X AVISO DE COOKIES: Este sitio web hace uso de cookies con la finalidad de recopilar datos estadísticos anónimos de uso de la web, así como la mejora del funcionamiento y personalización de la experiencia de navegación del usuario. Aceptar Más información
GRUPO PLAZA

Los sonidos de Tanzania

ANA MANSERGAS. 01/03/2015

CRÓNICAS DE ÁFRICA

Ana Mansergas

Periodista
Artículos anteriores

Comparte esta noticia

STONE TOWN, ZANZÍBAR. Un barco me lleva de la isla de Lamu a la península, subo a un avión hasta Malindi pues la carretera sigue siendo posible foco de ataques terroristas. En un matatu (furgoneta local) llego a Mombasa donde pasaré la noche durmiendo sobre un colchón en el suelo y tremendamente agradecida a la hospitalidad de la familia swahili que me da techo. Y al día siguiente después de unas 10 horas en autobús a Dar Er Salam tomo el ferry que me adentraría en uno de los puertos con mas historia de África y me abriría las puertas de uno de los paraísos de este continente: Zanzíbar ¿El motivo de mi visita? El festival de música más importante de África del Este que desde hace años se celebra en febrero en esta preciosa isla. Sauti Za Busara o, lo que es lo mismo, 'Sonidos de sabiduría, sensatez, juicio, sentido común...'.

Hacia semanas que en mi pueblo africano sólo se hablaba de ese festival, de las lindezas del mismo, del fallecimiento el año pasado de una de las estrellas de la música africana que iba a ser homenajeada en esta edición, Bi Kidude, de las maravillas de su música, expresiones artísticas varias, etc, etc, etc... Razones más que suficientes para que acudir a ese festival se convirtiera en la razón de mi existencia en los últimos días. Así que sin saber muy bien detalles del mismo y sin conocer ninguno de sus artistas, supe que tenía que ir y empaparme de la música de donde ahora vivo, de su riqueza musical y de su cultura. Y así fue.

Música en la calle, performances, bailes, percusión, acrobacias... Era el espectáculo que deleitaba a los miles de visitantes que durante cuatro días han llenado Stone Town de más vida. Visitantes de toda África, extranjeros -o mzungus, como nos llaman-, que junto a la gente local hacen de Stone Town una ciudad de obligada visita en estos días. Una ciudad cargada de historia, de rincones, de vida y de un ambiente imprescindible de ver y de vivir para conocer una parte importante del arte Swahili.

Además gran parte de la historia de lo que es ahora Tanzania y África tiene mucho de Zanzíbar que es mucho más que playas paradisiacas y palmeras. Es mucho más que un destino de viajes de novios, una parada final de safaris, noches de locura, beach boys, italianos o ingleses mayoritariamente invadiendo sus playas... Es mucho más que todo esto. Es uno de los auténticos paraísos africanos en todos los sentidos, por sus paisajes y por su cultura y su historia.

Pero para saber particularidades de la isla hay que querer bucear no sólo en sus aguas cristalinas sino en su historia a través de libros o de su gente que paseando por su malecón te cuenta que Zanzibar tiene su propio presidente y que divide su mandato en Tanzania con el de Tanganica (la península); entre las dos forman Tanzania. Pero Zanzíbar tiene una fuerza mayor, tanto por su lugar estratégico, su motor económico, su arte y su historia donde se concentraba todo el mercado de esclavos y de oro durante unas décadas en África. Todo esto y más la convierten en un destino paradisiaco, que también lo es, con sus glorias y sus miserias como en cualquier lado.

James es el rasta que me ha alquilado una habitación en su guest house. Tiene la cabeza muy bien amueblada, una conversación muy agradable e interesante, dos casas donde alquila habitaciones y poca familia que mantener. Sólo le queda su madre y su hermana que viven en un pueblo por el interior de la isla alejado del bullicio de la capital y su hijo que vive con ellas. Su mujer murió hace ahora tres años en el fatídico accidente del ferry donde fallecieron mas de cien personas que habitualmente cruzan a la península o van a la isla de Pemba.

No es la primera vez que el ferry se hunde. Son cosas que pasan, me dice James, pero me muestra su decepción con su gobierno que tardó toda una noche en mandar los equipos de rescate para salvar a las personas que no se habían ahogado e intentaban sobrevivir en el agua; después de mas de 8 horas en el agua el número de personas que quedaban con vida había descendido notablemente.

Es injusto y me dice que sí fuera Europa esto no hubiera pasado y entonces yo le cuento la tragedia del accidente de metro en Valencia. No da crédito. No pensaba que en Europa estas cosas pasaran. Entonces me pregunta si los político europeos son corruptos también como en África. Un silencio se apodera de mi. No sé por donde empezar. Mejor irnos al festival que si empiezo a largar por esta boquita llegaremos tarde.

El festival arrancó un jueves con un pasacalles multitribal donde los masai con sus saltos típicos abrían el desfile y les seguían más tribus y más bailes africanos que invadían las calles hasta llegar el fuerte, que ha albergado el festival durante los cuatro días.

La logística y la infraestructura era muy similar a la de cualquier festival europeo que hayamos podido asistir. Un espacio cerrado que albergaba diferentes estancias con artículos típicos artesanales para vender, puestos de comida típica que degustar, un anfiteatro donde se proyectaban películas y documentales relacionados con el arte africano y un escenario central donde empezaron a desfilar grupos el jueves a las 5 de la tarde y no pararon de hacerlo hasta las 12 de la noche del domingo ¿Precio? Caro. 50 dólares el día, algo menos si sacabas el pase para todos los días y muchísimo menos, pero aún caro para el nivel adquisitivo del país (si mostrabas tu carnet de identidad tanzano, unos 5 euros al día).

¿El ambiente? maravilloso, familiar, multicultural, multiétnico, apolítico, sano, rico y alegre ¿Los grupos? Excepcionales, para todos los gustos, de todas las edades, ritmos y géneros. Una variedad sobre el escenario que nos enseña a respetar nuestra diferencias y poner en valor la diversidad tal y como destaca el director del festival, Yusuf Mahmoud.

Grupos que muestran que África vibra; que África es un continente rico en muchas culturas y expresiones; que África es el centro y la fuente de inspiración de mucha música, de mucho arte que se mueve por el mundo. Grupos de Kenya, Cabo Verde, Camerún, Mozambique, Angola, Rwanda, Madagascar, South África, Malí, Senegal, Ghana... algunos fusionados con aportaciones de Francia, UK, Germany, Comoros, USA, Austria o Switzerland, ha sido el cartel de esta edición que ha mantenido el nivel y la calidad de hace años.

Como cualquier festival que se precie, hay un hilo conductor que capitanea la programación del mismo y el de Sauti Za Busara es mostrar la unión de Africa a través de su gran diversidad musical. Después de cuatro días de festival, de más de 30 grupos y más de 30 horas de música en directo corroboro lo que presuponía: mi gran desconocimiento de la música africana. Nunca pensé lo contrario pero mi paso por este festival me ha despertado la necesidad de ponerle remedio, investigar y seguir descubriendo.

Mis conocimientos musicales al respecto se ceñían sobre todo a la percusión y al gran Ismal Lo, un clásico para los analfabetos musicales africanos como yo. Pero hay mucho más. Es todo un universo inmenso por descubrir con artistas de primer nivel, géneros de todo tipo, instrumentos ignorados en Europa que consiguen una gran variedad y riqueza musical con su integración sobre el mismo escenario con instrumento clásicos, tradicionales y modernos al mismo tiempo.

Me gustó descubrir a los hip hoperos africanos con Octopizzo, Thaïs Diarra y Blitz The Ambassador llegado directamente desde Nueva York que mezclan el hip hop con la fusión, urban y el afrobeat y a los rockeros Mpamanga de Madagascar o de South África a la banda The Brother Moves On. Me quedé impresionada con la voz imponente de la divina Mim Suleiman fusionada con el afrobeat. Y escuchar por primera vez la música taarab en directo de la mano de Mohamed Ilyas & Nyota Zameremeta y de la orquesta Culture Musical Club de Zanzíbar, una de las orquestas tradicionales más exitosas desde que se fundara en 1958, fue uno de los momentos más especiales de todo el Festival.

Sin dejar de lado a la música tradicional sudafricana de Ihhashi Elimhlophe; el jazz africano del tanzano Leo Mkanyia and The Swahili Blues Band; la música de la compositora rwandesa Liza Kamikazi, la fuerza desde Madagascar de Tsiliva y la sensibilidad de Tcheka sólo con su guitarra desde Cabo Verde, entre otros. Como veis un amalgama imposible de describir. Pero yo me quedo con los Obrint Pas africanos (@obrintpas) de Argelia, Djmawi África. Una auténtica revolución sobre el escenario que nos hizo a todos vibrar como nunca, bailar al son que nos marcaban y emocionarnos con la energía que transmitían. Una de actuaciones que no dejó indiferente a ninguno, que más me gustó ver en vivo y en directo, que se quedío conmigo y que me gustaría compartir con vosotros si navegáis por internet.

Todos los grupos han contribuido a incrementar la visibilidad y accesibilidad de la música africana, estrechar las relaciones entre el sector regional e internacional, contribuir al desarrollo social, cultural y económico y abrir oportunidades al sector musical local. De hecho también tienen cabida los grupos locales que este año han podido participar en la composición de una canción con un mensaje de paz y unidad.

Me ha encantado llevarme esta radiografía musical africana. Es lo que tiene los festivales, muchos grupos, concentrados en tiempo y en espacio. ¡Genial! Y he podido confirmar mis intuiciones, escuchar nueva musica, bailar con nuevos ritmos pero, sobre todo, he sido testigo una vez más la fuerza que tiene la música y la unión que sólo ella consigue. Bastaba sólo con ver la variedad en el público asistente, público de todos los colores, etnias, edades, culturas, religiones... Todos juntos y unidos por la música. Una vez más, compruebo la capacidad del arte, la música y la cultura como instrumento de desarrollo, de movilización y de cohesión social.

Y ahora pienso en mis amigos africanos y en sus bongos, en sus ritmos, en sus jam sesion improvisadas, en la energía que desprenden tocando, en su sueño de subir un día a un escenario y en las pocas o ninguna posibilidad que intuyo van a tener. Otra de las injusticias de este país, tanto talento y tan pocas oportunidades. Casi todos los músicos que conozco son autodidactas, crean sus propios instrumentos y llevan el ritmo en la sangre porque nunca nadie les enseñó nada, han sido tremendamente constantes y apasionados con la música y por ello aprenden la técnica de los instrumentos.

Si ya es difícil vivir de la música en un país desarrollado como el nuestro donde las necesidades básicas las tenemos cubiertas, me resulta imposible imaginar cómo han llegado hasta aquí estos músicos y estos grupos cuando el acceso a la educación musical es tan exclusivo en este continente y cuando algunos de ellos han formado su carrera musical siendo inmigrantes en otros países, con todo lo que ello supone.

Mis aplausos festivaleros hoy se los dedico a todos estos músicos anónimos y a los que han subido estos días a los escenarios del festival, a ellos, a su música y a sus historias de camerino que nunca sabremos. Historias que intuyo han sido complicadas, como casi todas las que descubro en mi África. Historias para no dormir.

CRÓNICAS DE ÁFRICA

Ana Mansergas

Periodista
Artículos anteriores

Comparte esta noticia

comentarios

Actualmente no hay comentarios para esta noticia.

Si quieres dejarnos un comentario rellena el siguiente formulario con tu nombre, tu dirección de correo electrónico y tu comentario.

Escribe un comentario

Tu email nunca será publicado o compartido. Los campos con * son obligatorios. Los comentarios deben ser aprobados por el administrador antes de ser publicados.

publicidad