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LA PANTALLA GLOBAL

Brillante Mendoza o la internacionalización del cine filipino más independiente

EDUARDO GUILLOT. 01/12/2014 El director ha recibido un homenaje en el Festival Internacional de Cine de Gijón, que acaba de bajar el telón de su 52ª edición

GIJÓN. Si los primeros días del Festival de Gijón estuvieron capitalizados por la presencia en la ciudad asturiana del singular Terry Gilliam, la segunda mitad del certamen ha contado con otro protagonista de altura, el filipino Brillante Mendoza, un cineasta que ganó el Leopardo de Oro en Locarno con su primera película (Masahista, 2005) y que, desde entonces, no ha dejado de recibir galardones en los festivales más importantes del mundo. Su nombre, junto al de otros realizadores como Lav Diaz o Raya Martin, ha vuelto a poner a su país en el epicentro del cine de autor contemporáneo.

"Para serte realmente honesto, nunca he sido consciente de ese hype", comenta Mendoza al ser preguntado por el éxito del cine filipino reciente en los festivales especializados. "Dicho de otro modo", matiza, "soy consciente, pero es algo que no me molesta. Al final, tu trabajo es el que habla por ti. En el futuro, si nadie se interesa por mis películas, quizá sea porque he perdido el interés por lo que hago, y si es el caso, preferiré dejar de rodar. Pero creo que lo importante es hacer la cosas intensamente, convencido, y eso es lo que me hace seguir avanzando como cineasta", explica durante una conversación que tiene lugar en el Antiguo Insituto de Gijón. Su futuro es impredecible, pero el presente de Brillante Mendoza no puede ser mejor. Kinatay (2009), por ejemplo, le valió el premio al mejor director en Cannes, y a lo largo de su carrera también ha recogido galardones en Venecia o Berlín. "La competición en los festivales siempre es muy sana, y no me hace sentir incómodo, porque el festival es interesante para nosotros del mismo modo que para el público. Es evidente que es una de las principales razones por las que los festivales resultan tan atractivos".

Prácticamente desde sus comienzos, Mendoza ha puesto el acento de su cine en los aspectos sociales relacionados con su país, motivo por el que la crítica occidenal destaca su figura. En Filipinas, sin embargo, sus películas forman parte de una escena minoritaria. "Todas se han estrenado comercialmente y están disponibles en DVD, pero si hablamos de grandes audiencias y las comparamos con los éxitos de taquilla, esa es otra historia. Yo no hago películas mainstream, mi público natural es el alternativo. No lo niego, y tampoco me quejo, aunque creo que poco a poco la audiencia de mis películas va creciendo, porque yo mismo trato de que sean más accesibles, más fáciles de entender. Si no explicas lo que quieres contar al público y le haces las preguntas adecuadas, puede salir del cine con una idea equivocada en mente".

De hecho, la batalla se centra en crear un público que ya existe en otros países del mundo. "En Europa hay una audiencia establecida para el cine de autor, entre otras cosas porque desde hace muchos años el público ha estado expuesto a esas películas. Pero es algo completamente nuevo para Filipinas, donde, hasta hace muy poco, el público solo veía blockbusters de Hollywood y telenovelas locales. El cambio no sucederá de la noche a la mañana, pero lo que importa es que las nuevas generaciones son conscientes de la existencia de un cine diferente. A los europeos les costó unos cuantos años apreciarlo, así que espero que ocurra lo mismo en Filipinas. Soy paciente y acepto el hecho de que estamos en el proceso de educar a nuestro público".

ACTORES QUE NO ACTUÁN

Una de las características destacadas de Brillante Mendoza es su modo de enfocar el trabajo con los actores, a quienes pide "que no actúen". Propuesta nada convencional que choca frontalmente con la concepción tradicional de su trabajo. "No es fácil para los actores profesionales tratar de no actuar, pero se trata de que entiendan mi método. Por ejemplo, yo no trabajo con guión en el rodaje, simplemente les explico la situación en que se encuentran sus personajes. Lo que realmente me interesa hacer con los actores es presentarles sus personajes dándoles el máximo de información sobre ellos. Desde el momento en que los entiendan, se sientan identificados y los conozcan profundamente, es imposible que vayan en la dirección equivocada, así que cualquier diálogo que pronuncien es correcto. De hecho, no me gusta detenerles, respeto la interpretación que ofrecen del personaje. No es un proceso fácil, porque lleva cierto tiempo. Normalmente, un actor recibe el guión, lo estudia, memoriza los diálogos en casa y cuando llega al set ya se sabe sus frases. En mi caso, deben vivir el personaje".

Es un proceso arriesgado, porque puede llevar la película hacia un territorio diferente al imaginado por el propio Mendoza. "Lo interesante del asunto es que a mi también me gusta verme sorprendido, y en el set de rodaje puede pasar cualquier cosa. Es algo que no puedes anticipar, así que me resulta muy emocionante, y me permite obtener inspiración gracias al trabajo de los actores, la localización de la acción o el modo en que ambos se relacionan. Es muy interesante".

Como el lector habrá deducido, el método implica otras diferencias con un rodaje convencional. "En el set trabajo con la cámara previamente sobre los posibles emplazamientos, por razones puramente técnicas, pero en lo que respecta a los actores, no hago ensayos". Esa búsqueda de la espontaneidad y la autenticidad conlleva también el uso exclusivo de primeras tomas. Incluso la estrella francesa Isabelle Huppert se adaptó a las circunstancias en el rodaje de Cautiva (Captive, 2012). "Cualquier actor profesional que ha trabajado con otros directores encuentra mi método bastante difícil, porque están acostumbrados a ensayar, leer guiones... Todo lo que hacen es muy preciso. Conmigo tienen que dejar eso a un lado y desaprender lo que han aprendido a lo largo de su vida. Traté de explicarle a Isabelle Huppert mi forma de dirigir y lo entendió muy bien. Es una gran artista, muy adaptable". 

El enfoque de la interpretación no fue el mayor problema del film, único de Mendoza estrenado comercialmente en España. "Fue un rodaje duro. Uno de los más complicados de mi carrera, porque fue un trabajo muy físico. Y peligroso, ya que rodamos en medio del mar, en la selva, tuvimos que medicarnos contra la malaria... Afortunadamente, no sucedió ningún accidente, pero había peligro constante. Fue un auténtico reto".

LA POLÍTICA DE LOS AUTORES

Cautiva fue recibida con división de opiniones, como si la crítica que había mimado a Mendoza hasta entonces se sintiera traicionada al constatar que trataba de ampliar su público trabajando con una estrella internacional. "Yo no hago las películas para los críticos", afirma con rotundidad el filipino. "Quiero decir que para mi es una experiencia mucho más enriquecedora saber que puedo ser capaz de hacer todo lo que hice en esa película. Cuando la veo alguna vez en algún festival, sigo preguntándome cómo puede hacerlo, y me sorprende. No siempre vas a gustar a todo el mundo. Kinatay ganó el premio al mejor director en Cannes, pero si buscas las críticas que aparecieron cuando se estrenó en el festival, hubo quien dijo que era uno de los peores cineastas del certamen. De todo eso se aprende".

En 2012 también rodó Thy Womb, igualmente localizada en Mindanao, hecho que permite contemplarlas como un dueto. "No fue algo intencional, simplemente ocurrió. Cautiva hablaba sobre el movimiento separatista Abu Sayyaf de Mindanao, y luego volví a la zona para relatar una historia diferente. Pero estoy muy contento de haber hecho esas películas, porque existe un conflicto allí desde hace tiempo y llevar esa tensión a una audiencia amplia es importante, porque puede servir para que la gente hable de ello y quizá trate de saber más cosas sobre lo que sucede. De algún modo, espero que ayudaran, y me alegra haber contribuido en mi propia pequeña escala a dar a conocer la situación en Mindanao".

Actualmente, Brillante Mendoza da los últimos toques a una nueva película que podría contemplarse como el reverso de Lo imposible (The Impossible, 2012). Mientras la película de Juan Antonio Bayona focaliza la atención en una familia occidental de clase media afectada por una catástrofe natural y relega a los tailendeses al papel de comparsas, el cineasta filipino prefiere adoptar otro punto de vista. "Trata sobre el último tifón que afectó a mi país. Oficialmente mató a seis mil personas, pero se manejan cifras de hasta veinte mil desaparecidos. Es una historia sobre gente que lo ha perdido todo y que trata de seguir adelante con su vida, recogiendo los pedazos después del desastre y tratando de mantener su dignidad como seres humanos. Estoy en la fase de montaje, y espero poder mostrarla el año que viene en algún festival".

Un cineasta con mirada propia, al que conviene descubrir, y que basa su discurso en la observación antes que en la gratificación del espectador. "Pertenecer al mundo del cine me permite adoptar una postura, por eso creo que mi cine debe abordar cuestiones sociales. Mi intención es contribuir al cambio en Filipinas. Por supuesto, siempre que abogas por el cambio, lo haces en sentido positivo, pero al mismo tiempo no me gusta dar a mis historias falsos finales que permitan albergar esperanzas infundadas. Aspiro a ser realista, y por eso en mis películas nunca sermoneo ni establezco juicios morales, simplemente muestro la realidad, y eres tú, como espectador, quien debe tomarse esa realidad en sentido positivo o negativo. Creo que es mejor hacerlo de ese modo".

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