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crítica de literatura

¿Dónde está mi Frappuccino? Corea y la fiebre del café franquicia

EDU ALMIÑANA. 01/06/2015 'Crónicas de la Era K-Pop', de Fernando San Basilio, es un divertidísimo recorrido literario por el fenómeno de las cafeterías en Corea del Sur

VALENCIA. Fernández se encuentra en Corea del Sur y no sabe cuánto tiempo permanecerá ni cómo lo hará, ha llegado para participar en la Feria Internacional del Café, que tiene lugar en el país del café franquicia, un país completamente seducido —e incluso sometido— al fragante aroma de estos establecimientos especialistas en frappuccinos, cappuccinos, mocaccinos, variedades de grano etíopes y casi cualquier cosa relacionada que suene exótica. Nada de vulgaridades como un café con leche o un cortado. El café franquicia en Corea del Sur es un fenómeno social desbordante, una auténtica fiebre que hace confluir a legiones de coreanos en los nuevos templos del oro negro no petrolífero.

Es en este escenario asiático henchido de cafeína en el que transcurren todas las historias que Fernando San Basilio ha querido incluir en Crónicas de la Era K-Pop —publicado por Impedimenta—, un conjunto de paisajes sociales retratados con un humor fino e inteligente, habitados por una serie de protagonistas que de un modo u otro representan la idiosincrasia de un país capaz de combinar la explosión floral de los cerezos con los más sofisticados avances domóticos.

San Basilio es un observador pacífico y minucioso, un analista implacable de las distancias cortas capaz de elaborar una fantástica crónica de un acontecimiento trivial. Producto de esta habilidad son los encuentros que estructuran el libro; si serán personas reales o aproximaciones de ficción es algo que queda en el aire, pero no hay manera de no quedar cautivado por ellos. Desde Lee Jae Eun, que estudia Terapia Ocupacional en la Universidad Yonsei y se acaba de comprar unas botas Dr. Martens verde botella, hasta Yoo Jong Sang, cínico experto en neuromarketing con toda una elaborada teoría acerca del lujo y el café, pasando por el barista italiano pura raza Guiscardo del Osso que se pregunta qué coño es un barista o por el enigmático y oscuro hombre de negocios de Oklahoma; casi cualquier personaje que aparece en la obra trae consigo un momento imprescindible.

Mención especial para el vendedor de ropa de segunda mano de un barrio bohemio amenazado, precisamente, por la moda: la gentrificación en todo su esplendor y una reflexión ácida y mordaz sobre el ser enrollado entre un sinfín de enrollados que precisamente por haber llegado después a serlo no lo son tanto y merecen mucha menos consideración, o ninguna. En todas partes cuecen habas, al parecer. También en Corea.

UN CAPPUCCINO POR 4500 WONES

Además de una novela, Crónicas de la Era K-pop es también un trabajo de investigación que trata de ofrecer respuestas a ciertas preguntas como: ¿qué hay tras el frenesí por el café de los coreanos? ¿Por qué un consumo tan elevado, por qué se consume tanto un producto tan caro? ¿Por qué nombres tan foráneos para empresas que en realidad son locales? A priori, es un verdadero enigma que llama la atención. San Basilio perfila una serie de ideas al respecto a lo largo de todo el libro, que por cierto, sea tal vez como ese bollo relleno de crema de Tous Les Jours, cuya brevedad lo hacía todavía mejor. ¿Existe demanda para tantas franquicias y para tantos negocios que se hacen pasar por cadenas? ¿En qué lugar se encuentran ahora las cafeterías previas al boom starbucksiano? Todo es un gran espectáculo de fuegos artificiales, colores brillantes, aromas diseñados por tostadores con bata blanca de laboratorio. Una gran comedia con secundarios como el entrañable Choi Chi Soo, que se resisten a aceptar que ya todo se ha desvirtuado y que el guión exige sacrificios, y que a lo mejor conviene plantearse una oportuna disolución en un generoso y humeante café con etiqueta de Guatemala.  

¿Será efectivamente que lo que busca el coreano es un espacio en lugar de un producto? ¿Será cierto que podrían servirle sopa de algas en un vaso de café con el membrete corporativo de su franquicia favorita y lo tragaría encantado y aseguraría que es un café fabuloso? Si tiene razón el cínico Yoo -experto en neuromarketing-, tal vez lo que se busque es poder pasar cuatro horas sin dar explicaciones a nadie por unos cuatro mil wones. Es una perspectiva perturbadora, una teoría que nos habla de vendedores de alienación, de la soledad en formato taza, que afortunadamente cuenta con una pequeña piedra en el zapato que la hace tambalearse: ¿y qué hay de quien lo pide para llevar? La pregunta queda aquí, el misterio del café franquicia continua.

I'M FERNÁNDEZ

De entre todos los actores que figuran en esta obra, sin duda, quien lleva sobre sus espaldas el peso de trasladarnos la visión del autor de la Corea del café es el ya mencionado Fernández; él es el eje que lo vertebra todo, él se alterna con todos los demás y sigue siempre ahí, acosado por la Agencia Favorecedora de la Internacionalización de la Economía Coreana que no encuentra la manera de devolverlo a casa, involucrado en situaciones desconcertantes, cuestionando a cada poco la esencia misma de la realidad: "a lo mejor este cerezo es todos los cerezos y todos los cerezos son este cerezo. En Seúl, un crujido anuncia el nacimiento de la flor".

Fernández transita por la vida en Corea dejándose llevar, parece no tener un objetivo claro, o al menos, no buscar nada en concreto más que ir rebotando de aquí para allá, como esas figuras geométricas en los antiguos salvapantallas de ordenador que impactaban contra los márgenes del monitor pero nunca lograrían salir de él. Como un vagabundo del Dharma pero menos rudo, Fernández hunde sus pies en lo mundano entendiendo que acaso ahí, en esa conversación, en ese matiz, en ese fluir de miles por las calles en el Cumpleaños de Buda, se encuentre la respuesta hacia la pregunta que ha estado todo el tiempo suspendida en el aire cerca de su oído, y que sirve como conclusión última o como jugada de vuelva a la casilla de salida: ¿Qué es esto? ¿Qué es todo esto?

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