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CRÍTICA DE CINE

The Interview
De cómo la estupidez destruirá al ser humano

CARLOS AIMEUR. 06/02/2015 La histérica reacción de la dictadura norcoreana convierte a una mediocre parodia en un emblema de la libertad de expresión; lo que hay que ver

VALENCIA. "¿Sabes lo que es más destructivo que una bomba nuclear? Las palabras". El Kim Jong-un de ficción, encarnado por Randall Park, le espeta esta frase a Dave Skylark, el presentador inmaduro y estúpido que interpreta James Franco. Podría ser la filosofía que anida tras The Interview. Podría ser un giro interesante. Podría ser una sentencia sobre la que construir reflexiones varias. Podría, si no estuviera rodeada de tantas memeces y chistes soeces. Podría, si no quedara en la superficie, a la manera de la filosofía de los sobres de azúcar, recubierta de bromas generacionales, romances ridículos y topicazos. Porque The Interview podría haber sido muchas cosas, pero al final es tan solo una mera anécdota.

Posiblemente, si el Kim Jong-un real no hubiera ordenado el ciberataque a Sony, de no mediar esa agresión virtual que convirtió a este largometraje en un emblema, The Interview se habría estrenado sin pena ni gloria, como sucedió con anterioridad con Team America: World Police (2004, Matt Stone y Trey Parker), la película de animación con marionetas que ridiculizaba al padre de Kim Jong-un, el de por sí estrambótico Kim Jong-il.

Pero el ciberataque ha existido. También el ridículo miedo de algunas grandes cadenas de exhibición estadounidenses. Y, por supuesto, la campaña gratuita de marketing que ha hecho de esta chorrada un icono de la libertad de expresión. Todo ello ha convergido de tal forma que ha provocado que este desperdicio de tiempo sea hoy un éxito incomprensible.

Es tan ridícula esta comedia que codirige y coprotagoniza Seth Rogen, es tan boba, posiblemente una de las sandeces más grandes que ha pisado la cartelera en los últimos meses, que incluso cabría aceptar cualquier tipo de teoría conspiranoica. Es más, uno siente deseos de que sea verdad que Sony ha pagado a Corea del Norte para que realizara el ciberataque que la ha dejado al desnudo.

Porque la alternativa es terrible. Asusta y aterroriza la perspectiva de que exista un dictador que posee bomba nuclear y que se puede sentir ofendido por una guasa tan chocarrera. Si por The Interview Kim Jong-un ha movilizado a sus técnicos, si por esta película ha ordenado asaltar los ordenadores de Sony, ¿qué no hará por cosas realmente importantes?

Decía el malogrado Rafael Azcona (1926-2008), guionista de algunas de las mejores películas de la historia del cine español, que el humor es el arma de los pobres. Ante la risa, el poderoso está indefenso. Ante la broma, el ridículo, no hay nada que te proteja. La chanza nos iguala a todos. Quizá por eso el personaje de Jorge de Burgos intenta en El nombre de la rosa que nadie tenga acceso al segundo libro de la Poética de Aristóteles, el dedicado a la comedia; para mantener el miedo, el terror, para imponer el respeto. Pero en este caso ha sido más bien al contrario. Intentar silenciar se ha vuelto en el mayor altavoz. De hecho la película ha pasado ya a formar parte de los ejemplos del Efecto Streisand en la Wikipedia.

The Interview es en la práctica una parodia de la ya célebre El desafío: Frost contra Nixon (2008, Ron Howard). Se parte de un modelo similar. El protagonista es un presentador de un programa de variedades. El reto es entrevistar a una de las personalidades políticas más importantes del mundo. Las expectativas son las mismas: malas. El resultado, se prevé, será idéntico: el periodista bobo, superficial, vencerá al malvado. Viene a ser algo así como un cuento de hadas, una fantasía de que hasta el tonto más tonto, si es bueno, vence al malo. Un auténtico placebo.

En sí The Interview, que codirige Evan Goldberg, no es más que una acumulación de chistes dispuesta sobre modelos prefabricados. Parte del manual de la buena comedia romántica. Tenemos dos personajes principales: uno inmaduro, el presentador, que queda reflejado por sus constantes alusiones a la mitología de El Señor de los Anillos en un chiste que no sé si mi abuela entendería, que diría el clásico; el otro, maduro pero insatisfecho, su productor, encarnado por un Rogen que no desarrolla precisamente su mejor actuación, con la vis cómica de vacaciones. Ambos son los responsables de uno de los programas de entrevistas a personajes del mundo del espectáculo más popular de Estados Unidos. En su espacio los famosos confiesan lo inimaginable.

Casualmente son el programa favorito del dictador norcoreano, quien les ofrece una entrevista, la primera que concede a un programa de televisión occidental. La propuesta llega de una manera insólita, con helicópteros y todo, en una secuencia que parece a su vez parodia del prólogo de El dilema (1999, Michael Mann). Los dos aceptan la oferta y aunque las expectativas de sus compañeros son reducidas, nadie cree que vayan a conseguir hacer nada decente, en el ínterin a su viaje son reclamados por la CIA para una misión fundamental para la paz mundial: Deben matar al dictador.

Entre el exceso y la astracanada, el absurdo y la ironía, The Interview encadena de manera continuada y sin descanso momentos divertidos con otros que provocan vergüenza ajena. Así sucede con las confesiones que se pueden ver en el programa de ficción: La de Eminem tiene hasta su gracia, mientras que la de Rob Lowe carece de la más mínima chispa. Es una constante en toda la película. Una broma tiene su aquél. La siguiente no. Y al final no se compensan. Se suceden con tanta celeridad que los chistes malos acaban pesando, son una losa imposible de levantar. Pruebe: primero una cucharada de azúcar, luego otra de sal, y así hasta cien veces. Eso es lo que produce The Interview en el espectador.

Las alusiones a la cursilería de las canciones de Katy Perry, los chistes sobre los cócteles, las mentadas burlas al mundo friki de El señor de los Anillos, la peripatética historia de amor entre Rogen y su enlace norcoreana, todas las tonterías que sazonan el largometraje la sitúan muy lejos de otras grandes parodias como El gran dictador (1940, Charles Chaplin). No tiene, por ejemplo, el intento de épica de ésta y su discurso final. The Interview se queda en el chascarrillo facilón, la risa tonta.

Que esta película le haya costado el cargo a la jefa del estudio de Sony, Amy Pascal, que este mismo jueves fue despedida de su puesto, no deja de ser una ironía cruel, algo así como la muerte de Pinkerton, el creador de la primera agencia de detectives, quien falleció tras resbalar por la calle y morderse la lengua. Porque The Interview no es nada más profundo que una broma cervecera antes de un partido de fútbol, una chirigota entre gin tonics un sábado por la noche, una inocente burla adolescente. ¿Qué hundió su carrera, señora Pascal? Un mal chiste.

"¿Sabes lo que es más destructivo que una bomba nuclear?". Se lo dice el Kim Jong-un de ficción al personaje de James Franco en la película, mientras están jugando a baloncesto. Es una pregunta retórica. Él mismo la responde. "Las palabras". Y lo afirma como descubriendo una gran verdad. Pero está equivocado. Hay algo aún más destructivo, mucho más malvado, infinitamente más dañino: La estupidez. Intentar censurar esta película es un buen ejemplo de ello.

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