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LOS LIBROS DE @CORAZONRURAL

‘Homofobia en los Balcanes', se busca una explicación más allá de la condena

ÁLVARO GONZÁLEZ. 07/04/2015
Desfile del Orgullo Gay en Belgrado

MADRID. Periódicamente tenemos en los medios de comunicación imágenes o noticias de homofobia en los Balcanes, el este Europeo o en Rusia. Como nos referimos a un espacio geográfico que se despacha rápidamente con una serie de clichés, como que allí todos son ex comunistas, nacionalistas, asesinos, llenos de odio y violencia, la información no suele profundizar en la cuestión. Pero cabe preguntarse si hay unas razones de fondo menos facilonas y simplistas que las del estereotipo.

En esta difícil tarea se ha embarcado Miguel Rodríguez Andreu, editor de la revista Balkania, con un reportaje de la colección '360º de periodismo' que está lanzando la Universitat Oberta de Catalunya. Y decimos difícil porque explicar no es justificar, pero en un país avanzado en derechos sociales como es España, paradójicamente, no se suele entender la diferencia.

La conclusión del trabajo es bastante palmaria. La aporta Saša Ozmo, un periodista de la sección de deportes de la cadena serbia B92: "Hay que atender a la teoría de Ronald Inglehart, que dice que cuando una sociedad alcanza las necesidades básicas empieza a pensar en valores postmaterialistas, es decir, la calidad de vida, la ecología o, en este caso, los derechos de los gays".

Es un hecho. En estos países, con tasas de paro que rondan el 30% y salarios muy bajos, existe la percepción de que por un motivo o por otro las guerras que sufrieron y las crisis de las que tanto les cuesta salir han dependido de factores externos, conspiraciones geopolíticas y torpezas de la comunidad internacional. Por eso, con tantos problemas y ese sentimiento de resentimiento hacia el exterior, los derechos de los homosexuales se perciben como una ofensiva imposición exterior.

"Son sociedades que las dos últimas décadas han sufrido una fuerte claustrofobia, con referencias sociales que no son precisamente ni democráticas ni tolerantes, heredadas, incluso, de la antigua Yugoslavia. De hecho, hay que cambiar la perspectiva, quizás, lo sorprendente es que, después de todos estos años, las sociedades de los Balcanes occidentales no sean más intolerantes hacia el LGTBIQ", explica el autor al final del trabajo.

Existe cierta mitificación sobre el régimen comunista yugoslavo. En su día, se promocionaba como un sistema político más cercano a los modelos escandinavos de socialdemocracia que a la Unión Soviética. Pero la realidad es que aquel era un sistema autoritario, donde la represión, especialmente en las repúblicas yugoslavas más pobres, era tan dura como pudiera serlo el franquismo en las mismas fechas. La sociedad no era especialmente comprensiva con el pensamiento crítico, se adhería acríticamente a los valores ideológicos de la mayoría, dice Miguel Rodríguez.

Por otra parte, hay que diferenciar al radical que va pintando por toda la ciudad "Smrt pederu! (Muerte a los maricones)" con la sociedad que aunque pueda rechazar la homosexualidad, está en contra de la violencia contra los gays. El problema para esta mayoría, es que se celebre un acto de la naturaleza del desfile del Orgullo Gay. Existen varias razones.

Los incidentes que desencadenaron los intentos de celebrar el desfile en Serbia y Montenegro -en Bosnia no ha llegado ni a intentarse- dejan la sensación en la sociedad de que el estado invierte recursos en que los homosexuales puedan "exhibir su sexualidad en público", mientras ellos pasan carencias. Los problemas económicos siguen siendo muy duros para las familias y los pensionistas.

Por otro lado, también hay una pequeña parte de esta comunidad que rechaza la visibilidad del desfile, una reivindicación que ha podido funcionar en España y países europeos cercanos durante los 90 y los 00, pero que en los Balcanes, en este momento y situación, no ayuda a educar a la población. Una fuente del reportaje, un homosexual que quiere ocultar su nombre, también le cuenta al autor "no tengo por qué pertenecer a ningún colectivo, ni tampoco tengo que salir a la calle para demostrar que soy gay, mi vida sexual queda en mi esfera privada".

Y también hay cierta desconfianza natural. Por ejemplo, el reportaje se inicia con la historia de Zdravko, un montenegrino homosexual que fue agredido mientras sacaba el perro a pasear. Su caso tuvo repercusión y él al final terminó viviendo en Canadá. Miguel Rodríguez sostiene que en las terrazas de Cetinje, Ulcinj o Herceg Novi, más de uno se estará riendo comentando que también le gustaría ser homosexual para poder irse a Canadá. Incluso desde otros colectivos de defensa de derechos de los gais, se ha desconfiado de Zdravko tachándolo de oportunista y de aprovecharse de la relevancia que tuvo su condición de víctima.

El caso contrario lo tendríamos en Kosovo, donde el portal de noticias ‘Lajme Shqip' envió a un fotógrafo para cubrir una fiesta gay. Conforme las fotos fueron apareciendo en la red, un grupo de ultras llegó al club de la fiesta y esta tuvo que suspenderse. El chico que organizó el evento tuvo que huir del país: "Mi familia descubrió que yo era homosexual y que había organizado la fiesta... después de eso, fui agredido en mi casa. ¿Cómo se sentiría si estuviera solo en un parque rodeado por 500 lobos? Así es como me sentía yo". 

Recientemente, ha sido aprobado el matrimonio homosexual en Eslovenia. La campaña de oposición que puede revocar la ley no se ha hecho esperar y lleva el simpático lema de "Se trata de niños". Una protesta que ha unido a la iglesia católica eslovena, la ortodoxa serbia y la comunidad islámica. Si en las guerras fueron los religiosos los primeros que se pusieron a bendecir cañones, ahora en paz y democracia, se conoce que han olvidado sus diferencias y se unen contra cualquier derecho que pueda obtener la comunidad gay. En gran parte, los sacerdotes de todas las confesiones son los principales responsables con declaraciones públicas propias de la edad media. El libro recoge algunas.

Lo que pone de manifiesto es que no se puede exigir a una sociedad entera que dé el paso que en estas latitudes, en el mejor de los casos, como mínimo llevó treinta años. En los Balcanes, el auge de los nacionalismos se apoyó en una cultura machista que en muchos aspectos fue un claro retroceso respecto a la sociedad que había dejado el comunismo pese a todos los defectos que pudiera tener. Tras haber sufrido también un aislamiento importante desde las guerras y perdurar una crisis económica que dificulta enormemente la autonomía personal de los jóvenes, claramente, lo que funcionó aquí no tiene por qué servir también allí.

Por otra parte, es en aspectos como éste donde uno ve el valor de lo simbólico en la clase política. En el caso español, la determinación de Zapatero para establecer estos derechos sirvió para que definitivamente en nuestra sociedad la homofobia pasase a estar mal vista. Al menos, es injustificable en los medios de comunicación y si un político hiciera gala de valores de esa clase sería una excepción ridícula o censurable. En los Balcanes, por el momento, la mayoría de la clase política aún no se atreve a significarse. No es de extrañar, pues, la opinión del traductor Jairo Dorado que recoge el libro, la película Parada, una comedia sobre el desfile del Orgullo en Belgrado, ha hecho más por educar a la población que sus propios gobernantes.

HOMOFOBIA EN LOS BALCANES

Miguel Rodríguez Andreu

Editorial UOC; 360º Reportajes

116 páginas

12 euros.

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