmes) más veces adaptado al cine. Es Pop edita ahora Hollywood Gótico: la enmarañada historia de Drácula, el clásico de David J. Skal publicado originariamente en 2004 pero que el autor amplió hace un par de años.

Si hay alguien capaz de seguir los pasos del vampiro más famoso de todos los tiempos a través de la literatura, el teatro, el cine y la cultura pop ese es Skal. No solo es uno de los mayores expertos en el tema -puede que el mayor- hasta el punto de que recuperó la versión en español del clásico de 1931 sino que prepara la que, se supone, será la biografía definitiva sobre Stoker: Bram Stoker: The Final Curtain.

Lo primero que llama la atención sobre Drácula, el libro, es lo poco que se sabe. Se han hecho cientos de interpretaciones -todas ellas con tintes de psicoanálisis de ir por casa- sobre las andanzas del vampiro. Que si es una crítica de la Inglaterra Victoriana, que si es una metáfora sobre la sífilis que padeció (o no, no está claro) el autor, que si hay que hay que hacer una lectura homoerótica, apoyándose en peculiar relación que Stoker mantuvo a lo largo de su vida con su jefe, el actor Henry Irving... No hay teoría, por extraña que parezca, que no haya sido ya esbozada.

Drácula (Bela Lugosi) en 'Abbott y Costello contra los fantasmas'.

¿QUÉ QUERÍA DECIR?

Lo único que se sabe a ciencia cierta es que nadie sabe qué motivó a Stoker para escribir el libro. Desde luego, el género no era nuevo. Cuando Lord Byron publicó su poema The Giaour (1813), la leyenda de los no-muertos ya era bastante popular (Goethe publicó en 1797 La novia de Corinto) Pero la idea moderna, alejada de las leyendas locales que dieron origen al mito, se consolidaron con Byron y su amigo John Polidori (en 1819 publicó El Vampiro). Ellos le dieron ese toque romántico que aún perdura, más o menos, como hizo John Milton con Satán.

Es difícil saber cuántas obras de teatro o libros había sobre elegantes chupasangres cuando Stoker publicó su libro, pero lo que está claro es que el pescado estaba ya vendido. La capa, por ejemplo, se incorporó al mito en 1847 con Varney el vampiro, escrito por James Malcolm Rymer.

Se sabe que el irlandés tenía en mente una historia de vampiros desde, al menos, un par de años antes de escribirla, pero poco más se puede decir. De las pocas notas que se conservan o las escasas entrevistas que realizó no se puede deducir que su obra fuera un roman a cléf con distintas lecturas. Por no saberse, no se sabe ni cuánto tardó en escribirlo. Capaz de redactar 50 cartas al día, puedo haberlo acabado en una semana o haberle dedicado un año. Quizás pensó en varios niveles de lectura o, simplemente, se dejó llevar por lo que se le iba ocurriendo. No se sabe lo que pasó por su cabeza.

Hay que entender que Stoker era un escritor bastante mediocre, para el que la literatura era algo más que un hobby pero no llegaba a un trabajo. Nunca pudo imaginar el éxito que tendría su libro y aunque fue un éxito de crítica y las ventas no fueron malas, no vivió ni siquiera para ver la primera adaptación teatral. Jamás pudo imaginar lo que vendría después así que, es muy probable, que nunca sintiera la necesidad de explicarse.

Gary Oldman, Drácula en la versión de Francis Ford Coppola.

SOLO NO PUEDES

Pero hay más incógnitas. Teniendo en cuenta que era un escritor considerado bastante del montón, ¿por qué Drácula es diferente e incluso tiene una estructura tan original, que es probablemente la causa de su éxito? Esa pregunta tampoco tiene respuesta... o sí. Según dejó escrito nada menos que el mítico H.P. Lovecraft, "conozco a un anciana que casi tuvo el trabajo de revisar Drácula allá por 1890, Vio el manuscrito original y dice que era un despropósito. Al final, algún otro (a Stoker le pareció que el precio solicitado por la señora era demasiado elevado) le dio la forma que ahora tiene". ¿Mintió el de Provindence? ¿Quién era esa mujer? Nadie puede dar una respuesta definitiva.

Solo hay una cosa que parece estar clara: el Drácula de Stoker no le debe nada a Vlad el El Empalador. La elección del nombre, por su sonoridad, fue más o menos casual tras manejar otros como Pokol o Ordog. Al final se decidió por uno que, casualmente, era el que usaba la casa del príncipe de Valakia. Ahí acaba la relación.

Aunque nunca fue un éxito de ventas, Drácula se convirtió en un long seller que permitió a la viuda de Stoker (Florence) sobrevivir con cierta dignidad. Eso sí, no le resultó fáci. Primero, por su batalla para lograr que se destruyera todas las copias de Nosferatu (1922), la primera traslación al cine de la novela que se hizo sin pagar derechos de autor. F. W. Murnau era muy fan de esta práctica: en  1920 ya había firmado Der Januskopf, una versión no autorizada de El Dr. Jeckyll y Mr. Hyde.

 El actor Max Schreck en 'Nosferatu'

Y luego llegaron los problemas de las adaptaciones (hasta tres), que no hicieron más que complicar la negociación cuando Tod Browning y la Universal decidieron hacer la primera adaptación autorizada y para ello contaron con un semiodesconocido actor húngaro llamado Bela Lugosi, que se paseaba por los escenarios americanos en plan folla mises a la hora de aceptar un papel, sin hablar ni papa de inglés y con un currículum más falso que los murciélagos de sus películas.

Daría para otro artículo la cantidad de anécdotas que rodearon la pelícua de Browning, la primera cinta de terror de la historia del cine sonoro. Sorprende ver como una gran producción acabo convertida en una película low cost, con un Lugosi aceptando un sueldo de becario para conseguir el papel (nadie lo quería) y la desidia de Browning, que aún no se había repuesto de la muerte de su amigo Lon Chaney. El que quiera saber más que se haga un favor y se compre el libro. 

Y eso es sólo el principio de un libro que abarca prácticamente hasta nuestros días y que Skal salpimenta con todo tipo de anécdotas que harán las delicias de los amantes de la cultura popular, independientemente del interés que sientan por Drácula y sus andanzas. En definitiva, una obra más que recomendable -con abundante documentación poco conocida- cuyo único fallo es no incluir Brácula (Álvaro Sanz de Heredia, 1997) entre los títulos más reconocidos de este subgénero y, en cambio, cometer la crueldad de recordarnos que, allá por 1982, el gran Luis Escóbar interpretó al vampiro en Buenas noches, señor monstruo (Antonio Mercero) a mayor gloria del grupo Regaliz.

Pero lo importante es que la leyenda no muera. Esta misma semana, un grupo de tarados se adentró en el cementerio de la Iglesia de Southwest en Stahnsdorf (cerca de Berlín) y robó la cabeza de Murnau. Es la tercera vez que violan la tumba de quien murió de manera bastante metafórica: algo le estaban chupando y no era la sangre del cuello cuando un accidente de coche le costó la vida.

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