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A solas con Helga Schmidt: la intendente reivindica su gestión

CARLOS AIMEUR. 07/11/2014 La austriaca asegura que el Palau de les Arts "es uno de los mejores teatros de ópera del mundo"; el coliseo intenta renacer de sus cenizas
Henrik Nánási, director musical, Miguel Bosch, creador de las videoproyecciones, Helga Schmidt, Davide Livermore, responsable de la puesta en escena, y Manuel Zuriaga, escenógrafo.

VALENCIA. Miércoles, ocho de la tarde. El Auditorio Superior del Palau de les Arts es un ir y venir de técnicos. La actividad que se registra en la sala contrasta con el habitual silencio que rodea al edificio de Santiago Calatrava cuando llega la noche en los días laborales. Faltan 48 horas para que el complejo operístico dé el pistoletazo de salida al nuevo curso. Lo hará con una ópera en concierto, El castillo del duque Barbazul, de Béla Bartók, con la que se abrirá la temporada de conciertos.

El director húngaro Henrik Nánási (Pécs, 1975) es el protagonista de esta primera cita. Debuta al frente de la Orquestra de la Comunitat Valenciana con un monográfico sobre Bartók que incluye también la obra Divertimento para orquesta de cuerda, que abrirá el programa. Para este espectáculo el Palau de les Arts ha preparado un montaje audiovisual a partir de una idea escénica de Davide Livermore con videoproyecciones de Miguel Bosch. La propuesta de ambos entrelaza el simbolismo pictórico del vienés Gustav Klimt con la concepción metafórica del Barbazul de Bartók. "Esto casa perfectamente con esta música", dice la intendente Helga Schmidt señalando a las pantallas.

La austriaca asiste, como es habitual en ella, a los ensayos. Le gusta ver cómo se desarrollan. En una decisión de última hora se ha optado por bajar del balcón superior a pie de foso a los dos cantantes, la mezzosoprano petersburguesa Elena Zhidkova y el bajo húngaro Gábor Bretz. Altera un tanto la concepción del audiovisual, que lo que hacía era envolverles, pero se ha optado por esto porque, dicen, así se les oye mejor.

La orquesta se encuentra en esos momentos en el descanso. Algunos profesores de la formación pasean y hablan por el patio de butacas, por las primeras filas. Otros practican sobre el escenario sus partes de la compleja partitura de Bartók, que recibe los elogios de algunos de ellos. "Es muy buena", comentará uno de los solistas al finalizar el ensayo. "Muchos de los músicos no conocen la partitura y les está encantando", comenta Schmidt risueña. "Esta orquesta es maravillosa. Lo que hemos creado es magnífico. Se nos ha ido [el solista de oboe Christopher] Bouwman pero es sólo un año. Fíjate qué metales", insiste.

Está orgullosa de su calidad. No en vano es su invento, su gran arma, que creó con la complicidad del malogrado Lorin Maazel, su legado, en el caso de que se concrete que ésta es su última temporada en Valencia, que se va. Aunque su salida es un tabú. "De eso no quiero ni hablar", dice. Otras voces advierten de que quiere mantener la relación con Valencia. De que, siempre que pueda, quiere seguir vinculada. Se están buscando fórmulas para conseguirlo. Ella no responde. Lo cierto es que "está más activa que nunca", comenta Livermore. Acaba de volver de un viaje y se ha pasado toda la semana solventando diferentes cuestiones.

La prioridad hoy es el Barbazul de Bartók. Sola, en medio del pasillo del Auditorio Superior, Doña Helga, como la llaman en el Palau de les Arts, ladea la cabeza mirando al escenario, una vez la orquesta y los cantantes vuelven a sus sitios para retomar el ensayo. Hay algo que no acaba de entender o que quiere comentar. Con un gesto reclama a Livermore quien se aproxima a ella. Schmidt se da por satisfecha con la respuesta de Livermore y asiente. El italiano vuelve a su silla.

"LOS VALENCIANOS TIENEN LA MÚSICA EN EL ALMA"

Schmidt está muy contenta con el resultado final del montaje y le gusta manifestarlo. Es un concepto de espectáculo que ha querido implantar en Valencia desde que llegó, en los que se combina la música con los efectos audiovisuales. Cree que pueden funcionar. Asimismo, está convencida de que Valencia es una ciudad idónea para la música de calidad. "Los valencianos tienen la música en el alma", comenta la austriaca. "Mira las bandas", señala.

Al margen de su continuidad, este curso es de por sí especial. El año que viene se celebrará el décimo aniversario de la inauguración. Pese a ser un proyecto consolidado, una temporada más el Palau de les Arts se ha quedado sin apoyo del Ministerio de Cultura, algo que no entiende habida cuenta los millones de euros que sí que reciben el Teatro Real o el Liceu de Barcelona. "Zubin [Mehta] me dice que los políticos no saben apreciar lo que hemos hecho. Creo sinceramente que el Palau de les Arts es uno de los mejores teatros de ópera del mundo", asegura convencida Schmidt.

Mehta siempre está presente. Su marcha este verano supuso una ruptura en la historia del complejo y marcó el punto más bajo en su relación con la consellera de Cultura, María José Català, actual portavoz del Consell, que fue abucheada por el público. Ahora la relación entre las dos es fluida, como reconocen desde el equipo de la consellera. "Ahora no hay ningún problema", admiten, "nos entendemos muy bien", añaden.

"Estoy muy contenta con como nos apoya ahora la consellera de Cultura", se adelanta Schmidt. "Este año que viene tenemos dos millones de euros más", apunta. Realmente es uno y medio más; el presupuesto de 2015 será de 21,55 por los 19,79 de 2014. El incremento, del 7,9% interanual, se centra en la partida de gastos de personal, con un aumento, aquí sí, de 2,25 millones de euros. La cuadratura del círculo se ha logrado reduciendo la partida de compra de bienes corrientes y gastos de funcionamiento en 632.190 euros, gracias en parte al trabajo realizado por el gerente Francisco Potenciano.

Su presencia es uno de los argumentos que usa Schmidt para defenderse de quienes les acusan de no haber sabido controlar las cuentas del complejo en los primeros años del Palau de les Arts. "No he tenido hasta ahora un gerente", dice. Tiene también respuesta para quienes le recriminan haber pedido que se le abonen viajes que realizó hacía años, como apuntó la Sindicatura de Cuentas en su último informe. "Cuando dicen que he cobrado viajes de hace tres años, nadie escribe que los he pagado yo de mi bolsillo antes", señala.

Recuerda que en el Palau de les Arts no entró la trama Gürtel porque ella se opuso. "Estoy muy tranquila y por eso duermo muy bien. Nuestro stand en FITUR [en 2009] lo pagamos nosotros directamente. Recuerdo haber dicho que no nos interesaba ir a FITUR, no es nuestro público, pero nos dijeron que era bueno para vender la Comunidad Valenciana". Igualmente defiende su honestidad durante estos años. "No vivo en Suiza. Mi casa está en Viena. El que vive en Suiza es Calatrava", sonríe. "Yo pago mis impuestos aquí. Siempre. Trabajo en España y cotizo en España", añade.

Mientras habla Nánási continúa con el ensayo. El húngaro es actualmente director musical de la Komische Oper de Berlín y es uno de los más capacitados para conducir esta singular ópera, la única que escribió Bartók, con libreto del poeta Béla Balázs. Es especial, llena de simbolismos. Las siete puertas que va abriendo Judit, la cuarta mujer de Barbazul, son representadas a partir de un fragmento de un cuadro de Klimt. Elena Zhidkova canta: "Dame las llaves, todas esas puertas deben ser abiertas". Gábor Bretz le pregunta: "¿Por qué me fuerzas a esto?". "Porque te amo", responde la cuarta mujer de Barbazul. A Zhidkova se le ve muy confiada. Es una habitual del personaje. Lo ha interpretado en la Scala de Milán, en Ámsterdam, en el Saito Kinen Festival con Seiji Ozawa, en Londres con Valeri Guérguiev en un montaje que fue publicado en cedé, y en el Teatro Marinski. Su voz lo llena todo.

El director húngaro Henrik Nánási. FOTO: GUNNAR GELLER.

Schmidt disfruta de lo que ve y destaca especialmente el trabajo de Bosch con los audiovisuales. Está orgullosa del resultado. Cree que al público le puede gustar. "Mi team es magnífico; fíjate que audiovisuales han creado", dice. El ERE ha diezmado al Palau de les Arts, aún flota en el aire y ha dejado tocado al complejo, pero ha mejorado la relación de Schmidt con la plantilla. La austriaca se ha bajado el sueldo tanto como se le ha pedido. No todos la defienden, pero muchos sí han cambiado su visión de ella. "Desde dentro las cosas se ven de otra manera", dicen los críticos con la austriaca.

La propia intendente habla del expediente. "Hemos tenido que pasar el ERE", suspira, "hemos tenido el parón técnico. Eso nos ha retrasado la puesta a la venta de entradas. Por suerte no hemos perdido abonos", apunta. Y se lamenta de no tener más invitaciones para poder repartirlas "por los conservatorios, entre los estudiantes", dice. "Prefiero ver el teatro lleno", dice.

LOS RETOS DE FUTURO

Pero el horizonte es optimista. Por un lado, el Ministerio garantizó a Català que se incorporará en breve al patronato del Palau de les Arts, y eso supondrá más liquidez. Por el otro, la propia organización interna del complejo ha mejorado gracias a que han conseguido la autorización para fichar a cantantes a años vista. "Ahora por suerte podemos contratar a cuatro años", explica Schmidt. "Ése es un gran avance, porque nos va a permitir programar mejor. Podremos contratar por adelantado. Antes teníamos que ir pidiendo fechas. Ahora podremos adelantar mucho. Eso va a ser muy importante".

En ese mismo escenario, tiene dos retos pendientes. Uno de ellos es elegir el director musical. Por el momento se barajan varios nombres. Schmidt no quiere hablar de ninguno en concreto pero, por ejemplo, de Gustavo Gimeno sí que dice si se le pregunta que es "encantador" y le augura un gran futuro, alabando con pasión su talento. Dirige a la orquesta el próximo 16 de noviembre. Mientras que de Vladímir Jurowski resalta tanto su interés de años por traerle a un concierto para el Palau de les Arts, como el que ha mostrado él por venir a Valencia. "Va a venir en sus vacaciones", explica. Será el 21 de febrero.

El otro gran desafío es recuperar el Festival del Mediterráneo, que este año no se realizará por una cuestión presupuestaria. Schmidt tiene la garantía de que volverá la temporada que viene. "Es barato, se puede hacer con poco dinero y atrae gente", dice de él. De hecho ese parece ser el modelo del futuro para el complejo valenciano: una temporada regular con producciones eficientes y un festival en el que se exhibirán los grandes estrenos, como se hizo con la versión de El Anillo del Nibelungo con La Fura dels Baus que le ha granjeado fama internacional al complejo valenciano.

Se termina el ensayo. La ópera acaba con el castillo de Barbazul sumido en las tinieblas. "Ok. Thank you very much. Very good", dice una voz por megafonía. Se enciende la luz. Hay un amago de aplauso. Schmidt se levanta. Va abajo, a hablar con el director y los cantantes. Los músicos guardan sus instrumentos y se van. Los técnicos terminan de recoger el cableado. Livermore habla con sus asistentes. Los músicos coinciden en el ascensor. Bromean entre ellos. Salen por la planta inferior menos tres, pasan por un pasillo frente a la cantina y suben a la salida exterior de la cota menos uno. Se desperdigan en grupos. Al salir al exterior se encuentran el vallado que rodea el edificio, a la espera de que comiencen las obras que lo volverá a recubrir de trencadís. Tiene algo de simbólico. Este viernes comienza la temporada en la que el Palau de les Arts debe volver a su estado original.

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