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TENDENCIAS ESCÉNICAS

El joven teatro español le da un giro pop a Shakespeare

BEGOÑA DONAT. 15/10/2014 Sergio Peris-Mencheta y Marta Pazos coinciden en encontrar una cualidad pop a 'La tempestad'
Foto: Antonio Vicente

VALENCIA. Lecturas contemporáneas de Shakespeare hay legión. El autor inglés ha inspirado sin cese el ingenio de los dramaturgos y directores de escena con la complejidad de sus piezas, que lo encierran todo. No en vano, el crítico y teórico literario estadounidense Harold Bloom le atribuye "la invención de lo humano". Su última pieza, La tempestad, ha sido abordada en nuestro país por, entre otros, La Cubana, Calixto Bieito, Helena Pimenta y Lluís Pasqual. Ahora han sido seducidos Sergio Peris-Mencheta y Marta Pazos, que le han dado un meneo pop y posmoderno al romance tardío del bardo de Avon.

El director y dramaturgo madrileño ha comandado a un elenco de cinco actores al llamado del clásico generacional del cine de los ochenta Los Goonies (Richard Donner, 1985), mientras que la directora gallega ha evocado el alter ego de David Bowie en los setenta Ziggy Stardust. Hay paraguas bajo la lluvia, travestismo, cervezas, golf, ukeleles, y todo con el debido respeto al texto original.

AQUÍ UNOS AMIGOS QUE JUEGAN

La Tempestad de Peris-Mencheta es Tempestad, así, sin artículo. Y ese es sólo el comienzo de un trabajo denodado de economía de texto. El director y adaptador no ha vivido el recorte como un sacrilegio. "En ningún momento sentí ese peso, ya que considero a Shakespeare un compañero, lo conozco desde que empecé a estudiar. Intentar abarcarlo por entero es un error, porque se convierte en una diletancia absoluta", considera Peris-Mencheta.

La traducción del texto es de Manuel Ángel Conejero, su primer maestro, quien advertido por su otrora alumno de su intención de "destrozar" la obra, le respondió: "Me parece estupendo, es lo que hay que hacer".

Así que en ello se aplicó en compañía de los intérpretes. "Me gusta pensar que los actores son creadores también, que abrimos el telón todos juntos", explica Sergio. El resultado es, por tanto, fruto del juego de ocho cabezas, corazones y tripas y subirá a las tablas de La Rambleta este fin de semana, los días 18 y 19 de octubre.

Pero, ¿por qué La tempestad y no cualquier otra de las producciones de Shakespeare? "Porque es una obra rara, inacabada o acabada rápido, pero al mismo tiempo esos defectos contienen sus virtudes. Es más abierta que el resto de Shakespeare y contiene elementos de textos anteriores, la comedia de enredo de Noche de Reyes o La comedia de los errores, un amor políticamente incorrecto como en Romeo y Julieta, el intento de regicidio entre hermanos de Hamlet y las tramas en torno al poder de Ricardo III. Te da una libertad maravillosa para lo creativo, te deja volar en terrenos donde habla de lo humano como algo  universal".

El director compara La tempestad con los mecanos manuales con los que jugaba de niño, "un rompecabezas de mil caras que te permitía construir una cosa, además de otra y otra". Y va más allá, asemejándola con la película Los Goonies, por el ánimo lúdico que impelió a todo el equipo a vivir el proceso de adaptación como una aventura. El elenco pasó dos meses y medio de talleres sin abrir la obra y tres meses ensayando y montando. "Esta dinámica permite jugar mucho, que el niño salga. La tempestad es un desván lleno de posibilidades y tesoros y esta obra transcurre en una isla donde un barco naufraga".

De ahí que la compañía se haya bautizado como Barco Pirata. Los bucaneros de esta versión tripulan una nave juguetona a la par que atareada, pues interpretan a más de 20 personajes, cantan, tocan instrumentos y ejercen de técnicos. Y todo ante los ojos del espectador, que ahí está la gracia.

"La tempestad habla de la transformación y me pareció muy sugerente en una época de crisis, que para mí es sinónimo de cambio, poder hablar del tránsito, de pasar del actor al personaje, de la vida a la muerte, de un personaje a otro".

Así, Javier Tolosa interpreta al rey Alonso, quien se convierte en Calibán, el esclavo, y no de manera gratuita, sino con un propósito dramático. "No buscamos que el actor se luzca, sino que tiene que ver con la metamorfosis de los seres humanos, con cuando no nos queda otra que despojarnos de lo que estamos acostumbrados para seguir sobreviviendo".

PERIS-MENCHETA, PRESENTE

Del mismo modo sucede con el actor Víctor Duplá, que da vida a Próspero, el señor de la isla, también a Antonio, usurpador al Ducado de Milán, y en un ejercicio metateatral, al director de la función. La obra, de hecho, arranca con el grupo de actores preparándose para interpretar la obra bajo las órdenes de Víctor, como un juego de espejos en el que interpreta al propio Sergio Peris-Mencheta.

Foto: Antonio Vicente

"La puesta en escena es teatro dentro del teatro, Próspero aparece con un gran demiurgo, casi como si se tratara de Shakespeare encima de la función, y la pluma que escribe todos sus ardides es Ariel, el elemento que utiliza para manejar a unos y a otros en la trama", argumenta el director.

Y todo, sin grandes alharacas de escenografía ni efectos especiales, en coherencia con el dictado del teatro de la imaginación impulsado por Peter Brook y Robert Lepage, por los que el director se sienten tan influido. Hay dioramas y teatro de marionetas y filmación en directo y propuestas tan sugerentes como el empleo de folios para asemejar una lluvia.

"Creo en un trabajo artesano, que haga pensar al espectador, en montajes que le propongan más que le dispongan. El teatro es ese lugar a medio camino entre la novela y el cine, ese sitio donde la audiencia ha de hacer la mitad del trabajo. No en vano, el teatro florece siempre en épocas de crisis. Vivimos un momento muy duro no sólo para las artes escénicas, sino para todos y al mismo tiempo esta situación hace que se desarrolle la imaginación, amiga intima del teatro".

LA ÍNSULA TEATRAL 

Foto: Paulo Pacheco

La compañía Voadora también ha inferido una condición metateatral a La tempestad. De hecho, esa ha sido una de las razones por las que se han decantado a adaptarla, pues la exploración del teatro dentro del teatro es uno de los sellos de la formación gallega. Al igual que el trenzado de texto, música y movimiento. "Nos gusta indagar en la identidad del individuo contemporáneo a través del universo teatral y esta obra tiene mucho de Alfa y Omega, de ajuste de cuentas, de legado y paso de testigo", explica la directora artística, Marta Pazos.

A tempestade se nutre de los materiales que surgieron en los trabajos de ensayo de la compañía y del texto de Shakespeare. De ahí que la isla donde habita el depuesto duque de Milán en compañía de su hija Miranda sea un teatro en la puesta en escena, que Próspero se desdoble y sea mago y director teatral, que Ariel no sólo sea el espíritu del aire a su servicio, sino también su asistente de dirección, y que el esclavo Calibán ejerza de técnico del teatro. La figura de Ferdinand, el hijo del rey de Nápoles, es la de un actor de corte más contemporáneo, que al llegar al teatro se siente perdido en ese código antiguo, mientras que los nobles son el grupo de actores de toda la vida, "un poco aburguesados, porque ya llevan muchos años trabajando allí", detalla Pazos.

 

Aunque la mayor parte de su trayectoria han trabajado con textos de autoría propia y experimentado nuevas dramaturgias, no es la primera vez que Voadora se enfrenta a una obra clásica. O Soño, Joane y Tokio3 estaban inspiradas en Shakespeare, Gil Vicente y Dante. La diferencia en esta ocasión es que es la primera que se plantean el reto de recitar el texto original. Tras su paso por, entre otros festivales, Alcalá de Henares, Ellas Crean Bilbao y Fringe de Madrid, la obra se encuentra ahora de gira por Galicia.

De nuevo la pregunta formulada a Peris-Mencheta, ¿por qué La tempestad de entre todo el surtido de Shakespeare? "Porque es la guinda más extravagante a la carrera de un genio en su senectud, su última obra y también la declaración de intenciones de un autor inquieto que prefiere enterrarse en las arenas blancas de una playa de fantasía, que en una realidad que ya ha sabido definir como nadie", apunta Fernando Epelde, responsable de la adaptación e intérprete de Ariel en la obra.

A lo que Pazos añade que La tempestad "tiene un poco de todo, de Romeo y Julieta, de Ricardo III y del personaje de Falstaff, y además es una pieza muy lúdica, irónica, cómica y musical".

GÉNERO ROCKUMENTAL

La música es fundamental en la trayectoria de Voadora, así que conciben A tempestade como un gran rockumental protagonizado por un Próspero que bien pudiera ser David Bowie y secundado por un Ariel cuya estética y plástica evocan a Ziggy Stardust. "Es como si Próspero fuera el Bowie posterior a la formación Tin Machine, que acaba de resurgir de sus cenizas y ha sacado un disco de no se sabe dónde, y su alter ego es el espíritu del aire, uFoto: Paulo Pachecon derroche de fantasía y glam".

En opinión de Pazos, el poeta inglés tiene una condición muy pop. "Queríamos resaltar su adscripción a la cultura popular y el elemento rock". Pazos aprecia la presencia de la música todo el tiempo en la isla, también en el texto. "Todo gira alrededor del piano. El piano como balsa a la que agarrarse". En ese sentido, el trabajo ha sido exhaustivo, pues cuenta con cuatro compositores en el elenco, cuya mayoría son actores músicos.

El casting "no es nada inocente". La compañía tenía muy claro su dream team e invirtió tres años en la producción. "El papel de Calibán es interpretado por Diego Anido, que lleva 10 años especializado en hacer monstruos, y el bailarín y coreógrafo de danza contemporánea Guillermo Weickert es Stefano. Todo el casting se ha realizado en función de la esencia del personaje", advierte.

Precisamente, Stefano protagoniza una bufonada a la que la actualidad le ha dado un cariz político. "Toda la trama en la que quiere coronarse rey de la isla se hace desde una ironía punzante. En la escena de coronación como monarca del backstage, le ponen un cubo de basura en la cabeza, un telón como capa y una escobilla del váter como cetro". El estreno estuvo muy próximo en fechas a la abdicación de Juan Carlos I, de modo que la bufonada adquirió tintes de crítica a la monarquía.

No son las únicas licencias contemporáneas, el vino de Jerez que menciona Shakespeare es sustituido por cervezas de Mahou y la escena en que Stefano descubre a Trínculo, se marca un solo acompañado de palmeros, porque en esta versión en lugar de napolitanos los personajes vienen de Triana. Por no hablar de un Ariel subrayadamente travesti. "Es la primera obra donde aparece una mascarada, si cada vez que Ariel cambia de estado no es travestismo que venga alguien del público y me lo diga".

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