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TV EN SERIE - DICIEMBRE 2014

The Good Wife: un gran culebrón legal

TERESA DÍEZ. 26/02/2015

(Artículo publicado en el número de diciembre de 2014 de la revista Plaza) 

VALENCIA. La televisión está cambiando. Pese a la inicial resistencia de los medios tradicionales, la irrupción con éxito de plataformas online como Netflix, junto con la popularidad de Youtube, el 4G y el incremento del hábito de consumo móvil han sido el detonante. El visionado "cuando quiero, como quiero y donde quiero" se asienta, forzado por las preferencias de las nuevas generaciones que marcan el paso de lo que vendrá.

Por esta razón en Estados Unidos tanto HBO, la televisión de cable con la oferta más sugerente del panorama seriéfilo, como CBS, el canal comercial de mayor éxito, recientemente se han rendido a la evidencia. A partir de ahora los espectadores podrán consumir sus series favoritas, como la prestigiosa y multipremiada The Good Wife de CBS, fuera de las ondas radioeléctricas sin un horario concreto. El emisor se adaptará para ofrecer todas las opciones, en directo por televisión o por Internet bajo suscripción. Nuevas pantallas y nuevos hábitos que compiten entre ellos por el gran premio: el espectador.

Sin embargo, el contenido se mantiene firme como el motor principal. Para una serie con seis temporadas a la espalda como es The Good Wife diversificar las fórmulas para su consumo no tiene por qué ser un síntoma de debilidad sino de fuerza. Los ingredientes que despiertan nuestra irrefrenable atracción por la ficción son los mismos aunque se multipliquen las pantallas.

Si les dijera que voy a hablarles de un drama televisivo sobre las ambiciones, luchas de poder y deseos de venganza de un grupo de personajes, seguro que les vendrían a la mente bastantes títulos: desde las actuales Juego de Tronos, House of cards, o The wire, hasta culebrones de los ochenta como Dinastía o Falcon Crest. Y si abrimos cualquier periódico, con las noticias de cada día las posibilidades se multiplican. «El mundo es un gran teatro», decía Shakespeare. Las contradicciones de la condición humana son una fuente inagotable de entretenimiento. Así que pónganse cómodos y a comer palomitas.

Julia: «Esto no es una familia, es un nido de víboras». (Falcon Crest)

Esta frase de diálogo podría haber salido tanto de la fortaleza roja en Juego de Tronos como de la primera planta de la sede de la calle Génova, aunque también podríamos haberla escuchado en boca de Diane, la implacable abogada del despacho Lockhart/Garner y jefa de Alicia Florrick, protagonista del drama legal The Good wife. Porque en The Good wife hay puñaladas traperas a mansalva como en cualquier drama que se precie, eso sí, con glamour, pletóricas sonrisas y demandas de por medio. Cinismo a granel.

Al leer su sinopsis usted podría pensar que está delante de otra versión de Boston Legal por su estructura procedimental de fácil digestión. Pero la combinación con la evolución seriada de los arcos dramáticos de sus protagonistas es su mayor bomba de relojería.

El arranque de la serie se inspiró en un caso real, la dimisión del Gobernador de Nueva York Eliot Spitzer por haber contratado los servicios de una prostituta. No olviden que hablamos de los Estados Unidos, y allí cuando esas cosas pasan los políticos dimiten, aunque no hayan pagado a la prostituta con una tarjeta black. El Gobernador de Nueva York presentó su dimisión frente a las cámaras, y junto a él aguantó el chaparrón su esposa Silda Wall.

Los guionistas se fijaron en la humillada esposa y convirtieron ese instante en el arranque de The Good Wife con Alicia Florrick como protagonista, con la diferencia de que resolvieron la escena con la idea que hubiera tenido en mente cualquier mujer despechada: con una sonora bofetada entre bambalinas. Imagínense a todos los españoles, en plan desfogue, propinando leches con la mano abierta a todos los corruptos. Catarsis total.

El viaje del héroe, heroína en este caso, arranca con una Alicia que abandonó su carrera profesional de abogado para dedicarse a su familia. Ante el encarcelamiento de su marido por diversos escándalos, Alicia recupera su carrera profesional para convertirse en Santa Alicia, un apodo contradictorio porque en realidad de santa no tiene nada.

De arranque, en el plano religioso es atea frente a su hija católica, con el consiguiente choque de trenes. En el sentimental, tras la infidelidad del marido responde con el ojo por ojo. Y en el profesional en ocasiones su conducta roza el tráfico de influencias, uno de los mayores atractivos de la serie: la delgada línea roja entre lo profesional y lo personal en la relación de Alicia Florrick con su marido (un político histórico capaz de mover los hilos), y entre dos mundos, el judicial y político, que ejercen su labor en apariencia con independencia pero que las imperfectas reglas del juego democrático permiten encontrar en ocasiones simples empujoncitos con los que se benefician "sin querer" sus personajes.

Por encima de estos pequeños deslices, Alicia es una abogada sobradamente preparada al igual que el resto de secundarios de fábula que completan su universo. Como su jefa, la abogada Diane Lockhart, cuyas escenas en ocasiones nos transportan a lo más divertido de los personajes de culebrón gracias a su inigualable lengua bífida.

Canning: «Mira, yo no soy el enemigo». Diane: «No eres el enemigo. Eres el diablo». (The Good Wife)

O Kalinda, la excitante investigadora bisexual del bufete que se pasa media serie investigando sobre las debilidades de los contrincantes del despacho y la otra media de cama en cama, aunque eso sí, siempre en escenas de sexo rodadas a través de primeros planos, puesto que estamos en una cadena en abierto y no una de cable, y en la televisión norteamericana en abierto la gente hace el amor con la mirada y no con sus genitales.

Merece mención especial, entre todos ellos, el ingrediente cómico que introducen a través del personaje de Eli Gold, el jefe de Gabinete de Peter Florrick, cuyas tramas relacionadas con la vida política de Peter sufren constantes dilemas éticos y proporcionan las mejores carcajadas de la serie. Pequeñas dosis de humor que también se siembran a través de otro de los signos de distinción de este adictivo drama judicial: sus cameos episódicos con la vuelta a las pantallas de Michael J. Fox, o con apariciones estelares y sin previo aviso como la del director de cine Peter Bodganovich haciendo de sí mismo en la escena más hilarante de toda la quinta temporada.

Una serie que a partir de ahora sus espectadores podrán ver a través de Internet gracias a la nueva oferta de CBS online. Pero ya sea en el móvil, en la tele, o varios días después, sin duda ninguna The good wife es un monumental culebrón legal para divertirse con las contradicciones humanas en este mundo loco, loco, loco.

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