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Javier Luxor: "La clave
es saber escuchar porque todo lo que queremos saber está delante"

MARIA COSTA / FOTOS: EVA MAÑEZ. 30/06/2014 Mentalista, ilusionista, ingeniero industrial, tecnico comercial... ¡mago! y profesor de la Universidad de Alicante

VALENCIA. Ilusionista, mago, mentalista, hipnotista, ingeniero industrial, profesor para la Excelencia en la Universidad de Alicante, directivo de ventas y marketing de grandes multinacionales, conferenciante, instructor de fireworking... todo esto es Javier Luxor (Madrid, 1974). Además, premio Nostradamus de Bronce al Mejor Mentalista de Europa 2014-2015 y Campeón de España de Magia 2013 entre otros galardones.

Una de las claves de su éxito: visualizar. "Ver dónde quieres llegar y trabajar para conseguirlo". Entre sus magos favoritos, Derren Brwon, Harry Houdini, David Copperfield y Juan Tamarit. Para él el mentalismo es pura ciencia. "Todo lo que hago está basado en hechos demostrables. No creo en las videncias".

-Que conste que me da un poco de miedo hacer esta entrevista, no sea que me hipnotice.
-No se preocupe. Ni se dará cuenta. Es broma, es broma, no ponga esa cara. Además sería trabajo y procuro no llevármelo a casa o a una entrevista.

-Pues me quedo más tranquila. Entonces deme algún consejo sobre cómo manipular la mente de una persona.
-Ah, claro es un tema personal.

-Es que dicen que sus shows son además clases magistrales.
-Lo comprobará. Le adelanto que lo primero que hago es crear empatía. ¿Lo nota? Dicho así, parece algo básico e incluso tonto. Por eso la gente no se le cree. ¡Venga, seguro que hay algún secreto más fuerte! Como el mentalista de la tele, me dicen. Pero la verdad es que el primer paso es crear empatía. Ponerse en el lugar del otro. No hacer que escuchas y estar esperando tu turno para hablar tú. Si escucháramos de verdad nos daríamos cuenta que la persona que tenemos delante nos está dando toda la información que necesitábamos y más.

-A lo mejor no sabemos escuchar atentamente.
-Claro. El problema es que vamos con el pensamiento automático a piñón fijo. Cuando conducimos y nos pasamos dos desvíos nos decimos: ¡no me lo puedo creer, me ha pasado otra vez! Así que el primer paso es vivir el presente, centrarte en él, saber escuchar y disfrutar ese momento. No solo oírnos a nosotros y a nuestro ego, sino al otro. Es un paso básico para pasar al siguiente, donde encontramos el lenguaje corporal.

-¿Como la serie Lie to me?
-Sí. Con él averiguas si la gente te miente o se está marcando un farol.

-¡Que suerte, usted siempre las ve venir!
-No siempre. Ya quisiera. El piloto automático se enciende sin quererlo muchas veces en la vida diaria. Vivir mirando como si estuviera trabajando las 24 horas requiere mucha energía. No estoy siempre así.

-Me quita un peso de encima. ¿Nadie se da cuenta que está ante un mentalista?
-No. Tengo la suerte de que no soy conocido.

-¿Quiere?
-No lo persigo y quizá por eso no lo encuentro.

-¿Una máxima en su vida?
-Visualiza. Si lo quieres de verdad trabajarás para conseguirlo.

-¿A veces no ve fantasmas?
-Eso pasa cuando se está buscando. Existe lo que se denomina la percepción selectiva. Por ejemplo cuando mi mujer fue a dar a luz yo solo veía carritos de bebe por la calle. La necesidad de tener que incorporar uno a nuestra vida los multiplicó. Ahora no veo ni uno. Pasa lo mismo con cualquier tema. Si una persona empieza a pensar que la están engañando, empezará a ver cosas que antes no veía. El problema es que no son certezas, son interpretaciones que responden a la necesidad del pensamiento de corroborar su mensaje. Diariamente percibimos tanto y recibimos tantos mensajes que el cerebro los limita por seguridad. Es como cuando entramos en una habitación por primera vez ensimismados en nuestros pensamientos y al salir alguien nos pregunta: ¿le gustaron las flores? ¡Ni las vimos! Nuestro inconsciente, sí.

-¿Es capaz de detectar la mentira incluso cuando el invitado es un buen mentiroso?
-No siempre. A veces fallas, pero en el escenario procuro que no sea así. Los errores normalmente se magnifican por lo que hay que intentar no cometerlos o que no se vean en exceso. Aunque alguna vez sí me he encontrado con profesionales de la mentira.

-¿En qué hay que fijarse para verlos?
-En varias cosas a la vez. Si le pregunto, ¿está pensando en un animal? Si mira hacia a la izquierda quizá lo esté recordando, hacia la derecha imaginando, si mira hacia abajo igual le he dado en el clavo. La mirada solo da un 30% de posibilidades de éxito. Hay que observar también la entonación, la tensión con la que se mueve, la percepción que ofrece... el conjunto te da la respuesta.

-¿Los políticos son difíciles de leer?
-Como cualquiera. Hay que leer lo que dicen, cómo lo dicen y si conoces el lenguaje anterior, mejor porque te dará pistas sobre su evolución. Y lo que nunca engaña es la mirada.

-¿Qué significa que nuestro interlocutor mire a la pared mientras nos contesta?
-No siempre significa que nos está mintiendo, pero lo podemos creer. Las personas seguras de sí mismas son las que hacen más contacto visual. Curiosamente los árabes, que van siempre con gafas de sol, cuando cierran negocios y regatean saben que sus ojos pueden delatar interés haciéndoles perder un buen precio. Por lo que hablan de cerca para leer los ojos de su interlocutor.

-¿No le tientan las empresas para que se siente en sus negociaciones?
-Sí, pero puede llegar a ser un problema. Porque si me equivoco en el escenario donde estoy entreteniendo a la gente, no pasa nada, pero en la vida real sí.  Siempre hay que saber dónde están los límites éticos.

-¿Qué le piden las empresas?
-De todo. A veces me llaman para reforzar mensajes, otras para mostrar los logros de sus productos y otras para saber cómo meterle alma e ilusión a sus negocios. Siempre digo que cuando trabajamos a corto plazo y en base a resultados es difícil generar ilusión. Cuando haces eso eres cortoplacista, como los políticos, y pierdes frescura y futuro. En el deporte pasa lo mismo que en la empresa. Si ha funcionado ¿para qué lo vas a cambiar? Error.

-¿Ser mentalista y dedicarse a los negocios es una ventaja?
-Totalmente. Sirve para adaptarte al futuro, saber cómo lanzar mensajes subliminales, apagar fuegos, conciliar posturas... pero todo eso es mucho más fácil de lo que parece. Es hablar, hablar, hablar y cuando terminas seguir hablando. Siempre hay que ir con vocación de servicio, estar pensando en el otro y esto soluciona el 99% de las problemáticas que surgen.

-¿Lleva camino de hacerse rico?
-Soy rico como quiero serlo. Hago lo que me gusta, cuando me apetece, estoy con la gente que me gusta y disfruto. Tengo lo que quiero. No hay que confundir el mentalismo con la videncia. Hay quien me pide los números de la lotería. ¡Toma, si lo supiera no estaría aquí! Eso no es ciencia, es azar. El mentalismo es ciencia.

-¿Qué porcentaje de éxito tiene en los negocios?
-En lo que yo quiero mucho. Tanto en los espectáculos, en las clases de la universidad, en los cursos de creatividad y ventas, como en los eventos que realizamos para empresas. La mejor recomendación que hay es la de un cliente satisfecho. Tengo la suerte de que hoy por hoy todos hablan bien del trabajo realizado. Trabajo solo y en red con una serie de colaboradores que nos llamamos cuando nos necesitamos. Por ejemplo como instructor de firewalking.

-¿Qué es esto?
-Un taller motivacional donde aprendes a saber cómo funciona tu mente a través de técnicas de alto impacto como caminar descalzo sobre las brasas o sobre cristales rotos.

-¡Qué horror!
-Son técnicas que te enseñan a saber cómo funcionan los miedos en nuestra mente y cómo las creencias limitantes estrechan nuestra vida. Son talleres impresionantes en los que a la gente le cambia la vida. Hoy por hoy los que han participado se sienten más libres. Digamos que es el taller que más te llevas puesto.

-¿Qué le pareció el discurso del rey?
-Lo único que puedo decir es que es una persona con la mirada limpia, con lo cual es mucho teniendo en cuenta lo que estamos viendo últimamente. Me parece que es sincero, pero lo sabremos con el tiempo.

-¿Se ha equivocado muchas veces?
-El camino del acierto es el del fracaso. Como más se aprende es equivocándose. Los fracasos son oportunidades encubiertas. Los errores fastidian, pero me tienen que servir para no volver a cometerlo. Hay que aprender a dejar de ir de listo.

-¿Cómo evita equivocarse?
-Visualizando y teniendo en la cabeza siempre donde quiero llegar. Esto hace que concentre todos mis esfuerzos y trabajo en llegar ahí. Primero me lo tengo que creer y después realizarlo. No se trata solo de tenerlo en la cabeza.

-¿Se considera una persona mentalmente sana?
-De vez en cuando. Según me dé.

-¿Cuándo supo que lo suyo iba a ser comer el coco a la gente?
-Desde siempre. Aunque cuando pregunto en mi casa se quedan a cuadros. Incluso mi madre se pregunta: ¿de dónde le vendrá a este chico dedicarse a estas cosas? Veo en mi padre y abuelo actitudes similares a mí. De pequeño me regalaron una caja de magia con la que me inicié en los trucos. Pero lo que más me gustaba era la parte psicológica que había detrás, el cómo vendías el efecto para crear una ilusión en la persona. El engaño psicológico. Y así me di cuenta que existía una forma con la que podías manipular la percepción de las personas.

-¿Lo más raro que le han pedido?
-De todo. Incluso uno me daba el 20% de lo que ganara con los números de la lotería que le tenía que dar. De risa. Una madre me pedía que hipnotizara a su hijo para que olvidara a la novia con la que iba a casarse porque no le gustaba. Participar en entrevistas con presos de primer grado o en negociaciones con empresas donde había mucho dinero en juego. En estos últimos casos no entro porque considero que hay que límites éticos básicos.

-¿Su hija sigue sus pasos?
-¡Que va! Tiene nueve años y cada vez que le machacaba preguntando que iba a ser de mayor se escapaba. Hasta que el otro día cansada de mi insistencia me dijo: "Mira papa, ya lo tengo claro. De mayor quiero ser feliz". Me dejó planchado. No he vuelto a preguntar.

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