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LA HISTORIA RECIENTE

Los 25 años de RTVV, el sueño que se acabó convirtiendo en pesadilla

CARLOS AIMEUR. 09/10/2014 La cadena autonómica celebra este 9 de octubre el cumpleaños más triste de su historia, en pleno proceso de extinción pero aún activa

VALENCIA. Fue a mediados de los años ochenta. Joan Lerma, a la sazón presidente de la Generalitat, mantuvo una conversación con el entonces vicepresidente del Gobierno, Alfonso Guerra, a cuenta de la incipiente Radio Televisión Valenciana, un proyecto empantanado entonces en los despachos de Madrid. Guerra, despectivo, en un momento de la conversación le dijo: "Pero eso es un capricho de Císcar".

La misma argumentación podría haber usado el presidente Alberto Fabra, tan despectiva o más, para justificar su arbitrario cierre, ordenado por él en solitario más de 24 años después, pese a la oposición de todo el Consell, apoyado tan solo por Pedro J. Ramírez y su persona de confianza, la secretaria autonómica Esther Pastor. La televisión era un capricho. Y caro. Ese cierre no ha sido sino la culminación de la deriva de un sueño que comenzó lleno de buenas intenciones y que se convirtió con el tiempo en una pesadilla.

Atrás, muy atrás había quedado la primera emisión. Fue un 9 de octubre. Hace hoy 25 años. La primera presentación de la cadena la realizó el actor Diego Braguinsky y el primer informativo lo protagonizó la periodista Xelo Miralles y tuvo a Luis Lizarán como realizador (ironías de la vida, Lizarán era también el realizador que estaba al frente del control central cuando se apagó la televisión). Se trataba de una plantilla joven, ilusionada ante el reto. Porque, y ese es un detalle que se olvida cuando se echa la vista atrás, los primeros años de RTVV fueron sobre todo años de esperanza.

Paco Picó, productor histórico, un hombre que pertenece desde el inicio a la Casa, como la llaman los trabajadores, recordaba este miércoles sus primeros días como becario, antes incluso de que se hubieran construido los estudios de Burjassot. "Grabé como productor la toma de posesión de Rafa Cano como director de la televisión. Éramos diez personas que estábamos trabajando en Blasco Ibáñez, donde estaba ahora la radio, y grabamos allí programas como Fulles grogues, Oficis i beneficis y Menjar i viure". Posteriormente, durante dos meses, mientras terminaban las obras de los estudios centrales de Burjassot, pasaron a las dependencias de RTVV en Gran Vía Marqués del Turia.

Fue a finales de febrero de 1989 cuando llegaron al edificio de Canal 9. "Fue una impresión tremenda. Todo era muy moderno tanto que hubo que cambiarlo todo", ríe. "Lo que era programas de plató se grababan en pulgada, en una cinta abierta con un ancho de dos pulgadas". Después pasaron al Betacam SP, mucho más fácil de editar, y después al digital. Fue la última televisión que grabó en pulgada programas como Tal com Show y su continuación Rialto Bar, presentados por el periodista Salvador Barber.

EN POS DE LA NORMALIZACIÓN

Muchas veces olvidada, la hermana pequeña, Ràdio 9, consiguió desde el principio el objetivo básico que no era sino la normalización del uso del valenciano, habituar al público a oír las noticias en su lengua. Así lo recuerda Salvador Soria, director de la emisora entre 1990 y 1995. Cuando Soria se incorporó ya había pasado toda la época de la preparación y los resultados fueron desde el principio muy satisfactorios.

"Todos los recuerdos que tengo de Ràdio 9 son positivos", comenta el periodista valenciano. "La prueba del interés es que cuando llegamos la audiencia era minoritaria, pero con el transcurso de los años, Ràdio 9 se situó como la segunda emisora en audiencia de la Comunidad Valenciana", explica. Con programas como Bikini Club de Vicente Bartual como locomotora, y con la creciente fama de Taula Esportiva, Ràdio 9 logró lo que tenía que conseguir. "Lo importante desde el minuto cero fue hacer normal escuchar radio en valenciano. Debería ser normal pero entonces no lo era", apunta Soria. Ahora es casi accidental.

Especialmente importante fue la influencia del Bikini Club, un programa que empezó en el día de San Fermín de 1991 y acabó otro 7 de julio, ocho años después. "Teníamos una media de 215.000 oyentes según el EGM", recuerda Bartual. "Empezó por la noche. Se presentó el proyecto con Carlos Gámez como guionista y se contrató sólo para cubrir vacaciones. Era un contenido muy creativo, ambientado en los años sesenta, con anuncios inventados. Parece que funcionó y después continuamos haciéndolo por la tarde. Primero estaba Joan Monleón con El Picú y después, de cuatro a seis, estábamos nosotros, con dedicatorias creadas, con falsa publicidad".

Fue la dirección de la radio la que propuso reconvertir el programa en discos dedicados. Bartual sólo preguntó una cosa: "¿Pero lo-que-pidan lo-que-pidan lo-que-pidan?". El entonces el jefe de programas, Josep Ramon Lluch, dijo sí. Aquello fue una revolución. Se pasó de emitir a Concha Piquer a radiar canciones de Chimo Bayo, Barricada, OBK...

En 1993, el 15 de marzo, con motivo del 444 programa se organizó una fiesta para celebrarlo con Seguridad Social, Armas Blancas y Chimo Bayo, entre otros, en ACTV. Y a partir de ahí el programa se abrió a la música dance, en una vocación que benefició a todas las productoras valencianas, que en aquel momento había más de una veintena. No sólo les escuchaba mucha gente sino que además eran jóvenes. Desde 1993 hasta 1999, que Anacleto Rodríguez decidió suprimir el espacio, Bikini Club era rentable. Ràdio 9 ha tenido programas de éxito pero, excepción hecha de Taula esportiva, ninguno ha alcanzado jamás las cifras que logró Bartual.

LA PRIMERA ESTRELLA: MONLEÓN

Si en la radio fue relativamente fácil encontrar un modelo, gracias a esos hallazgos, en Canal 9, la televisión, jamás ha habido uno concreto. Durante sus primeros cinco años de vida RTVV tuvo un factótum, Amadeu Fabregat, quien controlaba prácticamente todos los aspectos de la televisión. Obsesionado por conseguir que el público valenciano se identificara con la cadena, Fabregat llegó a incluso a enviar un listado de 500 palabras de uso habitual en los informativos que no eran lo suficientemente "valencianas".

Fabregat, en búsqueda de esa identificación social del público con la nueva televisión, inició conversaciones con Joan Monleón para poner en marcha un programa que convertiría al actor en la primera estrella de RTVV. Nombre propio de la escena valenciana, Monleón incorporó a la televisión una suerte de parodia de La ruleta de la fortuna, la celebérrima La paella russa. En antena desde el primer día, duró sólo tres años y durante sus primeros meses tuvo como director Sergi Schaff, quien dejó el espacio al entender que su presencia no era necesaria. El programa era puro Monleón y fue tan popular que aún hoy se recuerda, tanto por su hitA guanyar diners' como por su humor, a mitad camino entre la chabacanería y el espectáculo de revista de fiestas populares.

Con todo, como recuerda el periodista Vicent Mifsud, la normalización en el caso de la televisión no vino sólo por Monleón, sino sobre todo por las retransmisiones deportivas y de pilota, así como de las fiestas, especialmente de las Fallas, que crearon un lenguaje propio. A ello hay que unir series como Bola de Drac que contribuyeron a popularizar el valenciano entre los más pequeños, concursos como el Amor a primera vista presentado por Rosanna Pastor y Diego Braguinsky, etc...

Los resultados se vieron enseguida. En 1990, primer año completo de emisiones de la nueva televisión, Canal 9 logró una media de audiencia del 21,4 %. Durante los cinco primeros años, bajo mandato socialista y regida por Fabregat, la televisión pública logró unas medias que superaron casi siempre el 20%, con un pico del 22,5% en 1992 y un valle en 1994 del 17,7%. Su deuda en 1995 eran 32 millones de euros y la plantilla estaba compuesta por 653 trabajadores en todo el ente. No existía un modelo acabado de televisión, se movía entre lo mundano y lo elevado, las películas se emitían mayoritariamente en castellano, pero el conjunto parecía homogéneo. Tenía mimbres.

Y LLEGÓ EL PP

La llegada del PP al Palau de la Generalitat en 1995, cuando la televisión aún estaba consolidándose, no fue al principio una tabula rasa. La propia situación política, con un Eduardo Zaplana en minoría, aupado al poder con los votos de Unión Valenciana, hizo que se apostara por personas de consenso. Zaplana tanteó incluso la posibilidad de que se quedara Fabregat, una opción bien vista por muchos diputados del PP. El primer director general elegido por el de Cartagena fue Juan José Bayona. Catedrático de Derecho Financiero de la Universidad de Alicante, accedió al cargo en septiembre de 1995 y sólo duró nueve meses.

Vicente Tamarit fue el primer director de la televisión con el PP. Su nombramiento fue casual, ya que a él le ofrecieron al principio ser jefe de Programas. "Entramos un grupo de gente independiente, de más o menos confianza para Bayona", recuerda Tamarit. "Acepté el puesto con la condición de que no me agobiaran con las audiencias. Mi lucha fue darle otro tratamiento a la ficción, que no existía prácticamente, excepción hecha de cosas como Benifotrem. Renové con Herència de sang y con documentales como Una música, un poble, de Lluis Miquel Campos".

El alto coste de las películas que se emitían, "sobre todo las de Columbia", le hizo apostar por un programa con el que dio el salto a la televisión un joven periodista de Requena, Pablo Motos, el mismo de El Hormiguero. Motos presentaba junto al periodista Ramón Palomar el espacio Megacine que, como apunta Tamarit, tenía un coste muy bajo porque contaba con ayudas europeas y la esponsorización de Sony. Adelantado a su tiempo, el programa fue el primero en incluir un correo electrónico con el que se abría la comunicación con los espectadores. "Intenté abrir nuevos caminos, pero era muy difícil porque la Casa estaba muy presionada por el Pacto del Pollo [la alianza de Unión Valenciana y el PP, que fraguó el empresario avícola valenciano Federico Félix]. Me fui cansado", admite.

Su director general, Juan José Bayona, no tenía siquiera una idea clara de la televisión que quería ni entendía la política. Inocente, en una ocasión le comentó a un representante del PP en las Cortes que no le apetecía ir a una comisión de control. Este le replicó que llamara al presidente y se lo dijera. Bayona entendió que era al presidente de la comisión, el socialista Segundo Bru, y no Zaplana. Y llamó al representante del PSPV quien escuchó asombrado sus excusas.

SÁNCHEZ CARRASCOSA ENSEÑA EL NUEVO CAMINO

Al final se fue imponiendo el ascendente del entonces jefe de gabinete de Zaplana, Jesús Sánchez Carrascosa. Éste le hizo ver que si la televisión no tenía audiencia los informativos no los vería nadie y no se podría difundir su gestión de gobierno, la propaganda institucional, una fijación que se convirtió en obsesión con el PP. La audiencia era la meta; la propaganda, el premio.

Tamarit se fue. Bayona con él. Y llegó el tándem formado por Carrascosa y José Vicente Villaescusa. Durante apenas tres años Carrascosa puso en marcha todo tipo de proyectos. Cuando llegó se reunió con los productores de la cadena y les dijo: "Esto hay que subirlo de audiencia ya y tengo un talonario de cheques para eso". "Se hizo una inversión inusitada pero lo que sí que es cierto es que el dinero se gastaba en la tele", rememora Paco Picó. "Se veía".

La consigna de la audiencia über alles llevó a todo tipo de inventos y probaturas. Se estrenaban programas en verano, para aprovechar que los canales convencionales se dedicaban a funcionar con enlatados. Hubo un estío que se presentaron hasta cuatro espacios diferentes. De nou a la mar, De festa en festa, que se hacía cada semana en un pueblo, el espacio de prensa rosa Tela marinera que descubrió a una joven Carolina Ferre, RTVV era una máquina de generar propuestas. La cadena estaba a toda hora inventando espacios nuevos.

Algunos fueron especialmente exitosos como Tómbola, dedicado a la prensa del corazón y que surgió prácticamente de casualidad. Ante el éxito de audiencia que había tenido el programa de debate Parle vosté, calle vosté... dedicado a los famosos, Sánchez Carrascosa le encargó al productor madrileño Ángel Moreno, marido entonces de Nieves Herrero, que creara uno dedicado en exclusiva a los personajes del papel couché.

El 13 de marzo de 1997 se emitió el primer programa. Se invitó a Carmen Martínez-Bordiu, entre otros, y se llamó a periodistas del corazón de Madrid para asistir al espacio desde un despacho adyacente. Los periodistas veían el programa con desafección, burlándose de Ximo Rovira, cuando durante la entrevista a la invitada principal, Chabeli Iglesias, ésta, airada por las burlas de Jesús Mariñas, Lydia Lozano y Karmele Marchante, se incorporó y dijo el mítico: "Me da vergüenza tu programa; esta gente son gentuza". Moreno y sus socios estaban asustados. Por un momento incluso pensaron que el programa se iba a cancelar. Sánchez Carrascosa les llamaría para felicitarles.

Aquel peculiar hito televisivo marcaría un antes y un después en la senda de la televisión pública. La audiencia se convirtió en el leit-motiv hasta extremos enfermizos. Si algo tenía espectadores era bueno. Si no, no. La cadena se olvidó de la función social, de la normalización, y todos los recursos se destinaron únicamente a engordar la cuota de pantalla. Se potenciaron concursos como el Canta canta, con María Abradelo como estrella. Se contrató a la modelo Mar Flores para que presentara en castellano un concurso, La música es la pista, que llegó a los 1.000 programas. Se pagaba lo que hiciera falta. Y eso disparó el gasto.

A ello se unió la duplicidad de empleados. Como resume gráficamente Tamarit: "Entró Zaplana y pensaron que la televisión estaba llena de espías del PSOE, y duplico la plantilla; y después entró Francisco Camps y pensó que estaba llena de espías de Zaplana, y la triplicó".

LA AUDIENCIA LO ERA TODO

En el periodo que Villaescusa estuvo como director general entre 1996 y 2004, Canal 9 registró una audiencia media anual del 18,5 %. "Se dedicaron a pelear de una manera deleznable por el share, especialmente con lo referido al tema de El juicio de Alcàsser", recuerda Tamarit. El programa, un espacio de sobremesa dedicado a exponer toda clase de teorías peregrinas sobre el triple crimen mientras se celebraba la vista oral, acabó con querellas y condenas judiciales a Fernando García, padre de una de las niñas asesinadas, y al periodista Juan Ignacio Blanco.

La imagen pública de la cadena decayó notablemente. De la simpática vinculación de los primeros años con una televisión entrañable y naif, RTVV pasó a ser vista como un modelo de telebasura. Tras la marcha de Sánchez Carrascosa a los dos años de haber llegado, fue sustituido durante un breve periodo por José Forner, quien a su vez fue reemplazado en 1998 por Genoveva Reig. Persona de confianza de Zaplana, Reig perpetuó el modelo Carrascosa. Su paso por la televisión se tradujo en programas millonarios, audiencias relativas y un control férreo de los informativos. Reig se mantuvo en el cargo hasta septiembre de 2004, que fue relevada con la llegada de Pedro García.

Fue precisamente en este periodo, en 1999, que Vicente Sanz pasó a detentar mayores responsabilidades. El que fuera presidente provincial del PP en Valencia hasta 1994 se convirtió en el hombre fuerte en la sombra, el que regía los destinos de la cadena, con su control del área de Recursos Humanos y de Materiales. Mientras Reig y Villaescusa sostenían discusiones sobre el modelo de televisión, Sanz tejió una red de intereses que le hicieron convertirse en el hombre más temido de la cadena. Sanz, que con el tiempo ha sido denunciado por abusos sexuales y acoso a tres trabajadoras de RTVV, se convirtió en la persona a temer. Tejía y destejía mientras otros, especialmente Reig, sufrían el desgaste público. A él era a quien había de agradar si se quería algo.

SE ACABÓ ‘TÓMBOLA', LLEGÓ EL CAOS

Con la entrada de Francisco Camps al Palau de la Generalitat, en 2003, comenzó el declive absoluto. La cadena ya no tuvo objetivos claros. No existía un modelo de televisión. Todo fue improvisación y desconocimiento. Dos meses antes de que Pedro García fuera nombrado director general de la cadena, los productores del audiovisual valenciano, cansados de que no les hicieran caso con el tema de la ficción, tuvieron una reunión con él, como secretario autonómico que era, para plantearle sus propuestas. "Quedó como tantas otras reuniones", recuerda Ximo Pérez, que asistió a aquella cita. Al día siguiente de nombrarle director general, en septiembre de 2004, García reunió a los productores valencianos para decirles que su principal objetivo era potenciar la ficción. Y prácticamente les repitió los argumentos que ellos mismos le habían dado.

García no menoscabó la autoridad de Sanz en la televisión pero sí la de Genoveva Reig, hasta el punto que forzó su dimisión en septiembre de 2004. Reig dejó una televisión con una deuda cercana a los 500 millones de euros y un programa estrella, el Tómbola, que dejó de emitirse en noviembre de 2004. Su sustituto fue José Llorca, veterano, ex director de RTVE en Valencia, quien tuvo un papel secundario.

García, cierto es, apostó por la ficción. Dio poderes a Jordi Hidalgo y se pusieron en marcha series como Les Moreres, Matrimonis i Patrimonis y, sobre todo, L'Alqueria Blanca, una ficción que comenzó a filmarse en mayo de 2007 y cuya primera emisión fue en septiembre de ese año. Creada por Martín Román y desarrollada por Manuel Valls, la serie, con unos excelentes guiones de un equipo de profesionales liderado por Paco López Diago, un reparto acertadísimo y unas direcciones impecables, se convirtió en un fenómeno de masas. Junto a estas producciones, se promocionaron productos como AutoInDefinits, creado por Carles Alberola y su equipo de Albena Teatre en colaboración con la productora Conta Conta, una serie de sketches con notable éxito de audiencia. 

Estos éxitos eran excepciones en un contexto de fracaso absoluto, versos sueltos. Como recuerda Mifsud, García era "jefe de prensa de Zaplana y se dedicó a la propaganda", en este caso de Camps. Y eso no le gustaba a la audiencia. Ni siquiera los programas de calidad de Punt 2 solventaban el descrédito. El público comenzó a dar la espalda a Canal 9. Con Pedro García como director general hasta 2009 la audiencia cayó del 17% al 11,8%. La deuda ascendió más de 900 millones de euros según la Sindicatura de Cuentas. Al mismo tiempo la plantilla comenzó a dar sobradas muestras de gigantismo. En 2009 estaba formada por 1.027 trabajadores y llegaría a 1.800, pero más de la mitad eran contratados temporales sin pasar ni por oposiciones ni pruebas.

En febrero de 2009 estalló el caso Gürtel. Amigo personal de Álvaro PérezEl Bigotes, García dimitió el 28 de agosto. En marzo del presente año se ha sabido que era socio de Pérez en Orange Market. García en la actualidad está imputado en la causa abierta por el juez Pablo Ruz por las presuntas contrataciones de la trama Gürtel con RTVV, a cuenta de la visita del Papa Benedicto XVI a Valencia. Los delitos de los que se le acusa son cinco: cohecho, delito continuado de prevaricación, delito de malversación de caudales públicos, delito de blanqueo y varios delitos contra la Hacienda. "La televisión se dedicó a centrifugar y financiar proyectos de Gürtel como la visita del Papa", dice Mifsud. "Fue un saqueo".

Sin un modelo claro, con una gestión más que cuestionable, y con un incremento del descrédito público a causa del sesgo informativo, cercano a la propaganda más ridícula y risible, Canal 9 comenzó a entrar en colapso.  

Desde el Consell no alteraron el paso. Incorporaron al periodista José López Jaraba y siguieron como si no pasara nada. "En aquella época había dinero, pero recuerdo que se hicieron barbaridades", explica Ximo Pérez. "Los productores nos acercábamos a la cadena para colaborar y no nos hacían caso". A ello se unían los constantes retrasos en los pagos, que pasaron de ser de 200 días a 400. En 2008 las facturas de RTVV con las productoras se abonaban a 500, 600 días. En 2009, a 1.000 días. Aquello fue el principio del fin de buena parte de la industria audiovisual. Conta Conta, la productora del éxito AutoInDefinits, tuvo que cerrar no sin antes demandar a la cadena.

El trienio de López Jaraba no contribuyó a mejorar las cosas en ningún sentido. Una juez de Paterna está investigando su gestión y la de su equipo, a los que acusa de apropiación indebida, administración desleal y malversación de caudales públicos. Por si fuera poco, la irrupción del mercado de la TDT terminó de ser la puntilla. Pérez que en 2007 advertía ya de lo que se avecinaba, vivió aquello como una Casandra contemporánea. Señaló que se debía reducir la plantilla de RTVV, especialmente del área de televisión, porque las audiencias se iban a repartir e iban a bajar los ingresos por publicidad. La audiencia de Canal 9 bajó del 11,8 % de 2009 al 6 % de 2011.

LA DEBACLE

Con una deuda de más de 1.200 millones de euros, el sueño que había sido RTVV había degenerado en un monstruo. Ya no quedaba nada de la ilusión de los primeros años, de la identificación con la gente, de la aproximación a los valencianos. La manipulación avergonzaba hasta a los propios directivos. "Fue la etapa de más censura de la televisión", recuerda un antiguo colaborador de Rosa Vidal. Para los anales queda la pieza del informativo por la dimisión de Camps en julio de 2011: en ningún momento se explica que dimitió porque iba a ser procesado y se le ensalza hasta extremos que bordean la vergüenza ajena. 

Y todo esto sin dejar de gastar. Contratos de la Fórmula 1, contratos millonarios a periodistas semidesconocidos, "se probaban programas y series, se contrataba con José Luis Moreno, parecía que el dinero nunca se acababa", explica esta misma fuente. Quizá fue la última gran oportunidad. Si hubo un momento en el que se podría haber recuperado la televisión para los valencianos fue ése, pero no hubo forma. Así lo cree Mifsud. "La llegada de la TDT es una etapa que se malbarata porque se pierde la oportunidad de difundir la televisión", dice. 

"Fue la debacle", dice Picó. "Las plantillas estaban sobredimensionadas. Los mecanismos de control hacían que la burocracia fuera tremenda. Sanz no tenía ni idea de televisión y su forma de controlar era establecer trabas burocráticas. Hubo un momento que te daba más trabajo responder a estas trabas que hacer un programa". Vicent Mifsud le señala además como el responsable del sobredimensionamiento de la plantilla porque de él dependía todo: "Las oposiciones, cómo se castigaba, cómo se reconocía...". 

Bajó la producción hasta mínimos. Sólo se hacían informativos y dos o tres programas. Todo lo demás eran películas compradas por lotes y emitidas casi siempre en castellano. Y la cadena seguía manteniendo 1.600 personas cobrando todos los meses y un gasto de 85 millones de euros en personal. A todo ello había que unir una deuda que no se podía minorar de manera efectiva y rápida, 1.217 millones de euros que la Generalitat no tuvo más remedio que asumir pero que todavía no ha pagado. Ni siquiera el éxito de L'Alqueria Blanca contribuía a mejorar la imagen de la cadena. Canal 9 era una cadena mala, cara y al servicio del poder.

El ERE se planteó como inevitable, pero como recuerda Mifusd, estuvo viciado de raíz. "Era un ERE político", dice. Los tribunales le dieron la razón y lo desestimaron, entre otros motivos porque se habían sacado de la lista a 11 despedidos por motivos arbitrarios. La entonces directora general, Rosa Vidal, recién llegada, fue la solución que ni se probó. Una vez el ERE no salió adelante, la decisión de Fabra fue la menos meditada: cerrar.

NO DIO TIEMPO A INTENTARLO DE NUEVO

Un cierre que se ha hecho con muchos pagos pendientes. Según las propias cuentas de RTVV, la deuda de la cadena asciende a más de mil millones y está repartida entre un puñados de grandes bancos de crédito europeos. Los vencimientos se alargan en algunos casos más allá de 2017. Este año vencen 199 millones de euros, de los que 53 millones están ya asumidos por la Generalitat. En 2015, 146 millones. 

"No dio tiempo a desarrollar su concepto de televisión", explica un antiguo colaborador de Vidal. "Cuando anularon el primer ERE ella iba con un plan B, duro, que incluía un nuevo ERE, pero no le dejaron explicarlo en el Palau de la Generalitat", relata esta fuente. La noticia del cierre le llegó por la prensa antes que por el propio presidente, que se afanó en informar a los medios madrileños. Era lo que más le importaba.

RTVV cumple hoy 25 años. Sigue en funcionamiento mientras se dilucida su proceso de extinción. No emite pero aún existe. Y sigue sin pagar. Los productores valencianos llevan 15 meses sin cobrar y como la mayoría no tienen ya capacidad de financiación, la agotaron en su día, llevan a su vez 15 meses sin pagar a sus profesionales. RTVV ha arrastrado a todos como un agujero negro.

Visto lo sucedido, lo lógico es pensar que no es viable, pero no lo creen así los profesionales que insisten en las posibilidades de un canal autonómico. "La televisión tiene futuro, pero ha de ser un modelo totalmente diferente para que sea sostenible y para que sea eficaz socialmente", dice Picó. "La audiencia no es lo único pero tampoco debe ser una televisión para cuatro. No puede ser la misma televisión. Debe cumplir su función social, con una inversión con un objetivo determinado", añade.

Mifsud coincide con él. "Se habría podido explorar en el modelo en el que planteamos nosotros, con un coste de la plantilla de 36 millones de euros, o incluso en el modelo de Rosa Vidal, ajustada a un presupuesto razonable, ajustada a la crisis. No quisieron, básicamente. Pero se puede hacer una radiotelevisión lógica", dice. El sueño es posible, insisten, y valdría la pena intentarlo, darle a RTVV la oportunidad que nunca ha tenido.

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3 comentarios

kike escribió
10/10/2014 04:33

Bien documentado faltan algunos nombres por salir que provocaron la mala gestión de RTVV.

Fer escribió
09/10/2014 19:20

Es vergonzoso que solo se haga cerrado canal 9.Se tenian que haber chapado todas o ninguna Fabra que no te enteras!!!!

09/10/2014 17:27

Documentado y acertado artículo. Doy fe como ex-periodista de Canal 9.

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