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'EL CABECICUBO'

Terapia para niñatas
adictas a las compras,
nuevo ocio en televisión

ÁLVARO GONZÁLEZ. 14/02/2015 Los problemas de los compradores compulsivos, cada vez más presentes en la programación

VALENCIA. El sueño de la razón produce monstruos decía el sabio antiguamente y, hoy en día, quedarse privado delante de la televisión supone enfrentarse a monstruosas realidades jamás imaginadas ni en el peor de nuestros sueños. El otro día 'El Cabecicubo' se topó en nuestra querida TDT con ‘My Shopping addiction'. El no va más; el si esto es el futuro, que Putin tire ya los misiles atómicos por caridad cristiana.

El programa presentaba casos de chicas con problemas de adicción a las compras. Luego una terapeuta, una vez vista su conducta, las trataba de corregir. Hete aquí el primer caso. Una chica de un pueblo se había ido a Los Ángeles a ser independiente y vivir su vida. Hasta ahí bien. Pero estaba enganchada a las compras. Ganaba dos mil o tres mil dólares y se lo podía permitir. Compraba, compraba y compraba hasta que la golpeó la crisis y se quedó en paro. Pero no dejó de comprar.

Siguió tirando de tarjeta de crédito hasta que el agujero le supuso una amenaza terrorífica: a ese paso iba a tener que volverse al pueblo. Pidió socorro y llegó la terapeuta.

El truquito de la psicóloga fue coger a escondidas ropa que ya tenía en su armario y llevarla a una tienda. Y después fueron a comprar juntas. Ella vio una falda que le alucinó. Se la probó, se la quiso llevar y entonces la doctora le dijo la verdad: ya la tenías. Antes tuvo casi que agarrarla, porque una de las costumbres de esta chica era adquirir toda la gama de colores de cada prenda que le quedaba bien.

La fase final de la terapia fue coger toda la ropa que le sobraba y llevársela a los pobres. Cuando la metieron en bolsas, la chica se puso a llorar. Cómo trataban así su ropa, decía, toda arrugada en bolsas, cuando ella la tenía bien puestecita en el armario. Toma tomate. Y los pobres esperando.

El siguiente caso fue el de una chica cuya hermana era una triunfadora social. En el instituto todos hablaban de ella, era la más guapa y tal y cual. La pequeña, sin embargo, era más gruesa, estaba un poco acomplejada y su sueño dorado era ser una Kelly Kapowsky (a todo esto, no se pierdan la reunión de parte del plantel de Salvados por la Campana que ha hecho Jimmy Fallon). El caso es que la chica esta, para triunfar, para ser popular, se puso a comprar ropa como una loca.

Con 14 años adquiría ropa propia de millonarios y entre sus excentricidades de ídem estaba coleccionar gafas de marca. Tenía como unas veinticinco. Pero también muchos bolsos, en fin, la deuda al final ascendía a 60.000 dólares

La terapia en su situación consistió en llevarla a una tienda de saldo, de productos falsificados, a buscar unas gafas auténticas. A ver si era capaz de encontrarlas entre la morralla. Pero el problema llegó después. Cuando la terapeuta le explicaba a la madre de la chavala la grave enfermedad mental que ésta tenía, la niña entraba en casa cargada de bolsas de compras. Sorpresa.

La doctora montó el pollo y a la vista de que su tratamiento no había dado resultado, optó por la solución ‘campos de Castilla', cogió sus tarjetas de crédito y las hizo pedazos con unas tijeras. Y en ese momento, sorpresa doble, la que lloró fue la madre. Resulta que ella también había tenido problemas con las tarjetas y su hija le recordaba a ella. ¿Cómo lo ven? Cómo se sufre en el primer mundo. Qué infierno.

No obstante, la frivolidad y el consumismo como taras mentales con las que entretenerse en televisión no se quedan sólo en este programa. Recientemente una iniciativa de una cadena noruega dio la vuelta al mundo, se tituló ‘Swatshop'. Tanto la dio, fíjense, que los programas están colgados on demand en su web ¡con subtítulos en español! 

Se trataba de llevar a unos jóvenes noruegos, aficionados a la moda, una de ellas bloguera de éxito, otra que se gastaba 600 euros al mes en ropa, a ver las condiciones de vida de los camboyanos que trabajaban en los talleres textiles. 

Al pasear por Nom Pen, los noruegos alucinaban con el mercadillo donde compraban los camboyanos ¡la ropa era de hace dos temporadas! Eso sí, al principio mucha frivolidad, pero luego cuando hablaban con una chica de su edad que vivía en un espacio insalubre de dimensiones reducidas -"el cuarto de baño de mi casa es más grande", decía una noruega- se ponían a llorar. La chavala estaba trabajando todos los días de la semana en ese momento y apostillaba "pero el domingo solo curro ocho horas". Todo por 160 dólares al mes.

"Somos unos mimados", "Noruega es una burbuja", decían de vuelta a su país. Y cuidado con los norueguitos, cuenta hipertextual.com que quedaron tan impactados que su indignación trascendió las imágenes lastimeras del reality para que nos entretengamos en casa y se pusieron a hacer declaraciones que han obligado a la productora a desvincularse de ellos.

Se han dedicado a poner a parir a marcas como H&M por las condiciones de trabajo que estaban ofreciendo en estos países. Incluso, añade el texto, las protestas de estos chicos sirvieron para que el problema se tratara en el parlamento de su país. ¿Es ético lo que llevamos puesto? ¿Deberíamos pensar sobre su origen?

Lo que me hizo recordar un reportaje que dio hace años un programa bastante bueno, por otra parte, El escarabajo verde, de La2. Se titulaba con toda la intención del mundo "Sin compras no hay paraíso". El diagnóstico era sin paliativos: con la crisis los gobiernos nos incitan a consumir más para salvar las cuentas, la publicidad hace el resto induciéndonos a desear lo que no necesitamos. El ansia consumista nace de un sentimiento de "angustia". Eso explicaron en la primera media hora.

Tanto es así, seguía, que un psicólogo que trataba casos como los descritos en el inicio de ese texto decía que estaban aumentando en España -era 2010-, pero que en Italia ya están tipificados como patología que cubre la Sanidad Pública. Aunque la nota curiosa llegó al final. Hablaban con una cooperativa que recogía ropa de segunda mano en España para darle un segundo uso y no tirarla a la basura estúpidamente. Le acercaron la alcachofa a una operaria que estaba separando la ropa y explicó su cometido: cojo la ropa que está bien para nuestras tiendas y la que está peor "un poco más vieja", la que no se llevaría en España, la empaquetamos para enviarla "a exportación". Preguntada por ese concepto, confesaba: las tiendas de Rumanía.

De modo que gracias a este programa de La2, en Rumanía también podrían, como en Noruega, preguntarse por el origen de la ropa que llevan puesta. En su caso, es menos traumático que en el occidente rico, sólo se debe a la estupidez y pijerío de los españoles.

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1 comentario

Alejandro escribió
16/02/2015 11:09

Es lo que tiene pertenecer a una generación que no ha pasado penalidades...esta claro que el ser humano se dedica a hacer el gilipollas cuando tiene las necesidades cubiertas y demasiado tiempo libre.

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