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EL CABECÍCUBO

Sito Pons vs Joan Garriga: la rivalidad de dos catalanes que tuvo en vilo a España

ÁLVARO GONZÁLEZ. 20/06/2015 Mediaset profundiza en el lado humano del deporte con un documental sobre Sito Pons y Joan Garriga que deja al descubierto una posible corrupción municipal y la cara oscura de los deportistas "triunfadores"

VALENCIA. En mi barrio en los 80 había un comercio regentado por un tío joven con su mullet, pelo corto por delante y largo por detrás, que escuchaba heavy metal y llevaba siempre pantalones elásticos cuando era de criminales, no de intelectuales sibaritas. En la pared de su tienda había un póster gigante, era un motorista y ponía en letras enormes: GARRIGA. Sin el Joan —el nombre de pila de ese piloto— sin frivolidades, sin adornos. Fue hace muchos años, pero para los que éramos críos entonces nos dejó huella en la memoria la rivalidad entre Joan Garriga y Sito Pons en el mundial de 250 cc de 1988. Nosotros no entendíamos nada, pero como luego Pons tuvo, al igual que Aspar y Ángel Nieto, un juego de ordenador de CPC, así que de alguna manera comprendimos más tarde que Sito era el mainstream y Garriga el punk. Con los años vimos que no  nos equivocamos demasiado.

Todo esto viene a cuento del documental que emitió Telecinco el fin de semana pasado por el Gran Premio de Cataluña. Cuentan que su calidad se debe indirectamente al extraño trato al que llegó Mediaset con MoviStar, que emite todas las carreras en directo y Telecinco en diferido, menos los grandes premios españoles, que los dan los dos a la vez. Y por esa competencia con el cuchillo entre los dientes surgen documentales como éste, La última vuelta. La guerra por la audiencia a veces da buenos frutos, no todo tiene por qué ser a ve quién grita más alto el insulto más gordo y tiene detrás entre los figurantes los tíos más musculados y las tetas más grandes.

Desgraciadamente, el documental no se centraba en la faceta deportiva de esta rivalidad. Sería un guión trepidante, carrera por carrera. Como dicen los entrevistados, estuvieron ganando prácticamente una cada uno alternativamente en cada gran premio, aquello fue de infarto. El primer doblete del motociclismo español. Como cuentan, la gente se llevaba la televisión a la playa para seguir las carreras. Llegó más lejos que los Madrid-Barça neuróticos que sufrimos ahora en el balompié.

Garriga era el nervioso, el espontáneo, el corredor racial. Pons el frío y calculador, de "cerebral", le califican en el docu. En España hemos tenido siempre esos dos modelos de pilotos. Cuando Crivillé ganó el campeonato de 500cc, al menos en la meseta, había muchos aficionados que le despreciaban por su estrategia conservadora a la hora de afrontar el campeonato. Existía una querencia por los pilotos más eléctricos, pero en el país han sobrevivido ambas escuelas. Que se lo pregunten a Lorenzo y Pedrosa.

Entonces la rivalidad fue tal que la famosa foto que se sacaron tirando de una cuerda tuvo que ser idea de un fotoperiodista italiano. Explican que si hubiese sido español se habrían negado. Y para una foto en la que aparecían jugando al ajedrez en una revista española, hubo que citarles por separado. Sito exigió que apareciera al lado del tablero una lata de Coca-cola mojada, con gotitas, y un llavero de Campsa. Joan no pidió nada, pero cuando le informaron de las exigencias de su rival, puso un paquete de Ducados, su sponsor, encima de la mesa. Un detalle así bastaba cómo explicación en los barrios de por qué Garriga era el mejor: "míralo ahí, con su paquete de trujas...

Una pena es que el documental tenga de banda sonora música indie. En 1988 en los aficionados a las motos sonaban más grupos como Def Leppard, pero nada es casual. Este trabajo intenta sensibilizar con los problemas que sufrió Joan Garriga después. Se le quemó la nave donde tenía el camión y sus motos cuando perdió el sponsor. No se sabe por qué, dice uno del equipo arqueando la ceja, pero desde ahí sufrió una cuesta abajo.

Se introdujo en el mundo de la droga, se deprimió. En fin, la historia de siempre. Pero la clave de su decadencia fue cuando le quitaron su casa, de un millón de euros, por una deuda de 20.000 en conceptos de IBI's e impuestos. A partir de ahí, en el peor momento, fue el abogado de Garriga el que llamó a Sito pidiéndole ayuda y éste acudió y alojó a su rival en un hotel. Estaba durmiendo en un coche con su perra. Había perdido todo lo que tenía en casa. Todos sus trofeos, incluida la antorcha olímpica de Barcelona 92, porque no le dejaron volver a entrar a su casa a coger ni los enseres personales.

Garriga sufrió un infarto poco después y Sito le sacó una foto para distribuirla en los medios y denunciar su situación. En el documental se atreven a calificar la expropiación de corrupción municipal. A la espera de una investigación periodística solvente sobre el suceso, la frase del documental es la explicación de por qué Sito Pons hace causa con él y trató de ayudarlo en la medida de lo posible: "es una persona muy importante en mi vida porque fue muy rival". Una lección.

Las siguientes imágenes de Pujol dándose un baño de multitudes con ellos cuando llegaron como primero y segundo del campeonato del mundo ya huelen a otra cosa. Les promete en directo y ante las masas y los periodistas que creará un Gran Premio en Cataluña. Y cumplió, pero visto lo visto, a lo que huelen es a ese nocivo uso político de los éxitos deportivos que todavía está por desnudar en toda su integridad en España, país con senadores deportistas acusados por dopaje.

Volviendo al origen del texto, lo mismo que hoy son MoviStar  y Mediaset los que compiten por dar la mejor retransmisión, en su día fueron TVE y TV3. Entonces en lugar de disputarse la audiencia con un buen documental o retransmisión de calidad como las de MoviStar fue algo mucho más español, una lucha de derechos carne de leguleyos. Pero lo relevante hoy es que Mediaset ha sabido mirar más allá de los espurios resultados de la competición deportiva y profundizar en el aspecto humano. Una iniciativa periodística y televisiva que se agradece en todos los géneros, de los conflictos internacionales al trivial deporte, que a veces no lo es tanto. Y ese presunto tejemaneje municipal descubierto solo a raíz de la desgracia de Garrriga es la prueba.

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