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reestreno del clásico

40 anécdotas de 'Tiburón' que vuelve en junio, 40 años después de su estreno

C. A.. 30/05/2015 Charlton Heston quiso rodarla; Lee Marvin la rechazó; costó el triple de lo presupuestado e hizo historia

VALENCIA. Está considerada como una de las obras maestras de Steven Spielberg. Tiburón cumple este verano cuarenta años y, con la fiebre de las reposiciones, el anuncio este viernes de que regresará a la gran pantalla este verano para celebrar su aniversario ha sorprendido a pocos. Comprensible o no, producto de la mediocridad contemporánea o ejemplo de falta de imaginación, la moda de los reestrenos no va a dejar película clásica por recuperar o rehacer.

La película de Spielberg volverá a los cines estadounidenses a partir del próximo 21 de junio. Se podrá ver, de momento, en 500 pantallas de este país y no se descarta que llegue también a las sals españolas. Ya ha habido negociaciones en ese sentido entre distribuidoras españolas y los organizadores del regreso, Fathom Events.

Basada en la novela de Peter Bechley, protagonizada por Roy Scheider, Robert Shaw, Richard Dreyfuss, Lorraine Gary, Murray Hamilton, Carl Gottlieb y Jeffrey C. Kramer, Tiburón se convirtió en uno de los títulos más emblemáticos de la década de los 70, si bien su rodaje fue un caos y su producción estuvo llena de vicisitudes, que se pueden resumir en estas 40 anécdotas, desde la poco prometedora génesis de la novela hasta el éxito de taquilla de la película.

1. Inspirada en un hecho real. En 1964 Peter Benchley leyó una noticia de que un pescador había capturado un tiburón blanco de dos toneladas en la costa de Long Island. Pensó en escribir una novela sobre el tema. Tardó diez años en hacerlo, hasta que se le ocurrió el argumento durante un momento de depresión, sentado frente a la playa. A su mujer nunca le gustó la idea y le propuso que cambiara de historia.

2. Benchley nunca pensó que fuera a tener éxito. Cuando la novela apareció publicada en 1974, su autor, que falleció en 2006, no pensó tampoco que fuera a ser un éxito. "Era una primera novela sobre un pez, así que ¿a quién le iba a importar?", llegó a decir. Tiburón se une a la larguísima lista de novelas que arrasaron en ventas y en las que no creía ni su autor.

3. Una primicia editorial. La novela estaba en el despacho de uno de los productores de la película, Richard Zanuck. La había conseguido Helen Gurley Brown, esposa de David Brown, el otro productor. Gurley Brown era editora en la revista Cosmopolitan y pensó que el argumento le podía gustar a su marido y su socio. Así fue. La leyeron de un tirón ambos. Pagaron 175.000 dólares por ella antes de que saliera publicada. Con el tiempo Brown reconoció que si la hubiera releído se habría dado cuenta de lo difícil que era llevarla a la gran pantalla.

4. Spielberg robó las galeradas sin saber de qué iba. El título original Jaws significa mandíbulas. Spielberg robó una copia y se la llevó a casa sin saber si era, por ejemplo, una historia sobre un dentista loco.

5. No le gustó la novela. En posteriores entrevistas Spielberg no ha tenido reparos en admitir que no le gustó el libro. No le cayó bien ningún personaje. Llegó a decir que se identificó con el tiburón y no con las víctimas. Pese a eso, fue a ver a los productores y en una cena con Gurley y Brown les dijo que quería hacerla, que quería que fuera una película especial.

6. Spielberg no era el elegido. Pese a su interés oyó un ‘no'. El primer director en el que pensaron los productores fue el veterano John Sturges, autor de clásicos como La gran evasión. Cuando Spielberg se ofreció el proyecto estaba en manos del menos conocido Dick Richards. Lo que convenció a los productores para elegir a Spielberg fue que Richards, en la descripción de la primera secuencia, confundió ballena con tiburón. A Benchley le irritó. Y volvieron los ojos hacia el joven Spielberg.

7. El guionista que huyó. El guión era una de las partes más débiles de la película. La idea estaba bien, pero el argumento no acababa de funcionar, los personajes no eran creíbles... Consciente de ello, Spielberg llamó al cineasta John Byrum, recién llegado a Los Ángeles, para que le reescribiera. Cuando llegó al despacho del director, Byrum se encontró a Spielberg, 27 años de edad, divirtiéndose sentando en el suelo con un helicóptero de plástico que funcionaba a pilas. Mientras hablaban, Spielberg dijo que necesitaba escuchar su música para pensar y puso en el tocadiscos una banda sonora de James Bond. Byrum huyó horrorizado.

8. El guionista que no quiso salir. Los productores, preocupados por el guión, contrataron al dramaturgo Howard Sackler, autor de La gran esperanza blanca, quien pidió no constar en los créditos. Le daba vergüenza. Sackler solucionó gran parte de los problemas narrativos, pero no fue ni mucho menos el único que participó.

9. Quien tiene un amigo... Posteriormente se sumó el cómico Carl Gottlieb. Spielberg le conocía y confiaba en el criterio de su amigo. Quería su vis humorística, algo de alegría para la película. Le mandó el guión con una indicación: "Destrípalo". Gottlieb le respondió con tres páginas de recomendaciones para hacer la película menos tétrica. A Spielberg le encantaron sus sugerencias y le pidió que se sumara como actor, que eligiera un papel. Cuando Benchley le conoció dijo de él que era una bendición. Aún así, ni con su contratación el guión estuvo terminado.

10. Juntos de nuevo. Sackler y Gottlieb compartieron créditos en Tiburón 2, que se rodó tres años después. A Sackler no le dio vergüenza entonces firmar la secuela. Cosas del éxito.

Robert Shaw, Richard Dreyfuss y Roy Scheider, en 'Tiburón'.

11. Los actores que dijeron que no. La película fue una carrera contrarreloj. A diez días de iniciar el rodaje faltaban los actores de los personajes principales Quint y Hopper. Para el papel de Quint se había pensado en Lee Marvin, pero estaba de vacaciones y no quiso interrumpirlas. Sterling Hayden no pudo por un problema de impuestos. Finalmente los productores acudieron a Robert Shaw, idea que encantó tanto a Gottlieb como a Spielberg. Para el primero, era "el mejor villano" de las películas de la serie Bond. Si Byrum hubiera estado con ellos, habría vuelto a huir.

12. Dreyfuss no quería. Para Hooper Spielberg pensó en su amigo Richard Dreyfuss, pero éste, previendo los problemas del rodaje, dijo al principio que no. Tras ver las pruebas de su siguiente película, convencido de que sería un fracaso, Dreyffus llamó a Spielberg diciéndole que había reconsiderado su decisión. Aquella película podía salvar su carrera. Acertó.

13. Un pilar hallado entre copas. A Scheider, uno de los pocos contratados con tiempo, Spielberg le encontró en una fiesta. Se pusieron hablar y conectaron enseguida. En el rodaje se comportó como "una roca", "un profesional", y maravilló a todos por su implicación.

14. Le quitó el papel a Moisés. Scheider no lo sabía, pero Spielberg había rechazado a Charlton Heston, porque pensaba que era demasiado bueno para el papel. Curiosamente, Heston fue una de las pocas estrellas de Hollywood que creyó en la película, lo cual demuestra su buen ojo. Otra sería Robert Duvall, quien quiso interpretar a Quint.

15. Comenzaron a rodar sin guión... y sin tiburón. Si bien existía un guión base, la realidad es que comenzaron a filmar la película sin libreto... y sin tiburón. Era un quebradero de cabeza. Siempre se estropeaba. Si no era por la sal del mar, era por una cuestión mecánica. Una noche el propio Spielberg, George Lucas y John Milius, entonces inseparables, fueron al estudio a verlo. A Milius el tiburón le parecía demasiado grande. Spielberg manoseó los mandos y Lucas se quedó atrapado dentro de la boca del tiburón. Al final pudieron liberar a Lucas, pero habían estropeado la máquina. Según relató Milius, corrieron como niños.

16. El tiburón se llamaba Bruce. Spielberg bautizó al tiburón como a su abogado Bruce Ramer. Durante el rodaje se hablaba del tiburón, de la máquina... y de Bruce. Eran sinónimos.

17. Los fallos del tiburón también reescribieron el guión. Uno de los principales quebraderos de cabeza fue Bruce, que se estropeaba cada dos por tres. El cineasta Brian de Palma, amigo íntimo de Spielberg, describió lo que le sucedía tras asistir un día al rodaje: "A Bruce se le ponían los ojos bizcos y no podía cerrar bien las mandíbulas". La frase más pronunciada durante el rodaje era: "El tiburón no funciona", seguida de "Bruce no funciona". Finalmente, optaron por sacarlo lo menos posible en la película. En la primera secuencia, la de la muerte de Chrissie, se debía haber visto al tiburón. Como estaba estropeado, Spielberg optó por mover a la actriz desde bajo el agua. Esa casualidad favoreció al largometraje. "Invitaba al público a usar su imaginación", decía Spielberg en el documental Tiburón: desde dentro. "Fue la imaginación colectiva la que convirtió a la película en un éxito".

18. Buscaron un ‘domador de tiburones'. Obsesionados con el animal, Brown y Zanuck intentaron encontrar un domador que pudiera manejar a tiburones reales para el rodaje. Tras las primeras carcajadas de biólogos e ictiólogos, se dieron cuenta de su ignorancia sobre el tema.

19. Los documentalistas venidos del Sur. A falta de domadores, para las secuencias con tiburones reales se acudió a los australianos Ron y Valerie Taylor, considerados los máximos especialistas en tiburones del mundo audiovisual. Estos rodaron las escenas de Hooper en la jaula con un actor pequeño en una jaula más pequeña.

20. El tiburón guionista. Como no podía ser menos, las tomas reales de Ron y Valerie Taylor también reescribieron el guión. En concreto, una secuencia muy conocida, el ataque del tiburón a la jaula vacía. Lo que se ve en la película fue un ataque real que se produjo antes de que se introdujera el actor. A Spielberg le encantó pero en el guión Hooper estaba dentro de la jaula y era devorado. Se cambió el guión y se dejó que Hooper salvara la vida, lo que permitió una de las más hermosas secuencias finales de Spielberg.

21. Rodar en alta mar fue una mala idea. Además del tiburón, gran parte de los problemas los causó un empecinamiento del cineasta. Todo el mundo recomendó a Spielberg filmar la película en un estanque o en un lago. Spielberg, obsesionado con la verosimilitud, exigió rodar en el océano Atlántico. Se arrepintió de ello.

22. A punto de abandonar. Uno de los responsables del estudio, Sidney Sheinberg, fue al rodaje y le hizo ver que esa obsesión por la realidad estaba costando mucho dinero. "Lo sé, pero sinceramente creo en esta película", respondió Spielberg. Sheinberg le ofreció dejar la película sin que afectara a su carrera o seguir hasta el final. Spielberg optó por lo segundo.

23. Las escenas improvisadas. Uno de los aspectos que revela hasta qué punto Tiburón es producto del azar se halla en su guión, que siguió reescribiéndose todo el rodaje. Ante los problemas que daban los tiburones artificiales y los retrasos varios causados por el mal tiempo, y consciente de los fallos del guión, Spielberg decidió seguir el modelo Robert Altman y comenzó a ceder parcelas de creación a los actores para conseguir una mejor película. Dreyfuss, Shaw y Scheider cenaban con él e improvisaban algunas escenas. Gottlieb las apuntaba y al día siguiente rodaban.

24. La morcilla más célebre. Hay una frase del jefe Brody que ha quedado como referente de acierto de un guión: "Necesitamos un barco más grande". Es una de las aportaciones de los actores.

25. El monólogo del Indianápolis. El famoso monólogo sobre el USS Indianapolis fue idea de Sackler. Milius colaboró reescribiéndolo y añadió todo lo relacionado con la expresión "ojos de muñeco". "Es mi aportación", decía. La responsabilidad final del mismo correspondió a Robert Shaw, quien era también guionista. Él fue quien dio orden a ese maremágnum.

26. Horror, vienen los del cine. La elección de Martha's Vineyard como la ficticia Amity Island no fue bien recibida por los vecinos de la localidad veraniega, que se quejaban de que no encontraban aparcamiento porque lo ocupaban los del cine, o de que el puerto estaba lleno de barcos del rodaje.

27. Qué sitio tan hermoso; es un infierno. Gottlieb y Spielberg se instalaron juntos en una cabaña en el pueblo para trabajar juntos el guión antes de cada día de rodaje. Si para los vecinos de Martha's Vineyard la presencia del equipo de producción fue un incordio, para Spielberg acostumbrarse a la tranquilidad de la localidad veraniega resultó poco menos que un infierno. Según su propia confesión, recogida en una grabación de la época, acostumbrado a la vida en Los Ángeles y el ruido del tráfico, tardó tres semanas en aclimatarse y "poder dormir sin ruido".

28. Y de repente el verano. Por si fuera poca calamidad, el retraso de la película llevó el rodaje hasta verano, y a partir de junio se tuvo que pagar las habitaciones de hotel como si fuera temporada alta.

29. Benchley tiene un pequeño papel. El autor de la novela, Peter Benchley, se dejó caer por el rodaje y filmó una pequeña secuencia en la playa como periodista que informa de que las playas de Amity están libres de tiburones.

30. El contable valiente. Toda la dedicación, esfuerzo y trabajo del equipo de rodaje no habría servido de nada si no hubiera sido por la intercesión de un productor encargado de las cifras, Bill Gilmore, que escondió el coste real de la producción a los responsables del estudio. Una vez Sheinberg dio el visto bueno a que se continuara la película, sacó el presupuesto real.

31. Y es que el rodaje duró el triple de lo previsto. La filmación concluyó el 17 de septiembre de 1974. Inicialmente se habían previsto 55 días. Al final fueron 159.

32. El presupuesto también se triplicó. Tiburón acabó costando diez millones de dólares. Cuando Spielberg se enteró, se sintió humillado. "Era una vergüenza". Llegó a pensar que su carrera se había acabado.

33. El estrés tumbó a Spielberg. Al poco de concluir el rodaje, Spielberg hizo escala en Boston antes de ir a Los Ángeles. En el hotel sufrió un ataque de estrés y se quedó postrado en la cama. En el libro Moteros tranquilos, toros salvajes, de Peter Biskind, Spielberg relata su desazón. "Creí que me volvía loco... Tumbado en la cama de la habitación del hotel, solo, sudando, con palpitaciones. No podía salir de la habitación. Si me hubiese levantado de la cama, me habría desmayado".

34. El vómito que guió a Spielberg. El cineasta estaba aterrorizado por cuál sería la respuesta del público. Los preestrenos comenzaron en la primavera de 1975. Cada vez que asistía a uno, tomaba un válium. Fue el 26 de marzo, en Dallas, cuando vivió una situación que le desconcertó. Durante la proyección del preestreno, con la muerte del niño en la balsa, un espectador salió corriendo al vestíbulo y vomitó en la alfombra. Después fue al lavabo, se limpió, y regresó a su butaca. En ese instante Spielberg supo que la película sería un éxito.

35. Una banda sonora prodigiosa. Sin lugar a dudas, uno de los grandes hallazgos de la película es la banda sonora de John Williams, amigo de Spielberg. El cineasta siempre ha reconocido su aportación. "Él es en gran medida el responsable del éxito de Tiburón", afirmaba en un artículo publicado en Fotogramas en 1986. Ocupa el sexto lugar en el listado de mejores bandas sonoras realizado por el American Film Institute. Curiosamente, Spielberg cuando la oyó por primera vez al piano pensó que era una broma.

36. Fue un éxito extraordinario. Tiburón recaudó en las taquillas de todo el mundo más de 470 millones de dólares, una cifra con la que consiguió ser la película más taquillera de la historia. Un logro que mantuvo durante dos años, hasta que en 1977 se estrenó Star Wars.

37. Ganó tres Oscars. La Academia de Hollywood reconoció a la película con tres premios: al Mejor Sonido, para Robert L. Hoyt, Roger Herman Jr., Earl Madery y John R. Carter; Mejor Montaje, para Verna Fields y, por supuesto, Mejor Música para John Williams. También estuvo nominada a Mejor Película.

38. Los hijos no queridos. La película tuvo varias secuelas y sentó las bases del nuevo cine comercial estadounidense. Sin embargo, a Spielberg nunca le gustó que hubieran hecho una continuación. En el artículo Steven Spielberg cuenta su primera experiencia con fantasmas, escrito por Bianca Jagger y Andy Warhol, el cineasta confesaba su disconformidad con ellas. "Maté intencionadamente al tiburón para que no hubiera continuaciones. Creí haber resuelto el problema. No me imaginaba que nadie fuera a resucitar al tiburón".

39. No le busques tres aletas. Aunque se le ha querido ver en numerosas ocasiones una interpretación política a la película, el cineasta siempre la ha desmentido. En el libro Spielberg de Claudio Lazzaro, aseguraba: "No he pensado nunca en una simbología política. Tiburón ha sido pensada y realizada para asustar al mayor número de personas posibles: toda referencia política es puramente accidental. Incluso el personaje del alcalde de Amity, la imaginaria población balnearia donde el enorme tiburón comienza a devorar, que hace todo lo posible por esconder la realidad del peligro como un medio para garantizar los ingresos de la temporada turística, entra en la historia no tanto para una imagen negativa del poder, como para aumentar posteriormente el suspense antes del drama final".

40. Bruce aún 'vive'. Sigue siendo una de las grandes atracciones de los parques Universal en Hollywood.

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2 comentarios

Un tal Hormigos escribió
01/06/2015 09:11

Leyendo el comentario anterior, acabo de caer en que la C. debe ser de Carlos , y la A. de Aimeur. Pues no te lo vas a creer, pero he llegado hasta aquí siguiendo a Bruce con la idea de trabajar en un boceto para El Jueves sobre el 40 aniversario de la peli , y tu articulo es el mejor que he encontrado sobre el tema (lo que da una idea del nivel -risas-). Gracias por la información, que me ahorra volver al libro de Biskind, una especie de paquete de patatas fritas editorial: no puedes leer sólo un trocito, y seguro que una vez abierto me hubiese liado con el toooooda la mañana, con efectos desastrosos sobre mi productividad (y ¿hay algo peor hoy día que no ser surcoreana mente productivo?) Gracias por esta sesión de gorroneo intectual. Si la pagina sigue adelante, te enviaré una copia a la que arrancaré un trozo de un mordisco, en plan edición 40 Aniversario. Larga vida y prosperidad. P.d. Por cierto, estoy a punto de empezar con "Destroy". Bueno, en realidad ya has pasado el corte de las 50 primeras paginas y lo que he leído me ha parecido muy interesante . Una opinión un poco irrelevante, pero me molaba comentártelo. Un abrazo. Enrique.

Bruce escribió
30/05/2015 09:08

Muy Interesante Carlos. Un poco de aire fresco entre tanto artículo de la miserable actualidad política es de agradecer.

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