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POLÍTICA CULTURAL

La 'festivalización' de la cultura mantiene la oferta en la Comunitat Valenciana

EUGENIO VIÑAS. 13/10/2014 Mientras que el resto de regiones españolas ya han recuperado la inversión en cultura, la valenciana es la única que sigue restando

VALENCIA. ‘La gestión de festivales en tiempos de crisis: análisis de las estrategias financieras y laborales e impacto de la recesión económica' es el título de la tesis de Tino Carreño Morales del que se desprenden algunos datos interesantes acerca de la ‘festivalización' de la cultura en España. En la Comunitat Valenciana, los datos destacan al contrastar que el gasto en cultura forma unas curvas únicas en comparación al resto del Estado:

De esta forma, Carreño apunta a que la Comunitat Valenciana está caracterizada durante la crisis -analizados los periodos económicos del 2007 al 2013- por una dinámica totalmente distinta. La razón es, según el trabajo, "la gran inversión realizada en grandes equipamientos (con unos grandes costes estructurales) y eventos culturales en el periodo de expansión económica". Una realidad que determina la fuerte caída posterior y la ligadura del gasto cultural a soportar estos contenedores.

En este sentido, solo la Comunidad de Madrid tiene movimientos similares en el periodo estudiado, ya que la valenciana es la única región que siguió aumentando costes en cultura cuando todos ya habían empezado a hacer recortes. Como consecuencia, según se desprende de la tesis de Carreño, está siendo -porque su caída continúa todavía- la última en controlar esa resta.

Los datos ya muestran que el resto de comunidades analizadas sin excepción ya han ralentizado esos recortes. No obstante, el estudio deja intuir que es precisamente el coste anidado a los contenedores y los créditos vinculados a los grandes eventos los que, en el caso de la valenciana, lastran a la región en materia de gasto cultural. No obstante, en sin esta apreciación y en términos absolutos, nuestro gasto por cada 100.000 habitantes muestra la mayor inversión proporcional de España.

POR ENCIMA DE LA MEDIA EN EL GASTO POR HABITANTE

Por ejemplo, el gasto por habitante está muy por encima del doble que en Madrid (43,8 euros frente a 18,9) o Andalucía (24,4 euros). Sin embargo, partiendo de una inversión por ciudadano superior en 2007 frente a Cataluña (los valencianos recibíamos 97,1 euros de cultura por presupuestos; los catalanes tenían 61,1  euros), ahora la tendencia se ha dado la vuelta y mientras que ellos reciben 47,9 euros, en la Comunitat el gasto ha caído hasta los 43,8 euros por habitante al año en materia cultural.

De hecho, desde 2007 el gasto en cultura de la Comunitat Valenciana no ha dejado de menguar, percibiendo ahora un 46% de lo que en aquel año se gastaba en cultura por cada alicantino, castellonense o valenciano. En España la resta también ha sido constante, aunque la resta deja un 57% de lo que se percibía en 2007. Pese a ello, los valencianos seguimos muy por encima del resto en gasto por cultura y vecino gracias a los datos recogidos por Carreño, lo que indica el auténtico éxtasis en torno al gasto cultural para grandes eventos de todo tipo en lo que el profesor de la Universitat de Barcelona llama "bonanza económica".

LÍDERES EN FESTIVALES

Pese a todo, a fecha de 2013 con todos los datos del pasado ejercicio ya presentados, la Comunitat Valenciana es la región que mayor número de festivales tiene, ya sean musicales, de teatro, etcétera. En concreto, 1,1 espectáculos por cada 100.000 habitantes, misma cifra que Madrid aunque con la gran distancia de no contar con todas las actividades comerciales en este sentido que se derivan del Gobierno central, los ministerios y otras administraciones, además del peso de las grandes corporaciones privadas que operan y ‘actúan' allí.

Frente a esto y por población, Cataluña tiene 2,7 festivales por cada 100.000 habitantes, mientras que Andalucía tiene 1,2 y el País Vasco 2,3. En la Comunitt Valenciana, la oferta cultural se mantiene subitamente gracias a esa enorme cantidad de festivales: 28 de música y 29 de artes escénicas u otras, y todo esto pese a la pérdida de referentes internacionales -como destaca la tesis- como el Festival Valencia Escena Oberta (VEO) y la Mostra València - Cinema del Mediterráni, certamenes desaparecidos por la asfixia presupuestaria y no reemplazados por el Consell ni su responsables de cultura.

Frente a estos se sitúa el buen estado de forma de los festivales de música de ámbito privado, entre los que destacan el Arenal Sound, el Low de Benidorm o el ya veinteañero Festival Internacional de Benicàssim. Más allá de estos casos, hay más de cinco decenas de proyectos, entre los que la vía independiente es la clave para su financiación. Carreño apunta a tres vías para conseguir los recursos necesarios y poner en marcha este tipo de vías empresariales: patrocinios, mecenas y micromecenas. Destaca que, ante la caída de la primera fuente y la ausencia prácticamente de la segunda, la tercera es la que mayor crecimiento tiene en España durante los años de la crisis, también propiciada por los sistemas vinculados a Internet y la comunicación entre seguidores, bandas y promotores.

Aun así, Carreño apunta a la caída de público y de gasto entre el público como la principal barrera de supervivencia que han tenido que superar estos festivales durante los últimos años. Si bien la caída para todos los festivales durante los primeros años rondo el -2,6% por ejercicio, a partir de 2011 esta cifra llegó a los -13,6%. Estas caídas no han sido contrarrestadas por la vía pública, ya que según el autor y profesor de la UB, "falta de una política cultural clara desarrollada por el Ministerio en torno a los festivales en la que se ha priorizado una serie de actividades artísticas concretas".

En este sentido, Carreño acusa y compara con otros análisis similares con respecto a otros países y que ha utilizado en la tesis, y llega a esta conclusión ya que "en el estudio de las subvenciones por concurrencia pública, se detecta que la mayor parte de los eventos artísticos reciben ayudas puntualmente e intermitentemente y su importe varía año tras año". Una realidad que impide que de ninguna forma el Estado tenga que ver con esa buena salud y consolidación de los festivales como garante de la oferta cultural.

En el ámbito general, también destacan del prolijo estudio aspectos tan interesantes como que el 46% de los festivales se celebran en julio y agosto (26 y 20 por ciento, respectivamente), que la media de los mismos -y se refiere en todo momento a festivales artísticos de cualquier disciplina- es de 10 días con 26 espectáculos de media por certamen. Además, determina que el principal gasto es para la programación y contratación de artistas (45%), mientras que en el segundo escalón ya se encuentrala comunicación y promoción del festival (20%).

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