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LOS LIBROS DE @CORAZONRURAL

De cómo la clase
media se hizo el 'harakiri'
con sonrisa 'profident'

ÁLVARO GONZÁLEZ. 10/11/2014 Un ensayo analiza la crisis de la clase media, con especial atención a los gustos de la cultura popular

MADRID. Los militantes del PSOE más avezados suelen recomendar con lágrimas en los ojos un libro de uno de sus antiguos secretarios de organización, Txiki Benegas. Se llama El socialismo de lo pequeño y en uno de sus capítulos se lamentaba por un fenómeno palmario: las clases medias, cuando están asentadas, empiezan a dejar de serlo, al menos en espíritu. Es decir, según planteaba, a medida que tienes poder adquisitivo, pues si te tienes que pagar un fisio privado, te lo pagas. Si te puedes pagar un diagnóstico rápido de lo que sea, pues pagas. Y al final, le haces un seguro privado a toda tu familia. Porque has llegado al punto y al nivel adquisitivo de poder hacerlo.

Entonces lo siguiente es sentirte especial. Mejor. Y entender, por favor, olvídense de las comparaciones con la política territorial española de esta semana, no va por ahí, que tú no tienes por qué pagar con tus impuestos la sanidad de los que te quedan por debajo. De hecho, una décima parte, que tú interpretas como el todo, vienen de otros países lejanos. Si no te parecen monos, los ves como muertos de hambre que tienen que dar gracias sólo por pisar tu terruño. Ya es un éxito, estar, oh, en este país cualesquiera mejor de mejores en no sé cuántos deportes.

De modo que asumes con plena conciencia que ya que te pagas la Sanidad solo porque eres muy listo y muy hacendoso, los demás deben de hacer lo mismo y tú no tienes por qué contribuir a la suya, a la pública. Consecuencia inmediata: exigir que te bajen los impuestos. Y ahí, venía a decir Benegas, moría el socialismo como los ríos en el mar. Y con él, la clase media. Al menos en Europa.

Este libro El fin de la clase media también abunda en esa cuestión. Pero, pasados los años, quién lo iba a decir, qué sorpresa, no lo hace por lo alto, sino por lo bajo, por la proletarización de la clase media. En el contexto de la crisis de 2008 en nuestro continente, la clase media es un estrato económico víctima de un proceso de devaluación interna que la está haciendo perder toda su pujanza social, política y económica. ‘El fin de la clase media' analiza el camino recorrido hasta este punto.

Pero no se trata de un ensayo sociológico propiamente dicho. Esteban Hernández ha puesto el peso de su ensayo en la cultura popular. Antes era complicado leer un libro así, que tratase estos temas y con esta profundidad, en nuestra lengua. Algo hemos mejorado. Es la única buena noticia entre estas páginas.

La obra parte del orden laboral acuñado en el taylorismo y fordismo estadounidense. Una organización de trabajo disciplinada que sabía premiar la fidelidad al sistema de la cual surgió la clase media. Ese grupo social consiguió establecer un marco de desarrollo humano incomparable. Sin embargo, sostiene el autor apoyándose en Ortega y Gasset, tanto los avances de la ciencia como los jurídicos terminaron considerándose como un regalo, nada que obligase al individuo mantenerlo.

También, el sistema debía sobreponerse al anhelo de un pasado edénico del campesinado que había sido asimilado en las ciudades en condiciones miserables. De esa actitud surgió la necesidad de Educación, concluye, y de ahí, la solidez de esta clase social.

Además, en un contexto en el que primaba la gran producción, el sistema capitalista logró también imponerse por su capacidad de seducción sobre el ser humano al régimen comunista. La diferencia en el margen de libertad y el pequeña parte de la producción que iba destinada al trabajador terminó siendo superior a un sistema donde primaban las necesidades de la revolución por encima de los deseos individuales.

Esa parcela individual, que Ford combatía más allá de la disciplina con rectitud moral en todos los órdenes de la vida, terminó derivando en cierta permisividad con algunas desviaciones ocasionales. El tiempo de esparcimiento. Estos fueron, explica Hernández, los puntos definitorios de la clase media del siglo XX.

A continuación, el libro se introduce en los cambios de mentalidad de esta clase media. Del fenómeno de las ovejas descarriadas, de la minoría de jóvenes de clase media estadounidenses que preferían alternar con negros, gente del hampa, comunistas americanos y todo lo que se ha conocido comúnmente como gente de mal vivir, hasta los tiempos en los que los ‘fuera de la ley' han copado nuestras televisiones, son los héroes de la sociedad, cuando no los presidentes del gobierno, como pudiera ser el caso de Italia con Berlusconi y otros líderes ‘carismáticos' que han proliferado en Europa.

El jazz, dice, rompía el diseño de la clase media. Su existencia predecible y organizada que se traducía en unos gustos equivalentes. Los hipsters, los auténticos, no la tendencia actual, adoptaban el lenguaje de los negros, su ética existencial y articulaban una respuesta en clave nihilista.

"Eso eran el be bop y el hard bop, frente al mundo repetitivo de melodías inocuas, pensadas para articular y engrasar las vidas aproblemáticas de familias funcionales, sus notas optaban por la variación, la autoexpresión, la intensidad, la belleza indómita, algo que los hipsters trataban de prolongar, sin demasiada suerte, en sus vidas".

El escritor Norman Mailer (1923-2007) en su domicilio.

En otras palabras, los que buscaban la intensidad continua y la satisfacción instantánea de sus deseos, al margen de las convenciones sociales, no terminaban siendo otra cosa que psicópatas, según los razonamientos de Norman Mailer, cita. Pero la explosión cultural que desencadenaron estos jóvenes descontentos de clase media terminó erigiendo una industria del ocio que llegó a ser imprescindible en la vida de cualquier persona. La pátina de rebeldía.

"Creía que la civilización consistía esencialmente en la represión de la naturaleza humana, y que por tanto, el desmontaje de los valores, preconcepciones y conceptos en los que la sociedad moderna se apoyaba significaría, por ese simple hecho, un cierto retorno a lo que de verdad somos, a algo aún no alienado que subsistiría bajo esa capa impositiva".

Así se ha llegado, continúa, a una necesidad de autovaloración constante y una huída de lo público. Una búsqueda de lo privado como refugio obligada, por otra parte, por la consideración de que en lo común sólo prima el interés y la deshonestidad.

Un individualismo en el que, paradójicamente, las doctrinas del capitalismo financiero han logrado imponerse sobre los intereses de las clases medias del mismo modo que estas prevalecieron en la Guerra Fría.

Ahora sólo queda dilucidar si realmente a lo que está abocada la clase media es a una proletarización o, en realidad, a una forma de vida estadounidense moderna. Un, dicho llanamente, a quien Dios se la dé San Pedro se la bendiga. En el que tanto eres tanto vales y donde un error de cálculo, como le ha pasado a nuestra clase media en muchos aspectos, así empieza el libro citando casos reales, en el que no calcules o sepas anticipar lo que está por venir, te pueda llevar a la ruina. Por supuesto, sin colchones que amortigüen tu caída en desgracia.

EL FIN DE LA CLASE MEDIA
Esteban Hernández
Editorial Clave Intelectual ; Septiembre de 2014
18  euros

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7 comentarios

Jaeger escribió
14/11/2014 14:40

Paisano,eso demuestra que la estupidez y el semianalfabetismo sobrepasa fronteras

Paisano escribió
12/11/2014 11:38

Saludos Jaeger. Y ni que decir tiene que existe gente con seguro privado que no vota al PP ni por asomo. Hablo de algún caso de entre mi círculo cercano. Las victorias electorales en España están más que analizadas. No soy el adecuado para proporcionar tesis definitivas, pero desde luego lo que he leído aquí no aclara lo que ha sucedido. Por qué los británicos reeligieron a la Thatcher cuando la trituración de industrias, minas y sindicatos estaba en apogeo ¿Sólo por revivir viejas glorias en las Malvinas? Pues eso. Que es infinitamente más complejo.

manolito escribió
12/11/2014 08:05

Magnífico artículo pero hay dos hechos que quedan poco claros: - Los impuestos en España, ¿cuándo han sido bajos? - Los impuestos en Estados Unidos son reducidos y tienen un paro inferior al 10%. No parece por tanto que el deterioro de la sociedad se deba a la reducción de impuestos sino a otros factores.

Jaeger escribió
11/11/2014 17:36

Creo que no lo entendeis. No se trata de que todo el que contrate un seguro privado sea un egoista insolidario, sino de que muchos, como se lo podían permitir, decidieron que no les apetecía aportar lo que les correspondía y se inclinaron por opciones políticas que aspiraban a destruir ese estado social y de bienestar que precisamente era el mismo que les había posibilitado las condiciones para poder permitirse esa sanidad privada. El egoismo, no querer aportar como otros lo hicieron antes que ellos, la insolidaridad les pudo y ahora vienen los lloros.

Paisano escribió
11/11/2014 14:30

Saludos: No me he leído el libro, así que a saber la de matices que me dejaré en el tintero. Encuentro el artículo simpllsta en exceso. La existencia de seguros privados no anda en absoluto reñida con una sanidad pública de altísima calidad. Sí, eso acabo de decir. Al menos para el menda que esto escribe. Al menos entre personas muy cercanas, la cuestión nunca ha sido "En la pública te mueres en la privada no". Sino más bien matices del tipo, "En la privada tienes una habitación para ti solo" o "En urgencias tardas menos en la privada". ¿Que hay algo de señoritismo en ello? tal vez. O llevar a tus hijos a un colegio concertado religioso (caso real) siendo un ateo convencido... porque el centro público que les correspondería se ha degradado hasta límites inaceptables. Y con respecto a rozarse con el lúmpen. Pues no le daría demasiada validez, desde la bohemia a las reuniones con Panteras Negras de los pijos neoyorquinos, pasando por acudir a tablaos flamencos en barrios étnicos. En el fondo es sentir la aventura o quitarte la mala conciencia elitista.

Óscar escribió
10/11/2014 13:13

No estoy de acuerdo con la idea de partida. Yo tengo seguro privado y defiendo y defenderé siempre que hay que luchar por mantener los niveles de calidad (que son muy altos) de la sanidad pública. ¿Por qué? Pues porque los seguros privados no serían en España tan buenos si la sanidad pública no fuera tan buena como lo es la española. (Los seguros privados tienen que ofrecer algo significativamente mejor a lo que ya es bueno para que merezca la pena hacerlo). Además creo que en cierto modo tener un seguro privado puede ser considerado un acto patriótico (y es una pena que esto sea así pero es lo que es). No hay más que ver el horror kafkiano que pueden llegar a ser los servicios de los seguros médicos estadounidenses, donde no hay una sanidad pública que establezca un mínimo, para darse cuenta de lo necesario que es que haya una sanidad pública de máxima calidad. Además, por supuesto, creo que todos los que tenemos seguros privados tenemos clarísimo que el día que tengamos algo grave de verdad acudiremos a la sanidad pública. Un saludo

luis escribió
10/11/2014 13:07

Todos estos ensayos hubieran tenido muchísimo más valor si se hubieran editado en 2007 ahora sólo sirven como la vieja cantinela "ves, te lo dije"

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