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Fernando Bovaira: El más listo de la clase

C. AIMEUR/FOTOS: E. MÁÑEZ. 20/03/2015 Padrino de Amenábar, le impulsó tras el éxito de Tesis

VALENCIA. A veces no sé explicarle ni a mis hijos en qué consiste mi trabajo». Fernando Bovaira sonríe. Es un adagio frecuente en el mundo del cine: explicar qué es un productor es difícil. Vendría a ser, empleando un símil futbolístico, una suerte de consejero delegado con funciones de secretario deportivo. De ahí que para muchos el principal talento de un productor sea precisamente reconocer donde hay talento, donde hay un creador, donde hay alguien que puede contar una historia interesante de una manera nueva que emocione y aporte vida a quien la vea, y la gente que puede ayudarle a conseguirlo.

Como productor Bovaira tiene una larga lista de créditos, ya sea como productor ejecutivo o productor a secas. Por ello, para hablar de su carrera hay que hacer una criba. Destacar una pequeña parte. Sin menosprecio a sus otros trabajos, él mismo admite que en su carrera sus hitos personales más importantes son series como Crematorio y largometrajes como Mar Adentro, La lengua de las mariposas, Los amantes del círculo polar y, sobre todo, Los Otros. Discreto, a Bovaira se le conoce por ser el «hombre tranquilo» del cine español, en la descripción que hace de él el director general de CulturArts, José Luis Moreno. «Trabajar con él ha sido siempre muy fácil. Enseguida te atiende, es muy amable. Nos gusta mantener el contacto porque muchas veces se olvida que es de aquí, de Castellón», explica.

«No hay mucha gente como él en España», conviene el productor valenciano Kiko Martínez. «Ya antes de su carrera como productor se había labrado un prestigio en Canal Plus, en Sogecable», añade. Según le consta, uno de los motivos por los que el difunto Pepe Sancho fue elegido para protagonizar Crematorio fue su actuación en la serie Tarancón, que Martínez produjo para RTVV y RTVE. Y es que ésa es una de las características del castellonense que todos destacan: su espíritu de búsqueda constante. Como un explorador. Aprende de todos. Cada día. Por eso es el más listo de la clase.

DE LA VALL D'UIXÓ A BOSTON

Bovaira comenzó a descubrir el cine en casa de unos amigos de su padre en Vall d'Uixó. Su padre era farmacéutico y uno de sus amigos poseía un viejo proyector con el que, los sábados a las cinco de la tarde, les proyectaba a todos largometrajes clásicos. Su educación cinéfila vino en aquellos años, viendo las películas de Buster Keaton y Charles Chaplin que este amigo de la familia seleccionaba para los niños del grupo. Oyéndole se le puede imaginar sentado en una amplia estancia de una casa solariega, rodeado de primos y amigos, en silencio, con los ojos abiertos, la mirada perdida sumido en aquellas fantasías cómicas del cine mudo en blanco y negro, con su infinita gama de grises, mientras de fondo suena el ruido del proyector. «No sé por qué me gustaba el cine, pero recuerdo que con mis primeros ahorros me compraba el Dirigido por... Lo coleccionaba. Intentaba hacerme con libros de cine. En aquella época, con la televisión de dos canales, tú te podías hacer una educación cinéfila. Recuerdo haber visto ciclos de Renoir, Ozu, Mizoguchi, Buñuel...». A sus primeros escarceos en aquella casa familiar en los años setenta le sucedieron, ya de estudiante, sesiones en la Filmoteca de Valencia, que entonces estaba en la Xerea.

Todo «muy intuitivo», según él. «Ahora es diferente, cualquiera puede tener formación cinematográfica, pero entonces tenías que buscarte mucho la vida, recibíamos muchos menos estímulos que los chavales ahora», recuerda. «Estábamos más alelados». Con 17 años Bovaira le dijo a su padre que quería trabajar en cine. «No sabía ni a qué quería dedicarme», ríe. Su padre le convenció de que estudiara Derecho en la Universitat de València pero convenció a su familia de que lo suyo era el séptimo arte.

Para probar estuvo como oyente una semana en la entonces incipiente facultad de Imagen y Sonido. Intento fallido. «Me pareció tal desastre que volví a Derecho», resume, «pero le arranqué a mi padre el compromiso de que me ayudaría a estudiar algo relacionado con el cine. Y lo cumplió». Tras acabar sus estudios convencionales marchó a Boston a estudiar producción donde hizo uno de los hallazgos que cualquier persona puede hacer: descubrirse a sí mismo. «Vi que no tenía capacidad creativa, que no tenía esa llama dentro», explica. Pero sí tenía el deseo de fomentar la creación, el impulso creativo que decía el crítico Charles Champlin a la hora de hablar de George Lucas.

INSEPARABLE DE AMENÁBAR

Su primer contacto con la industria estadounidense no pudo ser más cómodo. Trabajaba en Nueva York para la productora de la serie Aquellos maravillosos años. Tuvo una entrevista para trabajar en RTVV que no fructificó en nada. Hasta que llegó la oportunidad de volver a España. De la mano de Canal Plus. Miguel Salvat le llamó y le reclamó para que se instalara en Madrid, en un pequeño despacho, para formar parte de un equipo en el que él compraría las películas extranjeras. «Éramos sólo cinco personas», recuerda. 

En el 93 se fue de nuevo a Estados Unidos para trabajar en New Regency, donde conoció a uno de los grandes de la industria, Arnon Milchan. Productor de cine y televisión, de quien se dice que fue traficante de armas y espía israelí, Bovaira habla de él con admiración: «Era un grandísimo productor, en todos los sentidos». Durante esta segunda estancia en EEUU vio cómo se realizaban producciones como Heat o Sommersby. «El cine es un híbrido entre arte e industria. En pintura un artista puede estar en un estudio, pero en cine debes tener claro que lo que está en tu cabeza va a costar mucho dinero y va a intervenir un montón de gente», comenta.

Enamorado de Amenábar desde que vio Tesis -«es un tío con los pies en el suelo»- buena parte de sus producciones más importantes las ha hecho con el director madrileño de origen chileno al que descubrió José Luis Cuerda. Bovaira cogió su testigo y comenzaron a trabajar juntos en Abre los ojos. Su colaboración ha sido una sincronía a la manera clásica. Ha estado con Amenábar en todas sus películas, incluida la última que acaban de rodar en Canadá, Regression, con Emma Watson y los veteranos Ethan Hawke y David Thewlis.

Decía Antonio Cuadri que trabajar con una estrella de Hollywood, él lo hizo con Salma Hayek, es como convivir con una franquicia; no por el actor o actriz del que se hable, que suele ser amable, sino porque exige tener que negociar con intermediarios constantemente, desde agentes a abogados, pasando incluso por modistas. Bovaira no va tan lejos pero sí que reconoce que Los Otros fue su mayor reto como productor, ya que tuvo que hacer encaje de bolillos con agendas, contratos y fechas de producción. Y es que el rodaje, recuerda, comenzó con Nicole Kidman con la rodilla rota. Pero la australiana respondió. Su relación con ella, «una conjunción astral», llegó de la mano de Tom Cruise, al que conocieron en el festival de Sundance y que había adquirido los derechos de Abre los ojos para convertirla en Vanilla sky. Quería tener cerca al director de Abre los ojos y le propuso que trabajara con su mujer. El resultado fue Los Otros, una película que Bovaira cree que es «redonda» con «un final inevitable pero difícil de anticipar». De ese rodaje nació una amistad inquebrantable con Amenábar que ha hecho que hayan formado ese tándem indisoluble.

Tras su experiencia como director general de Contenidos de Sogecable, fundó MOD Producciones, cuyo primer trabajo fue Ágora, de Amenábar, cómo no. Con esta empresa ha producido filmes como Biutiful, de Alejandro González Iñárritu, la mentada Crematorio («uno de los trabajos de los que me siento más orgulloso») y producciones como Caníbal, de Manuel Martín Cuenca o El Club de la Canica, de Oskar Santos, sobre los personajes de Zipi y Zape.

Y mientras tanto, no se cansa de buscar nuevos talentos. Así lo relata de nuevo Moreno, quien explica cómo el de Castellón se interesa por jóvenes cortometrajistas, pide vídeos, los ve e incluso se interesa por su carrera. Poco dado a los flashes, Bovaira alteró su modus operandi este año cuando accedió a ser presidente del jurado del Festival de San Sebastián.

Él fue uno de los responsables de que el certamen donostiarra premiara al hasta entonces desconocido para el gran público Carlos Vermut. En el fondo hizo lo que ha sido siempre su trabajo, apostar por algo en lo que nadie cree y demostrarle al mundo lo que ha estado a punto de perderse. Quizá la próxima vez que le pregunten sus hijos a qué se dedica, podría responderles eso, que su trabajo es descubrir lo que otros no ven y ayudar a hacerlo posible.

(Artículo publicado en el número de enero de 2015 de la revista Plaza)

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1 comentario

ISmael escribió
21/03/2015 15:02

El gran Jose Sancho estaba perfecto en Tarancón, un proyecto suyo no de nadie mas, pero Bovaira le eligió para Crematorio porque no había nade mejor que el para interpretar un papel ttan bueno y hacerlo aún más grande

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