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decálogo del emprendedor

Fallos y aciertos al hacer empresa

ESTEFANÍA PASTOR / ILUSTRACIÓN: LUIS DEMANO. 16/03/2015

VALENCIA. Los aciertos marcan el éxito de un nuevo negocio, pero cometer determinados errores puede convertir en efímera una experiencia emprendedora. Aquí tienen un decálogo para evitar malos tragos a los nuevos empresarios.

LOS ERRORES

1. Pensar que eres empresario sin tener conocimientos: Todo empresario es un emprendedor, pero no todo emprendedor es empresario. Es una locura empezar una empresa sin tener unos conocimientos básicos de cómo desarrollar el negocio. Siempre hay cursos, y muchas startups mueren porque no saben crecer.

2. Empezar endeudado: Muchas startups piden préstamos ICO antes de haber validado su modelo de negocio con clientes. No está mal hacerlo, pero es como ir de prestado, con muletas. El tiempo es el mejor activo en el que invertir.

3. Iniciar el proyecto con muchos socios: Tener muchos socios no es más mano de obra gratis. Te has casado con muchas personas a las que tendrás que rendir cuentas. Por eso hay que valorar si es necesario tener alguno para que cubra alguna pata de la empresa y esté equilibrado, pero no te extralimites.

4. Contratar a gente que sólo quiere encontrar un puesto de trabajo: Elige bien a quién contratas. No sólo un buen salario es motivación para que la gente se implique en la empresa. Hay que explicar que el proyecto está empezando y que la dosis de trabajo que se va a necesitar por su parte es alta. Algunos querrán salir corriendo en cuanto el reloj marque la hora de final de jornada.

5. No contar las ideas: Muchos emprendedores estiman demasiado sus ideas, pero lo cierto es que éstas no caminan por sí solas. Por eso no hay que tener miedo a contarla porque otros te la vayan a quitar. Lo que importa es el desarrollo y otros pueden ayudarte a conseguir la meta.

6. Pensar que eres Juan Palomo: La tendencia del emprendedor es pensar que él puede manejar todos los aspectos de la empresa. Hay que desarrollar el negocio, buscar nuevos clientes, ampliar la cartera, abordar el marketing y las redes sociales, y todo esto no puede realizarlo una persona.

7. Olvidarse del marketing: Es difícil que una startup ruede sin darse a conocer. De hecho, en Estados Unidos el equipo debe presentar junto a la idea un buen plan de marketing. Si no llegas a la gente es difícil que a alguien le interese, porque eso quiere decir que no sabes venderla y será difícil rentabilizarla.

8. No validar el modelo de negocio al empezar: En el mundo del emprendimiento es difícil no hablar del producto mínimo viable. La clave está en encontrar cómo probar el modelo de negocio con el menor gasto posible.

9. No saber cuál es tu cliente: Aunque parece algo obvio, muchas startups se dedican a avanzar con su producto sin saber realmente a quién se dirigen, lo que dificulta que su modelo de negocio funcione. Se debe determinar el nicho al que se intenta vender el producto y dirigir la comunicación hacia él.

10. Emprender por necesidad en algo que no te gusta: Hay gente que emprende sin pensar si vale o no para ello. Al fi nal, lo más probable es que si no te gusta acabes dejándolo. Esto se nota, y tus clientes se darán cuenta y acabarán abandonándote.

LOS ACIERTOS

1. Buen pacto de socios: La disputa entre socios es una de las causas por las que más startups rompen. De hecho, les funciona mucho mejor a quienes dejan todo atado, como la remuneración que cobrarán los socios, la valoración de la empresa, qué parte tiene cada uno o en qué momento pueden abandonar la compañía.

2. Innovar: Las startups no deben perder nunca la flexibilidad a la hora de cambiar y de presentar ideas. Si estás mucho tiempo olvidando esta práctica es posible que adquieras vicios y luego sea más difícil. Cuando un modelo funciona se transforma en métodos que se replican y por lo tanto cuesta innovar.

3. Preocuparse por la propiedad intelectual: Si desde el principio una empresa muestra interés por proteger sus diseños industriales y sus patentes, esto puede ahorrarle muchos disgustos y dinero.

4. Saber generar una cultura empresarial: Cuando una estrategia empresarial funciona, puede ser relativamente fácil de copiar. Sin embargo, si una empresa se ha dedicado a gestar una cultura empresarial que identifique a su compañía con unos valores concretos, será más difícil que se diluya entre la competencia.

5. Tener intraemprendedores: Tener como trabajadores a personas capaces de ver oportunidades y de materializar las ideas en proyectos empresariales siempre ayuda a encontrar nuevas oportunidades de mercado por las que redirigir a la compañía. Trabajadores de la empresa con perfil emprendedor, porque la reinvención debe ser constante.

6. Saber gestionar el boom del networking: Aunque parece algo raro, lo cierto es que muchos emprendedores se han sumado al boom de ir a todo tipo de actos para intercambiar tarjetas y conocer gente. Sin embargo, esto hace perder mucho tiempo, y para los que son capaces de lidiar con todos y sólo asistir a los que realmente les aportarán algo, es un plus.

7. Pivotar si es necesario: Algunos emprendedores se aferran tanto a su idea que no son capaces de dar este paso, aunque lo vean necesario. Sin embargo, la clave está en saber cambiar el enfoque cuando la fórmula de la empresa pierde el sentido o no encuentra la forma de rentabilizarse.

8. Medir todo: Quienes vigilan el retorno de las acciones que realizan en su startup, por ejemplo en el área de marketing, pueden decidir nuevos movimientos si los que realizan no les produce un retorno. Esto permite exprimir al máximo los recursos limitados de los que dispone la empresa.

9. Saber qué busca tu inversor: Cuando se realiza un acuerdo con un business angel y un capital riesgo, debe tenerse en cuenta qué buscan, cómo quieren dirigir la empresa y si se está dispuesto a desempeñar el rol que ellos quieren. Si se tiene claro, se evitarán muchos problemas.

10. Cerrar en el momento adecuado: Otra de las decisiones correctas, por dura que parezca, es bajar la persiana antes de que sea demasiado tarde. Pon punto y final al proyecto de forma ordenada, cuando aún quede dinero en la cuenta del banco y se pueda afrontar disolución y liquidación de forma ordenada.

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