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CRÍTICA DE LITERATURA

Taqwacores, profetas con cresta del punk islámico

EDU ALMIÑANA. 13/07/2015
Los actores Dominic Rains y Bobby Naderi en la película ‘The Taqwacores’.

Herejes y blasfemos para algunos, fieles devotos o nuevos santos para otros; una novela de ficción que habla de la ficción que es la libertad en mitad de la sumisión. Puro terrorismo intelectual

VALENCIA. Rabeya viste un burka adornado con parches de bandas. Ayyub El Magnífico es un toxicómano que lleva tatuado Karbala en el pecho, un homenaje a la batalla en la que perdió la vida el nieto del Profeta. Jehangir Tabari es el ángel salvaje con cresta que seduce y enseña, que fornica y bebe hasta perder el sentido. Umar es su alter ego formal, straightedge y musulmán recto, un maestro guerrero permanentemente enfadado. Dawud El Rude está abandonando poco a poco su identidad sudanesa para transformarse en caribeño. El indonesio Fasiq Abasa no encuentra mayor placer espiritual que el que aporta subir al tejado a fumar cannabis mientras se contempla la creación junto a un Corán. Por su parte, Yusef Ali, sin ningún atributo que destaque entre tanta paradoja, se define de la siguiente manera: "Hola, soy Yusef. Suní, de origen paquistaní, estudiante de ingeniería, de buena familia".

Yusef es el cronista ficticio de esta novela llamada The Taqwacores (Ginger Ape Books&Films, 2014), concepto que hace alusión a la taqwa -la piedad o temor de dios- y al hardcore, empleado por el escritor converso Michael Muhammad Knight (Nueva York, 1977) para poner nombre a la supuesta generación de jóvenes musulmanes punk de los USA que estiran hasta límites imposibles la fe de sus padres.

Una fe que ellos reivindican como parte fundamental de su ser, un Islam cuestionado, reinterpretado y revisado, crítico y despojado de la sagrada carcasa de la tradición y la norma; un Islam reducido a un mensaje y a un sentimiento extático que eriza los vellos de los brazos de puro amor y que en realidad, están inventando ellos mismos desde la anárquica casa de Buffalo (Nueva York), en la que habitan y sobreviven. Ellos y bandas punk con nombres como Osama bin Laden's Tunnel Diggers, The Ghilmans, Infibulateds, Mutaweens o The Burning Books for Cat Stevens, que en lugar de provocar con esvásticas, lo hacen con llamativas Estrellas de David cosidas a sus chupas malolientes y desgastadas.

"No tiene sentido tratar de entender el punk: ni qué es lo que defiende ni contra qué lucha. Va contra todo. El cantante de los Vote Hezbollah se meó en un Corán. Todos disfrutaron con ello. Cogió entonces el kitab, lo agitó salpicando algunas gotas, pasó cuidadosamente las hojas húmedas y recitó la sura Ya Sin con absoluta sinceridad. En cierto modo, todo aquello tenía sentido".

¿Lo tiene? Esta es la cuestión principal que se plantea una y otra vez a lo largo de la novela. ¿Se puede ser un buen musulmán consumiendo drogas, practicando sexo desenfrenadamente, teniendo un montón de amigos kafr -infieles, impíos, que cometen pecado-, transgrediendo todos los protocolos del rezo o incurriendo en un sinfín de conductas haram -lo prohibido, lo contrario a halal-?

"Kufr. Kafr. Kafeer. Kafirun. Es nuestra palabra para distinguir entre ellos y nosotros, y apartarlos a ellos. No escuches eso, son pensamientos kafr. El canalla del presidente nos ha vendido a los kafrs. Resulta tan complicado educar a tus hijos musulmanes en una sociedad kafr. Los kufrs y su alcohol. Los kufrs y sus adolescentes embarazadas. Eso es un problema kufr. Menos mal que somos musulmanes".

Aparentemente no, no se puede ser un buen musulmán si uno es casi indistinguible de un kafr. Sin embargo, la cuestión se vuelve resbaladiza: los taqwacores no prestan atención a la sunna* -conjunto de usos y tradiciones del Islam-, y desde luego, son denostados por una muy, muy amplia mayoría de correligionarios. Pero por otro lado, ¿qué hay de la fe pura y expansiva que albergan? ¿Qué ocurre si es más auténtica que la de aquellos que constituyen multitudes irreflexivas y adoctrinadas? ¿Qué pasa con la historia de la prostituta que dio de beber al perro anteponiendo el bienestar del can sediento al suyo propio, y que fue recompensada por ello?

AMERICAN MUSLIM 

¿Han llegado los taqwacores -u otras facciones alejadas del estándar- al Islam para destruirlo o para refundarlo? Sus sueños de una nueva visión y una nueva forma de vivir en la fe acabarán con ellos condenados a lo Salman Rushdie o acabarán con ellos santificados. Muchos movimientos que ahora son instituciones se originaron en una escisión, en un acto subversivo o incluso en lo que fue considerado una espantosa y pecaminosa traición. Jehangir Tabari cree que EEUU será el escenario del cambio.

"Deberíamos ir alguna vez al oeste, Yusef Ali. Conseguir una furgoneta, formar algo así como una jamaat interestatal. [...] Y por el camino iríamos recogiendo a todos los ulemas maricones, imanes borrachos, ayatolás punk, muftíes masoquistas, shaykhs yonquis, mulás retrasados y todos los vulgares maulanas con los que nos topásemos; los subiríamos a la furgoneta hasta que ya no cupiese nadie y la gente estuviese colgando de las ventanillas, ¡como en la jodida Rawalpindi! Mierda, amigo, nos bajaríamos por la I-90. Y terminaríamos en Khalifornia".

fotograma de  ‘The Taqwacores’.

Podrían ser los taqwacores una especie de teólogos de la liberación, o podrían ser simplemente unos bellos chalados neobeatniks con aleyas tatuadas en los brazos recitando sus adhanes en la cima de un alminar desde el que se ve como en ningún sitio el ocaso de la civilización. Al fin y al cabo son solo una idea: la fuerza irresistible contra el objeto inamovible.

 

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* El libro cuenta con un glosario al final que facilita la comprensión de los términos arabo-islámicos que por fuerza tienen que aparecer en la historia en su forma original. Pero es que además, la editorial ha colgado en internet el glosario para hacer todavía más fácil la lectura. Puedes consultarlo siguiendo este enlace.

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