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ESTUDIO DE ESCRITORES - FEBRERO 2015

Ferran Torrent
El tigre de Sedaví

MARTÍ DOMÍNGUEZ / FOTOS: JESÚS CÍSCAR. 22/07/2015

VALENCIA. Para mi generación, Ferran Torrent siempre será el autor de No emprenyeu el comissari y de Un negre amb un saxo. Quizá éstos sean los primeros libros que leí en valenciano, durante mi bachiller, y ya entonces me impactó la naturalidad de la lengua, y en especial el realismo de los diálogos. Ferran Torrent es un creador de personajes potentes, extremos, que literariamente se sustentan por los diálogos, vívidos y naturales. Su obra (con la excepción de Gràcies per la propina, por su contenido más autobiográfico) es una amplia descripción del paisanaje valenciano, de ese zoo humano poblado de tipos singulares, entrañables y sinvergüenzas, gente de toda condición y pelaje. Pero todos ellos, desde el más corrupto al más desdichado, son auténticos, sin imposturas, sin trampas ni cartón.

Cuando nos recibe en su residencia de Sedaví, una casa de pueblo de la calle del pintor Sorolla, Ferran Torrent inicia un monólogo que sólo se agotará dos horas y media después, cuando demos por finalizada la entrevista. Ferran ya conoce el motivo de nuestra visita, y no nos deja preguntar nada, o casi nada. «Aquí tengo las novelas» me dice enseñándome una librería en la entrada. «De vez en cuando hago algo de limpieza, y dejo sólo lo que me interesa... Me deshago de novelas imposibles, de traducciones infumables, como esas de Josep Carner, llenas de quelcoms, nogensmenys, y... ¡Hostia que estamos en el siglo XXI! ¡Un poco de naturalidad! Una cosa es escribir como se habla y otra escribir así. Yo tengo dos valencianos: el súper, que es con el que escribo, y el diésel, que es el que utilizo para hablar aquí en el pueblo... Y esta mesa escritorio tan bonita, tan de escritor, la utilizo poco. Demasiado mamotreto. Escribo en la sala de arriba, en una mesa muy barata, pero mucho más útil».

Se lanza escaleras arriba, y Jesús Císcar y yo lo seguimos. Viste de azul oscuro, y calza unas botas de paracaidista, que le dan un aspecto algo paramilitar, como si se hubiese vestido así para alertarnos de algo. «Aquí es donde escribo, aunque en realidad también es la sala de la asistenta», comenta mostrándonos un tendedero plegable, donde cuelgan unos calcetines, unas camisetas y unos calzoncillos, perfectamente sujetos por unas pinzas de colores. «La mesa me la hizo un carpintero del pueblo. Le pedí que fuese grande, cómoda y con forma de ele... Y en esta librería tengo el ensayo, libros de referencia».

Echo un vistazo y veo las obras de Josep Pla. «A Pla siempre vuelvo. La verdad es que el último libro, La vida lenta, me ha gustado mucho. Se ve ya el Pla insomne, inquieto, que lee en la cama, y su obsesión por Aurora... Ordené los libros por el nombre del autor, y fue un error, porque casi nunca me acuerdo del nombre y siempre del tema».

SUDA LA CAMISETA

Ferran Torrent no para de hablar, y su explicación es divertida y ocurrente. Jesús Císcar ríe y yo no acierto a anotarlo todo en mi cuaderno. Quizá debería haber traído una grabadora, pero... Ahora le explica a Císcar que a principios de la crisis económica, con la quiebra de los bancos, sacó todo el dinero que pudo de su cuenta y lo ocultó entre las páginas de la Biblia y de una biografía de Hitler. «Si entran los ladrones no lo buscarán allí... Se lo conté a un amigo, para que lo supiese por si me pasaba algo, y para que sobre todo no vendiesen la biblioteca, y el hombre además siguió mi ejemplo, sacó su dinero y lo puso entre sus libros, pero como es muy despistado ahora no recuerda dónde está...».

Río y le pregunto por un cuadrito del pintor Andreu Alfaro, un desnudo femenino de una poderosa afrodita. «Le envié a Alfaro una felicitación por Navidad con una foto de Rosita Amores, y los versos de la canción popular Ximo Torero i la nóvia, se n'anaren a berenar, ella portava bon magre, tomateta i dos grans panquemaos y Alfaro me contestó con este dibujito. La tinta se está borrando poco a poco, y lo interpreto como una bonita metáfora de la vida. Afortunadamente los panquemaos de la novia siguen como el primer día».

Hablamos de su nueva novela, que está a punto de salir. «Se titulará Un dinar un dia qualsevol, un título que no ha gustado nada a los editores. Pero al final lo han aceptado. Trata de un periodista que se ha visto afectado por un ERE, y que inicia una investigación sobre unos terrenos del Valencia CF. Los editores querían un título que aludiese a la corrupción, al desenfreno, no sé... Pero la novela es mucho más que eso... Cuando acabo una novela empiezo el primer capítulo de la siguiente. Es una estrategia, para no tener la sensación de que me he quedado vacío... Unos meses después lo retomo, y a lo mejor ese capítulo no sirve ya para nada. Bueno, sirve para darme cierta tranquilidad».

Le pregunto si es algo neurótico. «Neurótico, no. ¡Paranoico! ¡Paranoico! Llamo al doctor Ramón Pina, que es mi médico y amigo, y le digo: ‘Ramonet, dona'm vitamines!' Después de una novela me quedo vacío, exhausto. Lo pongo todo cuando escribo, soy de los que suda la camiseta. Trabajo como los obreros de la Ford: en tres turnos. ¡Mañana, tarde y noche! Y creo que esta última novela es de las mejores, al menos por su estructura».

EL CORREO ‘RECOLLONS'

Mira a Jesús Císcar y aprovecha para pedirle una fotografía para la solapa de su nueva novela. Jesús dice que claro, que se la enviará: «Pero no me saques sonriente. No hay nada peor que salir sonriendo, sobre todo si se trata de una novela de humor». Císcar dice que no, que esté tranquilo, que le pase su correo electrónico y que mañana mismo la tendrá.

Ferran se lo escribe en un post-it y Jesús lo lee y no lo acaba de entender. Arroba y ¿qué más? ¿Snollocer. com? Ferran dice que sí, que snollocer, que es recollons al revés. «Es una empresa del pueblo. Fue el crítico Isern quien me advirtió de la broma... ¡Toda la vida diciendo snollocer y la gente escribiendo snollocer sin saber que era recollons! Pero son las cosas de los dominios. Por ejemplo, el dominio con mi nombre lo tiene una empresa, que pide una pasta por él».

En la casa hay varios cuadros de Josep Sanleón, el pintor de Catarroja. Me explica que les une una buena amistad. «Aunque los pintores tienen más ego que los escritores. Mucho más. Y no sé a qué es debido, porque para mí su oficio es bastante más fácil que el nuestro. Sobre todo si es como Sanleón, pintura abstracta. A veces le digo: che, Pepe, déjate de historias, lanza un cubo de pintura al lienzo y después haces una intervención... En cambio, a los escritores se les pasa por la prueba del algodón. Que si la estructura, que si el idioma, que si los personajes, que si el ritmo narrativo... Mucho más trabajo y, en cambio, ganamos mucho menos, si no nos morimos de hambre. Quizá los editores deberían pensar en poner publicidad en los libros. Por ejemplo, este libro ha sido esponsorizado por Porcelanosa. O por Toldos Navarro... De verdad, en esta última novela me he dejado la piel. No sé escribir tranquilo, relajado. No soy de esos escritores que abren la ventana, miran un rato el algarrobo del jardín, y vuelven a escribir sosegadamente... No, no...». 

Jesús Císcar quiere tomar algunas fotografías en el casino de Sedaví, uno de los ambientes más torrentinianos. Salimos y Ferran me dice, indicándome una casa de enfrente: «Ahí vivía mi vecina Amparito. Cuando publiqué mi primera novela se la llevé. Me dijo: ‘Açò està en català!'. ‘¿I això per què ho diu, Amparito?'. ‘Perquè el valencià no s'escriu, tan sols se parla'». Y dicho eso, Ferran Torrent avanza con paso enérgico, sobre sus robustas y pesadas botas, hacia la plaza del pueblo. Por algo lo llaman ‘el tigre de Sedaví', pienso, mientras lo sigo de lejos, apuntando mis últimas notas.

(Artículo extraído del número de febrero de la revista Plaza)

 

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